miércoles, 13 de enero de 2010

El que cree en mí, aunque muera, ¡vivirá!

El 23 de enero pasado, la familia Prado Flores tuvimos la presencia de Jesús vivo en la casa paterna. A Jesús le pareció bien venir a llevarse a papá a reinar junto con él en la gloria. Eran las 3:30 de la madrugada cuando sonó el teléfono para dar la noticia del cumplimiento de la Promesa del Señor en el espíritu y en el cuerpo de papá.
Un día antes mi hermano Pepe, somos catorce hermanos, había venido de Guadalajara a visitar a mis papás que acaban de cumplir sesenta y cuatro años de casados. Venía acompañado del Obispo de La Paz, B. C. que reconcilió a papá con Dios, le dio la Comunión, los Santos Óleos, y la Bendición Papal. Le impuso las manos y le perdonó los pecados de toda su vida. Papá se durmió y al día siguiente despertó en la presencia de Jesús vivo.
Cuando llegamos a la casa paterna, mamá nos dijo que papá no despertaba y no respiraba. Mamá decía ¡no despierta hijo, no despierta! Ella siempre estuvo a su lado y minutos antes lo había revisado. La doctora que lo atendía se presentó y confirmó que el cuerpo de papá no reaccionaba y no tenía ya los signos vitales. Cuando la doctora dijo: está ya con el Señor, mamá exclamó: ¡Señor Jesús, aquí te lo entrego!
Siguieron llegando mis demás hermanos. Entregamos el espíritu de papá a Dios. Pedimos perdón por sus culpas y las nuestras al Todopoderoso y cantamos alabanzas a Dios por su presencia en casa. Papá no perdía el calor en su cuerpo, sus dedos se doblaban, sus rodillas estaban flexibles, su cara se veía radiante, su rostro parecía mucho más joven. Tiene casi ochenta y siete años de vida, y digo tiene porque la Palabra de Dios dice: ¡el que cree en mí aunque muera vivirá! Dimitas le creyó a Dios, y cuando tuvo su encuentro personal, vivo, en directo y a todo color con Él experimentó lo más grande que un ser humano puede vivir: ver cara a cara al Mesías, al Redentor, al que murió para que pudiera tener vida y vida en abundancia.
Después de seis horas de estar en intimidad con él, lo vestimos y su cuerpo seguía suave y con calor. Durante doce horas estuvo con la familia que formó: Mariquita, como siempre llamó a mamá, sus hijos, hijas, nietos y bisnietos. Vivimos en la intimidad esos preciosos momentos. Mamá está cerca, muy cerca de él, como lo estuvo durante toda su vida. Cada uno de nosotros vivimos intensos momentos en cercanía de él. Lo apapachamos, lo besamos, lo acariciamos, le sonreímos ¡y nos sonrió!
Dimitas defendió sus creencias con valentía. Sus convicciones las vivió en plenitud. En sus tiempos de juventud fue cristero y exponiendo su vida gritó a tiempo y a destiempo ¡Viva Cristo Rey! Forma junto con mamá una familia que le cree a Dios y que espera el cumplimiento de la promesa de la resurrección en toda la familia. Papá nos transmitió la fe en Jesús con su ejemplo y nos hizo vivir como hijos de Dios.
Durante los tres días que estuvo papá en la funeraria sucedieron cosas hermosísimas. Algunas de las personas que nos acompañaron nos comentaron que tenemos una manera diferente de ver las cosas. Una dijo: cuando nos pasó lo mismo, nuestra familia se desgarró, sufrimos lo indecible porque nuestra confianza estaba puesta en el familiar. Otra sugirió: comenten su experiencia para que nos demos cuenta que el amor de nuestra vida debe ser Cristo Jesús. Una más me comentó: a ti no te doy el pésame pues Jesús te tiene muy fortalecido en la fe.
El día 23 de enero que Jesús nos visitó en la madrugada en la casa paterna llevándose a papá, y lo volvió a hacer en la noche en la funeraria. Jesús, en la persona del señor arzobispo D. Alberto Suárez Inda nos visitó, alentó y oró por papá ese mismo día. Mi hermana Lucy me dijo que su Excelencia había preguntado dos veces por mí. No me vio en los momentos que hizo su visita. Lo que sucedió fue lo siguiente: el miércoles anterior habíamos ido a orar por la salud de un sobrino que le habían diagnosticado un tumor maligno cerca del corazón. Era inoperable y no había posibilidad de sanación por parte de la ciencia. Se programó otra oración de sanación para el siguiente miércoles y ese día precisamente se le ocurrió a Jesús compartir su reino con papá, con Dimitas.
Maurita, mi esposa, me preguntó por la mañana que si la oración por David la haríamos en la noche, le dije que esperara. En la tarde me volvió a recordar lo de la oración, y me dijo que si se cancelaba para avisar a los familiares, volví a decirle que esperara. Como papá está vivo por haber creído en Dios le pregunté: Dimitas, tenemos una oración de sanación en la noche. ¿Qué quieres que haga? Sentí en mi corazón que me dijo: “hijo, estoy viendo y viviendo cosas que no puedo expresar, son hermosísimas, increíbles, grandiosas. No hay palabras humanas para descifrarlas. Yo estoy gozando las promesas de Dios. Tú lleva la Palabra de Dios”.
Confirmando que papá está mejor que todos nosotros juntos, tomé la decisión de anunciar la Palabra de Dios mientras él está en la funeraria. Tomé a mi esposa, a nuestros tres hijos y nieto y caminamos en el Señor. El mensaje que Jesús dio ese día es: “Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien”.
Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.
Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban. Mc 16,15-20
Después de haber predicado esta Buena Noticia el mismo miércoles 23 en la noche les dije a los presentes que yo no tenía que estar ahí pues papá está en esos momentos en la funeraria. Todos se confrontaron consigo mismo y se preguntaron cómo eso era posible. Quiero dejar en claro que lo que se hizo fue pura gracia de Dios. Con mis fuerzas no era posible hacerlo, pero Jesús me dijo muy claro: “Aurelio: ocúpate de mis cosas que Yo me ocupo de las tuyas”.
Al final de la oración mi hijo Aurelio me dijo: papá, cuando estabas predicando no eras tu, era el mismo Jesús que les invitaba a convertirse para que su sanación fuera primero interior y después el resultado de estar bien con Él.
Es hermosísimo tener la seguridad del cumplimiento de la Palabra de Dios. El cielo y la tierra pasará pero mi Palabra no pasará dijo Jesús, y la familia Prado Flores le cree a Jesús, por lo tanto el pasaje anterior se debe cumplir en todos los que crean que Jesús está compartiendo el poder de Dios y está sentado a su derecha.
Al día siguiente le preguntamos a mamá que como se sentía y contestó con mucha paz: victoriosa, porque su papá está mejor con Jesús que con nosotros.
Al otro día nos llegó la noticia de que en el L’Osservatore Romano, el periódico oficial de El Vaticano salió la esquela de papá. Y a los pocos minutos se nos informó que en esos momentos 20 sacerdotes estaban concelebrando en Roma una Misa pidiendo a Dios Misericordia por nuestro querido papá. En Guadalajara también se unieron a nuestra acción de gracias por habernos prestado Dios durante casi 87 años a Dimitas.
