Atravesando Galilea, medio escondido, sin detenerse, Jesús iba instruyendo a sus discípulos (cfr. Mc 9, 30). Ellos connversaban y discutían porque no entendían las palabras de su Maestro. En el primer descanso el Señor les hizo una pregunta decisiva: «¿De qué discutían por el camino?».
Es curioso, pero al menos dos veces se preocupó Jesús de lo que conversaban sus discípulos. Él, que los quería y que deseaba formarlos para el futuro ministerio, sabía que la palabra era importante. Qué se dice y cómo se dicen las cosas debía preocuparle a quien se interesaba en formar apóstoles.
Después de su resurrección, cuando ya terminaba su presencia visible entre los suyos, volvió a preguntarles de qué estaban hablando a dos que se alejaban, descorazonados, llorando la derrota. Ellos iban camino de Emaús (Lc 24,17).
Triste debió ser para el Señor constatar que, después de tanto esfuerzo pedagógico, la conversación de sus discípulos tuviese tan poca alma de Evangelio. En verdad ellos habían entendido poco. Discutían sobre quién era más importante y camino de Emaús, sin entender las Escrituras, iban mirando hacia atrás, rota toda esperanza.
Siguiendo el interés de Jesús, es bueno preguntarle al hombre de este siglo de qué habla y cómo se comunica.
Es triste constatar que en este tiempo nuestro hay mucha soledad. Por odio, por rutina, por falta de horizontes o por miedo, hay personas que han dejado de hablar. Mudas ante un televisor, hay familias enteras que han perdido la capacidad de mirarse a la cara, de conversar y de contar sus sueños.
«¿De qué discutes?». Preguntar esto equivale a interesarse por las cosas que nos apasionan, las cosas que son importantes para nosotros. Cuando tú hablas, ¿qué cosas tienen realmente valor para ti?
Muchos discuten y hablan de cosas que no valen la pena. Por desgracia, hay hombres que tienen un registro pequeño de intereses. Sólo se puede hablar con ellos de dinero, de sexo, de negocios, de futbol o de autos. La política, cuando se hace tema excluyente, puede ser también una forma de decir pocas cosas. Pero más delicado es cuando nuestra conversación, hecha para comunicarse y construir lazos, se dedica a destruir a otros.
En el hablar se manifiestan los prejuicios, las estrecheces de clase, las pasiones. También allí se manifiestan las ternuras, la grandeza, la objetividad y el respeto .. " «porque de la abundancia del corazón habla la lengua». (Lc 6,45)
El Señor quería que nuestra conversación fuese simple y directa: «Sí» o «No»; que jamás hiriera al hermano; que nos preocupáramos de las necesidades y dolores de los otros y que dijéramos en todo momento la verdad.
El hablar humano también debe ser bello, Es una pobreza grande tener un vocabulario reducido, una gramática imperfecta o convertir el lenguaje en una grosería. La grosería a veces se usa para ofender, pero la mayor parte de las veces es muletilla que oculta una inopia atroz. Empobrecer la palabra reduce fuertemente la capacidad que tiene el hombre de ser hombre... de entrar en comuunión y de dominar la tierra. Dios le dio a Adán, como muestra de su señorío, el poder de irle poniendo nombre al universo.
Jesús quiso enseñar a los suyos a hablar también con Dios. Sólo en ese diálogo confiado, donde el hombre puede decirle «Abbá, Padre» a Dios, la conversación, la palabra humana, adquiere toda su profundidad y su esplendor. Un hombre que nunca habla con Dios, verá que su palabra tarde o temprano perderá horizontes.
Por todo lo anterior, es bueno que hagamos hoy resonar en nosotros la pregunta de Jesús: «¿De qué discutes?».
Es un deber de los cristianos reconciliarse con Dios, confesarse, cuando se presenta un peligro de muerte. (mandamiento segundo de la Iglesia) ¡Facilita a tus enfermos este servicio! ¡Hazlo de día! Pero si se presenta una emergencia llama al Tel. 324 60 24 de 22:00 horas a 6:00 de la mañana. Confesión y Unción de los enfermos.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
jueves, 3 de diciembre de 2009
Sólo Jesús me da Espíritu Santo
Ciertamente, el Espíritu Santo es "la promesa del Padre" y, por tanto, es el Padre quien lo envía a nosotros. Podríamos decir que "tanto me amó a mí que me dio su Santo Espíritu, para que yo, si lo recibo, no me pierda, sino que tenga vida eterna". Jesús mismo nos dice que es el Padre quien nos da este don inestimable: "el Padre dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan". Lc 11,13.
Pero es cosa clara en la revelación, que el Padre nos da su Espíritu sólo por medio de Jesús. El designio de Dios era que, cuando Jesús fuera glorificado, recibiera en su máxima plenitud el Espíritu Santo, y lo "repartiera" entre los creyentes. Leamos con cuidado los siguientes textos: 1- Jesús es presentado por Juan el Bautista como aquel que viene a traemos el don del Espíritu: "Yo los bautizo solamente con agua, como signo de purificación, pero EL QUE VIENE DESPUES DE MI, los bautizará con Espíritu Santo" Mt 3,11. 2- Jesús ofrece dar a los que crean en él y se lo pidan, el don del Espíritu Santo: "Si alguno tiene sed, que venga a Mi y beba. Con esto, Jesús quería decir que los que creyeran en él recibirán el Espíritu" Jn 7,37. 3- Por la intercesión de Jesús recibimos el don del Espíritu: "YO PEDIRE al Padre que les mande otro Paráclito que se quede para siempre con ustedes" Jn 14,15. 4- El Padre nos envía al Espíritu Santo en el nombre de Jesús, es decir, en atención a su mérito y a su intercesión: "El Espíritu Santo, que el Padre va a enviarles EN MI NOMBRE, les enseñará todas las cosas" Jn 14,26. 5- El Padre envía al Paráclito por medio de Jesús: "Cuando venga el Paráclito QUE YO VOY A ENVIAR de parte de mi Padre, él dará testimonio de Mi". Jn 15,26 6- Es Jesús resucitado y glorificado quien nos da el don del Espíritu: "Todavía no había venido el Espíritu, PORQUE JESUS NO HABIA SIDO AUN GLORIFICADO". Jn 7,38 "Jesús fue levantado para ir a sentarse a la derecha de Dios. Y recibió del Padre el Espíritu Santo que habla sido prometido, el cual a su vez, EL ESTÁ REPARTIENDO". Hech 2,33 7- Jesús comparte su privilegio actuando a través de sus apóstoles: "Entonces Pedro y Juan les impusieron las manos y así recibieron el Espíritu Santo. Simón, al ver que el Espíritu Santo venía cuando los apóstoles imponían las manos a la gente, les ofreció dinero y les dijo: Denme también a mí ese poder, para que aquel a quien yo le imponga las manos reciba el Espíritu Santo. Pedro le contestó: ¡Que tu dinero se condene contigo, porque has pensado comprar lo que es un don de Dios!". Hech 8,17
Podríamos resumir así esta enseñanza: El Espíritu Santo es un don del Padre, dado al hombre siempre por medio de Jesús resucitado y glorificado, concedido por los méritos y por la intercesión de Jesús a todos los que creen en él. En este sentido el Espíritu Santo es llamado: "el Espíritu de Jesús". Hech 16,7. "El Espíritu del Hijo". Gal 4,6, y "El Espíritu del Señor". Hech 5,9 y 8.39
El prefacio de la Misa del Espíritu Santo expresa admirablemente esta doctrina: "Verdaderamente es justo darte gracias, siempre y en todo lugar, Padre Santo, Dios Todopoderoso y eterno, por Jesucristo nuestro Señor. El cual después de haber resucitado, y estando sentado a tu derecha, derramó sobre tus hijos el Espíritu Santo que habías prometido. Por eso, llenos de profunda devoción, nos unimos a los ángeles para cantar tu alabanza".
Así pues, la oración para pedir el don del Espíritu Santo podemos dirigirla al Padre, en el nombre de Jesucristo nuestro Señor. O a Jesús, pidiéndole que, así como derramó sobre sus primeros discípulos aquel "bautismo" del Espíritu, así también lo realice en nosotros. O podemos dirigir nuestra oración al mismo Espíritu Santo diciéndole ¡VEN! como lo hace la Iglesia en su Liturgia.
Desde el día que Jesús subió al cielo, los creyentes tomaron la costumbre de reunirse para orar en el piso superior de la casa donde estaban alojados. "Eran como ciento veinte, y entre ellos estaban los apóstoles, los parientes de Jesús, María su madre, y las otras mujeres". Hech 1,1
Y diez días después de la ascensión de Jesús, el día en que los israelitas celebraban la alianza con Dios en el Sinaí, Jesús glorificado envió a "todos los creyentes, que estaban reunidos en aquel mismo lugar", la Promesa del Padre para consumar la nueva alianza. San Lucas narra así el hecho:
"De repente, como a las nueve de la mañana. (Hech 2,15) un gran ruido que venía del cielo, como de un viento poderoso, resonó en toda la casa. Y se les aparecieron lenguas como de fuego, repartidas sobre cada uno de ellos. Y todos comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu hacía que hablaran". Hech 2,1
Desde ese día, los discípulos comenzaron a predicar las buenas noticias de Jesús, y eran muchos los que se iban sumando al número de los creyentes. Pero las autoridades de los judíos amenazaron a los apóstoles con encarcelarlos si seguían predicando el nombre de Jesús. Entonces toda la comunidad cristiana se reunió para orar y dijeron:
"Concede a tus siervos que, a pesar de estas amenazas, anuncien tu mensaje sin miedo, y que por tu poder sanen a los enfermos y hagan milagros en el nombre de tu santo siervo Jesús. Y cuando acabaron de orar, el lugar donde estaban reunidos tembló; Y TODOS FUERON LLENOS DEL ESPÍRITU SANTO, y anunciaban abiertamente el mensaje de Dios". Hech 4,29...
Pasado algún tiempo, "cuando los apóstoles estaban en Jerusalén supieron que en Samaria habían aceptado el mensaje de Dios, mandaron allá a Pedro y a Juan. Al llegar, oraron por los creyentes de Samaria, para que recibieran al Espíritu Santo. Porque todavía no había venido el Espíritu Santo sobre ninguno de ellos; solamente se habían bautizado en el nombre del Señor Jesús. Entonces Pedro y Juan les impusieron las manos y así RECIBIERON EL ESPÍRITU SANTO". Hech 8,14...
Después de estos sucesos, Pedro fue a Cesarea, a casa de un centurión romano llamado Cornelio para hablarle a toda su familia acerca de Jesús. Habló de su vida, de sus milagros, de sus promesas de su muerte en la cruz y de su resurrección.
"Todavía estaba hablando Pedro, cuando el Espíritu Santo vino sobre todos los que escuchaban su mensaje. Y todos se quedaban admirados porque los oían hablar en lenguas extrañas alabando a Dios. Entonces Pedro dijo: ¿Acaso puede impedirse que sean bautizadas estas personas, que HAN RECIBIDO EL ESPÍRITU SANTO IGUAL QUE NOSOTROS? Y mandó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo". Hech 10,44
Entre tanto, en Damasco, un creyente llamado Ananías, fue a la casa donde estaba Saulo, el temido perseguidor de los cristianos. Al entrar, puso sus manos sobre él y le dijo: "Hermano Saulo, el Señor Jesús, el que se apareció en el camino por donde venías, me ha mandado para que recobres la vista y QUEDES LLENO DEL ESPÍRITU SANTO". Hech 9,17... Este Saulo, quien se llamó después Pablo, ya convertido de perseguidor en apóstol, llegó a Efeso donde encontró varios creyentes. Les preguntó: ¿Recibieron ustedes el Espíritu Santo cuando se hicieron creyentes? Ellos le contestaron: Ni siquiera hemos oído hablar del Espíritu Santo. Pablo les preguntó: Pues ¿qué bautismo recibieron ustedes? Y ellos respondieron: El bautismo de Juan. Pablo les dijo: Si, Juan bautizaba a los que se convertían a Dios, pero les decía que creyeran en el que vendría después de él, es decir, en Jesús. Al oír sus explicaciones, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús; y cuando Pablo les impuso las manos, VINO SOBRE ELLOS EL ESPÍRITU SANTO, y hablaban en lenguas extrañas, y comunicaban mensajes recibidos de Dios. Hech 19,1...
Estos casos en que el Espíritu Santo "viene sobre los creyentes" o "llena a los creyentes", son solo unos cuantos ejemplos de lo que sucedía normalmente y constantemente como fruto de la evangelización y de la conversión: "Habiendo escuchado la Palabra de la verdad, la buena nueva de la salvación y habiendo creído, fueron marcados con el sello del Espíritu Santo prometido". Ef 1,13. "Habiendo sido iluminados, GUSTARON EL DON CELESTIAL, RECIBIERON EL ESPÍRITU SANTO, saborearon las buenas nuevas de Dios, y los prodigios del mundo futuro". Heb 6,1...
"Conviértanse a Dios, bautícense en el nombre de Jesús y así EL LES DARA EL ESPÍRITU SANTO. Porque esta promesa es para ustedes, y para sus hijos, y para todos los que el Señor nuestro Dios quiera llamar". Hech 2,38
Es pues, un error lamentable pensar que Jesús cumplió la gran Promesa del Padre una sola vez y para un solo grupo el día del Pentecostés. Jesús resucitado y glorificado sigue cumpliendo fielmente su misión que es bautizar con el Espíritu Santo a todos los creyentes de todos los tiempos.
Por lo tanto, basta que te conviertas a Dios por medio de Jesucristo y asumas el compromiso de tu bautismo que es el de vivir como hijo de Dios, y acudas a Jesús con sed del agua viva; y el cumplirá en ti la gran promesa.
