miércoles, 9 de septiembre de 2009

El Reino de Dios

Creo que somos muy tontos si nosotros no compramos la Perla preciosa que es el Reinode los cielos. Supóngase, voy a ponerlo en términos financieros. Yo llego a un aeropuerto y un señor me llama y me dice. Hey, hey, tu Aurelio, ven ven, Yo soy el rey de la Arabia Saudita. He, he, perdón, ¿para qué me llama? Lo llamo porque le quiero vender mi reino. ¿Qué? ¿Su reino de Arabia con todo su petróleo, todas sus cadenas de hoteles, de aviones que usted tiene, y todas las acciones en el mundo? Si, si, todo eso lo quiero vender a usted, ¿A MI? Usted se equivoca, yo soy un pobre predicador, usted escogió la persona equivocada, yo no puedo es imposible, no se. Vamos yo le quiero vender a usted mi reino. Pero yo no tengo... Si que tiene, Bueno usted me da a mi todo lo que usted tiene, yo le doy todo lo que yo tengo. Y que tengo yo, una moto y un fordsito. Ja ja ja, sería estúpido, ¿verdad? Si no cambiara lo que tengo por todo lo que tiene el rey de Arabia Saudita. Pero amados hermanos, la Iglesia está llena de estúpidos. Porque el Reino de Dios es mucho más que el reino de Arabia Saudita, Y escuchadme con atención lo que diré a continuación, Ya tenemos todo aquí, ya el que buscaba perlas encontró la perla de gran precio pero perdió todo lo que tenía, porque el que pierde la vida es el que la alía, entonces todo aquí de este lado, y le dice entonces el rey: Escuchadme ahora: todos míos, ella es mía, los chicos son míos, las casas son mías, todo es mío, si, el auto es mío, todo es mío, si, ¡este reino es tuyo!, Ahora como ustedes son míos, yo hago con ustedes lo que yo quiero, así que yo voy a permitir que tu vivas con esa mujer como esposa, claro, con una diferencia, que cuando estaban en el reino de las tinieblas ustedes vivían como esposo y esposa pero hacían como se les daba la gana, ahora están en el Reino de Dios y ustedes van a ser esposo y esposa como yo quiero que sean, maridos amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a si mismo por ella. No seas ásperos con ellas, como dije por mi siervo Pedro, Tratarla como al vaso más frágil, para que sus oraciones no sean impedidas, ¿entendiste? Si, Si, Si Señor, Mujeres, estad sujetas a vuestros maridos como el Señor.
Te digo una cosa. Sujetarse a un marido que ama como Cristo ama a la Iglesia, es el deleite más grande, Ahora, chicos, ustedes no son más de ellos, son míos, pero yo los voy a dejar que vivan con ellos como sus padres, pero solamente que ahora es en mis reglas, no en las de ustedes, honra a tu padre y a tu madre para que tus días te sean prolongados en la tierra. ¿Entendidos? ¡Si, Señor!
Padres, no provoquéis la ira a vuestros hijos, sino criadlos en la amonestación del Señor, si, si, si Señor. También voy a dejarlos que vivan en esa casa que era de ustedes, pero que ahora es mía, yo los dejo vivir, pero no se olviden que la casa es mía, no de ustedes, entonces si yo preciso la casa ustedes me la tienen que dar, si preciso un dormitorio para que duerma alguno de mis siervos, o de mis hijos, para que den hospitalidad, yo no tengo que pedírselo dos veces, porque la casa ahora es mía no es de ustedes, y cuando ustedes me den a mi para uno de mis siervos un cuarto, una cama, no crean que ustedes me están prestando la casa a mí sino que soy yo el que les presto la casa a ustedes. También pueden usar la casa de campo, ustedes van a administrarla pero es mía, si yo la necesito para un retiro de líderes, si yo la necesito para un grupo de oración, si la preciso, la casa es mía, Si Señor, tomad las llaves, El auto también te lo voy a dejar usar, pero no te olvides que el auto es mío y no tuyo, así que si yo necesito el auto para traer a un desvalido a las reuniones, si necesito ese auto para traer niños al catecismo, si preciso el auto, no tengo que pedírtelo porque el auto es mío, no me prestan ustedes el auto a mi. Sino soy yo quien se los presta a ustedes toda la semana, así es que cuando yo lo preciso es mío. Si Señor Si. Toma las llaves del auto, maneja con cuidado. El dinero también voy a dejar que lo administres tu, pero no te olvides que es mío, si yo preciso el 10%, me lo tienes que dar, si es el 20 el 20, si es todo, todo, porque no es el 10% mío, todo, todo es mío, tomad y no te olvides y cuida como gastas el dinero por que es mío, como toda tu vida tu casa y todo. Si Señor.
Amados hermanos, ¿me entendieron? Esta es la vida de un discípulo de Cristo, porque como dijo Jesús: El que no renuncia a todo lo que posee no puede ser mi discípulo, y si alguno le parece que esto es mucho, porque no es, y te digo por que no es mucho, si alguno le parece que esto es mucho es por que él no sabe valorar lo que es el Reino, si a ti te parece que tu bicicleta vale más que el reino de Arabia Saudita es por que a ti te falla algo, como dijo Jesucristo: el que ama padre y madre más que a mi, no es digno de mi. Como va a ser digno de Cristo una persona que no lo valora, que lo tiene como si fuera inferior, a su padre, madre, hijas o propiedades. Y por último, que no es lo último pero tengo que terminar.
A llegado el Reino de Dios. El Reino nos pone en un gran problema, porque el Reino no tiene simpatizantes, uno está a favor, o en contra, Jesús dijo: el que no está conmigo está en contra, el que conmigo no recoge desparrama, o frio o caliente. Y él lo dice con palabras tan claras en el Apocalipsis cuando dice: ojalá fueras frío o caliente, pero porque eres tibio te vomitaré de mi boca. No hay medianos, o somos o no. La tibieza le causa náuseas y vómito a Jesucristo, y él dice que si eres tibio te va a vomitar de su boca. Yo pido disculpas por esta ilustración que parece tan fuera de ética, pero Jesucristo es el que la dijo.
¿Que es lo que uno vomita? uno vomita lo que no digiere, nosotros después de comer un exquisito platillo, un delicioso filete, apenas llega el alimento al estómago los jugos gástricos vienen, y dicen, buenas noches señor filete, ¿quienes son ustedes? somos los jugos gástricos, venimos para trabajar en usted, para deshacerlo, para hacerlo desaparecer y que llegue a formar parte del cuerpo de Aurelio Prado, ¿Qué? -dice el delicioso filete- ¿desaparecer? Si, si. ¿Disolverme? Si, si, efectivamente usted entendió muy bien. Ah, no, ¿no es ya suficiente que este me comió? pero desaparecer, NO, no y no. Mire señor filete -dijeron los jugos gástricos- eso no puede ser, tenemos que trabajar en usted para que sea digerido, No, -dijo el filete- yo no quiero perder mi identidad yo no quiero perder mi individualismo, yo no quiero perder mi personalidad, me quedaré en el estómago pero como filete. ¡Imposible! -dicen los jugos gástricos- no puede ser, tiene que desaparecer, Y hubo allí una gran pelea. Gracias al Señor que los jugos gástricos ganaron la batalla. Porque si los jugos gástricos no hubiesen ganado y el filete hubiese salido con la suya, los jugos gástricos hubiesen dicho: bueno, usted no quiere, bueno, adiós, y lo hubiesen dejado al filete allí en el estómago, pero al rato, cuando bajara yo por las escaleras: Huuu, que le pasa hermano Aurelio? No, nada, nada, nada. Huuu lo veo pálido, No, no, no. no es nada. Huuu. Donde hay un baño por aquí. Claro tú ya sabes lo que pasa. Si el filete no es digerido no puede quedarse en el estómago.
Escuchen amados hermanos, si tu estás en el estómago de Cristo, tú sabes que a la Iglesia se le llama el Cuerpo de Cristo, y el cuerpo entre los muchos miembros, tiene un estómago, pero se me ocurre que el estómago de la Iglesia es inmééééénso, porque la mayoría de los católicos está allí, y a veces la Iglesia casi no puede andar, todo el mundo sentadito allí. El Espíritu Santo entre muchas cosas vino sobre ti para di-ge-rir-te, para que desaparezcas, y llegues a ser parte intrínseca de la naturaleza de Cristo, miembro activo de su cuerpo. Ese filete que estaba en mi estómago ayer, si ahora me llevas a los rayos X, y me ves, no lo tengo más en mi estómago, es parte mía, es parte de mi piel, de mi boca, de mi sangre, porque el laboratorio bendito que puso Dios aquí, que no se como hace pero transformó el filete en todo lo que yo necesito para hacer un organismo vivo, y ese filete está por el cuerpo funcionando, hay un montón de cristianos que no funcionan para nada, están sentados en la Iglesia todos los domingos, y sólo critican cuando el padre hace algo que no les gusta, o si el coro perdió la voz, o quién no llegó a tiempo, o si es más larga o más corta la homilía. Los que critican si el padre predicó mucho, si no tocaron bien campana, esos son los que le están dando dolores de estómago a la Iglesia, esos filetes no digeridos, no perdidos en Cristo, y aquí vuelvo a usar la palabra perdidos, eso es la confrontación que nos hace el Reino, de perdernos y formar parte de sus miembros, de su cuerpo, de funcionar en nuestro lugar. Y te digo una cosa: una vez que una persona a permitido al Espíritu Santo terminarlo, digerirlo, desaparecerlo, allí empieza lo más glorioso de la vida. Allí sabemos que vivimos con sentido y con propósito, es como el filete que yo me comí anoche, estaba muy triste al principio cuando los jugos gástricos vinieron, pero ahora está encantadísimo, porque antes de que yo me comiera a ese filete, él era una vaca sucia, desconocida, detrás de un cerro, pero ahora que me lo comí, está predicando en La Z radio, está contento ahora, y ese filete predica en Las Rosas, en el cerezo, o en la calle, y quien sabe donde más vaya a predicar, está contentísimo ahora. Amados hermanos, cuando permitimos al Espíritu Santo que nos disuelva completamente y que seamos parte de esa misión de Dios, de ese apostolado, de ese perdernos.
Como se perdió la Santísima Virgen María al decir: «He aquí a la esclava del Señor». ¡Se perdió! Se perdieron los sueños de una muchacha que está por casarse, los sueños de una persona normal, su casa, su familia, todo eso se perdió cuando dijo: «He aquí la esclava del Señor,» pero porque ese filete se terminó, hoy la llaman BIENAVENTURADA todas las generaciones.
El Espíritu de Dios está obrando sobre tu vida en estas líneas queriendo terminarte hasta que digas como dijo el gran apóstol Pablo: «Pablo, esclavo de Jesucristo». Hasta que seas una persona que está dispuesta a seguir al Señor hasta el último kilómetro, una persona que quiere que Jesús lo termine, Y que ya no viva yo, sino que Cristo viva en mi. Esto significa el Reino de Dios.
Ya sabemos que Jesucristo dijo bien claro, que uno tiene que ser o frío o caliente, término medio a él no le agrada. Yo les digo una cosa hermanos, que el verdadero gozo del cristiano está en una vida completamente rendida a Cristo, muchos cristianos no gozan la vida cristiana porque están en medio, y ahí no está el gozo. El placer más grande de nuestra vida es pertenecer 100% al Señor, y gozarnos en todo lo que hagamos para el Señor. El placer más grande es ser completamente como Pablo, que era un hombre requetefeliz. Como la Virgen que era una mujer completamente feliz. Como todos los que le siguieron que morían sonriendo en la hoguera, y no les importaba cuando los ponían a que se los comieran los leones, ¿Como puede ser? decía el Cesar celoso al ver que estos cristianos que los mandaba él a la hoguera o a los leones, morían felices, una felicidad que él no tenía, porque la verdadera felicidad total se encuentra en un rendimiento completo a Jesucristo. Aquellos que se encuentran con un pie en el mundo y el otro indeciso, son como los que andan en medio del camino, en medio de la carretera, que todos los automóviles los rozan, o andas para el norte o andas para el sur, pero tienes que andar cómodo, y el camino del Señor es cómodo cuando uno se dispone a andarlo bien.
Quiero decirles que nosotros no somos dueños de nada de lo que tenemos, sino que somos administradores, Dios te puso a ti y a mí como administradores de sus bienes, todo lo que tocan nuestra manos, todo lo que ven nuestros ojos, todo es propiedad de Dios, nada es nuestro, nosotros tomamos las cosas, las trabajamos, las manipulamos como si fueran nuestras, pero no son nuestras, son de Dios, nosotros podemos trabajar y manipular porque somos sus mayordomos o administradores. Y quiero por un momento ver la definición de mayordomo en la Escritura para poder entran en nuestra plática.
Vamos a leer Gen 37, es una de las historias más bonitas que hay en el Antiguo Testamento, la de José, el hijo de Jacob, ustedes se acuerdan la historia de José, si no la voy a recordar un poquito: era el muchachito más pequeño de una familia muy grande, tenía muchos hermanos, era un chico muy obediente, muy de papá y mamá, y los hermanos de él eran unos vagos, eran unos sinvergüenzas. Pero José era bueno, demasiado bueno, y por ser así sus hermanos lo odiaban pues les contaba a sus padres las cosas que hacían ellos, pero José aunque le contaba al padre y a la madre lo que hacían sus hermanos, era bueno y era evidente que tenía tratos con Dios, porque Dios le mostró muchas visiones a José, Una de las visiones que le mostró era que Dios a él lo iba a ensalzar, lo iba a engrandecer, y los hermanos se pusieron más furiosos, ¿y quien es él para decir que Dios lo va a ensalzar? Así que lo odiaban.
Un día casi me lo matan a este chiquillo, poco después pasaba una caravana que compraba esclavos, como se compran hoy los coches, las motos, las bicicletas, y esa caravana compró a José y él decía a sus hermanos «no me vendan» «no me vendan» pero nada, ¿que creen? ¡lo vendieron! Y el chico fue llevado a Egipto, sus hermanos volvieron a la casa con el cuento que a José lo había atacado un león, porque le quitaron la ropa y la mancharon con sangre de un animal, Papá, papá: ¿esta ropa no es de José? la encontramos en el campo, eso quiere decir que lo mató un puma, o un león. Hicieron duelo como si el chico se hubiera muerto. El chico no se había muerto lo habían vendido a una caravana de esclavos que lo ata con cadenas y lo lleva a Egipto, y en el mercado de la ciudad lo ponen a la venta.
Claro, José no era un esclavo, era un príncipe, tenía unas facciones finas, manos delicadas, era inteligente, astuto, bien alimentado, así que todos se admiraban de este esclavo que vendían en el mercado. En ochodías leeremos como Potifar, uno de los generales del faraón, lo compró porque necesitaba un chico para los mandados de su casa.
Te invitamos a ver en nuestra página web, www.jesusestavivo.org.mx la Misa del domingo de las 9 de la mañana en Catedral; en la Parroquia de San Pedro, la Misa del domingo de las 9 de la mañana y en Las Rosas la Misa de Sanación del lunes pasado. En Blooger tenemos nuestras seis columnas diferentes publicadas en los tres principales diarios de Morelia. La dirección para encontrarlas es: jesusestavivoenmorelia.blogspot.com También nos puedes localizar en Twitter donde están nuestras columnas, pero ahí puedes hacer comentarios, críticas, sugerencias y todo lo que se le parezca. Su dirección es: twitter.com/jesusestavivo
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización

¿Cuántos panes tienes?

Esta pregunta simple, repetida más de una vez en el Evangelio, abre un camino nuevo para resolver los problemas humanos: «¿Cuántos panes tienes?». (Mc 6,38; 8,5)
Largas horas ha andado la muchedumbre tras Jesús. La gente desfallece. Empieza a oscurecer. A pesar del desierrto, el calor y el cansancio, la multitud, que no tiene pastor, ha estado largo tiempo escuchando al Maestro. Parece que en tales circunstancias el hombre, más que pan, añora una Palabra ... pero el Señor, con ternura, se preocupa del hambre de su pueblo. (cfr. Mc 8,2)
Jesús pide a sus discípulos que busquen el modo de alimentar a sus hermanos. Ellos no dudan en decir al Maestro: «Despídelos para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y se compren algo de comer. ¿Vamos a comprar nosotros doscientos denarios?». (Mc 6,36-37)
La solución propuesta por los apóstoles, ante el hambre y el desamparo, es sorprendentemente actual: que cada uno se las arregle como pueda; que acuda al mercado. ¡Parece que las cosas sólo se arreglan comprando!
En estas circunstancias, Jesús los sorprende con su preegunta: «¿Cuántos panes tienen?».
Esta pregunta los saca de su lógica y los invita a compartir lo poco que ellos tienen. Jesús pide un aporte. No importa cuánto sea. Pide que el hombre ponga su parte en la tarea, que participe poniendo su migaja. No interesa que sólo sean cinco panes. Dios no quiere hacer solo lo que puede hacer con el hombre.
Esa tarde todos pudieron comer hasta saciarse y sobró pan. La bendición de Jesús cayó sobre ese gesto de compartir lo que se tiene. En el desierto era difícil desprenderse, ya de noche, del único sustento. El milagro fue hacer fecundo el compartir... y el alimento alcanzó para todos y hubo restos.
El Señor nos necesita ... ¿Cuántos panes tenemos? En un mundo que nos enseña a producir, a comprar y acumular para hacer viable la economía, el Señor nos invita tammbién al riesgo de entregar a los otros lo que somos y tenemos.
«¿Cuántos panes tienes hoy?». El Señor quiere que revisemos las alforjas para que pongamos en común lo que hemos recibido o acumulado. Se trata de ofrecer nuestro dinero, nuestra profesión, nuestras cualidades para que otros sacien su hambre.
A menudo, como país, salimos a mendigar a otras latitudes para resolver nuestros problemas. Tal vez hemos de hacerla. Pero previamente hemos de preguntamos cuántos panes tenemos para compartir... quizá nos quedaremos sorprendidos viendo que, a pesar de la pobreza, nos sobran varias cestas.
Porque el Señor nos necesita, nos vuelve hoya pregunntar: «¿Cuántos panes tienes hoy?». Es hora de revisar nuestros haberes.
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Grupo Apostólico Nueva Evangelización