Nuestro hermano Sergio que trabaja y vive en El Vaticano llegó el día 24 a las once de la noche y nuestro sobrino Juan Pablo que estaba en Alemania llegó a las once de la noche un minuto. Si se hubiera planeado no hubiera salido con tanta exactitud pues se encontraron el la sala de llegada en el aeropuerto.
Esto es parte de lo que nos ha pasado y podemos decir que la familia tiene mucho gozo y más que nos está llegando con lo que ha pasado pues papá Dimas siempre buscó a Cristo y ya lo encontró. ¡Ahora tiene toda la eternidad para poseerlo! Porque para Dios todos estamos vivos.
Al final de una de las misas que se celebraron por papá, María Elena, nuestra mamá sacó un jilguero de su jaula y lo puso en libertad. La jaula era la casa paterna, el jilguero, papá que voló al cielo porque mamá le daba su libertad. ¡Gloria a Dios!
Algunas personas se extrañaron porque vieron cosas diferente a las acostumbradas y comentaban que era porque en la familia hay un hijo sacerdote. Hay familias que lo tienen, pero lo nuestro fue así por la infinita misericordia de Dios para con los más pequeños, los más necesitados.
Quiera Dios que los próximos funerales que haya aquí en Morelia sean al estilo de Jesús, que confiemos en El. En la última Misa que se celebró por papá se hizo una secuencia de la Historia de la Salvación que es nuestra propia historia. Al final hice un comentario y dije: “así como han pasado las cosas hasta gusto da morirse. Yo me quiero morir como se murió papá”. Un hermano que estaba cerca dijo con mucha seguridad: ¡pues vive como vivió papá! Dimitas buscó a Jesús toda su vida, ya lo encontró, ahora tiene toda la eternidad para poseerlo. Jesús Está Vivo… en Dimitas.
¡Alabado sea Jesucristo!
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jueves, 7 de enero de 2010

Los médicos lo desahuciaron

Un miércoles 17 de enero en las primeras horas de la mañana, mi hija Maurita recibió por teléfono una noticia que la hizo estremecer: su primo David tenía cáncer. Los médicos lo desahuciaron y le dieron tres meses de vida. Médicamente nada se podía hacer pues el tumor maligno estaba cerca del corazón y era inoperable. Mortal por necesidad. La noticia nos hizo cimbrar a todos.
Nunca había recibido una noticia familiar tan impactante y en ese preciso momento le pregunté a Jesús que tenía que hacer. Lo primero que se me vino al corazón fue una luz producto del amor del Santo Espíritu de Dios. ¿Qué hizo María cuando se enteró que se acabó el vino en la fiesta que fue invitada? Ella no fue a la cava a investigar que había pasado con el vino, tampoco preguntó a los organizadores por qué se había terminado el preciado líquido, menos aun dio inicio a una colecta en efectivo para ir a comprar más vino. Lo que hizo María fue correr, si correr hacia el único que le podía solucionar por siempre el problema: su amadísimo hijo Jesús.
Con la seguridad que si se siguen estos pasos el problema más difícil tiene solución, hice lo mismo que María. Corrí a ver a Jesús y le dije: “Señor Jesús, vengo de parte de tu Mamá a pedirte por la salud de David. Si quieres, ¡pásame a mí su cáncer!” En esos momentos sentí que me decía en mi corazón: “Quiero a los dos sanos”. Llamé al papá de David, y le dije: En el nombre de Jesús, ¡tu hijo va a sanar! Y contestó: ¿qué tengo que hacer? ¡ORAR Y CONVERTIRTE!, fue la respuesta.
Ese mismo miércoles dio inicio en su casa una oración para pedir por la salud de David y fue invitada toda la familia. El mensaje que nos dio el Señor fue cuando un papá lleva a su hijo epiléptico a Jesús para que lo sane. (Mt 17,15-20) Allí mismo Jesús nos dijo que el papá no había llevado al hijo con él, sino que el hijo había llevado a su papá con Jesús. Ciertamente el hijo estaba enfermo, pero el papá estaba muerto en la fe. Así las cosas, se programó la siguiente oración para el próximo miércoles.
El siguiente miércoles, 23 de enero, a Jesús se le ocurrió venir a la casa paterna para que mi papá participara de su Gloria, ¡y se lo llevó! Mi esposa me pregunto en tres ocasiones que si iría a la oración a la casa de su sobrino, le dije que esperara. Mi papá está en la funeraria y yo tengo la certeza de la promesa de Jesús: “El que cree en mí aunque muera ¡vivirá!”. En ese preciso momento le pregunté a Dimitas: papá, ¿qué hago? Tengo una oración por la salud de David que tiene cáncer… Sentí en lo más profundo de mi corazón que me respondía: “hijo mío, por mi no te preocupes, estoy viviendo una experiencia única, maravillosa, excepcional, riquísima. No hay palabras humanas para expresarla. ¡Tú, ve a llevar la Palabra de Dios a tus hermanos!”.
Mi papá toda su vida buscó a Cristo, ¡ya lo encontró!, ahora tiene toda la eternidad para poseerlo.
Mientras el cuerpo de papá está en la funeraria, mi esposa Maura, mis tres hijos: Aurelio, Maurita y Daniel, mi nieto David y yo estamos haciendo oración por la salud de David en su casa. Recuerdo que mi hijo Aurelio me dijo: papá, tú no predicaste, lo hizo Jesús por ti. El mensaje de la predicación fue: “se convierten o se convierten”. El día siguiente mi papá sigue en la funeraria y toda la familia Prado Soto vuelve a la oración por la salud de David en su casa. Ese día la oración fue conducida por mis hijos que son misioneros. Esto es sin duda un regalo que Jesús quiso que experimentáramos en familia, ya que con nuestras propias fuerzas era imposible.
Las oraciones siguieron y cada miércoles se iban dando buenas noticias para el hombre de hoy. Los médicos le dieron a David un certificado en el que lo dan de alta y le dicen que ya no tiene cáncer. David contestó: ¡ya lo sabía! Cuando el médico le dijo a mi sobrino que estaba sano, que ya no tenía cáncer, corrió a ver a Jesús y en la Biblia le dio el mismo mensaje que me dio cuando iniciamos las oraciones: el papá que lleva a su hijo epiléptico a Jesús a que lo sane. (Mt 17,15-20)
Todos nosotros sabemos que Jesús tomó el cáncer de David y lo arrojó al fondo del mar para que no haga mal a nadie. Las oraciones por la salud del ahora sano ahora las hacemos en la casa de Arturo, otro hermano que le diagnosticaron cáncer, y que al ponerlo en las manos de María también fue sanado. Este testimonio lo pondremos próximamente...