Visita nuestra página web: www.jesusestavivo.org.mx y vive los 129 videos de misas, evangelización y testimonios de sanación que tenemos, estos son algunos: Bienvenida, ¿Ciego yo?, Dieciocho años enfermo, El Espíritu de Dios me sana, El Espíritu sobre Jesús, El ministerio de Jesús, Epiléptico sanado, Jesús me sanó de diabetes, Jesús Gallina, Jesús enseña y sana, Jesús me enseña y me sana, Jesús a resucitado, Jesús tiene todo el poder, Mi Pastor me sana, Misas en la Catedral, en la Parroquia de San Pedro, en el Niño de la Salud, y de sanación en el templo de Las Rosas. Oración de sananción por Alan, Oración de sanación por Octavio y Wilfrido, Pedid y se os dará, Proclamando la Buena Nueva, ¿Qué dice Dios de la influenza?, Quiero, ¡queda sano!, Resurrección de un joven, Sanando enfermedad de nacimiento, Te doy 15 días para que me lo sanes... ¿Ustedes también quieren dejarme? Yo ciego, Zaqueo y el más grande: Bendición con el Santísimo. Ve también las misas de sanación que celebra el P. Miguel Contreras. Entra a la página buscando en Google: aurelio prado flores Abre el nombre, te vas a INICIO y ahí están las misas, los videos evangelizadores con testimonios de sanación. Además tenemos un libro con más de 200 testimonios de sanación. Te vas a LIBROS y abres: Jesús está vivo... en Morelia y los encontrarás.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
Pero es cosa clara en la revelación, que el Padre nos da su Espíritu sólo por medio de Jesús. El designio de Dios era que, cuando Jesús fuera glorificado, recibiera en su máxima plenitud el Espíritu Santo, y lo "repartiera" entre los creyentes. Leamos con cuidado los siguientes textos: 1- Jesús es presentado por Juan el Bautista como aquel que viene a traemos el don del Espíritu: "Yo los bautizo solamente con agua, como signo de purificación, pero EL QUE VIENE DESPUES DE MI, los bautizará con Espíritu Santo" Mt 3,11. 2- Jesús ofrece dar a los que crean en él y se lo pidan, el don del Espíritu Santo: "Si alguno tiene sed, que venga a Mi y beba. Con esto, Jesús quería decir que los que creyeran en él recibirán el Espíritu" Jn 7,37. 3- Por la intercesión de Jesús recibimos el don del Espíritu: "YO PEDIRE al Padre que les mande otro Paráclito que se quede para siempre con ustedes" Jn 14,15. 4- El Padre nos envía al Espíritu Santo en el nombre de Jesús, es decir, en atención a su mérito y a su intercesión: "El Espíritu Santo, que el Padre va a enviarles EN MI NOMBRE, les enseñará todas las cosas" Jn 14,26. 5- El Padre envía al Paráclito por medio de Jesús: "Cuando venga el Paráclito QUE YO VOY A ENVIAR de parte de mi Padre, él dará testimonio de Mi". Jn 15,26 6- Es Jesús resucitado y glorificado quien nos da el don del Espíritu: "Todavía no había venido el Espíritu, PORQUE JESUS NO HABIA SIDO AUN GLORIFICADO". Jn 7,38 "Jesús fue levantado para ir a sentarse a la derecha de Dios. Y recibió del Padre el Espíritu Santo que habla sido prometido, el cual a su vez, EL ESTÁ REPARTIENDO". Hech 2,33 7- Jesús comparte su privilegio actuando a través de sus apóstoles: "Entonces Pedro y Juan les impusieron las manos y así recibieron el Espíritu Santo. Simón, al ver que el Espíritu Santo venía cuando los apóstoles imponían las manos a la gente, les ofreció dinero y les dijo: Denme también a mí ese poder, para que aquel a quien yo le imponga las manos reciba el Espíritu Santo. Pedro le contestó: ¡Que tu dinero se condene contigo, porque has pensado comprar lo que es un don de Dios!". Hech 8,17
Podríamos resumir así esta enseñanza: El Espíritu Santo es un don del Padre, dado al hombre siempre por medio de Jesús resucitado y glorificado, concedido por los méritos y por la intercesión de Jesús a todos los que creen en él. En este sentido el Espíritu Santo es llamado: "el Espíritu de Jesús". Hech 16,7. "El Espíritu del Hijo". Gal 4,6, y "El Espíritu del Señor". Hech 5,9 y 8.39
El prefacio de la Misa del Espíritu Santo expresa admirablemente esta doctrina: "Verdaderamente es justo darte gracias, siempre y en todo lugar, Padre Santo, Dios Todopoderoso y eterno, por Jesucristo nuestro Señor. El cual después de haber resucitado, y estando sentado a tu derecha, derramó sobre tus hijos el Espíritu Santo que habías prometido. Por eso, llenos de profunda devoción, nos unimos a los ángeles para cantar tu alabanza".
Así pues, la oración para pedir el don del Espíritu Santo podemos dirigirla al Padre, en el nombre de Jesucristo nuestro Señor. O a Jesús, pidiéndole que, así como derramó sobre sus primeros discípulos aquel "bautismo" del Espíritu, así también lo realice en nosotros. O podemos dirigir nuestra oración al mismo Espíritu Santo diciéndole ¡VEN! como lo hace la Iglesia en su Liturgia.
Desde el día que Jesús subió al cielo, los creyentes tomaron la costumbre de reunirse para orar en el piso superior de la casa donde estaban alojados. "Eran como ciento veinte, y entre ellos estaban los apóstoles, los parientes de Jesús, María su madre, y las otras mujeres". Hech 1,1
Y diez días después de la ascensión de Jesús, el día en que los israelitas celebraban la alianza con Dios en el Sinaí, Jesús glorificado envió a "todos los creyentes, que estaban reunidos en aquel mismo lugar", la Promesa del Padre para consumar la nueva alianza. San Lucas narra así el hecho:
"De repente, como a las nueve de la mañana. (Hech 2,15) un gran ruido que venía del cielo, como de un viento poderoso, resonó en toda la casa. Y se les aparecieron lenguas como de fuego, repartidas sobre cada uno de ellos. Y todos comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu hacía que hablaran". Hech 2,1
Desde ese día, los discípulos comenzaron a predicar las buenas noticias de Jesús, y eran muchos los que se iban sumando al número de los creyentes. Pero las autoridades de los judíos amenazaron a los apóstoles con encarcelarlos si seguían predicando el nombre de Jesús. Entonces toda la comunidad cristiana se reunió para orar y dijeron:
"Concede a tus siervos que, a pesar de estas amenazas, anuncien tu mensaje sin miedo, y que por tu poder sanen a los enfermos y hagan milagros en el nombre de tu santo siervo Jesús. Y cuando acabaron de orar, el lugar donde estaban reunidos tembló; Y TODOS FUERON LLENOS DEL ESPÍRITU SANTO, y anunciaban abiertamente el mensaje de Dios". Hech 4,29...
Pasado algún tiempo, "cuando los apóstoles estaban en Jerusalén supieron que en Samaria habían aceptado el mensaje de Dios, mandaron allá a Pedro y a Juan. Al llegar, oraron por los creyentes de Samaria, para que recibieran al Espíritu Santo. Porque todavía no había venido el Espíritu Santo sobre ninguno de ellos; solamente se habían bautizado en el nombre del Señor Jesús. Entonces Pedro y Juan les impusieron las manos y así RECIBIERON EL ESPÍRITU SANTO". Hech 8,14...
Después de estos sucesos, Pedro fue a Cesarea, a casa de un centurión romano llamado Cornelio para hablarle a toda su familia acerca de Jesús. Habló de su vida, de sus milagros, de sus promesas de su muerte en la cruz y de su resurrección.
"Todavía estaba hablando Pedro, cuando el Espíritu Santo vino sobre todos los que escuchaban su mensaje. Y todos se quedaban admirados porque los oían hablar en lenguas extrañas alabando a Dios. Entonces Pedro dijo: ¿Acaso puede impedirse que sean bautizadas estas personas, que HAN RECIBIDO EL ESPÍRITU SANTO IGUAL QUE NOSOTROS? Y mandó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo". Hech 10,44
Entre tanto, en Damasco, un creyente llamado Ananías, fue a la casa donde estaba Saulo, el temido perseguidor de los cristianos. Al entrar, puso sus manos sobre él y le dijo: "Hermano Saulo, el Señor Jesús, el que se apareció en el camino por donde venías, me ha mandado para que recobres la vista y QUEDES LLENO DEL ESPÍRITU SANTO". Hech 9,17... Este Saulo, quien se llamó después Pablo, ya convertido de perseguidor en apóstol, llegó a Efeso donde encontró varios creyentes. Les preguntó: ¿Recibieron ustedes el Espíritu Santo cuando se hicieron creyentes? Ellos le contestaron: Ni siquiera hemos oído hablar del Espíritu Santo. Pablo les preguntó: Pues ¿qué bautismo recibieron ustedes? Y ellos respondieron: El bautismo de Juan. Pablo les dijo: Si, Juan bautizaba a los que se convertían a Dios, pero les decía que creyeran en el que vendría después de él, es decir, en Jesús. Al oír sus explicaciones, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús; y cuando Pablo les impuso las manos, VINO SOBRE ELLOS EL ESPÍRITU SANTO, y hablaban en lenguas extrañas, y comunicaban mensajes recibidos de Dios. Hech 19,1...
Estos casos en que el Espíritu Santo "viene sobre los creyentes" o "llena a los creyentes", son solo unos cuantos ejemplos de lo que sucedía normalmente y constantemente como fruto de la evangelización y de la conversión: "Habiendo escuchado la Palabra de la verdad, la buena nueva de la salvación y habiendo creído, fueron marcados con el sello del Espíritu Santo prometido". Ef 1,13. "Habiendo sido iluminados, GUSTARON EL DON CELESTIAL, RECIBIERON EL ESPÍRITU SANTO, saborearon las buenas nuevas de Dios, y los prodigios del mundo futuro". Heb 6,1...
"Conviértanse a Dios, bautícense en el nombre de Jesús y así EL LES DARA EL ESPÍRITU SANTO. Porque esta promesa es para ustedes, y para sus hijos, y para todos los que el Señor nuestro Dios quiera llamar". Hech 2,38
Es pues, un error lamentable pensar que Jesús cumplió la gran Promesa del Padre una sola vez y para un solo grupo el día del Pentecostés. Jesús resucitado y glorificado sigue cumpliendo fielmente su misión que es bautizar con el Espíritu Santo a todos los creyentes de todos los tiempos.
Por lo tanto, basta que te conviertas a Dios por medio de Jesucristo y asumas el compromiso de tu bautismo que es el de vivir como hijo de Dios, y acudas a Jesús con sed del agua viva; y el cumplirá en ti la gran promesa.
Visita nuestra página web: www.jesusestavivo.org.mx y vive los 129 videos de misas, evangelización y testimonios de sanación que tenemos, estos son algunos: Bienvenida, ¿Ciego yo?, Dieciocho años enfermo, El Espíritu de Dios me sana, El Espíritu sobre Jesús, El ministerio de Jesús, Epiléptico sanado, Jesús me sanó de diabetes, Jesús Gallina, Jesús enseña y sana, Jesús me enseña y me sana, Jesús a resucitado, Jesús tiene todo el poder, Mi Pastor me sana, Misas en la Catedral, en la Parroquia de San Pedro, en el Niño de la Salud, y de sanación en el templo de Las Rosas. Oración de sananción por Alan, Oración de sanación por Octavio y Wilfrido, Pedid y se os dará, Proclamando la Buena Nueva, ¿Qué dice Dios de la influenza?, Quiero, ¡queda sano!, Resurrección de un joven, Sanando enfermedad de nacimiento, Te doy 15 días para que me lo sanes... ¿Ustedes también quieren dejarme? Yo ciego, Zaqueo y el más grande: Bendición con el Santísimo. Ve también las misas de sanación que celebra el P. Miguel Contreras. Entra a la página buscando en Google: aurelio prado flores Abre el nombre, te vas a INICIO y ahí están las misas, los videos evangelizadores con testimonios de sanación. Además tenemos un libro con más de 200 testimonios de sanación. Te vas a LIBROS y abres: Jesús está vivo... en Morelia y los encontrarás.
¡Alabado sea Jesucristo!
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Jesucristo resucitado te busca a ti
Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado; que no está aquí. Vean el lugar donde le pusieron. Pero vayan a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de ustedes a Galilea, allí lo verán como les dijo. (Mc 16,6-7)
Del texto anterior se puede derivar que cuando Jesús resucitó, tenía el gran deseo de ver a Pedro pues es al único que menciona concretamente el ángel, sentado en la piedra del sepulcro de Jesús, cuando explicó a las mujeres que el Señor había resucitado y les daba su mensaje! “...Vayan a decir a sus apóstoles y a Pedro”
¿Por qué se hace esa mención especial de Pedro? ¿Sería porque había dudas de que él llegará de nuevo a encontrarse con Jesús?
Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro y llegó al sepulcro. (Jn 20,3-4)
Al leer este texto podríamos explicarnos lo que pasó cuando Pedro recibió de María Magdalena la noticia de la Resurrección de Jesús. La Escritura nos dice que Pedro y Juan corrieron rumbo al sepulcro pero Juan llegó primero, ¿Por qué? ¿Tendría Pedro algún temor de encontrarse con Jesús? ¿Recordaría sus acciones antes de la muerte del Señor? ¿Pensaría en las tres veces que lo había negado? Por su carácter impulsivo vuela en busca de Jesús, por su entrañable amor al Señor corro para verlo, pero... ¿No se acordaría de su pecado en el camino? ¿No sería algo que le hizo perder el paso y dar lugar a que Juan le ganara la carrera y llegara primero ante la tumba?
Con todo esto, se requería hacer una mención especial, un llamado muy concreto y único: “Vayan a decir a sus discípulos y a Pedro...”
Seguramente era Pedro quien más necesitaba al Señor y es por eso que el ángel pide de manera especial que le avisen a Pedro que Jesús irá delante y los esperará en Galilea.
Los discípulos de Emaús iban decepcionados de Jesús, pero Pedro estaba decepcionado de sí mismo: “¡Pero cómo he fallado yo! ¡Que malo soy! Pedro estaba amargado, quería salir a buscar a Jesús, tenía en su corazón un fuerte deseo de ir con él, pero al mismo tiempo sentía temor por haberlo negado. Ese temor que no nos deja avanzar en los caminos de Dios, es el temor que nos tiene anclados al lugar en que estamos. Quisiéramos seguir al Señor, pero decimos: “Yo no lo merezco...” Y esa puede ser una trampa del Enemigo, que nos hace caer y luego nos acusa.
Yo esto y seguro que hay personas que habían decidido ya no seguir buscando al Señor, no porque Dios le haya fallado, sino porque se sienten avergonzados de haberle fallado a Dios.
Cuando Pedro se vio frente a Jesús, fue fabuloso. Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: “Simón de Juan, ¿Me amas más que éstos?” Le dice él: “Sí Señor, tú sabes que te quiero”. Le dice Jesús: “Apacienta mis corderos”. “Apacienta mis ovejas”. Le dice por tercera vez: “¿Me quieres?” y le dijo: “Señor, tu lo sabes todo; tú sabes que te quiero”. Le dice Jesús; “Apacienta mis ovejas”. 21,15-17
Señor, tú lo sabes todo...” ¡Qué respuesta la de Pedro...!
El Señor conoce todo lo que hay en el fondo de tu corazón. Cualquiera mira sólo lo de encima, por lo que sólo observa superficialmente. Tu esposa puede estar decepcionada, tus hijos puedes desilusionarse de ti, pero la mirada de Jesús lo penetra todo.