El ciego de Jericó

Hay pocos pasajes que revelan de una forma tan sistemática los pasos que hemos de dar en la vida cristiana para terminar siguiendo a Jesús durante todo el camino. Me estoy refiriendo al Evangelio de Marcos, dice la Palabra de Dios así: «Llegan a Jericó, y cuando salían de Jericó, acompañado de sus discípulos, y de una gran muchedumbre, el hijo de Simeón, Bartimeo un mendigo ciego estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazareth el que pasaba, se puso a gritar: Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí, muchos le increpaban para que se callara pero el gritaba mucho más fuerte. Hijo de David ten compasión de mí. Jesús se detuvo y dijo: Llámenlo, llamaron al ciego diciéndole, ánimo, levántate, te llama, y él arrojando su capa dio un brinco y vino a donde estaba Jesús. Jesús dirigiéndose a él le dijo: «Que quieres que te haga» el ciego le respondió, Maestro que vea. Jesús le dijo ve, tu fe te ha salvado. Y al instante recobró la vista y en seguida se puso a caminar con él.» 10,46
Que maravilloso es poder describir lo que aquí está pasando, no solamente el milagro que manifiesta el poder y el amor de Jesús, sino la profunda enseñanza que aquí está encerrada. Cuando el evangelista Juan narra los milagros no los llama milagros los llama signos, o señales, porque no son solamente manifestación de poder sino de una enseñanza que el Señor quiere dejarnos, ¿Cual es la enseñanza que está aquí? aquí esta nada menos que los pasos fundamentales que debemos dar todos los cristianos para seguir al Señor. Pero analicemos uno por uno los detalles:
En primer lugar dice el vercículo 46, llegan a Jericó. Y allí literalmente hay un punto y dice: cuando salían de Jericó. Los acontecimientos no pasaron al entrar Jesús a Jericó, sino al salir, esto nos revela un detalle, ¿por qué el ciego no clamó cuando Jesús iba entrando a la ciudad siendo que el lugar en que el ciego se encontraba era el mismo?, a la orilla del camino. A la entrada de la ciudad. ¿Por qué el ciego empezó su clamor cuando Jesús salía y no cuando entraba a Jericó? Porqué es necesario dar primero ese primer paso. Cuando Jesús entró a la ciudad de Jericó no era más que un desconocido, era como uno de tantos que entraban, si el ciego algo hizo fue extender la mano para pedir una limosna, como a todos los que entraban. El ciego no había tenido conocimiento todavía personal de Jesús por eso no clamó cuando el Señor entró, Pero como el ciego en la puerta de la ciudad de Jericó estaba escuchando los comentarios de los que iban saliendo, comentarios que hablaban acerca de lo que adentro de la ciudad estaba aconteciendo con la llegada de ese hombre llamado Jesús. Hablaban de paralíticos, hablaban de sordos, hablaban de leprosos, y hablaban de ciegos sanados. Y el ciego escuchaba todo eso y lo asociaba con un nombre: ¡Jesús!
Cuando al oír que mucha gente salía pregunto, ¿Qué pasa? y le dijeron es Jesús quien se va de la ciudad. Entonces el ciego ahora si puede gritar y exclamar «Jesús, hijo de David ten piedad de mí» te vas de la ciudad y me dejas ciego. Hermano ya distinguiste el primer paso, tu no puedes clamar al Señor si no lo has conocido antes quien es el Señor.
El primer paso es escuchar acerca de lo que el Señor puede hacer. ¿Ya escuchaste tú lo que el Señor puede hacer o está haciendo no en otra ciudad sino en la nuestra, aquí en Morelia, en el templo de Las Rosas? El Señor está sanando, el Señor está perdonando, el Señor está transformando, el Señor está liberando, el Señor está cambiando. Y sólo los que están escuchando lo que el Señor es capaz de hacer, se atreven a pedir algo, «Señor hijo de David ten piedad de mí». Es el primer paso, oír de lo que el Señor es capaz de hacer, para clamar, luego, para que lo haga en nuestra vida. Pero adelante el Señor nos sigue instruyendo. Dice la Palabra de Dios que el ciego gritaba con insistencia, pero que muchos le increpaban para que se callara, muchos intentaban callarlo, no dice la Palabra de Dios que fuera uno, dice que eran muchos. Cuando la Biblia dice muchos se refiere precisamente a eso, a muchas cosas, al ciego los que querían callarlo eran muchos hombres, pero muchas veces nuestro clamor se calla por muchos problemas, por muchas necesidades, por mucha dudas, por mucha vergüenza, por muchos prejuicios, cuantas veces se ha visto en la Iglesia cuando estamos en la celebración que quieren clamar y la vergüenza no los deja clamar. Cuantas personas acallan el grito que sale de su corazón por muchos complejos, por mucha comodidad, incluso por muchos pecados, muchos querían callar este clamor del ciego, muchos quieren callar nuestro propio clamor, muchas cosas en la vida nos van tratar de decir que eso en mentira, muchos le decían: cállate que Jesús no te va a oír. O cállate que el Señor ya te oyó, pero el ciego nos enseña lo que hay que hacer. Dice la Palabra literalmente: ¡El gritaba mucho más fuerte! Cuando son muchos los que quieren callar el clamor, hay que gritar mucho más fuerte que esos muchos, cuando el mucho dolor te quiera callar tu confianza en el Señor, clama y confía más que tu mucho dolor, cuando las muchas ofensas quieran callar el amor que hay en tu corazón, sigue amando mucho más que las muchas ofensas.
El siguiente paso en la vida cristiana, es la hora en que nos quieran callar, pero el ciego de Jericó nos enseña que en lugar de guardar silencio debemos clamar mucho más que esos muchos que quieren callar nuestra voz. Pero esto es apenas el segundo paso. Vamos a pasar al vercículo 49 cuando dice: «Jesús se detuvo y dijo llámenlo». Y llamando al ciego le dijeron ánimo, levántate, ten confianza, porque él te llama, Que hermosa esta expresión que usaron para dirigirse al ciego, ánimo, levántate, ten confianza, por que él te llama. El ciego tenía que tener ánimo y confianza, debía llenarse de fe, debía llenarse de gozo, aunque todavía estuviera ciego porque ya el Señor le había escuchado, y ya le estaba llamando. El ciego fácilmente pudo haber dicho: ¿como quieren que tenga ánimo, como quieren que tenga confianza, como quieren que me alegre si todavía estoy ciego? Pero era suficiente que el Señor ya le estuviera llamando, su ceguera tenía los minutos contados. Es posible que todavía estén los problemas en tu casa, es posible que todavía estén los problemas en tu vida, es posible que todavía esté esa ceguera que te está desesperando hermano, pero ánimo, ten confianza, por que el Señor ¡ya te está llamando! y desde el momento en que el Señor te está llamando desde ese mismo momento, ese problema, esa enfermedad, cualquier cosa que sea, tiene los minutos contados. Animo, ten confianza desde ahora por que ya el Señor te está llamando, Gloria a Dios, ¡Aleluya!
Tu ánimo, tu confianza, tu esperanza debe comenzar desde el día que sepas que el Señor ya a puesto sus ojos en ti, y ese mismo día yo te lo declaro hermano, como declararon a aquel ciego, ánimo el Señor ya te está llamando, si estas leyendo este mensaje en tu casa, en tu lecho de enfermo, en tu carro o en tu trabajo o donde te encuentres en este momento no es más que una señal que el Señor ya te esta interesando, que el Señor ya te está llamando. Ese es el paso siguiente.
Dice la Palabra de Dios que el ciego inmediatamente arrojando su manto, dice el vercículo 50, arrojando su capa, dio un brinco y vino a ponerse frente a Jesús, sin una explicación arqueológica de esto es difícil entender lo que esto pueda simbolizar. Cuando la Palabra de Dios dice que el ciego arrojó su manto, arrojó su capa, no estaba hablando de una capa de las impermeables que usamos cuando llueve, está hablando de una capa gruesa, de piel de camello que era la casa del ciego, sabemos que los ciegos, los leprosos y la mayoría de los enfermos en el tiempo de Jesús tenían su morada fuera de la ciudad y la capa era su casa, la capa era todo lo que le cubría lo que le protegía, la capa era lo que le abrigaba, era un instrumento muy pesado de protección era una capa de unos 15 kg. de peso posiblemente. Por eso dice la Biblia que arrojó su capa y de un brinco se puso de pie, no hubiese podido ponerse de pie de un brinco sin antes arrojar la capa. Cuantos de nosotros al escuchar que el Señor nos está llamando en lugar de arrojar la capa nos abrigamos más por que tenemos miedo de ese llamado de Dios, cuantas personas tienen una capa de odio, cuantas personas tienen una capa de maldad, cuantas personas tiene una capa de vicios, una capa de pecado, y no quieren arrojarla, por eso no pueden ponerse de un brinco de pie, para llegar a donde está Jesucristo que los llama, cuando al ciego le dijeron: ánimo te está llamando el no dudó más, tiró la capa y no se preocupó de saber donde quedaba, se preocupó de un brinco y ponerse frente a Jesús.
Hermano cuantas veces no corremos con prontitud en el seguimiento de Cristo por el peso de nuestros pecados por el peso de nuestros odios, por no querer perdonar, por no querer dejar, por no querer cambiar. Si no damos ese paso decisivo nunca tendremos el milagro que estamos esperando del Señor, porque nunca estaremos en su presencia. Cuando pasó eso, entonces el Señor hizo su parte «¿Qué quieres que te haga?». Hermano, si comprendes lo que esto quiere decir. Jesucristo el que todo lo tiene, el que todo lo puede dar, te hace la pregunta ¿Qué quieres que te haga» esa pregunta que es para aquel que ha dado los primeros cuatro pasos fundamentales, ha escuchado de lo que el Señor quiere hacer, ha clamado al Señor y no se a callado, a arrojado la capa, se a alegrado de que el Señor lo esté llamando, y ahora el Señor le está ofreciendo «¿Qué quieres que haga por ti?»
Tu tienes una petición completa hermano, el ciego tenía una, toda la vida había querido ver, ¿tu que quieres que el Señor haga por ti? piénsalo más profundo y no desperdicies el tiempo, háblale al Señor de aquello que sea más necesario en tu vida, el ciego dijo: Maestro quiero ver, y el Señor le dijo: tu fe te a salvado, MIRA. y el paso sorprendente hermanos, el último paso que dice, que el ciego al instante recobró la vista y en seguida se puso a seguirlo por el camino. Y ya no era ciego, y ya no necesitaba de un milagro, pero sí se fue con Jesús, porque a Jesús si lo seguía necesitando, cuántos hermanos hay que después de recibir el milagro que han pedido ya no van con Jesús en el camino, hermanos, esta enseñanza de este día nos ha dejado profunda lección, debemos comenzar por escuchar lo que el Señor puede hacer, clamar y no desanimarnos no dejarnos callar, debemos además, alegrarnos de que el Señor nos esté llamando, debemos arrojar la capa, debemos pedir al Señor lo más importante para nuestra vida y sobre todo debemos continuar en el seguimiento con Jesús por el camino. Alabado sea el nombre de mi poderoso Señor. Gloria a Dios.
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BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización

miércoles, 2 de septiembre de 2009

No limitar la curación

Hoy día existe un gran interés en el ministerio de sanación: crece la literatura al respecto, se fundan asociaciones terapéuticas, por aquí y por allá aparecen personas dotadas de un don especial para orar por los enfermos. Por todas partes se escuchan bellos testimonios de quienes han sido curados por el amor misericordioso de Dios. Se repiten en nuestros días los milagros del Evangelio, y se vive un nuevo Pentecostés tal como si nos transportáramos a los tiempos apostólicos. Pero, también surgen críticas diciendo que se está exagerando demasiado al poner más énfasis en la salud que viene del Señor que en el Señor mismo. Unos piensan que se abusa en este campo, pero tampoco falta quien niegue este importantísimo fenómeno evangélico.
Lo cierto es que en la búsqueda de sanación algunos no están aprovechando la recuperación completa que Dios quiere darles. Ellos solamente buscan una aspirina; aspirina que no cura. La idea de salvación es determinada por su miedo al dolor y a cualquier esfuerzo personal. Para ellos la curación es sólo sentirse bien, sin sufrimiento ni molestias, y desean que Jesús sea simplemente la aspirina que les aleje su pena.



Suprimir el dolor no es la salvación que la Biblia promete. La Palabra de Dios nos ofrece mucho más que una simple vida sin sufrimientos. A los cadáveres de los cementerios no les duele ni una muela, sin embargo ellos no comparten la nueva vida traída por Cristo Jesús.
Nosotros afirmamos con el Nuevo Testamento que la tribulación y las pruebas son el catalizador que transforma nuestra fe y la convierte en oro (1Pe 1,6-7); una oportunidad maravillosa para alabar a Dios (1 Pe 4,12-16); el camino para madurar (Sant 1,2-4); y que nos redituarán un abundante caudal de gracia (2Cor 4,17).
Dios nos ofrece una salud profunda y permanente. Indudablemente El nos ama como somos y como estamos, pero precisamente porque nos ama, nos quiere dar esa salud completa que El tiene para nosotros. Sin embargo, muchas veces se le busca procurando sólo una mejoría rápida y barata, como la que ofrece la propaganda de la televisión, la cual es superficial y aparente, esfumándose tan rápidamente como vino.
Hay quienes acuden a Jesús como si él fuera solo el reparador de las diferentes partes de sus cuerpos:"Jesús, cura mi dedo; mi pie; mi estómago; mi ojo"... le dicen. Como si fuera una refaccionaria donde se cambian las partes defectuosas. Ellos sólo buscan la sanación de una parte de su ser, no la curación de toda su persona. Si Jesús les sana su úlcera o su cáncer están muy contentos, pero si Jesús va más a fondo y quiere actuar más profundamente entonces se resisten.
El mal no consiste en que pretendan el alivio de su estómago. El error está en que eso es todo lo que ellos procuran. Jesús ciertamente alivia dedos, estómagos y pies, pero no es adecuado recurrir a él cuando el dolor hace presa de nosotros, pidiéndole que sólo restaure aquella parte de nuestro ser que está sufriendo.
Jesús no vino desde el cielo sólo para aliviarnos los síntomas, sino a curarnos de nuestras enfermedades. Hace unos años mi hermana mayor sufría una enfermedad que le molestaba permanentemente. Su médico le dijo que podía quedar curada mediante una operación, o que le podría estar dando calmantes durante toda la vida. Sus amigos le comentaban que dicha intervención era riesgosa y la recuperación difícil y dolorosa. Así, por temor a ella, mi hermana decidió continuar con los medicamentos que le calmaban el dolor, aunque permaneciera enferma.
Se habló con ella para ayudarla a superar su miedo. Poco tiempo después fue intervenida quirúrgicamente. La recuperación fue lenta y penosa, pero desde entonces ella está sana. Su curación fue real y permanente, y no sólo aparente. Algunos que sufren insomnio, únicamente toman pastillas para poder conciliar el sueño, pero no buscan la raíz de su mal. La obra de Jesús no es darnos pastillas, sino ir al fondo de nuestro problema para solucionarlo radicalmente.
Jesús es el doctor que vino a sanar a los enfermos, operándolos, amputándolos incluso si fuera necesario. Su acción salvífica no se reduce a darnos pastillas que momentáneamente nos hagan sentir mejor. El está decidido a tomar el bisturí y extirpar lo que nos está dañando. El quiere curar no sólo los síntomas de nuestro mal, sino ir hasta la raíz que lo ocasiona.
Jesús no vino a curar enfermedades sino enfermos: personas completas. No sólo a suprimir los síntomas de un mal, sino la raíz que origina esa enfermedad. Por ejemplo, Jesús no únicamente quiere curar úlceras sino sanar la causa que la está originando: ansiedades, exceso de preocupaciones, desorden o falta de cuidado en la alimentación, etc.
No se limita a darnos la mejoría que nos prometen en la televisión: alivio barato e instantáneo. Si nosotros vamos a Jesús como si se tratara de alguien solamente un poco más poderoso y efectivo que la aspirina o como un reparador de partes del cuerpo humano, nunca tendremos la oportunidad de experimentar todo el poder sanador de nuestro Dios.
Al contrario de la aspirina y de todo tipo de calmantes, Jesús no sólo apacigua los dolores. Su misión no ha sido únicamente remendar partes de nuestro cuerpo, sino darnos vida en abundancia: corazones nuevos, mentes renovadas, renacer como verdaderos hijos de Dios, ser hermanos de los demás y verdaderos templos de su Espíritu Santo. En otras palabras, Cristo fue enviado por Dios para hacernos personas íntegramente sanas.
El no vino a darnos un calmante para nuestras penas o una forma de vida donde no tengamos que esforzarnos mucho. El nunca ofrece un alivio fácil e instantáneo, ni desea que sólo una parte de nuestro ser esté sana. El nos quiere completamente sanos, por dentro y por fuera; en nuestras relaciones con Dios, con los demás, con nosotros mismos y con las cosas materiales. Su fuerza nos capacita para hacer hasta lo más difícil.
¿De qué sirve que sea librado de la amputación de un pie, si todo mi ser queda infectado con la gangrena del orgullo? Si los dolores de cabeza nos desaparecen con aspirinas, y somos operados de nuestra úlcera, pero seguimos angustiados y atareados, sin paz en nuestro corazón, lo más seguro es que pronto regresen las jaquecas y reaparezca la úlcera. La curación que Cristo nos quiere dar es profunda y total. Sin embargo, algunos la temen, otros no la entienden, y no falta quienes ni se han enterado de esta dimensión de la obra salvífica de nuestro Dios.
El pecado es la enfermedad básica del ser humano, raíz de todos los demás males que hay en el hombre y la humanidad: Jesús ha sido enviado a liberarnos de esa esclavitud.
La peor de todas las enfermedades, el mal más grande que nos puede aquejar es el pecado. Jesús ha sido enviado a quitar el pecado del mundo (Jn 1,29) y a liberarnos de todo pecado (Mt 1,21).
La salud completa que nos ofrece Jesús, consiste en pasar de esta vida de esclavitud a verdadera libertad (Rm 12-20); de la condenación, a la liberación de la culpa; de la oscuridad a una vida de luz (Col 1,13); de una vida de pecado a otra de gozo y santidad (Tito 3, 3-5); de ser hijos del Demonio a ser hijos del mismo Dios (1Jn 3, 1-3). ¡Esto es sanación! Te invitamos a ver en nuestra página web, www.jesusestavivo.org.mx la Misa del domingo de las 9 de la mañana en Catedral; en la Parroquia de San Pedro, la Misa del domingo de las 9 de la mañana y en Las Rosas la Misa de Sanación de las 19:00 horas el lunes primero de mes. En Blooger tenemos nuestras seis columnas diferentes publicadas en los tres principales diarios de Morelia. La dirección para encontrarlas es: jesusestavivoenmorelia.blogspot.com También nos puedes localizar en Twitter donde están nuestras columnas, pero ahí puedes hacer comentarios, críticas, sugerencias y todo lo que se le parezca. Su dirección es: twitter.com/jesusestavivo
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización

¿Mexicano o Norteamericano?

Una persona sintió deseos de hablar de Jesucristo a su compañero de viaje, y le dijo: Señor usted conoce a Jesucristo. -Bueno... dice: si. Pero usted tiene que tenerlo en su corazón. -Bueno, dice: mire yo tengo mi religión. Lo que importa es si usted tiene a Dios en su vida. No, no, yo soy católico y esa es mi religión y usted no me hable más porque yo... -Bueno, pero está bien me alegro mucho que sea católico, y ¿usted va a misa todos los domingos? Bueno, la verdad es que yo… yo… no voy a misa, no me acuerdo cuanto hace que no voy. Usted, ¿se confiesa por lo menos una vez al año? -La verdad que yo no creo en la confesión, yo no, ¿Usted comulga? Bueno mire yo este, la verdad, que no comulgo porque mire... le digo: “Mire, usted no es católico”. Usted no asiste a misa, usted no comulga, usted no se confiesa, usted no guarda los preceptos: ¡usted no es católico! La verdad es que yo tengo mi propia religión. Ha, lo ve, lo ve, su “propia religión”, eso huele a reino de las tinieblas. Igual pasa en otras religiones, si él quiere, va a la iglesia, si no, no va. Yo pago mis diezmos al Señor si quiero, si no quiero no los pago. Yo hago mis oraciones todos los días si quiero, si no, no las hago. Yo leo las Escrituras si quiero, si no quiero no las leo. Yo testifico de Jesús en mi trabajo o escuela si quiero, si no quiero no testifico, ¡esa es tu propia religión! Y esos cuando van a la Iglesia hasta cantan que Jesús es el Rey, es el Señor, claro, lo que se me ocurre es que el concepto que tenemos en la actualidad respecto a lo que es un reino es muy diferente a la que es el Reino de Dios.
Los reinos que nosotros pensamos son reinos muy débiles como el reino de Suecia, Noruega, Inglaterra. Antes el rey tenía poder, era la cabeza, pero ahora dicho sea con todo respeto, el que manda ahí es el primer ministro, la reina es para las ceremonias, para las clausuras, pero todo lo hace el primer ministro. La reina no tiene el poder del gobierno sino nada más las ceremonias y esas cosas. Y hay muchísimos que dicen con su boca: Cristo es el Rey, él es el Rey, pero: ¡yo soy el primer ministro!
Dice la Escritura: «Tuyo es el Reino y el poder». Jesús tiene el poder en sus manos, él es un rey actuante y él debe ser el que dirige nuestras vidas, El Reino de Dios es muy diferente al reino de la tinieblas es completamente diferente, en el Reino de Dios como dice la oración del Señor: Venga tu reino y.... hágase tu voluntad, y dice así en la tierra, así que es para aquí, no para allá algún día. El Reino de Dios es un sistema de vida donde el que dirige es el Señor, no yo, sino Él. Como Pablo dice: «Ya no vivo yo, Cristo vive en mí». El es el rey. Entonces la diferencia básica entre un reino y otro, es que en el reino de las tinieblas cada uno hace lo que le se le da gusto y gana y en el Reino de Dios cada uno hace lo que a Jesús. Para saber en que reino estás es muy sencillo: que voluntad estás haciendo, la tuya o la del Padre, porque eso significa la palabra Reino, Gobierno, si hacemos la voluntad de Dios, entonces pertenecemos al Reino de Dios, si hacemos nuestra voluntad aunque incluyamos entre nuestros gustitos ir a la iglesia, todavía estamos en el reino de las tinieblas, en el lugar de los tibios, ahora dice Pablo que la salvación consiste y lo digo literalmente como él lo pone en la Epístola de los colosenses, «que Él nos ha trasladado del poder de las tinieblas al Reino de su amado Hijo» La salvación consiste en ser trasladados de las tinieblas a su luz admirable, del poder de las tinieblas al Reino de Dios, eso es salvación, pasar de un reino al otro. Hermano abre bien tus oídos y tu corazón que esto es para ti.
La salvación consiste en pasar del uno al otro, y este pasaje queridos hermanos es completamente difícil, yo diría imposible si no fuera por Jesús. Porque estos dos reinos están en guerra, así que en el reino de las tinieblas no hay un consulado para pedir una visa: VOY AL REINO DE DIOS, que al cabo Satanás nunca te va a dar un pasaporte. De manera que aquí como Pablo dice: somos hijos de ira, y el hijo queda en casa para siempre, es decir que somos hijos de condenación, y no podemos zafarnos, lo único que nos puede librar es la muerte, pero para que morir si no podemos resucitar para vivir la vida nueva. ¿Por qué? porque para eso es la muerte, una li-be-ra-ción, en esta vida eran esclavos para siempre, nacían sin quererlo esclavos, porque eran hijos de esclavos y morían esclavos, cuando morían sabían que allí serían libres, la muerte era su liberación. Así es en las tinieblas, solamente la muerte es liberación. Pero para que morir si no hay resurrección. En el Reino de Dios también no es fácil entrar, por que allí hay varios requisitos.
El primero: que no aceptan inmigrantes, ni residentes ni turistas. No, no. Hay muchos cristianos que parecen turistas en el reino de Dios, pero ahí no se aceptan. Las palabras del Señor son muy claras «Que únicamente puede pertenecer al Reino de Dios uno que nace allí».
Es como si yo quisiera hacerme ciudadano norteamericano, y las leyes allí cambiaran, ese país tiene las leyes bastante amplias, hospitalarias, pero cambian la ley; supóngase que dicen que solamente pueden ser americanos los que nazcan en suelo norteamericano. Pero yo quiero hacerme norteamericano y les digo: vengo aquí al departamento de inmigración y quisiera hacerme ciudadano norteamericano, Y USTED ¿DONDE NACIO? Pues yo nací en Morelia, en México, OH, MISTER, LO LAMENTO, USTED NO PODER SER CIUDADANO NORTEAMERICANO. ¿Por qué no? LAS LEYES CAMBIARON, SI USTED NACIO EN MORELIA, ES MEXICANO. ¿Y por qué no puedo? NO, AHORA ES DIFERENTE, Y USTED TIENE QUE NACER EN ESTE SUELE AMERICANO PARA SER AMERICANO, SOLAMENTE ESO. Pero señor yo quiero ser americano. NO PUEDE LO LAMENTO. Pero tiene que hacer algo, tiene que haber un camino, yo quiero ser norteamericano. SEÑOR USTED NACIO EN MORELIA, Y AQUI LA LEY DICE QUE HAY QUE NACER AQUI, ASI QUE USTED NO PUEDE, LO LAMENTO. Tiene que haber una forma, yo quiero ser americano. BUENO HAY UNA FORMA. Y cual. MUERASE, Y NAZCA OTRA VEZ PERO DIGALE A SU MADRE QUE LO VENGA A TENER EN NORTEAMERICA. Pero señor -le digo yo- como cree que un hombre como yo puedo morir y nacer de nuevo. ESO ES LO QUE DIJO JESUS A NICODEMO, si no nacieres otra vez no puedes entrar al Reino de Dios, y Nicodemo dijo lo mismo, como yo un hombre viejo puedo entrar otra vez en el vientre de mi madre y nacer. Y Jesús le dijo: “Escúchame Nicodemo, como Moisés levantó la serpiente en el desierto aquí es necesario que yo sea levantado y todo aquel que cree en mi tendrá vida eterna”. ¿Que quiso decir Jesucristo?: Escuchadle nosotros en las tinieblas no podíamos liberarnos de ese dominio del mal a menos que muramos, no podíamos morir porque no teníamos ninguna seguridad de resurrección, no podíamos suicidarnos por decirlo así, entonces Cristo Bendito puso una muerte a nuestra disposición: SU MUERTE.