El día de la oración por la salud de David fue el 23 de enero del 2002 cuando papá estaba en la funeraria. El próximo 23 de enero papá cumple 8 años de recibir su ingreso para participar de la Gloria eterna de Jesús que es Dios. Para terminar les quiero comunicar que un día antes mi hermano Pepe vino a visitar a papá y lo acompañaba el Obispo de La Paz, Baja California, el cual lo reconcilió con Dios, le dio la absolución y la Comunión. Le impuso las manos en su cabeza y le perdonó todos sus pecados cometidos durante su vida y le impuso la Bendición Papal. Así hasta gusto da morirse, dije, y un hermano que escuchó respondió: “si quieres morir como papá, vive como vivió papá”.
Un regalo que mi Señor Jesús nos está dando es que mi hermano Pepe, somos 14 hermanos, fue invitado a proclamar la Palabra de Dios a Tarimoro, Guanajuato. Esto de verdad nos alegra a toda la familia. Pepe Ha llevado la Palabra de Dios a más de 60 países en los cinco continentes incluyendo El Vaticano al lado de S.S. Juan Pablo II, El Grande, y tiene más de 2500 escuelas de evangelización por todo el mundo y ahora Jesús lo quiere en la ciudad donde nacieron mis papás. Mamá ya se apuntó y todos los hermanos estamos y seguiremos celebrando este bendición especial que se nos está dando. Tenemos mucho gusto y más que nos está llegando por lo que Jesús hace en la familia Prado Flores. ¡Gloria a Dios!
Algo tuvo que ver Dimitas con la sanación de David. Hace ocho días, 20 de diciembre del 2009, estuvo David con su familia con nosotros en la posada que realizamos en casa. Los médicos le dijeron que no podría tener más hijos por las radiaciones que la habían dado, pero Jesús dio su última palabra y ahora gozan la presencia de otros dos niños: David y Emiliano. ¡Gloria a Dios!
En ocho días estaremos leyendo lo que sucedió cuando Jesús invitó a papá a reinar junto con él... por toda la eternidad. ¡Gloria a Dios!
Si deseas las seis columnas semanales diferentes que se publican los domingos en los tres principales diarios de Morelia, localízalas en Blogger: jesusestavivoenmorelia.blogspot.com y en Twitter: twitter.com/jesusestavivo Si quieres recibirlas cada ocho días en tu correo, haz click en el cuadro naranja y automáticamente las tendrás. Hoy y todos los domingos en la Z radio, 96.3 FM y 1340 AM, “La Palabra” cuarenta y cinco minutos en comunicación con Jesús vivo que sigue sanando a los más necesitados que creen que él tiene todo el poder en los cielos y en la tierra. Visita nuestra página web: www.jesusestavivo.org.mx y vive los 180 videos de misas, evangelización y testimonios de sanación de lo que Jesús hace en su Morelia.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA ELHOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización

Piedras en la vesícula

Jesús está vivo y se nos manifiesta en nuestras actividades diarias y en nuestras oraciones. A veces cuando tenemos una enfermedad clamamos al Señor y es cuando vemos el amor del Padre manifestado en su Hijo amado con el poder del Espíritu Santo.
Tenemos que darnos cuenta que siempre que clamamos al Padre en nuestras oraciones somos oídos por El y responde nuestras peticiones porque nunca dejará de escuchar a sus hijos que fueron comprados por la sangre de su Hijo amado.
Nuestra hermana Nora relata la sanación de su mamá durante la oración de alabanza en la Plaza de Armas.
Quiero dar este testimonio para dar gloria a Dios, porque El esta vivo, y por su infinita misericordia escucha nuestras suplicas. Mi mamá hace 15 días empezó con un intenso dolor en el costado derecho, la llevamos con varios médicos y al final diagnosticaron, después de tomarle varias radiografías, que tenía calcificación en la vesícula, cosa que se apreciaba visiblemente en estos estudios. Posteriormente la enviaron con el cirujano, el cual le ordenó que este sábado le practicaran un ultrasonido.
Mi familia y yo sabíamos que mi mamá requería de una intervención quirúrgica. Por lo que antes de hacerle este último estudio recurrimos desesperados a la infinita misericordia de Dios para que la sanara, porque sabemos que nuestro Señor Jesucristo es el único Señor, de la vida y de la salud.
La llevamos el viernes en la tarde a la Plaza de Armas a la oración de alabanza que realiza un grupo de la Renovación en el Espíritu Santo, y un hermano de la comunidad oró por ella, para que nuestro Señor Jesús la sanara, recuerdo que le dijo al Señor, que los médicos ya habían dado su diagnóstico, pero que él tenía la última palabra y que él podía sanarla.
Para gloria de Dios este sábado mi mamá despertó y ya no tenía ese intenso dolor que sentía, mi hermana la llevo a que le realizaran el ultrasonido, y este estudio resulta negativo, el médico que se lo practicó le dijo que la vesícula esta sana, así como también su hígado y vías biliares están sanas, el Señor Jesús ya sanó a mi mamá.
Pero eso no fue de todo de lo que Jesús sanó a mi mamá este viernes, también la sanó de un dolor de cabeza que tenía, causado por el susto que recibió hace 16 días cuando uno de sus nietecitos de 4 años, estuvo muy grave a punto de morir, y mi Señor Jesús le devolvió la vida y la salud, también un hermano de la misma comunidad oró para que el Señor lo sanara y el Señor respondía de inmediato a la oración.
Toda mi familia y yo, estamos muy agradecidos con nuestro Señor Jesús por la gran misericordia que ha tenido con nosotros, y damos testimonio de que su Palabra es verdadera cuando dice: "Pidan y se les dará, porque el que pide, recibe".
Con mi profundo agradecimiento Nora Lidia. ¡Gloria a Dios!
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La curación

Existen tres tipos de enfermedades y cada una requiere de una oración particular para su curación: La enfermedad corporal originada por múltiples causas y que requiere de una simple oración de curación física. La enfermedad del corazón ocasionada por una herida emocional y que precisa de una oración de curación interior. La enfermedad del espíritu debida al pecado y que Jesús sana mediante la fe y la conversión.
Solamente queremos subrayar dos puntos esenciales en esta división. La unidad del ser humano: Aunque compuesto de cuerpo, alma y espíritu, (1Tes 5,23) el ser humano es uno e indivisible. Nosotros le hemos dividido sólo por razones pedagógicas.
Interdependencia: El cuerpo, el alma y el espíritu se interrelacionan a niveles que es imposible precisar. Lo cierto es que dependen unos de los otros siempre.
ENFERMEDAD DEL CUERPO Y CURACIÓN FÍSICA. En el primer momento no pensábamos ahondar en este tema de la curación física de una forma especial ya que todas estas líneas son un testimonio VIVO de la acción sanadora del Señor. Además, ya se han escrito muchos y muy buenos libros y artículos sobre este tema tan apasionante de la Renovación Carismática. Nosotros solamente queremos testificar que el Evangelio es verdad en el siglo XXI, haciendo ciertas consideraciones que nos parecen pertinentes.
Toda la actividad salvífica de Dios se ha manifestado de dos formas: por hechos y por palabras. San Lucas sintetiza de igual forma la vida de Jesús cuando dice: En el primer libro, oh Teófilo, te escribí todo lo que Jesús hizo y enseñó: Hech 1,1
El Concilio Vaticano II nos muestra las dos caras de la misma moneda cuando afirma: "La revelación se muestra por obras y palabras intrínsecamente conexas entre sí. Así como las obras manifiestan y confirman la doctrina, a su vez las palabras proclaman las obras y las explican": Dei Verbum No. 2. Al final concluye que Cristo Jesús (Acontecimiento y Palabra de Dios) es la plenitud de la revelación.