Pedro está representado al grupo de los que están a punto de no llegar, porque sienten que no lo merecen, pero Jesús lo sabe todo. El conoce más de ti que lo que tú mismo conoces. El sabe, él entiende y por eso te pregunta: “¿Me amas?” El no te dice: ¿Por qué has pecado? como no le dijo a Pedro: “¿Por qué me negaste?”
Si tú estás a punto de retirarte porque piensas que ya no mereces seguir al Señor, que tú le has fallado, que tú le has defraudado, que tú arruinas el equipo, que tú afeas nuestra Iglesia... ¡No te avergüenses!, ¡Acércate! Recuerda a Pedro, ¿Cómo se sentiría cuando veía a los demás ir contentos? mientras él se decía: “Yo arruino ese grupo, yo voy a legar ahí todo manchado...” Pero Jesús mandó decir con el ángel que avisaran a los discípulos y especialmente a Pedro que los esperaría en Galilea.
¡Seguro que a ti te dice lo mismo! Yo sé que es fácil decepcionarse de uno mismo. Muchas veces, durante mi vida he tenido momentos en que ha dicho: “Ya, no más”. Hace cinco años hubo un momento en el que dije: “No quiero volver a predicar, no quiero volver a hablar de Jesús”. Estaba decepcionado de mí mismo y Jesús, a través de una hermana sencilla, me mandó este mensaje que se clavó en mi corazón. “Si yo te amo así como eres ¿Por qué tu no me quieres servir y amar así como eres?” A veces luchamos, porque queremos ser otro y nos decepcionamos o no nos aceptamos, y no queremos amar a Dios así como somos, sino que decimos: “Yo quiero cambiar esto, hacer lo otro, y cuando deje de hacer esto o lo otro entonces sí me voy a aparecer...”
¡Aparécete como estás!, lleno de negaciones. Jesús puede ver no sólo tus negaciones, sino también el amor por él, que guardas en tu corazón.
Ven a recibir lo que Jesús tiene para ti y toda tu familia desde toda la eternidad. Si abres la página: www.jesusestavivo.org.mx podrás darte cuenta lo que Jesús está haciendo en su Morelia. Puedes orar con el Nuevo Testamento en línea donde dice: Y la Palabra... es Dios. Tenemos 121 vídeos de evangelización y testimonos de sanación en You Tube, el próximo puede ser el tuyo, el más grande de nuestros vídeos es la bendición con el Santísimo. Te invitamos a ver en nuestra página web las misas dominicales del domingo en la Iglesia Catedral y del templo de San Pedro de las 9 de la mañana, así como las misas de sanación en Las Rosas y las del Padre Miguel Contreras. En el transcurso de la mañana están en línea para que vivas y transmitas su contenido. Ya tenemos nuestro Bloog y puedes visitar las seis columnas diferentes que tenemos en los tres principales diarios de Morelia. También estamos en Twitter y esta es nuestra dirección para que nos visites: twitter.com/jesusestavivo Escucha hoy domingo la Zeta radio, 96.3 FM y 1340 AM, a las 18:00 horas el programa de evangelización católica: “La Palabra” y vive lo que Jesús tiene para ti desde toda la eternidad: tu salvación-sanación. Este programa se escucha en todo el mundo en la dirección: www.lazeta.com.mx Un click puede cambiar tu vida, atrévete a sanar.
¡Alabado sea Jesucristo!
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Del texto anterior se puede derivar que cuando Jesús resucitó, tenía el gran deseo de ver a Pedro pues es al único que menciona concretamente el ángel, sentado en la piedra del sepulcro de Jesús, cuando explicó a las mujeres que el Señor había resucitado y les daba su mensaje! “...Vayan a decir a sus apóstoles y a Pedro”
¿Por qué se hace esa mención especial de Pedro? ¿Sería porque había dudas de que él llegará de nuevo a encontrarse con Jesús?
Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro y llegó al sepulcro. (Jn 20,3-4)
Al leer este texto podríamos explicarnos lo que pasó cuando Pedro recibió de María Magdalena la noticia de la Resurrección de Jesús. La Escritura nos dice que Pedro y Juan corrieron rumbo al sepulcro pero Juan llegó primero, ¿Por qué? ¿Tendría Pedro algún temor de encontrarse con Jesús? ¿Recordaría sus acciones antes de la muerte del Señor? ¿Pensaría en las tres veces que lo había negado? Por su carácter impulsivo vuela en busca de Jesús, por su entrañable amor al Señor corro para verlo, pero... ¿No se acordaría de su pecado en el camino? ¿No sería algo que le hizo perder el paso y dar lugar a que Juan le ganara la carrera y llegara primero ante la tumba?
Con todo esto, se requería hacer una mención especial, un llamado muy concreto y único: “Vayan a decir a sus discípulos y a Pedro...”
Seguramente era Pedro quien más necesitaba al Señor y es por eso que el ángel pide de manera especial que le avisen a Pedro que Jesús irá delante y los esperará en Galilea.
Los discípulos de Emaús iban decepcionados de Jesús, pero Pedro estaba decepcionado de sí mismo: “¡Pero cómo he fallado yo! ¡Que malo soy! Pedro estaba amargado, quería salir a buscar a Jesús, tenía en su corazón un fuerte deseo de ir con él, pero al mismo tiempo sentía temor por haberlo negado. Ese temor que no nos deja avanzar en los caminos de Dios, es el temor que nos tiene anclados al lugar en que estamos. Quisiéramos seguir al Señor, pero decimos: “Yo no lo merezco...” Y esa puede ser una trampa del Enemigo, que nos hace caer y luego nos acusa.
Yo esto y seguro que hay personas que habían decidido ya no seguir buscando al Señor, no porque Dios le haya fallado, sino porque se sienten avergonzados de haberle fallado a Dios.
Cuando Pedro se vio frente a Jesús, fue fabuloso. Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: “Simón de Juan, ¿Me amas más que éstos?” Le dice él: “Sí Señor, tú sabes que te quiero”. Le dice Jesús: “Apacienta mis corderos”. “Apacienta mis ovejas”. Le dice por tercera vez: “¿Me quieres?” y le dijo: “Señor, tu lo sabes todo; tú sabes que te quiero”. Le dice Jesús; “Apacienta mis ovejas”. 21,15-17
Señor, tú lo sabes todo...” ¡Qué respuesta la de Pedro...!
El Señor conoce todo lo que hay en el fondo de tu corazón. Cualquiera mira sólo lo de encima, por lo que sólo observa superficialmente. Tu esposa puede estar decepcionada, tus hijos puedes desilusionarse de ti, pero la mirada de Jesús lo penetra todo.
Pedro está representado al grupo de los que están a punto de no llegar, porque sienten que no lo merecen, pero Jesús lo sabe todo. El conoce más de ti que lo que tú mismo conoces. El sabe, él entiende y por eso te pregunta: “¿Me amas?” El no te dice: ¿Por qué has pecado? como no le dijo a Pedro: “¿Por qué me negaste?”
Si tú estás a punto de retirarte porque piensas que ya no mereces seguir al Señor, que tú le has fallado, que tú le has defraudado, que tú arruinas el equipo, que tú afeas nuestra Iglesia... ¡No te avergüenses!, ¡Acércate! Recuerda a Pedro, ¿Cómo se sentiría cuando veía a los demás ir contentos? mientras él se decía: “Yo arruino ese grupo, yo voy a legar ahí todo manchado...” Pero Jesús mandó decir con el ángel que avisaran a los discípulos y especialmente a Pedro que los esperaría en Galilea.
¡Seguro que a ti te dice lo mismo! Yo sé que es fácil decepcionarse de uno mismo. Muchas veces, durante mi vida he tenido momentos en que ha dicho: “Ya, no más”. Hace cinco años hubo un momento en el que dije: “No quiero volver a predicar, no quiero volver a hablar de Jesús”. Estaba decepcionado de mí mismo y Jesús, a través de una hermana sencilla, me mandó este mensaje que se clavó en mi corazón. “Si yo te amo así como eres ¿Por qué tu no me quieres servir y amar así como eres?” A veces luchamos, porque queremos ser otro y nos decepcionamos o no nos aceptamos, y no queremos amar a Dios así como somos, sino que decimos: “Yo quiero cambiar esto, hacer lo otro, y cuando deje de hacer esto o lo otro entonces sí me voy a aparecer...”
¡Aparécete como estás!, lleno de negaciones. Jesús puede ver no sólo tus negaciones, sino también el amor por él, que guardas en tu corazón.
Ven a recibir lo que Jesús tiene para ti y toda tu familia desde toda la eternidad. Si abres la página: www.jesusestavivo.org.mx podrás darte cuenta lo que Jesús está haciendo en su Morelia. Puedes orar con el Nuevo Testamento en línea donde dice: Y la Palabra... es Dios. Tenemos 121 vídeos de evangelización y testimonos de sanación en You Tube, el próximo puede ser el tuyo, el más grande de nuestros vídeos es la bendición con el Santísimo. Te invitamos a ver en nuestra página web las misas dominicales del domingo en la Iglesia Catedral y del templo de San Pedro de las 9 de la mañana, así como las misas de sanación en Las Rosas y las del Padre Miguel Contreras. En el transcurso de la mañana están en línea para que vivas y transmitas su contenido. Ya tenemos nuestro Bloog y puedes visitar las seis columnas diferentes que tenemos en los tres principales diarios de Morelia. También estamos en Twitter y esta es nuestra dirección para que nos visites: twitter.com/jesusestavivo Escucha hoy domingo la Zeta radio, 96.3 FM y 1340 AM, a las 18:00 horas el programa de evangelización católica: “La Palabra” y vive lo que Jesús tiene para ti desde toda la eternidad: tu salvación-sanación. Este programa se escucha en todo el mundo en la dirección: www.lazeta.com.mx Un click puede cambiar tu vida, atrévete a sanar.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
Nuestros amigos los ángeles ¿Existen?
En los últimos años se ha dado poca importancia a los Ángeles y se ha llegado a negar su existencia. Muchos no quieren admitir hoy nada que no pueda comprobarse en un laboratorio. Y aún en el campo religioso se rechaza a veces lo que aparentemente no concuerda con la razón o le dice muy poco.
Ha contribuido a esta posición negativa la idea muy pobre y poco seria que se daba acerca de los Ángeles a través de las imágenes que los representaban y del papel exclusivo que se les señalaba en relación con los niños pequeños a quienes debían cuidar cuando las madres eran negligentes o estaban muy ocupadas en otros menesteres. Quienes ahora niegan la existencia de los Ángeles no están introduciendo una novedad. Ya los Saduceos lo hacían hace 2,000 años. "Porque los Saduceos niegan la Resurrección y la existencia de los Ángeles y espíritus; mientras que los fariseos profesan lo uno y lo otro". (Hech 23,8) También han negado la existencia de los Ángeles los materialistas y racionalistas de todos los tiempos.
Los racionalistas modernos, y a veces los encontramos en algunos teólogos actuales, consideran a los Ángeles como a personificaciones de atributos y acciones divinas, o ven en ellos vestigios de un politeísmo primitivo o elementos tomados de ideologías orientales.
Pero contra estas teorías que son falsas, se presenta la doctrina de la Iglesia basada en la divina Revelación, que no admite la menor duda acerca de la realidad de los Ángeles.
El Cuarto Concilio de Letrán y el Vaticano I afirman: "Simultáneamente al comienzo del tiempo Dios creó una y otra creatura, la espiritual y la corporal, es decir la angélica y el mundo".
La Sagrada Escritura da testimonio, desde el libro del Génesis hasta el Apocalipsis, de la existencia de los Ángeles y muestra los oficios que ellos desempeñan como servidores de Dios y mensajeros suyos para ayudar a los hombres.
San Pablo escribe en su carta a los colosenses: "En Cristo fueron creadas todas las cosas del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles, los tronos, las dominaciones, los principados, las potestades". (1,16) Estos últimos términos designan a las diversas clases de Ángeles.
El testimonio de la tradición cristiana acerca de la existencia de los Ángeles es unánime desde el principio. Escritores como San Justino presentan la existencia de los Ángeles como argumento para defender a los cristianos de la falsa acusación de ateísmo que hacían contra ellos los paganos.
La primera monografía acerca de los Ángeles la hizo el Seudo-Dionisio Areopagita hacia el año 500. San Agustín y San Gregorio Magno hicieron profundos estudios acerca de los Ángeles. Durante la edad media se dio por parte de sus grandes teólogos mucha importancia al tratado de los Ángeles. San Bernardo escribió páginas dignas de antología acerca del ministerio de los Ángeles y de la respuesta que debe darles el hombre.
La liturgia de la Iglesia es rica en testimonios acerca de los Ángeles y el Concilio Vaticano II se refiere a ellos en su Constitución sobre la Iglesia.
La razón natural no puede probar con rigor la existencia de los Ángeles, pues estos fueron creados por una libre decisión de la voluntad divina. Mas la serie en que van ascendiendo las perfecciones ontológicas de las criaturas (seres puramente materiales, seres compuestos de materia y espíritu) nos permite deducir con suma probabilidad la existencia de seres creados, puramente espirituales.
¿COMO SON LOS ÁNGELES? Los hombres tenemos cuerpo y alma. Los Ángeles tienen una naturaleza puramente espiritual, es decir, una naturaleza que carece de materia y que no está ordenada a vivir en un cuerpo. Por eso la Sagrada Escritura llama en varios pasajes a los Ángeles, espíritus: ¿No son ellos (los Ángeles) espíritus administradores, enviados para servicio en favor de los que han de heredar la salud? pregunta la Carta a los Hebreos. (1,14) Los demonios, Ángeles caídos, son llamados espíritus en el Evangelio. (Mt 8,16) San Gregorio Magno dice: "El Ángel es solamente espíritu; el hombre, en cambio, es espíritu y cuerpo".
SON POR TANTO INMORTALES. Si los Ángeles, por naturaleza, son puros espíritus carentes de materia, necesariamente son inmortales. El Señor aludió a esta inmortalidad cuando hablando de los resucitados dijo que "ya no pueden morir y son semejantes a los Ángeles". (Lc 20,36) Tanto la felicidad de los Ángeles como el castigo de los demonios son de duración eterna. "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el Diablo y sus ángeles". (Mt 25,41) La inmortalidad angélica no es un don de la gracia, sino una consecuencia necesaria de su naturaleza espiritual.