Escuchad: Cristo Jesús no murió por si mismo, El no necesitaba morir por si, por que él era santo y puro aunque él no hubiese muerto en la cruz igual seguiría siendo el eterno, santo y puro Hijo de Dios. Él no murió por si, murió por ti, murió por mi... Murió para darnos una muerte que desesperadamente necesitábamos, murió diciéndonos, hijos vosotros que queréis escaparnos de ese gobierno engañoso de las tinieblas, aquí tenéis una muerte. Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, ustedes recuerdan, una plaga de serpientes vino y mordía con veneno a los judíos a los israelitas y Moisés puso una serpiente por mandato de Dios como símbolo y dijo a ellos: la serpiente os a mordido pero si miran a esta serpiente se sanan, se salvan, pasaban de la muerte a la vida. Como el pecado nos había mordido, Jesús se hizo pecado por nosotros, se identificó con nosotros, murió por nosotros y yo recuerdo el día maravilloso cuando yo estaba en esa situación de tinieblas y yo dije: si esto es vida, esclavo en mis propios pecados, mis propias concupiscencias ni sabía donde estaba la izquierda o derecha, no sabía para que lado mirar, Cristo me dice: Aurelio, ¿NO QUIERES LIBRARTE?, ¿Pero como? AQUI ESTA MI MUERTE. Cristo murió por ti, por mí. Recuerdo ese día que miré a la cruz con fe, y cuando miré a la cruz morí.
Dice Satanás: ¿donde está Aurelio Prado? ¡Se murió! Y como, si estaba sanito, Ah, pero miró a la cruz. Satanás aborrece la cruz, brrr. Pero hermanos esta es la mitad del mensaje de salvación nada más, porque Cristo no solamente que murió por nosotros sino que re-su-ci-tó por ti, por mí. En esta misma identificación con él, por la cual morimos también, con esa vivimos con él. Jesús resucitó a los muertos y en él resucitamos nosotros por eso es que nuestra fe en Jesucristo es lo que nos hace pasar de la muerte a la vida, porque él es el Camino, la Verdad y la Vida y nadie viene al Padre sino por él. Yo después de que miré a la cruz morí y luego volví a vivir, me dicen buenos días, buenos días ¿Donde estoy? Usted está en el Reino de Dios, Ha, que tremendo dije yo, bueno voy a tomarme una siesta. Un momentito, aquí en el Reino de Dios no se hace nada sin la autorización de Él. Ja, ja, ja, epa. Vamos a tener que cambiar nuestras formas de ser. Amados hermanos, esa cruz bendita de Jesús, su sangre, su muerte, por ti y por mí, y su resurrección es lo que nos trae esta salvación tan grande y eterna. ¿Lo comprendes? Esto es lo que la Iglesia dice en el bautismo, por eso es que el bautismo es el signo de la conversión, porque en el bautismo uno se identifica con Cristo, el bautismo es lo que dice, SI SEÑOR, yo creo que tu moriste por mi y resucitaste por mí, por eso yo creo que esta enseñanza que estamos escuchando debemos aplicarla a ese bendito bautismo que recibimos APRIORI para que sea renovado, para que entendamos los significados, quizá nuestro padrino tendría que habérnoslo dicho y nuestra madrina, pero GLORIA A DIOS que por lo menos llegamos hasta aquí, entonces ese bautismo significa librados de las tinieblas, injertados, plantados en el Reino de Dios. Y por que esa exigencia de nacer allí. Yo creo que es muy sencillo hermanos, yo soy moreliano y si algún día me hiciera ciudadano americano, amaría ese país, lo respetaría, cumpliría con las leyes, pero siempre en un rinconcito de mi corazón estaría mi lindo Michoacán, mi Catedral, mi Avenida Madero, mi comida preferida, muchas cosas estarían en mi corazón, aunque yo sería norteamericano. Y eso no lo quiere Dios en su Reino, el no quiere que estemos en su Reino con el corazón en otro lado, El quiere que seamos desde la cabeza hasta los pies del Reino, que fluya por nuestras venas sangre Real, Él quiere que seamos enteros, dados por completo al Reino de Dios, por eso, es que Él quiere que nazcamos ahí para que seamos 100% del Reino, por eso es que hay que nacer en el Reino.
Y ahora voy aplicar esto a la vida diaria, antes de concluir. Jesucristo dice: «El Reino de los cielos es semejante a un hombre mercader de perlas, un hombre que se encarga de comprar perlas, tiene ese hobby, ese deseo. Y por ahí encuentra la perla de gran precio, y vende todo lo que tiene y la compra» El Reino de los cielos es semejante a un mercader de perlas, que cuando encuentra la perla de gran precio vende todo lo que tiene y la compra. Amados hermanos, el Reino de los Cielos es la Gran Perla, no hay otra igual, el hombre y la mujer somos los buscadores de buenas perlas. Todos queremos felicidad, todos queremos seguridad, estabilidad, todos deseamos fama, mejoras, gozo, paz, salud, todos queremos las virtudes buenas, muchos de nosotros queremos la paz, queremos la tolerancia, pero aunque buscamos a veces esas cosas y algunas las encontramos y a veces buscamos en lugares equivocados, ninguna de esas cosas se compara al Reino de Dios. Pero un día el hombre buscador de perlas se confronta con el Reino de Dios, y en ese Reino hay paz, hay seguridad eterna, hay gozo, hay sanidad exterior, interior, del espíritu, del cuerpo, hay... ¡que no hay en el Reino! Prosperidad espiritual y aún material, que es lo que no hay en el Reino, hay pero muchísimo cosas, está todo. Y cuando el hombre ve esa perla de gran precio dice: pero que perla esta vale más que todas las demás perlas juntas, ¡que perla!, pero vaya a saber lo que cuesta esa perla. Y el dueño dice si señor, esta perla vale mucho más que todas las perlas del mundo puestas juntas, yo se porque soy experto, porque yo soy mercader de perlas. Se ve que usted entiende, yo entiendo, pero vaya a saber lo que vale. Uuuh, dice el dueño esta perla es costosísima. Me lo imaginaba, bueno, lamento mucho pero yo no la puedo comprar, ¡SI QUE PUEDE!, dice el dueño. ¿Yo? Si usted. Vamos, no dijo que es muy, muy cara y se ve que vale toda la fortuna del mundo, yo no voy a poder. SI QUE PUEDE. Vamos no me haga poner nervioso, ¿como? Explíqueme,. Si, cualquiera puede comprarla. ¿Pero como? SI, CUALQUIERA, porque cuesta todo lo que usted tiene. Si tiene un peso, ¡y eso es todo lo que tiene!, cuesta un peso. Si tiene diez mil millones ¡y eso es todo lo que tiene!, cuesta diez mil millones.
Pero, pero, esta perla es mucho pero mucho más de lo que yo tengo, pues la compro. ¡Que barato! Bueno, ¿la compra? SI SEÑOR. Bueno traiga lo que usted tiene, ¿cuanto tiene? Bueno, yo tengo unos 10 millones de pesos, en mis ahorros. Bueno ¡tráigalos! ¿Que más? Bueno, eso es todo lo que tengo... bueno, tengo un poco en la cartera también. No, no los cuente porque la cartera también pasa a ser mía. ¿Qué más tiene? Eh eh, es todo lo que tengo. Bueno pero ¿donde vive? Tengo una casa. ¡La casa también es mía! ¿La casa? Si, TODO. Pero, tendré que irme a vivir a la casa de campo. Ah, ¿tiene casa de campo? esa también pasa a ser mía. Pero, tendré que dormir en el auto. Ah, ¿tiene auto? El auto también. ¿Qué más tiene? No tengo más nada, Como, ¿es solo en el mundo? No, tengo mi esposa. La esposa también. Eh. Si. todo, todo, ¿Tiene hijos? Ah, ah, si. Los hijos también, ¡todo! ¿Que más tiene? no tengo nada más quedé yo so-li-to. NO. Tú también. Todo, TODO.
Hermano, ¿tú crees que Jesús pide mucho? si piensas que si, estás equivocado porque Jesús no pide mucho, Jesús pide ¡TODO! En ocho días comparamos lo nuestro y el Reino de Dios para saber que es lo que más nos conviene.
Te invitamos a ver en nuestra página web, www.jesusestavivo.org.mx la Misa del domingo de las 9 de la mañana en Catedral; en la Parroquia de San Pedro, la Misa del domingo de las 9 de la mañana y en Las Rosas la Misa de Sanación del lunes pasado. En Blooger tenemos nuestras seis columnas diferentes publicadas en los tres principales diarios de Morelia. La dirección para encontrarlas es: jesusestavivoenmorelia.blogspot.com También nos puedes localizar en Twitter donde están nuestras columnas, pero ahí puedes hacer comentarios, críticas, sugerencias y todo lo que se le parezca. Su dirección es: twitter.com/jesusestavivo
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización

Realmente ¿Quieres sanarte?

Jesús formula esta pregunta a un paralítico que llevaba 38 años junto a la piscina esperando un milagro para poder andar. En tales circunstancias, pudo parecer algo retórico y casi cruel preguntarle a ese hombre si quería recobrar la salud. Sus deseos eran evidentes: él aguardaba con ansia el temblor de las aguas y la ayuda de una mano salvadora. Pero Jesús sabía lo que hay en el corazón humano. Él conoce en profundidad nuestros extraños modos de proceder.
Curiosamente, entre las cosas raras que tenemos los hombres, está el hecho de que muchos de nosotros, en el fondo del alma, preferimos seguir postrados para siempre antes que levantamos. Nos cuesta acercarnos a quien puede ayudarnos. Tenemos miedo de que se diagnostique nuestro mal; lo negamos, lo ocultamos y permitimos que él siga su avance. Ésa es la constatación de psicólogos, médicos y directores espirituales. Rechazamos poner los medios que nos hacen andar. Sólo queremos aliviar los síntomas; aprender alguna receta fácil... pero dejando en claro que el mal es tan profundo que no tiene remedio.
Esto vale también en las crisis de fe; en los desgarrones que quitan sentido a nuestra vida. Nos encerramos allí, sin buscar las salidas. Pareciera que nadie quiere sufrir; se diría que todos buscamos la felicidad, pero extrañamente, con frecuencia, ponemos esa felicidad en compadecemos de nosotros mismos o en que los otros se preocupen de nosotros, nos tengan lástima y se nos acerquen. Parece que nos gusta que nos miren con compasión. No es raro encontrar a personas que narran con detalle sus dolencias y hacen notar las incomprensiones y malos tratos que injustamente reciben.
Los rencores, las rabias profundas que nos hieren por dentro, los remordimientos malsanos están agazapados en nuestro interior y se agarran a nosotros como una garrapata... y nosotros nos agarramos a ellos como a nuestra identidad. Ellos nos paralizan como al enfermo de la piscina.
El verdadero mal no está tanto en el dolor físico o en la pena que tengamos como en el modo como procesamos ese sufrimiento. Todos, tarde o temprano, tenemos que afrontar el dolor; el drama es que algunos preferimos quedar entrampados, paralizados para siempre en el mal. Eso explica que Jesús, antes de emprender la aventura del milagro y de la fe, nos pregunte: ¿Quieres sanarte?
Para andar, para superar nuestras dolencias es indispensable poner algo de nuestra parte. Todo es gracia pero nada se hace sin la humilde y libre colaboración humana. La vida y la salvación son un regalo, un don de Dios. La misma aceptación de ese don es también un regalo pero supone la cooperación del hombre: ¿Tú, quieres sanar?
Ante tantas penas, dudas de fe, incomprensiones, faltas de sentido, es necesario hacernos honradamente la pregunta que Jesús formuló al paralítico: ¿Quieres sanarte? ¿ Tú, quieres levantarte y andar? ¿Tú, quieres ayudarte y que te ayuden? ¿Eres capaz, en verdad, de confiar en los demás y en el Señor? ¿Eres capaz de mirar con honradez la verdadera causa de lo que te pasa? ¿Te atreves a poner los medios eficaces para salir de la parálisis? Si no quieres poner, al menos, ese deseo de tu parte, todos tus males son incurables... pero no olvides que el Señor ha venido para invitarte a andar. Si de verdad quieres sanar te invitamos al templo de Las Rosas a que dejes en las manos de Jesús TODOS tus males y te dejes apapachar por el que TODO lo puede. Si tu mal es incurable y los médicos ya nada pueden hacer, la cita con el Doctor de doctores es mañana a las cinco de la tarde en el consultorio más grande de Morelia: Las Rosas. Te invitamos a ver en nuestra página web, www.jesusestavivo.org.mx la Misa del domingo de las 9 de la mañana en Catedral; en la Parroquia de San Pedro, la Misa del domingo de las 9 de la mañana y en Las Rosas, la Misa de Sanación del lunes pasado. En Blooger tenemos nuestras seis columnas diferentes publicadas en los tres principales diarios de Morelia. La dirección para encontrarlas es: jesusestavivoenmorelia.blogspot.com También nos puedes localizar en Twitter donde están nuestras columnas, pero ahí puedes hacer comentarios, críticas, sugerencias y todo lo que se le parezca. Su dirección es: twitter.com/jesusestavivo
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Grupo Apostólico Nueva Evangelización