Hay quienes afirman que lo importante es la sanación espiritual y no la física. Otros piensan que las curaciones son accidentales; que el carisma de sanación no es esencial y que por encima de todo debe estar la caridad. Yo creo que la distinción entre "esencial y accidental" no aparece en el Nuevo Testamento. Más que hacer separaciones debemos preguntarnos ¿Dios quiere sanar a sus hijos? Con respecto a que la caridad es el carisma por excelencia, estoy completamente de acuerdo, pero ¿quién puede negar que la curación es un maravilloso vehículo por el cual se muestra la caridad para los que sufren? La caridad no es etérea o abstracta sino tan concreta como una persona curada. El don de sanación es básicamente un don de caridad.
En los evangelios aparece 40 veces el verbo "zerapeuo" que significa "curar". Sin embargo, en más de una docena de ocasiones, el verbo "sodso" que generalmente se traduce como "salvar", se refiere a "curar". Es decir, salvar incluye la acción de curar.
-Animo, hija, tu fe te ha salvado = sanado. Y quedó sana = salva la mujer desde aquel momento. Mt 9, 22. - Y cuantos tocaron (el manto de Jesús) se salvaron = sanaron. Mt 14,36. - No temas, ten fe y se salvará = curará (tu hija) Lc 8,50. - Véase además: Mc 3,4; 5,23; 28; 6,56; 10,52; Jn 11,12; Hech 14,9.
La salvación traída por Jesús abarca al hombre completo. Jesús vino a salvar almas. Le interesa el hombre que es cuerpo y que es alma.
Sería superfluo y agotador ofrecer citas bíblicas sobre el ministerio sanador de Jesús. Todo el Evangelio no es sino una interminable cadena de actos misericordiosos de Jesús que sana a todos los enfermos. Solamente queremos presentar algunos textos que tienen una especial significación: en primer lugar, la carta de presentación del ministerio de Jesús: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. Lc 4,18-19.
Aquí encontramos que la misión de Jesús era sanar tanto física como interiormente y liberar de toda atadura que esclaviza al hombre; especialmente del pecado. Cf. Mt 4,23-24.
Jesús dice en otra ocasión que el médico ha venido a buscar no a los sanos sino a los enfermos, no a los justos sino a los pecadores. Su misión no se discute, el problema es que nosotros nos reconozcamos necesitados de su salud. Por eso nos hace la siguiente recomendación que es una palabra llena de misericordia y de confianza: Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados que yo les aliviaré. Mt 11,28.
Su nombre, Y'shúa, significa "Dios salva". Salvación integra, de todo el hombre y de todos los hombres.
La Iglesia. Como el Padre me envió así también yo los envió. Jn 20, 21.
Los Doce Apóstoles continúan en el tiempo y el espacio la obra salvífica de Jesús. Ellos son los responsables de hacer llegar hasta los confines de la tierra y por todos los siglos, los frutos de la obra redentora de Cristo Jesús. Son enviados a predicar y sanar de manera inseparable. No son sólo transmisores de una palabra sino portadores de la salvación de Jesús. La Iglesia no es principalmente la que anuncia la Buena Noticia de que fuimos salvados, sino la portadora de esa salvación (sacramento de salvación). Textos: Mt 10,5-8; Lc 9,16.
Esta misión no se reduce a los Doce sino que se amplía a los setenta y dos discípulos: Curen a los enfermos que encuentren y díganles: el Reino de Dios está cerca. Lc 10,9.
Y al final del Evangelio de Marcos encontramos cómo esta misión se extiende no sólo a los Doce Apóstoles y a los setenta y dos discípulos, sino "a todos los que crean": Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y éstos se pondrán bien. Mc 16,15-18.
La última frase del Evangelio de Marcos no es su fin sino el principio de la expansión de la Buena Nueva que llega hasta nosotros: Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban. Mc 16,20. Una de las características que distinguen al auténtico apóstol son las señales, los prodigios y los milagros: 2Cor 12,12. Cf. Rm 15,19.
Claramente encontramos en el cuarto evangelio que Juan no habla de milagros o curaciones sino de "signos". Un signo nos lleva siempre al significado. Así como el humo nos muestra la existencia del fuego, así también, un milagro o curación nos debe expresar que Dios está allí actuando y salvando. Los milagros, pues; son signos sensibles de la acción invisible de Dios.
Las curaciones son "semáforos" (semeion-fero) que nos indican: - Que Jesús está vivo hoy y tiene el mismo poder que en Samaría y Galilea para curar a los enfermos. - Que Dios nos ama y quiere la salvación íntegra del hombre; de su cuerpo y de su alma. - Que Jesús es el Mesías. Cuando los discípulos del Bautista fueron donde Jesús para preguntarle si era el Mesías, él no contestó sino que comenzó a sanar a los enfermos.
Muchas veces no se admiten los milagros y curaciones porque esto implica aceptar también a Jesús y sus exigencias. Como aceptar los signos implica reconocer el significado, por eso hay quienes los niegan.
Después de un retiro regresé a casa contando las maravillas del Señor. Había un sacerdote francés que me escuchaba atento, pero incrédulo. Le conté cómo en la misa de sanación, el Señor le devolvió el habla a la esposa del animador del grupo de oración. Esa misma tarde ella había dado públicamente su testimonio delante de la multitud; siendo que no podía pronunciar palabra alguna desde hacía cuatro años y medio. Pero el sacerdote me dijo muy seguro: Pero, yo no veo ningún milagro. Al contrario, tu echaste a perder el milagro.- ¿Cómo? ¿Qué dices? -le pregunté. El contestó: El milagro no consistió en que ella hablara sino en que una mujer hubiera podido pasar cuatro años y medio sin hablar...
La curación no tiene un fin apologético para probar la veracidad de una doctrina. Es Dios salvando. Jesús no cura para probar que es Dios sino porque es Dios.
Todo signo sirve para manifestar algo. Esta es la finalidad de las curaciones que el Señor realiza nos viene a recordar en esta época regida por la eficacia y el pragmatismo, que nuestro Dios está presente en medio de nosotros y es capaz de hacer maravillas. Demuestran el poder de Dios para que nos abandonemos plenamente a El en todo.
Que los milagros son signos, nos lo muestra en el siguiente testimonio: Una tarde visité a un policía, el capitán Muñoz. Estaba agonizando en la cama. Tenía 50 días en los cuales no comía. Sólo bebía alcohol cada tres horas. Oramos por él y el Señor lo liberó de su adicción al alcohol de la forma más extraordinaria.
Inmediatamente dejó de beber. Ni siquiera necesitó pasar por un hospital para desintoxicarse. Yo recordé aquella Palabra del libro de la Sabiduría 16, 12: Ni lo sanó hierba ni emplasto alguno, sino tu Palabra, Señor, que todo lo sana. Al día siguiente reemplazó la botella de ron por la Biblia que leía constantemente. Llorando decía: ¡Qué bueno es el Señor!