¿CUANTOS SON? En la Sagrada Escritura leemos que su número es muy grande. "Vosotros os habéis allegado al monte Sión, a la Jerusalén celestial y a las miríadas de Ángeles..." dice la Carta a los Hebreos. (12,22)
"Vi y oí la voz de muchos Ángeles en rededor del trono; y era su número de miríadas de miríadas y de millares de millares", dice el Apocalipsis. (5,11) Nuestro Señor dice en el momento de su prisión: "¿Crees que no puedo rogar a mi Padre, y El pondría a mi disposición al punto más de doce legiones de Ángeles?". (Mt 26,53) Sin duda alguna estos innumerables Ángeles buenos están organizados por el Señor, aunque no sabemos nada acerca de esto que sea verdad de fe.
Desde el Seudo-Dionisio Areopagita, se suelen enumerar nueve coros u órdenes angélicos, fundándose en los nombres con que se les cita en la Sagrada Escritura; cada tres coros de Ángeles constituyen una jerarquía: serafines, querubines y tronos -dominaciones, virtudes y potestades- principados, arcángeles y Ángeles.
Algunos autores dividen a los Ángeles entre asistentes al trono divino y mensajeros de Dios para cumplir diversas misiones por encargo suyo. Algún día conoceremos la maravillosa organización que Dios ha puesto en esta multitud de seres espirituales que Él creó para su gloria y también para beneficio nuestro y de toda la creación. Cada Ángel es distinto y tiene su misión propia. Dios no se repite y confiere a cada ser espiritual y racional una misión personal propia e irremplazable.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
Ha contribuido a esta posición negativa la idea muy pobre y poco seria que se daba acerca de los Ángeles a través de las imágenes que los representaban y del papel exclusivo que se les señalaba en relación con los niños pequeños a quienes debían cuidar cuando las madres eran negligentes o estaban muy ocupadas en otros menesteres. Quienes ahora niegan la existencia de los Ángeles no están introduciendo una novedad. Ya los Saduceos lo hacían hace 2,000 años. "Porque los Saduceos niegan la Resurrección y la existencia de los Ángeles y espíritus; mientras que los fariseos profesan lo uno y lo otro". (Hech 23,8) También han negado la existencia de los Ángeles los materialistas y racionalistas de todos los tiempos.
Los racionalistas modernos, y a veces los encontramos en algunos teólogos actuales, consideran a los Ángeles como a personificaciones de atributos y acciones divinas, o ven en ellos vestigios de un politeísmo primitivo o elementos tomados de ideologías orientales.
Pero contra estas teorías que son falsas, se presenta la doctrina de la Iglesia basada en la divina Revelación, que no admite la menor duda acerca de la realidad de los Ángeles.
El Cuarto Concilio de Letrán y el Vaticano I afirman: "Simultáneamente al comienzo del tiempo Dios creó una y otra creatura, la espiritual y la corporal, es decir la angélica y el mundo".
La Sagrada Escritura da testimonio, desde el libro del Génesis hasta el Apocalipsis, de la existencia de los Ángeles y muestra los oficios que ellos desempeñan como servidores de Dios y mensajeros suyos para ayudar a los hombres.
San Pablo escribe en su carta a los colosenses: "En Cristo fueron creadas todas las cosas del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles, los tronos, las dominaciones, los principados, las potestades". (1,16) Estos últimos términos designan a las diversas clases de Ángeles.
El testimonio de la tradición cristiana acerca de la existencia de los Ángeles es unánime desde el principio. Escritores como San Justino presentan la existencia de los Ángeles como argumento para defender a los cristianos de la falsa acusación de ateísmo que hacían contra ellos los paganos.
La primera monografía acerca de los Ángeles la hizo el Seudo-Dionisio Areopagita hacia el año 500. San Agustín y San Gregorio Magno hicieron profundos estudios acerca de los Ángeles. Durante la edad media se dio por parte de sus grandes teólogos mucha importancia al tratado de los Ángeles. San Bernardo escribió páginas dignas de antología acerca del ministerio de los Ángeles y de la respuesta que debe darles el hombre.
La liturgia de la Iglesia es rica en testimonios acerca de los Ángeles y el Concilio Vaticano II se refiere a ellos en su Constitución sobre la Iglesia.
La razón natural no puede probar con rigor la existencia de los Ángeles, pues estos fueron creados por una libre decisión de la voluntad divina. Mas la serie en que van ascendiendo las perfecciones ontológicas de las criaturas (seres puramente materiales, seres compuestos de materia y espíritu) nos permite deducir con suma probabilidad la existencia de seres creados, puramente espirituales.
¿COMO SON LOS ÁNGELES? Los hombres tenemos cuerpo y alma. Los Ángeles tienen una naturaleza puramente espiritual, es decir, una naturaleza que carece de materia y que no está ordenada a vivir en un cuerpo. Por eso la Sagrada Escritura llama en varios pasajes a los Ángeles, espíritus: ¿No son ellos (los Ángeles) espíritus administradores, enviados para servicio en favor de los que han de heredar la salud? pregunta la Carta a los Hebreos. (1,14) Los demonios, Ángeles caídos, son llamados espíritus en el Evangelio. (Mt 8,16) San Gregorio Magno dice: "El Ángel es solamente espíritu; el hombre, en cambio, es espíritu y cuerpo".
SON POR TANTO INMORTALES. Si los Ángeles, por naturaleza, son puros espíritus carentes de materia, necesariamente son inmortales. El Señor aludió a esta inmortalidad cuando hablando de los resucitados dijo que "ya no pueden morir y son semejantes a los Ángeles". (Lc 20,36) Tanto la felicidad de los Ángeles como el castigo de los demonios son de duración eterna. "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el Diablo y sus ángeles". (Mt 25,41) La inmortalidad angélica no es un don de la gracia, sino una consecuencia necesaria de su naturaleza espiritual.
¿CUANTOS SON? En la Sagrada Escritura leemos que su número es muy grande. "Vosotros os habéis allegado al monte Sión, a la Jerusalén celestial y a las miríadas de Ángeles..." dice la Carta a los Hebreos. (12,22)
"Vi y oí la voz de muchos Ángeles en rededor del trono; y era su número de miríadas de miríadas y de millares de millares", dice el Apocalipsis. (5,11) Nuestro Señor dice en el momento de su prisión: "¿Crees que no puedo rogar a mi Padre, y El pondría a mi disposición al punto más de doce legiones de Ángeles?". (Mt 26,53) Sin duda alguna estos innumerables Ángeles buenos están organizados por el Señor, aunque no sabemos nada acerca de esto que sea verdad de fe.
Desde el Seudo-Dionisio Areopagita, se suelen enumerar nueve coros u órdenes angélicos, fundándose en los nombres con que se les cita en la Sagrada Escritura; cada tres coros de Ángeles constituyen una jerarquía: serafines, querubines y tronos -dominaciones, virtudes y potestades- principados, arcángeles y Ángeles.
Algunos autores dividen a los Ángeles entre asistentes al trono divino y mensajeros de Dios para cumplir diversas misiones por encargo suyo. Algún día conoceremos la maravillosa organización que Dios ha puesto en esta multitud de seres espirituales que Él creó para su gloria y también para beneficio nuestro y de toda la creación. Cada Ángel es distinto y tiene su misión propia. Dios no se repite y confiere a cada ser espiritual y racional una misión personal propia e irremplazable.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
Mi pesca milagrosa
En su Palabra el Señor tiene para nosotros un mensaje que es de mucha importancia en nuestra vida cristiana hoy en día. Dice la Palabra de Dios que el Señor fue por la orilla del lago y encontró a unos pescadores que estaban lavando las redes. Esa actitud de lavar las redes indicaba el final de un trabajo y como después Pedro lo va a declarar, es un trabajo estéril: Señor, no hemos pescado nada. El Señor empieza por pedirle a Pedro mover la barca de la orilla un poco mar adentro, y empieza por dejarse escuchar por los discípulos, de los que están allí, luego que ha terminado su predicación invita a Pedro a llevar la barca a la parte más honda y tirar de nuevo la red para pescar. Pedro le dice que allí no hay peces, que allí han estado tirando la red y allí no hay nada.
La experiencia que Pedro tenía como pescador era mucho más grande que la que Jesús podía tener humanamente, pero el Señor estaba preparando no una pesca sino una gran enseñanza para todos los hombres de todos los tiempos. No es en la orilla donde se pesca, no es tampoco lavando las redes como se va a pescar, porque lavar las redes es signo de estar ya cansados, es remando a la parte más honda, es tirando de nuevo las redes, es emprendiendo una nueva búsqueda de Dios, pero no en la orilla de la fe, sino en lo más profundo.
Cuantos de nosotros estamos también ya cansados, cansados de oír, cansados de esperar, cansados incluso hermanos, déjenme decirles de orar, pero es que hasta este momento posiblemente hemos estado en la orilla tirando quizá allí nuestra red o incluso lavándola, pero el Señor se sube a la barca y nos dice: llévala a la parte más honda y tírala de nuevo la red para pescar. El mandato del Señor es "A remar de nuevo y a la parte más honda". Empezar otra vez, volver a confiar en el Señor, enderezar nuestros pasos hacía esa vida cristiana más llena del Espíritu para iniciar una nueva pesca en el nombre del Señor. Señor, en este mismo lugar hemos tirado la red dijo Pedro, pero ahora la tiraré en tu nombre, una nueva oportunidad.
Puede ser hermano que tu ya no llegues a la Iglesia, puede ser que tu pensamiento sobre la Iglesia sea contrario, la experiencia de tu vida: años sin pescar NADA. Pero ahora el Señor invita a llevar a la parte más honda y tirar de nuevo la red y experimentar esa vida victoriosa que el Señor quiere darnos en el Espíritu Santo y fueron y tiraron la red y dice la Palabra que pescaron gran cantidad de peces que la barca amenazaba hundirse y las redes romperse, entonces hicieron señas a los compañeros que se habían quedado cerca de la orilla. Ese es nuestro trabajo: tirar la red y hacer señas a los hermanos que se han quedado en la orilla para que entren con nosotros a la parte más honda y tiren la red para pecar.
Es así hermanos como vamos a pescar de nuevo, es así como el Señor quiere ver a su Iglesia, remando a las profundidades de Dios, tirando las redes confiando que Dios pondrá en nuestras redes los peces necesarios. El Señor sabe de nuestro esfuerzo, sabe de nuestra lucha, pero no es hora para abandonar la lucha, no es hora para lavar las redes de nuestra vida, este es el momento de remar mar adentro, es el momento de tirar en el nombre del Señor de nuevo las redes y de esperar un gran milagro, una nueva pesca, no debemos hermano quedarnos en la orilla de nuestra decepción, no podemos quedarnos en la orilla de nuestro cansancio, no podemos quedarnos en la orilla de nuestra amarga experiencia pasada, debemos emprender una nueva búsqueda de Dios, debemos permitirle al Señor que nos lleve a la parte más honda y hasta hoy hemos estado en la orilla, en la orilla de nuestras costumbres, en la orilla de nuestra indiferencia, en la orilla de nuestro cansancio, y Él nos está invitando a la parte más honda, a las profundidades, al lugar donde realmente se puede pescar esa pesca que estamos necesitando. Ninguno que se vaya decepcionado, ninguno que se aleje de Dios, ninguno que haya perdido el entusiasmo va a poder sentir que sus redes se revientan, sólo aquellos que vuelven de nuevo a escuchar la Palabra y se deciden a remar a la parte más honda van a poder hacer señales a los demás diciéndoles aquí si hay peces, aquí si está el poder de Dios, porque en el nombre de Jesús estamos tirando de nuevo la red. La invitación que el Señor nos está haciendo es para comenzar con nuevo entusiasmo, es para remar de nuevo a la parte mas honda en lugar de la orilla, es para tirar la red de nuevo en lugar de lavarla, es para pescar en lugar de regresar a nuestros hogares con las redes vacías, el Señor no permitirá que ninguno de sus hijos que está esperando en El se retire sin llevar las redes llenas de lo que necesita. Cada día encontramos personas más decepcionadas, cada día hay personas que se salen, cada día hay personas que en su hogar abandonan la lucha, cada día hay personas que con sus hijos abandonan la lucha, cada día hay personas que en su matrimonio abandonan la lucha y quieren lavar las redes. El Señor no invitó a los discípulos diciéndoles: Ven ese lago, ven ese mar, allí no hay peces, vamos a buscar otro lago, otro mar, para tirar allá las redes, en el mismo mar, en el mismo lago, pero ahora en la parte más honda y en el nombre de Jesús es como se iba a pescar. Es así como se debe pescar.
Cuantos hermanos piensan: si cambiara de pueblo, si cambiara de esposo, si cambiara de hijos, si cambiara de esposa, si cambiara de Iglesia, si cambiara de grupo. NO hermanos, el Señor no dijo: vamonos a otro lago, dijo: rema a la parte más honda de este mismo lago, en el cual crees que ya no se puede pescar, con ese mismo esposo, con el que crees que ya no se puede amar, con esos mismos hijos con los que crees que ya no te pueden comprender, con esa misma esposa con la que crees que ya no puedes convivir, en esa misma Iglesia en la que crees que ya no te puedes encontrar. Tira la red de nuevo en la parte más honda, remar de nuevo significa, haz un nuevo esfuerzo, tira las redes y tu pondrás tu esfuerzo y tu pondrás tu ilusión, y tu pondrás la obediencia a la Palabra de Dios como Pedro: En tu Nombre Señor, sólo en tu nombre tiraré de nuevo la red, porque humanamente se que ya no puedo hacer nada en mi hogar, humanamente se que en mi negocio ya no puedo hacer nada, humanamente se que en mi cuerpo enfermo ya no puedo lograr nada, humanamente se Señor que con mis hijos nada puede pasar más. Lo he intentado todo, he estado toda la noche trabajando por pescar y no he encontrado nada pero como tu lo dices, y aunque mi mente me diga que ya no se puede, aunque mi mente me diga que en mi matrimonio ya no se puede, que con esos hijos ya no se puede, que en esa familia ya no se puede, que en esa Iglesia, que en ese grupo no se puede, es en tu nombre Señor que voy a tirar las redes.
Y el Señor pondrá los peces necesarios para el hombre que rema, el Señor pondrá los peces necesarios para el hombre que tira la red, si aquella tarde o aquel amanecer los discípulos se hubiesen ido sin obedecer a Jesús hubieran llegado a su casa con las redes lavadas, vacías. Si aquella tarde en lugar de escuchar a Jesús que decía remen y tiren la red hubiesen escuchado sus razones humanas que decían: ya no se puede hacer nada, tenían que haber tenido que llegar a sus hogares vacíos, sin llevar lo que ellos querían y lo que esperaban los que estaban allá en su casa.
El Señor les concedió escuchar su Palabra, recobrar de nuevo el entusiasmo, recobrar las fuerzas perdidas, tomar los remos, tomar la red, remar hacía adentro y lanzarla de nuevo.