El nombre de Dios

A María Santísima nosotros "no la adoramos"; seríamos idólatras. María fue humana como nosotros. A ella sencillamente le rendimos el culto de "veneración". ¿Por qué? Porque la Biblia nos dice que Ella es la "bendita entre todas las mujeres"; porque fue escogida para ser la Madre de Jesús, que era Dios, y porque nosotros queremos cumplir la profecía de la Biblia que dice: "Me llamarán bienaventurada todas las generaciones". Nosotros tenemos el gozo de contamos entre esas generaciones que aclaman y bendicen a María.
No podemos olvidar la escena de Caná de Galilea: unos novios en apuros y la mamá de Jesús que se acerca a su Hijo y lo presiona, en cierta manera, para que ayude a aquellas personas. Aparece claramente aquí cómo la Virgen ruega por los necesitados. Si su oración era tan maravillosa y poderosa cuando estaba en la tierra, Cómo será de poderosa su oración ahora que ella está junto a su Hijo en la gloria del cielo. Es por eso que acudimos a la Virgen con confianza, para que ella nos acerque a Jesús; porque Jesús, como dice la Biblia, es el "único camino para llegar al Padre",
Y lo mismo hacemos con los santos. Los santos fueron los grandes amigos de Dios; los maravillosos instrumentos a través de los cuales Dios llegó a sus hijos, aquí en la tierra, y obró milagros y maravillas. La oración de los santos, como eran personas muy llenas del Espíritu Santo, tenía mucho poder cuando estaban en la tierra. Ahora que están en el cielo su oración tiene un poder mayor. Los santos nos llevan a Jesús, porque Jesús es el puente para llegar al Padre, así lo dice la Biblia. Nosotros "no adoramos" a los santos, simplemente "los veneramos".
Es muy triste darse cuenta de una cosa: las personas que se llaman cristianos y que sin embargo, acuden a centros de adivinación, para que les "hagan hechicerías", les "tiren las cartas", o les "adivinen" el presente o el futuro. Esas personas están demostrando que han perdido su fe en Dios, que no creen que Él sea todo poderoso, y por eso acuden a los hombres. Le están volteando la espalda a Dios. Este es un pecado muy grave.
En el primer libro de las Crónicas, en el capítulo décimo, se nos cuenta que el rey Saúl, un día, fue a consultar a una adivina, y que cayó en desgracia de Dios. Estas cosas ofenden a Dios, porque quien acude a estos lugares, demuestra que Dios no está en el primer lugar de su vida.
También da pena ver cómo muchas personas, que se llaman católicos y que acuden a misa los domingos, en momentos de pena, de tribulación, van a "centros espiritistas". Están demostrando que no creen que Dios sea todopoderoso; necesitan acudir a los hombres, a las cosas. El espiritismo está expresamente prohibido en la Biblia.
En el libro del Deuteronomio, capítulo 18 y versículo10, dice: "Que nadie de ustedes ofrezca en sacrificio a su hijo haciéndolo pasar por el fuego, ni practique la adivinación, ni pretenda predecir el futuro, ni se dedique a la hechicería ni a los encantamientos, ni consulte a los adivinos, ni a los que invocan los espíritus, ni consulte a los muertos. Porque al Señor le repugnan los que hacen estas cosas". ¡Qué frase tan dura de la Biblia!: "Le repugnan los que hacen estas cosas". Es un pecado muy grave.
En nuestra experiencia hemos visto que las personas que acuden a estos "centros misteriosos", por lo general, se muestran muy ansiosas, muy intranquilas, siempre están turbadas; nosotros lo encontramos natural: se han expuestos a fuerzas raras y misteriosas que, seguramente no son de Dios. En estas personas no se notan los frutos del Espíritu Santo, que son: paz, bondad, amor, mansedumbre. Se nota lo contrario: turbación e intranquilidad. Es por eso que el Señor prohíbe estas prácticas misteriosas. Si Dios de veras está en el centro de la vida de una persona, no necesita acudir a estas prácticas prohibidas por el mismo Dios en la Biblia.
Si amamos a Dios, con todo el corazón, debemos respetar todas las "cosas de Dios", Antes de acercarse a la sagrada comunión, hay que examinarse. Recibir la "Comunión" en pecado mortal equivale a cometer un "sacrilegio". Sacrilegio quiere decir profanación de algo sagrado. En la primera carta a los Corintios, capítulo once, Pablo advierte que si nos acercamos a comer el cuerpo del Señor indignamente, podemos comer nuestra condenación. Por eso, acudimos al Señor y nos purificamos antes y le damos gracias por ese regalo tan grande de la Eucaristía.
En el Evangelio de Juan, se nos dice: "Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo Único, para que todo el que crea en él tenga vida eterna". (Jn 3,16) Dios es el que ha querido vivir en medio de nosotros, encarnarse, poner su casa en nuestro mundo, para indicamos cuál es el camino hacia Dios. Dios no sólo nos indica el camino, sino que casi nos agarra de la mano para guiarnos hacia Él.
Dios es una "experiencia" en nuestra vida. Si nos pusiéramos a escribir un libro acerca de las gracias que hemos recibido de Dios, no terminaríamos nunca. Por eso mismo a Dios lo ponemos en el centro de nuestra vida y hacemos todo lo posible para amarlo con "todo nuestro corazón", con "todas nuestras fuerzas". A Dios no podemos servirlo "a nuestra manera", sino que lo debemos servir de la manera que Él mismo nos ha indicado en sus mandamientos; a eso se llama: amar a Dios sobre todas las cosas.
Nuestro nombre es algo muy querido; algo muy personal; casi diríamos que representa nuestra personalidad. Por eso los papás, cuando nace un hijito, ¡cómo se "quiebran la cabeza", buscando un nombre que llegue a significar todo lo que ellos anhelan para su hijo!
En la Biblia, se ponían nombres muy significativos: Jacob quiere decir: "Poder de Dios". Es porque Jacob luchó con el Ángel del Señor. Ismael significa: "Dios quiera escuchar". Abraham esperaba que el Señor escuchara su plegaria. Absalón quiere decir: "El Padre es paz". David, papá de Absalón, quería paz para su reino. Pedro, significa "piedra". Jesús pensó edificar su Iglesia sobre esa piedra.
Cuando alguien se acerca a nosotros y nos dice su nombre, nos presenta, es señal de que quiere relacionarse con nosotros; quiere buscar nuestra amistad; lo mismo hacemos nosotros con otras personas.
Lo bello en la historia de la humanidad, es que Dios un día se presenta a la humanidad y le revela su nombre. Dios quería relacionarse con los hombres. A Abraham el Señor le dice: "Yo soy el Omnipotente". A Moisés le dice: "Yo soy el que soy". En el monte Sinaí, el Señor le dice al pueblo: "Yo soy el Señor tu Dios, que te sacó de Egipto". Dios quería que aquel pueblo relacionara a Dios ron el recuerdo de su liberación, con su "experiencia de Dios".
El nombre de Dios, en el Antiguo Testamento, se respetaba de manera especialísima; se reservaba sólo para momentos especiales. Por eso, en lugar del nombre "Dios", se usaban otros apelativos; se le llamaba "Elohim", que quiere decir "Poder". Se le llamaba también "Adonai", es decir "Señor". Se le nombraba "Eliom", Altísimo.
Isaías lo llama "El Santo de Israel". En el Nuevo Testamento nos encontramos con algo sorprendente: Jesús nos revela el nombre de Dios; lo llama: "Padre". Jesús nos advierte que no debemos dirigimos a Dios con miedo, sino con la confianza del hijo a su padre. También en el Nuevo Testamento, el Padre nos revela el nombre de su Hijo. A la Virgen María y a José se les advierte que el nombre del Mesías será "Jesús', que quiere decir "Salvador", porque ésa era la misión de Jesús: salvar a los hombres.
En la carta a los Filipenses, nos encontramos con algo muy bello, que nos revela qué es el nombre de Jesús. Dice Pablo: "Por eso Dios le dio el más alto honor, el más excelente de todos los nombres, para que al nombre de Jesús doblen la rodilla todos los que están en los cielos, en la tierra, debajo de la tierra, y todos reconozcan que Jesucristo es el Señor, para honra de Dios Padre". El nombre de Jesús es poder en todo tiempo y lugar.
Jesús un día les dice a sus discípulos: "Todo lo que ustedes pidan a mi Padre en mi nombre, les será concedido". Esta es una gran revelación: el poder que tiene el nombre de Jesús para nosotros. Pedro, cuando se encuentra a un tullido frente a la puerta del templo, le dice: "No tengo oro ni plata, pero en nombre de Jesús, levántate y camina", y se obra el milagro; aquel individuo es curado instantáneamente.
El nombre de Dios es tan sagrado y santo, que por eso mismo el segundo mandamiento de la ley de Dios nos prohíbe "Tomar el nombre de Dios en vano".
En el capítulo 20 del Éxodo, se lee: "No hagas mal uso del nombre del Señor tu Dios, pues Él no dejará sin castigo al que use mal su nombre". Es un mandato explícito del Señor. Cuando uno ama un nombre no lo profana, no lo usa con liviandad, sino que lo pronuncia con cariño. Nadie repite el nombre de su mamá o de su papá con desprecio. Todo lo contrario: se experimenta un gusto especial al pronunciar el nombre de nuestros padres.
En algunos lugares de Europa, por ejemplo en España, en Italia, hay una pésima costumbre: algunas personas, cuando se enojan, sueltan un insulto contra Dios. A esto se le llama blasfemia. Algo horroroso ¿Cómo vamos a insultar a Dios, si nosotros de veras creemos en Él? Afortunadamente, esto no está extendido entre nosotros; pero tal vez sí hay algo que se le parece: algunas personas cuentan "chistes" acerca de Jesús. Esto no tiene sentido para el que con sinceridad ama a Jesús: nadie cuenta algún chiste de doble sentido, en que la fama de su mamá quede mal. Porque ama a su mamá. Si alguien, de veras, ama a Jesús, nunca cuenta chistes irrespetuosos acerca de Jesús. Un cristiano no puede hacer eso. En el Antiguo Testamento se apedreaba a la persona que cometía una blasfemia.
En el principio de la humanidad, cuando una persona, hablaba, reflejaba lo que tenía en su corazón; pero un día, nuestros primeros padres creyeron al "padre de la mentira". La Biblia lo presenta con el símbolo de una serpiente. Entonces se torció el corazón de los seres humanos. Este fue el origen de la mentira y de la mutua desconfianza. Por eso algunas veces hasta tenemos que acudir a un "juramento" para garantizar la verdad." Jurar" quiere decir poner a Dios por testigo, El Antiguo Testamento presenta a Dios jurando; Dios le jura a Abraham que le concederá una descendencia muy grande. En el Nuevo Testamento, en cambio, Jesús dice claramente que no debemos jurar por ninguna cosa; basándonos en esto, nosotros sólo reservamos "el juramento" para casos especialísimos. El mismo Jesús un día también juró: se le preguntó si él era el Hijo de Dios: "Te conjuro en nombre de Dios que nos digas si tú eres el Hijo de Dios", Jesús aceptó el juramento, y dijo: "Tú lo has dicho". Basándonos en las palabras de Jesús, nosotros sólo juramos en casos gravísimos y cuando se necesita que aparezca la verdad y luzca la justicia.
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¡Alabado sea Jesucristo!
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