Sin embargo esto me trajo muchos problemas, pues a la mañana siguiente había gritos y palabronas afuera de la iglesia. Las señoras, cuyos esposos eran borrachos, estaban haciendo fila y tratando de controlar a sus maridos para que oráramos por ellos. Era curioso ver más borrachos en la iglesia que en las cantinas y barras.
El Señor quiso liberar al policía de esa manera excepcional para despertar la fe en su nombre; pero no en todos los casos sucedía lo mismo. Los enfermos, confiando en Jesús, tenían que hacer también su parte.
Así como no todos los policías son borrachos como el capitán Muñoz, así no todos los borrachos reciben la salud de la misma forma. Pero lo importante es que mediante un caso como éste crece la fe en el poder salvador de Dios que es capaz de cambiar nuestra vida del modo que mejor le place.
Milagros y Curaciones. No todas las sanaciones son milagros del Señor. Hay sanaciones que se consiguen en la oración y que no se deben catalogar como milagros. Hablamos de milagro cuando se trata de una sanación que ninguna ciencia médica podría conseguir, y que Dios la realiza.
En los casos que el Señor acelera el proceso de la curación que se hubiera podido conseguir de otra manera, sea a través de la medicina, sea a través de una operación o del reposo, decimos simplemente "curación". Por eso no toda curación recibida en la oración puede ser llamada milagrosa.
En Lourdes, entre tantas curaciones que se han conseguido en un siglo, muy pocas han sido catalogadas como milagrosas, como lo muestra la siguiente estadística: "Desde Catalina Latapie, sanada en marzo de 1858 hasta Sergio Perrín sanado en 1978, se han confirmado 64 sanaciones milagrosas, oficialmente reconocidas como tales por la Iglesia Sin embargo, no se debe olvidar que en el año 1972, se encuentran anotados en los archivos 5,432 casos de sanaciones".
Una curación milagrosa fue la de Anita Siu de Sheffer. Aquí el Señor hizo lo que la ciencia médica no podía realizar. Ella tuvo un accidente automovilístico diez años antes en Santiago de Chile. Una lesión cerebral le hizo perder por completo los sentidos del gusto y del olfato. Siendo de posición acomodada fue a los mejores hospitales de Estados Unidos con la esperanza de recuperar su salud. Después de exámenes y terapias, los médicos le informaron que las fibras transmisoras de esas funciones eran más delgadas que un cabello y era imposible hacer operación alguna para volverlas a unir. Textualmente le habían dicho que "sólo un milagro" podría hacerla recuperar esos sentidos. Ella perdió la esperanza de volver a gustar los sabores y oler los perfumes de las flores.
En la misa de sanación por los enfermos en Panamá, el Señor nos dio varias palabras de conocimiento de lo que estaba haciendo en la asamblea. Una de ellas decía así: "Aquí hay una señora que padece una enfermedad muy seria. Ella va a ser curada en el transcurso de la noche y mañana mismo nos dará testimonio de su curación total."
Al día siguiente, Anita se dio cuenta de que había recuperado el sentido del olfato. Se despertó con el suave olor del rosal que estaba junto a su ventana y el aroma del café en la cocina. Se levantó de un salto y contó a su esposo la maravilla. Con lágrimas en los ojos desayunó y allí mismo se dio cuenta de que podía saborear los alimentos por primera vez desde su accidente. ¡Lo que no podía hacer ningún médico de este mundo lo había hecho el Señor Jesús, amo de lo imposible!
Luego, llorando de alegría, dijo a toda la asamblea: Tengo dos niños pero nunca había podido olerlos. Ustedes las mamás saben lo que es apreciar el olor de sus hijos. Pues bien, esta mañana yo me acerqué a ellos, los abracé y comencé a olerlos suavemente.
Un testimonio muy bello de curación milagrosa es el siguiente que fue escrito por una persona en su carta del 25 de agosto de 1981 al P. Emiliano Tardif: Yo sufría de artritis reumatoide que comenzó en octubre pasado con unos fuertes dolores en los tobillos las rodillas y las muñecas; además de un cansancio general. Esta es una enfermedad que no debe confundirse con la artritis o reumatismo que son enfermedades propias de personas de cierta edad, sin consecuencias graves.
La artritis reumatoide no se sabe de qué proviene ni cómo se cura. Ataca las articulaciones, produciendo un terrible dolor y el organismo va rechazando las articulaciones, la persona se va endureciendo, se deforma y, por lo general, termina en silla de ruedas.
Pensando que no era nada grave, recurrí al médico quien me ordenó hacer unos análisis, los cuales dieron como resultado "artritis positivo" artristest, que era lo que determinaba mi enfermedad. La profesional química que realizó estos trabajos de laboratorio, me recomendó que fuera a los Estados Unidos en busca de mi recuperación.
En el centro artrítico donde fui atendida me impresionó ver a las personas en las distintas fases de la enfermedad. El doctor Alonso Portuondo, especialista, confirmó el diagnóstico y me dijo que esta enfermedad no se curaba.
Lo único que se podía hacer era estacionarla, recetándome sales de oro. Este remedio tiene sus aspectos negativos que no tardaron en aparecer: me salían erupciones por el cuerpo, se me caía el cabello y las uñas de los pies. Me disminuyeron las plaquetas y los glóbulos blancos. En ese momento, cuando ya el medicamento me estaba haciendo daño, vino al Paraguay el padre Emiliano Tardif. La primera vez que lo escuché fue en la iglesia de san Alfonso. En el momento de la sanación sentí que el corazón me iba a explotar, latía tan fuertemente que escuchaba sus palpitaciones. La segunda vez fue en la iglesia de Coronel Oviedo. De nuevo en el momento de la plegaria por los enfermos sentí un temblor en todo el cuerpo. El padre dijo que en ese momento se estaban curando dos señoras que tenían artritis y que se arrodillaran. La verdad es que no me animé porque no me convencí de que fuera yo la curada ni creía en ese tipo de curaciones quizás por falta de fe.
Escuché una tercera misa. Para entonces mis dolores ya habían desaparecido y ya no tomaba los medicamentos. Mi madre averiguó con la Hermana Margarita Prince el día de la partida del padre Emiliano, y de nuevo en el aeropuerto, el padre Emiliano con el padre Andrés Car me hicieron una oración de sanación. Al terminar me dijo el primero: "No digas más 'tengo artritis', di que tenías, porque estás curada".
Me han desaparecido los dolores; dejé de tomar los remedios. Llegué a tomar hasta 12 ascriptin al día, aparte de las sales de oro que me inyectaban semanalmente.
Me hice los análisis de laboratorio y realmente estoy curada. El doctor Nicolás Breuer, hombre muy creyente que es el médico que me atiende en Asunción me dijo: "Hay que admitir que más allá de la ciencia hay Alguien superior para quien nada es imposible"
Según me han explicado los médicos, la persona que padece esta enfermedad y que hipotéticamente se pudiera curar, jamás le desaparece el artristest, en razón de que es una marca que le queda para toda la vida. Es como aquel enfermo que ha tenido un infarto: le queda la cicatriz en el corazón.