Hermano el Señor verá el esfuerzo que tu haces, el Señor verá el deseo que tu tienes de no claudicar, de no desanimarte en la lucha. Tira la red de nuevo para pescar y hallarás de nuevo el amor que necesitas, tira la red de nuevo con tus hijos, tira la red de nuevo con tu esposo, tira la red de nuevo con tu cuerpo enfermo, vuelve a confiar en la Palabra de Dios, tira la red en tu Iglesia, acércate ahora mismo, dobla tus rodillas y dile al Señor:
Padre Santo te pido en este día de bendiciones que tu Palabra a llegado a mi corazón, que no me dejes regresar sin llevar lo que estoy esperando, que en este día Padre me hagas remar de nuevo y me hagas tirar la red y me hagas confiar de nuevo en tu Palabra para recibir aquello que más necesito. Señor Padre Santo, por el cuerpo que está enfermo, por el negocio que está en quiebra, por la familia que está a punto de romperse, por ese lago que ya no se puede pescar nada, en tu nombre Señor tiro la red de nuevo y dame la pesca que ahora estoy necesitando. Bendito seas Padre, gracias, en nombre de tu hijo Jesucristo que vive y reina por los siglos de los siglos.
Bendito y alabado sea el nombre de mi poderoso Señor.
En el evangelio según Lucas en el capítulo 7 del versículo 11 al 17 recoge un acontecimiento que el Señor ha permitido que sea dejado en su Palabra para encontrar nosotros en él la enseñanza fundamental para nuestra vida cristiana. En esta Palabra hay un mensaje que es de mucha esperanza para los que estamos siguiendo a Jesús. Vamos a distinguir lo que la Palabra de Dios aquí nos dice. Se trata de Jesús en una caravana con sus discípulos, dice el versículo 11: Y sucedió a continuación, ¿a continuación de qué? de haber sanado al siervo del Centurión como dice en el capítulo 7 que estamos leyendo. Los discípulos van con Jesús, están viendo los milagros del Señor, a continuación de ver esa manifestación del poder del amor de Jesucristo, van siguiéndolo. Piensa hermano como irías tu en esa caravana de los que van siguiendo a Jesús. ¿Cómo sería tu rostro? ¿cómo sería el rostro de todas las personas que van siguiendo a Jesús? El dueño de la vida, el Señor del amor y del poder, el que viene de sanar precisamente a un enfermo, tiene poder. Y yo voy siguiéndolo y tú vas siguiéndole con gozo en tu corazón. ¿Cómo iría el rostro de los apóstoles en ese momento? Lleno de gozo, lleno de paz, lleno de alegría.
El contraste se hace en la puerta de la ciudad cuando el Señor va entrando se encuentra una caravana que viene saliendo. ¿Cómo viene la gente?, ¿qué es lo que traen adelante? Un muerto. ¿cómo vienen sus rostros? Dice la Palabra que la mujer viene llorando, desesperada, ha perdido a su hijo único y es viuda, no hay palabras más trágica para explicar la situación de esa mujer. Es viuda y ahora se queda sola en el mundo porque perdió a su hijo único, esa mujer es la humanidad, eres TÚ cuando has perdido toda ilusión en tu vida, cuando estás completamente solo, pero pensemos un momento ¿como viene esa caravana que lleva por delante ese joven muerto? y está joven el muerto, porque no era tiempo de morir todavía, no era tiempo de perder la ilusión, pero esa gente viene triste esa gente viene amargada, esa gente viene llorando desesperadamente, pero llega el momento crucial, el momento del encuentro, dos caravanas, una llevando a Jesús por delante o otra llevando un muerto por delante. Los que van con Jesús van con gozo, los que van con el Señor van con alegría, los que van con el muerto van en medio de lamentos. Una sola pregunta hermanos: ¿Dónde te encuentras tu en este momento? cuál es tu caravana? ¿quién va al frente de tu vida? ¿a quién están viendo tus ojos? al joven muerto, a las esperanzas muertas, o estás viendo a Jesús al eterno Señor resucitado, al dueño de la vida. No se en cual de las caravanas te encuentres en este momento hermano. Pero si se donde el Señor quiere hacerte caminar de ahora en adelante. El Señor dice la Palabra Detuvo la caravana de la tristeza, detuvo la caravana de la muerte, ¿esa caravana que iba a dónde? hermano, al cementerio. El cementerio es el lugar en donde están los muertos. El cementerio es símbolo de terminación de toda vida en esta tierra, de toda vida presente, de toda ilusión presente.
Jesús se para en la puerta, que maravilla el Señor se pone en la puerta y detiene esa caravana y dice: un momento, consolando a la mujer le dice: no llores, porque siente en su corazón profunda compasión, el Señor siente profunda compasión de nuestras lágrimas, siente profunda compasión de ver nuestro caminar hacia el cementerio, de ver nuestros ojos con visiones de muerto. Nos detiene para hablarnos de vida, de esperanza, de resurrección. Se dirige a los que llevaban el féretro y les dice: ALTO, no caminen más, no es tiempo de morir para un joven, y le grita, joven, a ti te lo digo, levántate. Quita en este momento el nombre de joven y pon el tuyo hermano. Señor, señora, hermano, hermana, Juan, Pedro, Aurelio, como te llames, María, Antonieta, Maura, como sea, a ti te lo dice el Señor: “LEVANTATE, NO ES TIEMPO DE IRSE AL CEMENTERIO TODAVIA” estás muy joven, hay mucho por delante en la vida, es tiempo para dejar esa caravana de tristeza. Y en ese momento desapareció el que encabezaba la caravana de los que iban llorando y Jesús dice: ¿para dónde iban ustedes? para el cementerio, ahora ya no hay procesión al cementerio, ya no hay muerto, ahora nomás hay Uno tras el cual se va a ir, y su nombre es Jesús. El es el dueño de la vida, y nos pone atrás de El para seguirlo y entrar a la ciudad. La ciudad donde se continúa la vida, la ciudad donde todavía se trabaja, la ciudad donde todavía se ama, donde todavía se espera, ya no hay dos procesiones, ya no hay dos caravanas, se terminó la procesión de los que van llevando al muerto y ahora sólo hay una procesión: los que llevan al Cristo, los que llevan al eterno Señor resucitado.
Todos los alumnos de un colegio estaban listos para empezar una marcha, estaban ensayando su desfile, el que iba dirigiendo la marcha se fijó que uno de los que iban marchando llevaba otro paso, cuando todos bajaban la mano él la subía, cuando todos bajaban el pie él lo subía, se acercó entones al joven para ver por qué él no llevaba el ritmo que llevaba el tambor de la procesión del desfile. Cuando le preguntó advirtió que este joven llevaba en sus oídos uns auriculares, porque tenía colocado un aparato estéreo y él iba marchando con la música que escuchaba en su oído, no podía escuchar la música de los demás y él marchaba con su propia música. Este ejemplo tan sencillo hermanos es lo que el Señor quiere enseñarnos con este mensaje que acabamos de meditar.
El mundo sigue su caminar con su instrumento, sigue su caminar con su tambor, el mundo sigue su caminar de muerto, sigue su caminar de desesperación. Cuántos hay que por su situación económica están caminando al cementerio. ¿Cuántos hay que por los problemas del hogar van caminando al cementerio? ¿Cuántos hay que por los problemas del mundo, de la situación actual van dejándose llevar por ese ritmo? por ese tambor. El cristiano no es aquel que tiene otra música, que tiene otro tambor, que tiene otro señor frente a sí a quien sigue. El cristiano es el que va escuchando al Señor que le dice: levántate, anda. El Señor está a nuestro lado en este momento. El Señor victorioso frente a nosotros. ALELUYA. El nos está conduciendo, no nos dejemos llevar por este mundo, no nos dejemos llevar por la desesperación de este mundo hacia la muerte, no nos dejemos llevar por las dudas de este mundo hacia el fracaso, escuchemos al Señor que se pone al frente de nosotros y nos dice: a la ciudad. donde todavía hay esperanza.
Inclina tu rostro hermano, vamos a orar. Padre de la gloria, míranos en nuestro caminar, tu sabes profundamente porque conoces nuestra vida y en que lugar estamos, tu sabes si hasta ahora hemos caminado en la caravana de los que van hacia la muerte, tu sabes Señor si en nuestros rostros ya están figurados la tristeza y la desesperación, tu sabes Señor en este momento donde vamos caminando y hacia dónde caminamos, te pedimos Señor que detengas nuestro caminar cansado. Señor si yo soy esa mujer sola, si yo soy esa mujer viuda, si yo soy el que ha perdido todo en el mundo y por eso voy triste, ponte tú al frente de mi vida para que yo recupere el entusiasmo de vivir, para que ya no vaya al cementerio sino a la ciudad. Padre, y si soy yo quien va encabezando esa caravana de muerte, si soy yo ese muerto que hace llorar a los demás, si soy yo ese padre de familia que hace llorar a los hijos, si soy yo ese hijo rebelde que hace llorar a la madre, si soy yo esa madre que abandona el hogar, si soy yo ese esposo que hace llorar a la esposa, si soy yo Señor el muerto que hace encabezar esa caravana de dolor y tristeza, te pido que detengas mi entierro, que detengas mi féretro y me grites fuerte: A ti te lo digo: Levántate. Jesús, ya no quiero encabezar yo más caravanas de dolor. Permítenos Señor a todos los que creemos en ti dejar nuestras lágrimas y cambiarlas en gozo, permítenos dejar ese caminar hacia la muerte para caminar con el dueño de la vida hacia la ciudad de los vivos. Alabado sea tu nombre. Gracias Padre porque todo lo que te pedimos nos lo concedes, pues lo pedimos en el nombre poderoso de tu hijo Jesucristo Nuestro Señor que vive y reina por los siglos de los siglos.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
La experiencia que Pedro tenía como pescador era mucho más grande que la que Jesús podía tener humanamente, pero el Señor estaba preparando no una pesca sino una gran enseñanza para todos los hombres de todos los tiempos. No es en la orilla donde se pesca, no es tampoco lavando las redes como se va a pescar, porque lavar las redes es signo de estar ya cansados, es remando a la parte más honda, es tirando de nuevo las redes, es emprendiendo una nueva búsqueda de Dios, pero no en la orilla de la fe, sino en lo más profundo.
Cuantos de nosotros estamos también ya cansados, cansados de oír, cansados de esperar, cansados incluso hermanos, déjenme decirles de orar, pero es que hasta este momento posiblemente hemos estado en la orilla tirando quizá allí nuestra red o incluso lavándola, pero el Señor se sube a la barca y nos dice: llévala a la parte más honda y tírala de nuevo la red para pescar. El mandato del Señor es "A remar de nuevo y a la parte más honda". Empezar otra vez, volver a confiar en el Señor, enderezar nuestros pasos hacía esa vida cristiana más llena del Espíritu para iniciar una nueva pesca en el nombre del Señor. Señor, en este mismo lugar hemos tirado la red dijo Pedro, pero ahora la tiraré en tu nombre, una nueva oportunidad.
Puede ser hermano que tu ya no llegues a la Iglesia, puede ser que tu pensamiento sobre la Iglesia sea contrario, la experiencia de tu vida: años sin pescar NADA. Pero ahora el Señor invita a llevar a la parte más honda y tirar de nuevo la red y experimentar esa vida victoriosa que el Señor quiere darnos en el Espíritu Santo y fueron y tiraron la red y dice la Palabra que pescaron gran cantidad de peces que la barca amenazaba hundirse y las redes romperse, entonces hicieron señas a los compañeros que se habían quedado cerca de la orilla. Ese es nuestro trabajo: tirar la red y hacer señas a los hermanos que se han quedado en la orilla para que entren con nosotros a la parte más honda y tiren la red para pecar.
Es así hermanos como vamos a pescar de nuevo, es así como el Señor quiere ver a su Iglesia, remando a las profundidades de Dios, tirando las redes confiando que Dios pondrá en nuestras redes los peces necesarios. El Señor sabe de nuestro esfuerzo, sabe de nuestra lucha, pero no es hora para abandonar la lucha, no es hora para lavar las redes de nuestra vida, este es el momento de remar mar adentro, es el momento de tirar en el nombre del Señor de nuevo las redes y de esperar un gran milagro, una nueva pesca, no debemos hermano quedarnos en la orilla de nuestra decepción, no podemos quedarnos en la orilla de nuestro cansancio, no podemos quedarnos en la orilla de nuestra amarga experiencia pasada, debemos emprender una nueva búsqueda de Dios, debemos permitirle al Señor que nos lleve a la parte más honda y hasta hoy hemos estado en la orilla, en la orilla de nuestras costumbres, en la orilla de nuestra indiferencia, en la orilla de nuestro cansancio, y Él nos está invitando a la parte más honda, a las profundidades, al lugar donde realmente se puede pescar esa pesca que estamos necesitando. Ninguno que se vaya decepcionado, ninguno que se aleje de Dios, ninguno que haya perdido el entusiasmo va a poder sentir que sus redes se revientan, sólo aquellos que vuelven de nuevo a escuchar la Palabra y se deciden a remar a la parte más honda van a poder hacer señales a los demás diciéndoles aquí si hay peces, aquí si está el poder de Dios, porque en el nombre de Jesús estamos tirando de nuevo la red. La invitación que el Señor nos está haciendo es para comenzar con nuevo entusiasmo, es para remar de nuevo a la parte mas honda en lugar de la orilla, es para tirar la red de nuevo en lugar de lavarla, es para pescar en lugar de regresar a nuestros hogares con las redes vacías, el Señor no permitirá que ninguno de sus hijos que está esperando en El se retire sin llevar las redes llenas de lo que necesita. Cada día encontramos personas más decepcionadas, cada día hay personas que se salen, cada día hay personas que en su hogar abandonan la lucha, cada día hay personas que con sus hijos abandonan la lucha, cada día hay personas que en su matrimonio abandonan la lucha y quieren lavar las redes. El Señor no invitó a los discípulos diciéndoles: Ven ese lago, ven ese mar, allí no hay peces, vamos a buscar otro lago, otro mar, para tirar allá las redes, en el mismo mar, en el mismo lago, pero ahora en la parte más honda y en el nombre de Jesús es como se iba a pescar. Es así como se debe pescar.