Sin embargo, en la comparación de los análisis que me han hecho puede verse que me he curado y que han desaparecido las cruces del artristest. La única explicación que puedo definir todo esto es un milagro de Dios. Ma. Teresa Galeano de Báez.
Quienes piensan que las curaciones son algo superficial o accidental en el ministerio de Jesús están completamente equivocados. Quienes creen que las curaciones salen sobrando hoy en día y que lo esencial es anunciar el Evangelio están olvidando el método de la pastoral de Jesús.
Nosotros planeamos y buscamos mil formas para atraer a la gente que cada vez viene menos a la iglesia. Organizamos fiestas, conciertos, convivencias, etcétera, y los resultados son muy pobres. Jesús sanaba a los enfermos y la gente venían en tropel. Eran tantos que hasta tenían que meter a los paralíticos por el techo de la casa de Pedro porque no había sitio alguno por donde pasar.
Hoy día sucede lo mismo. Cuando Jesús sana a los enfermos se reúnen multitudes que ni en los estadios caben y allí les anunciamos el Reino de Dios. Las consecuencias son mucho más grandes que las simples curaciones físicas.
Que los signos de poder no son sólo espectáculo sino que ayudan eficazmente a la renovación de la vida de fe lo expresa el Arzobispo de Tahití en una carta a mi Superior provincial cuya primera parte transcribimos íntegramente: Papeete, 30 de noviembre de 1982. Reverendo Padre: Estuve ausente mientras el padre Tardif predicaba entre nosotros del 21 de octubre al 14 de noviembre. Sin embargo, a mi regreso he podido constatar un cambio debido a su evangelización: -El número de participantes el domingo ha aumentado considerablemente. -Un cierto clima ecuménico se ha instaurado. -Por todas partes la vida espiritual nace o renace. -Ha habido fuertes conversiones y las confesiones han sido muy frecuentes. -El clero, los religiosos y las religiosas han apreciado grandemente la predicación del padre Tardif. -Se preparan para el matrimonio gran número de uniones ilegítimas, y se ha renovado la vida familiar. Jamás la diócesis había experimentado tal empuje de fe.
Hemos celebrado dos Sínodos, una Revisión apostólica. Retiros impartidos por excelentes predicadores durante los últimos quince años; hemos tenido grandes manifestaciones religiosas, pero nunca con resultados tan amplios y profundos comparables a esto. † Michel Coopenrath Arzobispo de Pappete.
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Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

En toda la historia humana no se escuchó jamás una pregunta más misteriosa y más dramática: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».
Al terminar su vida en esta tierra, si hablamos como hombres, vino el fracaso total. El Hijo del Dios Altísimo por quien y para quien todas las cosas habían sido hechas, el que era el principio y el final de todo lo que existe entre nosootros experimentó hasta lo más hondo de su alma no sólo la derrota sino el abandono de su mismo Padre. Antes, lo habían abandonado sus apóstoles, lo dejamos nosotros y entonces lo hirió la lejanía de su Dios.
Él sintió que no era un hombre sino un gusano; escarrnio y vergüenza de su pueblo, se experimentó como el agua derramada. Apretado contra el polvo de la muerte vio cómo se repartían el botín de sus despojos. Allí sintió los gritos del descalabro: ¿Fueron vanos sus trabajos? ¿Fue falsa su palabra que él creía fuente de vida? ¿Sería verdad que los ricos y no los pobres eran bienaventurados ante Dios? ¿Tenía sentido asumir la causa de los más desposeídos y sufrientes de la tierra? ¿Los pecadores no podrían jamás volver a sentarse a la mesa de los hijos? ¿Sería razonable perdonar, poner la otra mejilla y llegar a amar al eneemigo? ¿Sería posible en esta tierra la vida en el Espíritu? y más allá de la muerte, ¿estarían lo brazos abiertos de su Padre?
En ese momento todo se hizo pregunta y abandono. Eso es el infierno. Sin ser pecador, asumió en su carne las consecuencias del camino que ha elegido el hombre al alejarse de Dios. Su corazón, como cera, se derritió en sus entrañas, su garganta se secó como una teja y su lengua se apegó a su paladar (cfr. Sal 22).
Esta pregunta que hoy comentamos no es sólo de Jesús, es del hombre en su conjunto y por lo tanto, es nuestra. Jesús, para expresar su angustia, que constituye el centro de la cruz, no formuló con sus propias palabras su interrogación. Él prefirió tomar un salmo que resumía los llantos y amarguras de su pueblo. Todos los sufrientes de Israel, los exiliados, los humillados, enfermos y oprimidos se habían vuelto a Dios con las palabras del salmo 22: ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?
Jesús, al formular esa pregunta con palabras de otros que sufrieron antes que él, hacía converger hacia su persona todo el llanto que ha derramado el hombre. En tal momento asumía en su carne todos los abandonos y todos los desgarrones que experimentó y sigue experimentando la humanidad en este mundo. Allí, como nunca, él era el hommbre. Allí era más cercano a nosotros que en Belén o cuando hacía milagros.
En esta pregunta entendemos, mejor que en otras partes, la verdad de la Encarnación, comprendemos que es cierto que «el Verbo se hizo carne», que compartió la suerte y el sufrimiento humano. Que su humanización no connsistió sólo en hacerse hombre. Él se hizo pobre, pequeño y fracasado. Él hizo suyas la soledad, la angustia y los quieebres de la humanidad. Y desde entonces, por sola que sea nuestra soledad, tendrá una compañía.
De algún modo todos hemos pasado o pasaremos por algo semejante y algo de nosotros colgaba esa tarde de la cruz.
La lección de Jesús es que en esas circunstancias no se detuvo en la pregunta; siguió orando el salmo con las briznas de vida que aún palpitaban en su cuerpo. Prefirió seguir confiando en la Palabra y en el amor de su Padre. Siguió alabándolo en medio de la asamblea (Salmo 22, v. 23). En esto se diferenció de nosotros y nos abrió el camino de la vida. A donde nosotros llegamos por orgullo y por el pecado, él llegó por solidaridad y por obediencia. Allí mostró la hondura de su amor y de su fe. Confió en su Padre y lo amó hasta el extremó y en sus manos entregó el Espíritu. Su muerte se hizo vida fecunda para todos nosotros. Él abrió así el fondo de todo camino sin salida.
Todo dolor, toda duda, todo hastío, unidos al sufriimiento de Cristo y puestos con amor en las manos del Padre, se hacen fuente de vida y camino de resurrección. No existe otra ruta con más esperanza para el hombre.
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Palabra de Conocimiento

Mucho se ha discutido en estos últimos tiempos sobre la palabra de ciencia y que algunos, con una traducción más exacta, llaman "palabra de conocimiento". El P. Emiliano nos explica este concepto: Es un don carismático muy hermoso a través del cual Dios revela y comunica lo que ha pasado o está sucediendo en la historia de la salvación de las personas. Gracias a esta revelación se puede llegar hasta la raíz de una sanación.