Cuantos hermanos piensan: si cambiara de pueblo, si cambiara de esposo, si cambiara de hijos, si cambiara de esposa, si cambiara de Iglesia, si cambiara de grupo. NO hermanos, el Señor no dijo: vamonos a otro lago, dijo: rema a la parte más honda de este mismo lago, en el cual crees que ya no se puede pescar, con ese mismo esposo, con el que crees que ya no se puede amar, con esos mismos hijos con los que crees que ya no te pueden comprender, con esa misma esposa con la que crees que ya no puedes convivir, en esa misma Iglesia en la que crees que ya no te puedes encontrar. Tira la red de nuevo en la parte más honda, remar de nuevo significa, haz un nuevo esfuerzo, tira las redes y tu pondrás tu esfuerzo y tu pondrás tu ilusión, y tu pondrás la obediencia a la Palabra de Dios como Pedro: En tu Nombre Señor, sólo en tu nombre tiraré de nuevo la red, porque humanamente se que ya no puedo hacer nada en mi hogar, humanamente se que en mi negocio ya no puedo hacer nada, humanamente se que en mi cuerpo enfermo ya no puedo lograr nada, humanamente se Señor que con mis hijos nada puede pasar más. Lo he intentado todo, he estado toda la noche trabajando por pescar y no he encontrado nada pero como tu lo dices, y aunque mi mente me diga que ya no se puede, aunque mi mente me diga que en mi matrimonio ya no se puede, que con esos hijos ya no se puede, que en esa familia ya no se puede, que en esa Iglesia, que en ese grupo no se puede, es en tu nombre Señor que voy a tirar las redes.
Y el Señor pondrá los peces necesarios para el hombre que rema, el Señor pondrá los peces necesarios para el hombre que tira la red, si aquella tarde o aquel amanecer los discípulos se hubiesen ido sin obedecer a Jesús hubieran llegado a su casa con las redes lavadas, vacías. Si aquella tarde en lugar de escuchar a Jesús que decía remen y tiren la red hubiesen escuchado sus razones humanas que decían: ya no se puede hacer nada, tenían que haber tenido que llegar a sus hogares vacíos, sin llevar lo que ellos querían y lo que esperaban los que estaban allá en su casa.
El Señor les concedió escuchar su Palabra, recobrar de nuevo el entusiasmo, recobrar las fuerzas perdidas, tomar los remos, tomar la red, remar hacía adentro y lanzarla de nuevo.
Hermano el Señor verá el esfuerzo que tu haces, el Señor verá el deseo que tu tienes de no claudicar, de no desanimarte en la lucha. Tira la red de nuevo para pescar y hallarás de nuevo el amor que necesitas, tira la red de nuevo con tus hijos, tira la red de nuevo con tu esposo, tira la red de nuevo con tu cuerpo enfermo, vuelve a confiar en la Palabra de Dios, tira la red en tu Iglesia, acércate ahora mismo, dobla tus rodillas y dile al Señor:
Padre Santo te pido en este día de bendiciones que tu Palabra a llegado a mi corazón, que no me dejes regresar sin llevar lo que estoy esperando, que en este día Padre me hagas remar de nuevo y me hagas tirar la red y me hagas confiar de nuevo en tu Palabra para recibir aquello que más necesito. Señor Padre Santo, por el cuerpo que está enfermo, por el negocio que está en quiebra, por la familia que está a punto de romperse, por ese lago que ya no se puede pescar nada, en tu nombre Señor tiro la red de nuevo y dame la pesca que ahora estoy necesitando. Bendito seas Padre, gracias, en nombre de tu hijo Jesucristo que vive y reina por los siglos de los siglos.
Bendito y alabado sea el nombre de mi poderoso Señor.
En el evangelio según Lucas en el capítulo 7 del versículo 11 al 17 recoge un acontecimiento que el Señor ha permitido que sea dejado en su Palabra para encontrar nosotros en él la enseñanza fundamental para nuestra vida cristiana. En esta Palabra hay un mensaje que es de mucha esperanza para los que estamos siguiendo a Jesús. Vamos a distinguir lo que la Palabra de Dios aquí nos dice. Se trata de Jesús en una caravana con sus discípulos, dice el versículo 11: Y sucedió a continuación, ¿a continuación de qué? de haber sanado al siervo del Centurión como dice en el capítulo 7 que estamos leyendo. Los discípulos van con Jesús, están viendo los milagros del Señor, a continuación de ver esa manifestación del poder del amor de Jesucristo, van siguiéndolo. Piensa hermano como irías tu en esa caravana de los que van siguiendo a Jesús. ¿Cómo sería tu rostro? ¿cómo sería el rostro de todas las personas que van siguiendo a Jesús? El dueño de la vida, el Señor del amor y del poder, el que viene de sanar precisamente a un enfermo, tiene poder. Y yo voy siguiéndolo y tú vas siguiéndole con gozo en tu corazón. ¿Cómo iría el rostro de los apóstoles en ese momento? Lleno de gozo, lleno de paz, lleno de alegría.
El contraste se hace en la puerta de la ciudad cuando el Señor va entrando se encuentra una caravana que viene saliendo. ¿Cómo viene la gente?, ¿qué es lo que traen adelante? Un muerto. ¿cómo vienen sus rostros? Dice la Palabra que la mujer viene llorando, desesperada, ha perdido a su hijo único y es viuda, no hay palabras más trágica para explicar la situación de esa mujer. Es viuda y ahora se queda sola en el mundo porque perdió a su hijo único, esa mujer es la humanidad, eres TÚ cuando has perdido toda ilusión en tu vida, cuando estás completamente solo, pero pensemos un momento ¿como viene esa caravana que lleva por delante ese joven muerto? y está joven el muerto, porque no era tiempo de morir todavía, no era tiempo de perder la ilusión, pero esa gente viene triste esa gente viene amargada, esa gente viene llorando desesperadamente, pero llega el momento crucial, el momento del encuentro, dos caravanas, una llevando a Jesús por delante o otra llevando un muerto por delante. Los que van con Jesús van con gozo, los que van con el Señor van con alegría, los que van con el muerto van en medio de lamentos. Una sola pregunta hermanos: ¿Dónde te encuentras tu en este momento? cuál es tu caravana? ¿quién va al frente de tu vida? ¿a quién están viendo tus ojos? al joven muerto, a las esperanzas muertas, o estás viendo a Jesús al eterno Señor resucitado, al dueño de la vida. No se en cual de las caravanas te encuentres en este momento hermano. Pero si se donde el Señor quiere hacerte caminar de ahora en adelante. El Señor dice la Palabra Detuvo la caravana de la tristeza, detuvo la caravana de la muerte, ¿esa caravana que iba a dónde? hermano, al cementerio. El cementerio es el lugar en donde están los muertos. El cementerio es símbolo de terminación de toda vida en esta tierra, de toda vida presente, de toda ilusión presente.
Jesús se para en la puerta, que maravilla el Señor se pone en la puerta y detiene esa caravana y dice: un momento, consolando a la mujer le dice: no llores, porque siente en su corazón profunda compasión, el Señor siente profunda compasión de nuestras lágrimas, siente profunda compasión de ver nuestro caminar hacia el cementerio, de ver nuestros ojos con visiones de muerto. Nos detiene para hablarnos de vida, de esperanza, de resurrección. Se dirige a los que llevaban el féretro y les dice: ALTO, no caminen más, no es tiempo de morir para un joven, y le grita, joven, a ti te lo digo, levántate. Quita en este momento el nombre de joven y pon el tuyo hermano. Señor, señora, hermano, hermana, Juan, Pedro, Aurelio, como te llames, María, Antonieta, Maura, como sea, a ti te lo dice el Señor: “LEVANTATE, NO ES TIEMPO DE IRSE AL CEMENTERIO TODAVIA” estás muy joven, hay mucho por delante en la vida, es tiempo para dejar esa caravana de tristeza. Y en ese momento desapareció el que encabezaba la caravana de los que iban llorando y Jesús dice: ¿para dónde iban ustedes? para el cementerio, ahora ya no hay procesión al cementerio, ya no hay muerto, ahora nomás hay Uno tras el cual se va a ir, y su nombre es Jesús. El es el dueño de la vida, y nos pone atrás de El para seguirlo y entrar a la ciudad. La ciudad donde se continúa la vida, la ciudad donde todavía se trabaja, la ciudad donde todavía se ama, donde todavía se espera, ya no hay dos procesiones, ya no hay dos caravanas, se terminó la procesión de los que van llevando al muerto y ahora sólo hay una procesión: los que llevan al Cristo, los que llevan al eterno Señor resucitado.
Todos los alumnos de un colegio estaban listos para empezar una marcha, estaban ensayando su desfile, el que iba dirigiendo la marcha se fijó que uno de los que iban marchando llevaba otro paso, cuando todos bajaban la mano él la subía, cuando todos bajaban el pie él lo subía, se acercó entones al joven para ver por qué él no llevaba el ritmo que llevaba el tambor de la procesión del desfile. Cuando le preguntó advirtió que este joven llevaba en sus oídos uns auriculares, porque tenía colocado un aparato estéreo y él iba marchando con la música que escuchaba en su oído, no podía escuchar la música de los demás y él marchaba con su propia música. Este ejemplo tan sencillo hermanos es lo que el Señor quiere enseñarnos con este mensaje que acabamos de meditar.
El mundo sigue su caminar con su instrumento, sigue su caminar con su tambor, el mundo sigue su caminar de muerto, sigue su caminar de desesperación. Cuántos hay que por su situación económica están caminando al cementerio. ¿Cuántos hay que por los problemas del hogar van caminando al cementerio? ¿Cuántos hay que por los problemas del mundo, de la situación actual van dejándose llevar por ese ritmo? por ese tambor. El cristiano no es aquel que tiene otra música, que tiene otro tambor, que tiene otro señor frente a sí a quien sigue. El cristiano es el que va escuchando al Señor que le dice: levántate, anda. El Señor está a nuestro lado en este momento. El Señor victorioso frente a nosotros. ALELUYA. El nos está conduciendo, no nos dejemos llevar por este mundo, no nos dejemos llevar por la desesperación de este mundo hacia la muerte, no nos dejemos llevar por las dudas de este mundo hacia el fracaso, escuchemos al Señor que se pone al frente de nosotros y nos dice: a la ciudad. donde todavía hay esperanza.
Inclina tu rostro hermano, vamos a orar. Padre de la gloria, míranos en nuestro caminar, tu sabes profundamente porque conoces nuestra vida y en que lugar estamos, tu sabes si hasta ahora hemos caminado en la caravana de los que van hacia la muerte, tu sabes Señor si en nuestros rostros ya están figurados la tristeza y la desesperación, tu sabes Señor en este momento donde vamos caminando y hacia dónde caminamos, te pedimos Señor que detengas nuestro caminar cansado. Señor si yo soy esa mujer sola, si yo soy esa mujer viuda, si yo soy el que ha perdido todo en el mundo y por eso voy triste, ponte tú al frente de mi vida para que yo recupere el entusiasmo de vivir, para que ya no vaya al cementerio sino a la ciudad. Padre, y si soy yo quien va encabezando esa caravana de muerte, si soy yo ese muerto que hace llorar a los demás, si soy yo ese padre de familia que hace llorar a los hijos, si soy yo ese hijo rebelde que hace llorar a la madre, si soy yo esa madre que abandona el hogar, si soy yo ese esposo que hace llorar a la esposa, si soy yo Señor el muerto que hace encabezar esa caravana de dolor y tristeza, te pido que detengas mi entierro, que detengas mi féretro y me grites fuerte: A ti te lo digo: Levántate. Jesús, ya no quiero encabezar yo más caravanas de dolor. Permítenos Señor a todos los que creemos en ti dejar nuestras lágrimas y cambiarlas en gozo, permítenos dejar ese caminar hacia la muerte para caminar con el dueño de la vida hacia la ciudad de los vivos. Alabado sea tu nombre. Gracias Padre porque todo lo que te pedimos nos lo concedes, pues lo pedimos en el nombre poderoso de tu hijo Jesucristo Nuestro Señor que vive y reina por los siglos de los siglos.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
Querido hijo
Si tú supieras que alegría tan grande tengo de tenerte hoy aquí, y con cuanta ilusión esperaba este momento, porque... ¿sabes? hace mucho tiempo que te estoy llamando y tú cada vez te alejas más de mí.
Recorre de un vistazo la historia de tu vida y verás que en toda ella mi amor ha estado presente. Tú, para mí, no eres ningún desconocido porque antes de haberte formado en el seno materno, te conocía. Te he llamado por tu nombre, tú, eres mío.
Tus padres han sido el instrumento por el cual te he dado la vida, el color de tus ojos y tu cabello, la forma de tu rostro, tu estatura. Yo mismo te formé en el seno de tu madre, distinto a todas las demás personas, eres único. Te enseñé a caminar tomándote por los brazos, aunque no te dabas cuenta que yo te cuidaba. Por muchas personas que son mis cuerdas humanas, te atraía, con lazos de amor. Yo soy para ti como los que alzan a un niño contra su mejilla; me inclinaba hacia ti y te daba de comer.
He cuidado de tu vida día y noche, momento a momento. Estoy siempre contigo, cuando las cosas van bien y tu cantas lleno de alegría y también cuando las cosas van mal, cuando te sientes solo, incomprendido, cuando estas aburrido, cuando lloras... ¡Qué pena que en todos estos momentos no supiste distinguir mi amistad, mi apoyo! Me preocupa verte triste. Si descubrieras mi presencia cariñosa a tu lado, la cantidad de detalles de amor que día a día tengo para ti, tu vida se llenaría de alegría y la contagiarías a cuantos te rodean. Aunque una mujer llegase a olvidar a su niño de pecho, al hijo de sus entrañas; Yo no te olvido pues, eres precioso a mis ojos, eres estimado y Yo te amo.
Míralo, en las palmas de mis manos te tengo tatuado. Tú eres mi hijo predilecto, porque con amor eterno te he amado y eres mi niño mimado. Por ti se conmueven mis entrañas y se desbordan de ternura. Los montes se correrán, las colinas se moverán, más mi amor de tu lado no se apartará. Te amo así como eres, con tus temores y dudas, con tus rebeldías y con todo lo que no aceptas de ti mismo. Mi corazón está volcado hacia ti, para que llegues a ser lo que siempre deseé que fueras.
Hace tiempo que estoy a la puerta de tu corazón llamándote, para poder entrar a tu casa y cenar contigo, si tu me abres.
Como Padre, no hay mayor alegría que platicar amistosamente contigo, mi querido hijo, porque mi corazón se estremece al escucharte. Tan sólo quiero oír de tus labios, una palabra: ¡Abbá!, ¡Abbá!, ¡Abbá!... con confianza, y que tú escuches hoy mi voz: Vuelve hijo, vuelve a mí.
Te quiere, tu Papá Dios.
Ven a recibir lo que Jesús tiene para ti y toda tu familia desde toda la eternidad. Si abres la página: www.jesusestavivo.org.mx podrás darte cuenta lo que Jesús está haciendo en su Morelia. Puedes orar con el Nuevo Testamento en línea donde dice: Y la Palabra... es Dios. Tenemos 121 vídeos de evangelización y testimonos de sanación en You Tube, el próximo puede ser el tuyo, el más grande de nuestros vídeos es la bendición con el Santísimo. Te invitamos a ver en nuestra página web las misas dominicales del domingo en la Iglesia Catedral y del templo de San Pedro de las 9 de la mañana, así como las misas de sanación en Las Rosas y las del Padre Miguel Contreras. En el transcurso de la mañana están en línea para que vivas y transmitas su contenido. Ya tenemos nuestro Bloog y puedes visitar las seis columnas diferentes que tenemos en los tres principales diarios de Morelia. También estamos en Twitter y esta es nuestra dirección para que nos visites: twitter.com/jesusestavivo Escucha hoy domingo la Zeta radio, 96.3 FM y 1340 AM, a las 18:00 horas el programa de evangelización católica: “La Palabra” y vive lo que Jesús tiene para ti desde toda la eternidad: tu salvación-sanación. Este programa se escucha en todo el mundo en la dirección: www.lazeta.com.mx Un click puede cambiar tu vida, atrévete a sanar.
¡Alabado sea Jesucristo!
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Recorre de un vistazo la historia de tu vida y verás que en toda ella mi amor ha estado presente. Tú, para mí, no eres ningún desconocido porque antes de haberte formado en el seno materno, te conocía. Te he llamado por tu nombre, tú, eres mío.
Tus padres han sido el instrumento por el cual te he dado la vida, el color de tus ojos y tu cabello, la forma de tu rostro, tu estatura. Yo mismo te formé en el seno de tu madre, distinto a todas las demás personas, eres único. Te enseñé a caminar tomándote por los brazos, aunque no te dabas cuenta que yo te cuidaba. Por muchas personas que son mis cuerdas humanas, te atraía, con lazos de amor. Yo soy para ti como los que alzan a un niño contra su mejilla; me inclinaba hacia ti y te daba de comer.
He cuidado de tu vida día y noche, momento a momento. Estoy siempre contigo, cuando las cosas van bien y tu cantas lleno de alegría y también cuando las cosas van mal, cuando te sientes solo, incomprendido, cuando estas aburrido, cuando lloras... ¡Qué pena que en todos estos momentos no supiste distinguir mi amistad, mi apoyo! Me preocupa verte triste. Si descubrieras mi presencia cariñosa a tu lado, la cantidad de detalles de amor que día a día tengo para ti, tu vida se llenaría de alegría y la contagiarías a cuantos te rodean. Aunque una mujer llegase a olvidar a su niño de pecho, al hijo de sus entrañas; Yo no te olvido pues, eres precioso a mis ojos, eres estimado y Yo te amo.
Míralo, en las palmas de mis manos te tengo tatuado. Tú eres mi hijo predilecto, porque con amor eterno te he amado y eres mi niño mimado. Por ti se conmueven mis entrañas y se desbordan de ternura. Los montes se correrán, las colinas se moverán, más mi amor de tu lado no se apartará. Te amo así como eres, con tus temores y dudas, con tus rebeldías y con todo lo que no aceptas de ti mismo. Mi corazón está volcado hacia ti, para que llegues a ser lo que siempre deseé que fueras.
Hace tiempo que estoy a la puerta de tu corazón llamándote, para poder entrar a tu casa y cenar contigo, si tu me abres.
Como Padre, no hay mayor alegría que platicar amistosamente contigo, mi querido hijo, porque mi corazón se estremece al escucharte. Tan sólo quiero oír de tus labios, una palabra: ¡Abbá!, ¡Abbá!, ¡Abbá!... con confianza, y que tú escuches hoy mi voz: Vuelve hijo, vuelve a mí.
Te quiere, tu Papá Dios.
Ven a recibir lo que Jesús tiene para ti y toda tu familia desde toda la eternidad. Si abres la página: www.jesusestavivo.org.mx podrás darte cuenta lo que Jesús está haciendo en su Morelia. Puedes orar con el Nuevo Testamento en línea donde dice: Y la Palabra... es Dios. Tenemos 121 vídeos de evangelización y testimonos de sanación en You Tube, el próximo puede ser el tuyo, el más grande de nuestros vídeos es la bendición con el Santísimo. Te invitamos a ver en nuestra página web las misas dominicales del domingo en la Iglesia Catedral y del templo de San Pedro de las 9 de la mañana, así como las misas de sanación en Las Rosas y las del Padre Miguel Contreras. En el transcurso de la mañana están en línea para que vivas y transmitas su contenido. Ya tenemos nuestro Bloog y puedes visitar las seis columnas diferentes que tenemos en los tres principales diarios de Morelia. También estamos en Twitter y esta es nuestra dirección para que nos visites: twitter.com/jesusestavivo Escucha hoy domingo la Zeta radio, 96.3 FM y 1340 AM, a las 18:00 horas el programa de evangelización católica: “La Palabra” y vive lo que Jesús tiene para ti desde toda la eternidad: tu salvación-sanación. Este programa se escucha en todo el mundo en la dirección: www.lazeta.com.mx Un click puede cambiar tu vida, atrévete a sanar.
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Para confesarse bien
El pecado, más que una serie de acciones prohibidas, es una actitud de rechazo a Dios, de decir NO a su amor y por tanto, decirle no al amor a mi prójimo, e incluso a nosotros mismos. Esa actitud nos lleva a realizar actos que manifiestan, en nuestro interior, y también en forma externa, ese rechazo a Dios, a su plan de amor, a su ley, a esos actos les llamamos pecado, faltas, ofensas...
El primer paso para el encuentro con el Señor Jesús es “RECONOCER” ante él nuestra naturaleza y nuestra condición pecadora, así como nuestra necesidad de perdón y de salvación.
Para llegar a este reconocimiento es preciso ser conscientes de las formas concretas en que hemos rechazado los mandamientos de la Ley de Dios y hemos y hemos decidido seguir u obedecer nuestras propias leyes, las leyes del mundo o las de Satanás.
Vayamos a lo profundo de nuestro ser y descubramos, iluminados por la luz del Espíritu Santo, todos aquellos pensamientos, palabras y obras, así como las omisiones que hayan significado decir NO a Dios, darle la espalda a su plan de amor y salvación, para de esa forma, al igual que el hijo pródigo poder decir: «Me levantaré e iré a mi Padre, le diré: Padre he pecado contra el cielo y contra ti», y así poder ir a su encuentro para entregarle toda nuestra miseria y pedirle perdón y esperar de Él su abrazo tierno y amoroso.
Siguiendo la guía a continuación se te propone y pidiéndole al Espíritu del Señor humildad y sabiduría para descubrir y reconocer tus pecados. Una vez identificados, anótalos en una hoja aparte para que puedas confesarlos y ponerlos a los pies de la cruz de Cristo y así te sean perdonados, recuperes la paz y recibas sanación de las heridas que ellos te han inferido.
"No hay pecado que no pueda ser perdonado, si nos acercamos al trono de la misericordia con un corazón contrito y humillado. Ningún mal es más poderoso que la infinita misericordia de Dios... En este consolador sacramento, la Iglesia conduce a cada uno de los fieles a Cristo, y, a través del ministerio de la Iglesia, Cristo mismo nos depara el perdón, fortaleza y misericordia.
Mediante este sacramento, altamente personal, Cristo continúa encontrándose con los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Restaura la unidad donde hay división, derrama su luz donde hay oscuridad, y concede una esperanza y una alegría que el mundo nunca podrá dar.
Mediante este sacramento la Iglesia proclama al mundo las infinitas riquezas de la misericordia de Dios, esa misericordia que ha derrumbado las barreras que nos separaban de Dios y de los demás". Juan Pablo II, El Grande.
Examen de conciencia. Se pide luz al Señor. ¿Conozco bien las principales verdades de la fe católica? ¿Las he negado o dudado alguna vez? ¿Creo en supersticiones? ¿Acepto doctrinas contrarias a lo que enseña la Iglesia? ¿He jurado el nombre de Dios sin necesidad? ¿Cumplí las promesas que hice? ¿He comulgado con conciencia o con duda de pecado mortal? ¿Cuido el ayuno eucarístico? ¿He faltado a Misa los domingos o días de precepto por culpa mía? ¿Cumplí con los días de ayuno y abstinencia? ¿He callado en la confesión, a sabiendas, algún pecado mortal? ¿Manifiesto cariño y respeto a mis padres, familiares y superiores? ¿Atiendo bien mi hogar y me preocupo del bien material y espiritual de mi esposo (a) y de mis hijos? ¿He dado mal ejemplo a quienes me rodean? ¿Los he inclinado o ayudado a cometer algún pecado? ¿Corrijo con enojo o injustamente a mis hijos o a otras personas? ¿Peleo frecuentemente con otros? Cuando pienso que alguien me ha dañado, ¿tardo en perdonar? ¿Procuro ayudar a resolver los problemas de los demás? ¿He negado mi ayuda cuando me la piden? ¿Descuido mis deberes familiares y cívicos? Por ese descuido, ¿fui causa de que otros no cumplieran con los suyos? ¿He hecho daño a otros de palabra o de obra? ¿Siento odio o rencor contra alguien? ¿Me he embriagado? ¿He animado a otros a hacerlo? ¿Comí más de lo necesario? ¿He realizado actos impuros? ¿Solo o con otra persona? ¿He aceptado pensamientos o miradas obscenas? ¿Me he puesto voluntariamente en peligro de pecar? por ejemplo, ¿viendo fotografías, películas y programas de televisión o leyendo revistas y novelas inmorales? ¿He tomado o retenido dinero o cosas que no son mías? ¿He devuelto las cosas prestadas a tiempo, o he tardado en devolverlas, causando daño con ese retraso a quien me las prestó? ¿He engañado a otros cobrando más de lo debido? ¿Doy limosnas según mis posibilidades?
¿He malgastado el dinero en vanidades o caprichos; o comprado cosas innecesarias o que van más allá de mis posibilidades? ¿He dicho mentiras? ¿Con algunas de ellas he perjudicado a alguien? ¿He hablado o pensado mal de otros? ¿Levanté falsos testimonios contra alguien? ¿He tenido envidias? ¿He sido orgulloso? ¿Desprecié a otros? ¿Me dejé llevar por la pereza sin darme cuenta de que es uno de los vicios capitales? ¿Trabajo con cuidado y responsabilidad, y cumplo puntualmente con mis horarios? ¿Ofrezco a Dios mi trabajo, cada día? ¿Me acuerdo de Dios cuando menos, por la mañana y por la noche?
¿Cuántas veces no he amado a Dios sobre todas las cosas o personas? ¿He tenido y tengo «ídolos», personas, objetos, ambiciones, fama, poder, poseer, placer, que han substituido a Dios en mi vida? ¿He puesto a Dios como Señor y centro de mi vida? ¿He amado, estudiado, meditado, degustado la Palabra de Dios? ¿He conocido a Dios a través de ella?n¿Me he alimentado con frecuencia con el Cuerpo y la Sangre de Cristo? ¿He tenido una íntima comunicación y comunión en el Señor por medio de la oración, y hacerlo presente durante todo el día? ¿He utilizado el nombre de Dios o jurado en vano o en lo que va en contra de la voluntad de Dios? ¿He buscado el conocimiento y el poder fuera de Dios, (control mental, dianética, rosacruces, lectura de cartas, mano o café, horóscopos, amuletos, fetiches, brujería, hechicería, etc.? ¿He servido con amor a los demás? ¿He sido buen testimonio para quienes viven conmigo o me rodean? ¿He obedecido el mandato de Dios de anunciar el Evangelio a toda creatura? ¿Guardo en mi corazón resentimientos, rencores, odios, por no haber perdonado? ¿He despreciado, rechazado a los demás, ignorando que son mis hermanos, hijos del mismo Padre? ¿He mentido, engañado a los demás en busca de mis propios intereses? ¿Los he calumniado o difamado? ¿He experimentado y consentido envidia del bien de mi prójimo? ¿Me he dejado llevar hasta la ira por los celos? ¿He sembrado discordias entre mis familiares, amigos, compañeros? ¿He sido avaro con mis bienes? ¿He codiciado egoístamente lo que no tengo? ¿Me he apropiado arbitrariamente de bienes ajenos sin integrarlos? ¿He causado a mi prójimo algún daño moral o físico sin restaurarlo? ¿ He cometido faltas contra la virtud de la pureza con el pensamiento o con algún acto? ¿He sido infiel a mi cónyuge? ¿He abusado en el comer o beber o soy adicto a algún estupefaciente o estimulante? ¿He contribuido a que mi familia sea conforme al plan de Dios? ¿He rehuido o he sido indiferente a mis responsabilidades cívicas y políticas? ¿He contribuido al enriquecimiento y propagación del Reino de Dios a través de su Iglesia? ¿He menospreciado o ignorado la voz de Dios que me habla a través de sus pastores: obispos, sacerdotes y demás autoridades en la Iglesia? ¿He sido agente de cambio y desarrollo, así como servidor de los demás a través de mi trabajo, mi profesión, mi empresa? ¿He buscado divertirme sanamente, evitando todo aquello que me aleje de Dios?
Hecho el examen de conciencia, al llegar al confesionario, arrodíllate y dilo al sacerdote acusándote de tus faltas. Dí también: "Hace tantos días, semanas, meses o años que no me he confesado, si cumplí, o no, la penitencia que me puso el sacerdote; me acuso de… dices tus pecados al confesor de forma clara y sincera, determinando el número y clase de pecados. El sacerdote te da consejos oportunos y te impone la penitencia. Te invita a manifestar tu contrición.
Tú puedes decir, por ejemplo: "Señor Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de mi, que soy un pecador".
Luego el sacerdote te da la absolución: "Dios, Padre misericordioso que reconcilió al mundo consigo por la muerte y resurrección de su Hijo y envió al Espíritu Santo para el perdón de los pecados, te conceda por el ministerio de las Iglesia, el perdón y la paz. Y YO TE ABSUELVO DE TUS PECADOS EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, † Y DEL ESPIRITU SANTO. Tú respondes: "Amén".
El sacerdote prosigue: "La pasión de Nuestro Señor Jesucristo, la intercesión de la Santísima Virgen María y de todos los santos, tus obras y tus sufrimientos, te sirvan para remedio de tus pecados, aumentando la gracia y recompensa de vida eterna. Vete en paz".
Sales del confesionario a realizar las obras que te haya impuesto como penitencia el sacerdote. Dale gracias a Dios por su bondad y misericordia, por haberte perdonado tus pecados, por haberte dado la gracia, por haber dado su paz y su alegría a tu corazón.
“Tuve una gran alegría al saber que los obispos habían pedido a los fieles que se confesaran dentro de la gran preparación espiritual de mi visita a este país. No me podíais haber dado mayor alegría ni mayor regalo.
Y si hoy todavía hay alguno que esté vacilando por una u otra razón, os ruego recordéis esto: la persona que sabe confesar la verdad de la culpa y pide perdón a Cristo, acrecienta la propia dignidad humana y da muestras de grandeza espiritual.