Un día llegó una señora muy afligida con su hija que a causa de una extraña enfermedad había dejado los estudios. Me contaron que la jovencita sufría unos ataques muy raros. Frecuentemente se desmayaba y se contorsionaba como si tuviera epilepsia. Habían visitado varios médicos sin resultado alguno. Fueron con psicólogos y no hubo mejoría. Incluso cometieron la torpeza de ir con brujos. Entonces llegaron a la fácil conclusión de que necesitaba un exorcismo.
La mamá hablaba, pero la joven guardaba silencio. Ni siquiera contestaba a mis preguntas. No teniendo datos ni sabiendo qué pedir para ella oré en lenguas. En eso me vino a la mente una palabra que me martillaba continuamente: aborto. Abrí los ojos y le pregunté si ella había tenido algo que ver con un aborto. Ella se sorprendió y me preguntó: ¿Quién se lo dijo?
Con lágrimas en los ojos me contó que había tenido relaciones con su novio, quedando embarazada. Siendo de una familia muy reconocida tuvo mucho miedo y decidió abortar. Pero entonces, teniendo que cargar con el doble peso de su pecado, al sólo pensar en ello, se desmayaba.
Se arrepintió, se confesó y oramos por su curación interior. El Señor la perdonó y la sanó, no volvió más a sufrir esos desmayos. El Señor nos dio el "conocimiento" de la raíz del problema. No estaba poseída ni se trataba de una enfermedad cualquiera.
También por el don del conocimiento, Dios revela las curaciones que El está realizando en medio de la comunidad. Entonces se comunica a toda la asamblea lo que el Señor está haciendo.
En 1975 fui nombrado delegado de República Dominicana para la II Conferencia Internacional de Líderes de la Renovación Carismática en Roma. Cuando lo comuniqué a mis superiores ellos me respondieron: Deja tu lugar a otro, pues es mejor que el país sea representado por un sacerdote nativo.
Me costó mucho trabajo aceptar, pues pensaba que desaprovechaba una oportunidad maravillosa para conocer y aprender más sobre esta Renovación; aunque por la fe yo descubrí en la decisión de mis superiores la voluntad de Dios.
El día que supuestamente debía salir a Roma en avión, fui en caballo a visitar una comunidad perdida en la montaña. Celebré la misa y oré por los enfermos. Mientras oraba en lenguas me vino a la mente una palabra con mucha fuerza: epilepsia. Continué la oración, luego guardé silencio y por fin me tomé el riesgo de la fe, preguntando: ¿Hay aquí alguna persona enferma de epilepsia? El Señor la está curando ahora.
Hubo algunos momentos de tenso silencio que me parecieron eternos, hasta que la directora de la escuela levanto su mano y dijo: Padre es mi hija. Mire cómo está. Junto a ella estaba una joven de unos quince años, sudando y temblando. Estaba enferma desde su nacimiento. Pero el Señor la sanó completamente y no ha vuelto a sufrir esos ataques.
Esta fue la primera vez que el Señor me dio palabra de conocimiento. El día que obedecí a mis superiores el Señor me regaló un don que me ha servido en mi ministerio más que todas las conferencias que yo hubiera escuchado en Roma.
La palabra de conocimiento es un carisma del Espíritu que sorprende mucho a los que viven esta experiencia. Es la comunicación de una seguridad interior, una certeza que no se adquiere por reflexión ni deducción. Es como una idea que invade nuestra mente con intensidad. Esta nos acapara como una palabra sin sonido, una palabra que viene del interior de nuestro ser y permanece presente en nuestro espíritu durante mucho tiempo. Y resulta que, con este pensamiento en nuestra mente, estamos seguros de algo que sabemos no viene de nosotros pero sí a través de nosotros.
Lo cierto es que existe. Creo que Natán tuvo palabra de conocimiento cuando develó el corazón de David. (2Sam 12,1-15) Pedro tuvo igualmente palabra de conocimiento en el caso de Ananías y Safira. (Hech 5,1-11)
La palabra de conocimiento va en la misma línea que la profecía.
Un día estaba predicando un retiro en Samaná, República Dominicana. A la mitad de la charla me vino una palabra de conocimiento que me daba vueltas insistentemente. Para concentrarme en la conferencia me detuve y dije: Aquí hay un hombre que ha venido al retiro desafiando a su mujer. Ella lo invitó garantizándole que si venía, cambiaría de vida. Pero él le respondió: iré al retiro, pero no cambiaré. Este hombre está aquí y el Señor te dice que El respeta tu libertad, pero acuérdate de lo que dice san Agustín: temo al Dios que pasa y no vuelve.
En la parte posterior de la capilla, un hombre alto y fuerte cayó de rodillas al suelo y comenzó a llorar. Después de la misa se acercó al sacerdote y le confirmó todos los detalles de la palabra de conocimiento. Se confesó, entregó su vida a Dios y añadió: padre, si usted me necesita para cualquier cosa estoy disponible.
Llega una idea clara a la mente. En la medida que la comunicamos van apareciendo los detalles adicionales. Compararía esta experiencia como leer un mensaje escrito en unas servilletas de una caja de kleenex: en la primera servilleta están unas palabras que debo leer; luego retiro esa servilleta y leo lo que dice la segunda. No se puede leer ni entender lo escrito en la tercera si no se han leído y retirado las otras dos. De igual manera, se comienza a comunicar el primer mensaje e inmediatamente se va completando éste en la medida que lo vamos transmitiendo.
¿Cómo reconocer la autenticidad de una palabra de conocimiento? Solamente por los resultados. Los testimonios son el termómetro que determina si la palabra venía del Señor o no.
Ciertos ministerios no producirán frutos si no van acompañados del testimonio. Así, por ejemplo, si se anuncian curaciones con palabra de conocimiento pero no se certifican con testimonios, resultaría algo muy dudoso y hasta daría origen a críticas en vez de alabanzas al Señor.
En el mes de noviembre de 1982 prediqué una serie de retiros en la Polinesia Francesa. Se preparó una misa por los enfermos en los terrenos del Arzobispado de Tahití. Esa noche había más de 5,000 personas en la explanada, cobijadas por un cielo lleno de estrellas que me hacía recordar la promesa de Dios a Abraham.
Después de la comunión dirigí la oración por los enfermos. Toda aquella multitud oraba en lenguas. Era un momento lleno de fervor y de fe. Mientras cantábamos en el Espíritu comenzaron a venirnos palabras de conocimiento. Durante la oración en lenguas se facilitan mucho estos mensajes ya que el canal de nuestra mente está vacío y más disponible para recibir la palabra del Señor.
Entre las palabras de conocimiento había una que me sorprendió por su precisión. La transmití tal como me llegó: Aquí hay una persona que viene a misa por primera vez, y desde muy lejos. Sufre de la columna vertebral a la altura de la cuarta vértebra. Su dolor le ha sido causado por la caída de un coco de agua. En este momento te invade un calor muy grande en la espalda. El Señor te está sanando. Pronto tú darás testimonio de la sanación completa.