Gracias al amor y misericordia de Dios, no hay pecado por grande que sea que no pueda ser perdonado; no hay pecador que sea rechazado. Toda persona que se arrepienta será recibida por Jesucristo con perdón y amor inmenso. Juan Pablo II, El Grande.
Para terminar compárate con el hijo pródigo que se había levantado de su postración de cuidar puercos y sólo pretendía ser un siervo para tener pan y no morirse de hambre. No esperaba más que aumentar el número de trabajadores en la finca paterna. Era demasiado poco lo que anhelaba, porque su situación era extrema.
Sin embargo, el padre no acepta tal solicitud. No hay vacantes en su finca para siervos. Ya tiene bastantes, tanto en casa como en la viña; sobre todo uno que trabaja como siervo sin contrato, su hijo mayor. No necesita otro hijo con ropaje de esclavo, que arrastre las cadenas de la servidumbre. No lo puede admitir, así no lo necesita. Lo precisa como hijo y como heredero, por eso inmediatamente da órdenes a sus siervos para que sirvan al hijo.
Solo hay vacantes como hijo, como hijo amado que es recibido sin condiciones y sin reproches, sin preguntas indagatorias que puedan ofenderlo por recordar los graves desvaríos o tener que dar cuenta de lo que perdió. Solo puede ser admitido en la mesa del padre, con todos los derechos que un hijo. Este es el único puesto que ha estado vacío desde el día en que se fue y nadie lo ha podido llenar. No debe tener recelos.
En primer lugar se le va a vestir con el mejor de los vestidos. Esto significa que el padre ya tenía otros muchos vestidos que había comprado para cuando su hijo regresara. Para esta ocasión debe ser el mejor de todos porque ahora el hijo está revestido de una nueva actitud ante la vida. No puede vivir con los harapos de cuidador de puercos.
Además se le deben poner sandalias en sus pies para cubrir su desnudez y protegerlo en el camino de la vida. Ya tiene quien se preocupe del camino nuevo que ahora inicia. Los caminos nuevos se recorren con sandalias nuevas. Ha de tirar esas sandalias rotas y agujeradas por las heridas del camino, para encaminarse por la vida con la seguridad del peregrino que esta equipado para llegar a la meta.
Y al final, un anillo que significa que es propietario y puede disponer de los bienes paternos. Se le devuelve toda la confianza original y no tiene límites en la casa paterna.
El hijo quería ser siervo y el padre no lo admite como tal. Esta llamado a ser hijo y experimentar el amor incondicional de su Padre que le ha preparado la fiesta con el becerro cebado, que tanto tiempo había esperado para compartirlo.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
El primer paso para el encuentro con el Señor Jesús es “RECONOCER” ante él nuestra naturaleza y nuestra condición pecadora, así como nuestra necesidad de perdón y de salvación.
Para llegar a este reconocimiento es preciso ser conscientes de las formas concretas en que hemos rechazado los mandamientos de la Ley de Dios y hemos y hemos decidido seguir u obedecer nuestras propias leyes, las leyes del mundo o las de Satanás.
Vayamos a lo profundo de nuestro ser y descubramos, iluminados por la luz del Espíritu Santo, todos aquellos pensamientos, palabras y obras, así como las omisiones que hayan significado decir NO a Dios, darle la espalda a su plan de amor y salvación, para de esa forma, al igual que el hijo pródigo poder decir: «Me levantaré e iré a mi Padre, le diré: Padre he pecado contra el cielo y contra ti», y así poder ir a su encuentro para entregarle toda nuestra miseria y pedirle perdón y esperar de Él su abrazo tierno y amoroso.
Siguiendo la guía a continuación se te propone y pidiéndole al Espíritu del Señor humildad y sabiduría para descubrir y reconocer tus pecados. Una vez identificados, anótalos en una hoja aparte para que puedas confesarlos y ponerlos a los pies de la cruz de Cristo y así te sean perdonados, recuperes la paz y recibas sanación de las heridas que ellos te han inferido.
"No hay pecado que no pueda ser perdonado, si nos acercamos al trono de la misericordia con un corazón contrito y humillado. Ningún mal es más poderoso que la infinita misericordia de Dios... En este consolador sacramento, la Iglesia conduce a cada uno de los fieles a Cristo, y, a través del ministerio de la Iglesia, Cristo mismo nos depara el perdón, fortaleza y misericordia.
Mediante este sacramento, altamente personal, Cristo continúa encontrándose con los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Restaura la unidad donde hay división, derrama su luz donde hay oscuridad, y concede una esperanza y una alegría que el mundo nunca podrá dar.
Mediante este sacramento la Iglesia proclama al mundo las infinitas riquezas de la misericordia de Dios, esa misericordia que ha derrumbado las barreras que nos separaban de Dios y de los demás". Juan Pablo II, El Grande.
Examen de conciencia. Se pide luz al Señor. ¿Conozco bien las principales verdades de la fe católica? ¿Las he negado o dudado alguna vez? ¿Creo en supersticiones? ¿Acepto doctrinas contrarias a lo que enseña la Iglesia? ¿He jurado el nombre de Dios sin necesidad? ¿Cumplí las promesas que hice? ¿He comulgado con conciencia o con duda de pecado mortal? ¿Cuido el ayuno eucarístico? ¿He faltado a Misa los domingos o días de precepto por culpa mía? ¿Cumplí con los días de ayuno y abstinencia? ¿He callado en la confesión, a sabiendas, algún pecado mortal? ¿Manifiesto cariño y respeto a mis padres, familiares y superiores? ¿Atiendo bien mi hogar y me preocupo del bien material y espiritual de mi esposo (a) y de mis hijos? ¿He dado mal ejemplo a quienes me rodean? ¿Los he inclinado o ayudado a cometer algún pecado? ¿Corrijo con enojo o injustamente a mis hijos o a otras personas? ¿Peleo frecuentemente con otros? Cuando pienso que alguien me ha dañado, ¿tardo en perdonar? ¿Procuro ayudar a resolver los problemas de los demás? ¿He negado mi ayuda cuando me la piden? ¿Descuido mis deberes familiares y cívicos? Por ese descuido, ¿fui causa de que otros no cumplieran con los suyos? ¿He hecho daño a otros de palabra o de obra? ¿Siento odio o rencor contra alguien? ¿Me he embriagado? ¿He animado a otros a hacerlo? ¿Comí más de lo necesario? ¿He realizado actos impuros? ¿Solo o con otra persona? ¿He aceptado pensamientos o miradas obscenas? ¿Me he puesto voluntariamente en peligro de pecar? por ejemplo, ¿viendo fotografías, películas y programas de televisión o leyendo revistas y novelas inmorales? ¿He tomado o retenido dinero o cosas que no son mías? ¿He devuelto las cosas prestadas a tiempo, o he tardado en devolverlas, causando daño con ese retraso a quien me las prestó? ¿He engañado a otros cobrando más de lo debido? ¿Doy limosnas según mis posibilidades?
¿He malgastado el dinero en vanidades o caprichos; o comprado cosas innecesarias o que van más allá de mis posibilidades? ¿He dicho mentiras? ¿Con algunas de ellas he perjudicado a alguien? ¿He hablado o pensado mal de otros? ¿Levanté falsos testimonios contra alguien? ¿He tenido envidias? ¿He sido orgulloso? ¿Desprecié a otros? ¿Me dejé llevar por la pereza sin darme cuenta de que es uno de los vicios capitales? ¿Trabajo con cuidado y responsabilidad, y cumplo puntualmente con mis horarios? ¿Ofrezco a Dios mi trabajo, cada día? ¿Me acuerdo de Dios cuando menos, por la mañana y por la noche?
¿Cuántas veces no he amado a Dios sobre todas las cosas o personas? ¿He tenido y tengo «ídolos», personas, objetos, ambiciones, fama, poder, poseer, placer, que han substituido a Dios en mi vida? ¿He puesto a Dios como Señor y centro de mi vida? ¿He amado, estudiado, meditado, degustado la Palabra de Dios? ¿He conocido a Dios a través de ella?n¿Me he alimentado con frecuencia con el Cuerpo y la Sangre de Cristo? ¿He tenido una íntima comunicación y comunión en el Señor por medio de la oración, y hacerlo presente durante todo el día? ¿He utilizado el nombre de Dios o jurado en vano o en lo que va en contra de la voluntad de Dios? ¿He buscado el conocimiento y el poder fuera de Dios, (control mental, dianética, rosacruces, lectura de cartas, mano o café, horóscopos, amuletos, fetiches, brujería, hechicería, etc.? ¿He servido con amor a los demás? ¿He sido buen testimonio para quienes viven conmigo o me rodean? ¿He obedecido el mandato de Dios de anunciar el Evangelio a toda creatura? ¿Guardo en mi corazón resentimientos, rencores, odios, por no haber perdonado? ¿He despreciado, rechazado a los demás, ignorando que son mis hermanos, hijos del mismo Padre? ¿He mentido, engañado a los demás en busca de mis propios intereses? ¿Los he calumniado o difamado? ¿He experimentado y consentido envidia del bien de mi prójimo? ¿Me he dejado llevar hasta la ira por los celos? ¿He sembrado discordias entre mis familiares, amigos, compañeros? ¿He sido avaro con mis bienes? ¿He codiciado egoístamente lo que no tengo? ¿Me he apropiado arbitrariamente de bienes ajenos sin integrarlos? ¿He causado a mi prójimo algún daño moral o físico sin restaurarlo? ¿ He cometido faltas contra la virtud de la pureza con el pensamiento o con algún acto? ¿He sido infiel a mi cónyuge? ¿He abusado en el comer o beber o soy adicto a algún estupefaciente o estimulante? ¿He contribuido a que mi familia sea conforme al plan de Dios? ¿He rehuido o he sido indiferente a mis responsabilidades cívicas y políticas? ¿He contribuido al enriquecimiento y propagación del Reino de Dios a través de su Iglesia? ¿He menospreciado o ignorado la voz de Dios que me habla a través de sus pastores: obispos, sacerdotes y demás autoridades en la Iglesia? ¿He sido agente de cambio y desarrollo, así como servidor de los demás a través de mi trabajo, mi profesión, mi empresa? ¿He buscado divertirme sanamente, evitando todo aquello que me aleje de Dios?
Hecho el examen de conciencia, al llegar al confesionario, arrodíllate y dilo al sacerdote acusándote de tus faltas. Dí también: "Hace tantos días, semanas, meses o años que no me he confesado, si cumplí, o no, la penitencia que me puso el sacerdote; me acuso de… dices tus pecados al confesor de forma clara y sincera, determinando el número y clase de pecados. El sacerdote te da consejos oportunos y te impone la penitencia. Te invita a manifestar tu contrición.
Tú puedes decir, por ejemplo: "Señor Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de mi, que soy un pecador".
Luego el sacerdote te da la absolución: "Dios, Padre misericordioso que reconcilió al mundo consigo por la muerte y resurrección de su Hijo y envió al Espíritu Santo para el perdón de los pecados, te conceda por el ministerio de las Iglesia, el perdón y la paz. Y YO TE ABSUELVO DE TUS PECADOS EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, † Y DEL ESPIRITU SANTO. Tú respondes: "Amén".
El sacerdote prosigue: "La pasión de Nuestro Señor Jesucristo, la intercesión de la Santísima Virgen María y de todos los santos, tus obras y tus sufrimientos, te sirvan para remedio de tus pecados, aumentando la gracia y recompensa de vida eterna. Vete en paz".
Sales del confesionario a realizar las obras que te haya impuesto como penitencia el sacerdote. Dale gracias a Dios por su bondad y misericordia, por haberte perdonado tus pecados, por haberte dado la gracia, por haber dado su paz y su alegría a tu corazón.
“Tuve una gran alegría al saber que los obispos habían pedido a los fieles que se confesaran dentro de la gran preparación espiritual de mi visita a este país. No me podíais haber dado mayor alegría ni mayor regalo.
Y si hoy todavía hay alguno que esté vacilando por una u otra razón, os ruego recordéis esto: la persona que sabe confesar la verdad de la culpa y pide perdón a Cristo, acrecienta la propia dignidad humana y da muestras de grandeza espiritual.
Gracias al amor y misericordia de Dios, no hay pecado por grande que sea que no pueda ser perdonado; no hay pecador que sea rechazado. Toda persona que se arrepienta será recibida por Jesucristo con perdón y amor inmenso. Juan Pablo II, El Grande.
Para terminar compárate con el hijo pródigo que se había levantado de su postración de cuidar puercos y sólo pretendía ser un siervo para tener pan y no morirse de hambre. No esperaba más que aumentar el número de trabajadores en la finca paterna. Era demasiado poco lo que anhelaba, porque su situación era extrema.
Sin embargo, el padre no acepta tal solicitud. No hay vacantes en su finca para siervos. Ya tiene bastantes, tanto en casa como en la viña; sobre todo uno que trabaja como siervo sin contrato, su hijo mayor. No necesita otro hijo con ropaje de esclavo, que arrastre las cadenas de la servidumbre. No lo puede admitir, así no lo necesita. Lo precisa como hijo y como heredero, por eso inmediatamente da órdenes a sus siervos para que sirvan al hijo.
Solo hay vacantes como hijo, como hijo amado que es recibido sin condiciones y sin reproches, sin preguntas indagatorias que puedan ofenderlo por recordar los graves desvaríos o tener que dar cuenta de lo que perdió. Solo puede ser admitido en la mesa del padre, con todos los derechos que un hijo. Este es el único puesto que ha estado vacío desde el día en que se fue y nadie lo ha podido llenar. No debe tener recelos.
En primer lugar se le va a vestir con el mejor de los vestidos. Esto significa que el padre ya tenía otros muchos vestidos que había comprado para cuando su hijo regresara. Para esta ocasión debe ser el mejor de todos porque ahora el hijo está revestido de una nueva actitud ante la vida. No puede vivir con los harapos de cuidador de puercos.
Además se le deben poner sandalias en sus pies para cubrir su desnudez y protegerlo en el camino de la vida. Ya tiene quien se preocupe del camino nuevo que ahora inicia. Los caminos nuevos se recorren con sandalias nuevas. Ha de tirar esas sandalias rotas y agujeradas por las heridas del camino, para encaminarse por la vida con la seguridad del peregrino que esta equipado para llegar a la meta.
Y al final, un anillo que significa que es propietario y puede disponer de los bienes paternos. Se le devuelve toda la confianza original y no tiene límites en la casa paterna.
El hijo quería ser siervo y el padre no lo admite como tal. Esta llamado a ser hijo y experimentar el amor incondicional de su Padre que le ha preparado la fiesta con el becerro cebado, que tanto tiempo había esperado para compartirlo.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
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