Al día siguiente teníamos otra celebración eucarística. La multitud ya había crecido más. Vivimos una experiencia inolvidable del poder y de la misericordia de Dios. Antes de terminar aprovechamos para pedir testimonios de personas sanadas el día anterior. Escuchamos cosas preciosas. Entre los muchos, había el de una señora que dijo: Yo soy protestante de nacimiento. Nunca había asistido a una misa católica hasta el día de ayer. He sufrido mucho de mi columna vertebral y sabiendo que el Señor había sanado a muchos enfermos el día de anteayer, me dejé convencer por una amiga y vine anoche para pedir a Dios mi sanación, a pesar de que vivo muy lejos de aquí.
Cuando el sacerdote anunciaba que una persona enferma de la columna vertebral se estaba sanando, yo sentía un calor muy intenso que invadía mi espalda. Luego agregó que el dolor se localizaba a la altura de la cuarta vértebra. ¡Era exactamente mi caso! Pero lo que más me sorprendió fue cuando afirmó que el mal se debía al golpe de un coco en la espalda.
Hace un año y medio yo estaba vendiendo cocos a los turistas. Mientras los tiraba de la palma con un palo, uno de ellos me golpeó la espalda, lastimándome la cuarta vértebra. Como yo estaba embarazada en aquel momento no pude ser operada. El médico prefirió esperar que naciera la criatura antes de operarme. Pero después de nacer el bebé ya era demasiado tarde. El médico me dijo que no sabía bien cómo hacer esa operación, pues la vértebra se había como soldado. Yo tenía mucho malestar, en particular de noche, para poder encontrar una postura cómoda para dormir en mi cama.
Anoche, cuando sentí ese calor y ese temblor lloré mucho. Sentía una gran presencia del Señor en mí. Llegando a mi casa me di cuenta que estaba perfectamente sana. No tengo ningún dolor en la columna vertebral y le quiero dar gracias al Señor públicamente.
Cuando esta señora dio su testimonio, todos alababan al Señor y la fe en la presencia de Jesús resucitado creció más en la comunidad cristiana.
Yo también le di gracias al Señor porque los detalles eran todos exactos, lo cual me ayuda a creer más yo mismo en la palabra de conocimiento como palabra que nos viene del Espíritu, y no de alguna sensación física o por conocimiento psicológico, pues los detalles son demasiado exactos para ser fruto de la imaginación. En este caso pude verificar en el cassette grabado cómo todos los detalles coincidían.
Lo mismo le había pasado a la Samaritana en el pozo de Jacob cuando Jesús le reveló a través de una palabra de conocimiento: Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es marido tuyo, en eso has dicho la verdad...
La Samaritana, después de su coloquio con Cristo, salió corriendo a la ciudad y dijo a la gente: Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Mesías?". Jn 4,17ss.
Así como a través de una palabra de conocimiento se convirtió el pueblo de Samaría, así también a través de estas palabras de conocimiento se edifican las comunidades, crece la fe y se alaba a Dios.
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jueves, 31 de diciembre de 2009

¿Creen que vine a traer paz a la tierra?

Jesús es paradójico. Quien ha sido llamado Príncipe de la Paz, nos dice que ha venido a traer la división. Más precisamente, Mateo nos recuerda que su Señor vino a traer espada. Esta expresión no deja de extrañamos e invita a afiinar la reflexión. ¿No estaremos llamando paz a algo que está lejos de serIo? Lo que es paz para algunos, ¿no signiifica la muerte y el dolor para otros?
Esta pregunta desconcierta. Hemos estado acostumbraados a ver en Jesús la encarnación de la paz y en realidad creemos que sólo él puede dar la paz que el mundo no puede dar.
En un lenguaje semítico, que ama los contrastes pero obliga a ir al fondo de la verdad, Jesús nos hace una pregunta inquietante. Él está en la línea de Jeremías y Ezequiel, que acusaban a los falsos profetas que hablaban de la paz cuando todo andaba mal. (Jer 6,13-14; Ez 13,10).
¿Creen que vine a traer paz? Desde antiguo se ha dicho: Si quieres la paz prepárate para la guerra. Ármate hasta los dientes para que te teman... Ésta es la lógica del mundo. Pero esta paz no la quiere Jesús y con razón nos dice que no es ése su mensaje. «No he venido a traer paz sino espada». (Mt 10,34)
La paz fundada en la mentira y la apariencia; la componenda fácil que acumula problemas para el futuro, no es la paz de Jesús. Qué lejos están de su mensaje la paz de cosmético que sólo quiere salvar las apariencias; la paz armada; la paz que se impone por la fuerza y que a menudo cuesta más que una terrible guerra; la paz del cementerio donde nadie opina y donde nadie puede disentir. Bajo el manto de esta aparente pacificación, existen violencias escondidas y atrozmente mortales.
Cuando un pueblo está tranquilo porque está petrificaado por el temor, no está ciertamente saboreando el fruto de la paz. Los pobres y quienes carecen de las más elementaales oportunidades de vivir con dignidad pueden ser testigos de que por ahí no va la salvación del mundo. En esas circunstancias no son hijos de la paz quienes callan sino los que se atreven a denunciar el mal.
Tampoco es la paz del Evangelio aquel pasado bien sin pensar en los otros. En un mundo hedonista, un mundo que rechaza la fidelidad, que desconoce el heroísmo, se confunden los términos y la «tranquilidad», el bienestar material, la carencia de problemas, la farándula, el entretenimiento y el olvido terminan por paralizar el corazón sin dade el verrdadero reposo.
El mensaje del Señor padece violencia. El Evangelio supone una batalla interior. Vencerse a sí mismo, entregar la vida para que otros puedan vivir, rechazar la mediocridad, oponerse al compromiso espurio y a la verdad dicha a medias, ciertamente cuesta mucho. Ser radicalmente coherente con lo que se cree es una especie de guerra implacable. La verdad es dolorosa, pero sólo ella nos hace libres.
Ser libre para decir las cosas hiere muchos intereses y acarrea problemas. La propia muerte de Jesús muestra lo conflictivo del mensaje que él vino a proclamar.
Pero el cristianismo no es sólo lucha interior. Él se prooyecta sobre la sociedad y quiere transformada. Él pretende reconstruir en sus raíces las relaciones del hombre con su hermano y cambiar la lógica del mundo. Eso provoca resistencias. Es impresionante lo que molesta que alguien tenga el valor de proponer un reto, de enfrentarse a este mundo. Perturba una persona que tenga un corazón libre y diga la verdad. No es fácil que se acepte a quien opta por los más débiles y hace suyo el desamparo del mundo. A menudo se le acusa a él de delincuente. Quien es testigo del Espíritu en medio del materialismo que se nos quiere impooner, quien tiene a Dios por centro y fuente de su vida, tiene que aceptar su inexorable cuota de martirio.
Jesús no quiere una paz falsa, pero rechaza la violencia no ataca, pero recibe en sí las consecuencias de su amor y va a la muerte. Es ésta la más dolorosa realidad de su mensaje que no se puede ocultar. Jesús hizo guardar la espada porque el que mata con la espada a hierro muere. Quiso romper la espiral de la agresión. Su mensaje no es una invitación a la dulce tranquilidad, es un mensaje abrasador. El reino de los cielos padece violencia.
A lo largo de la historia del cristianismo ha corrido mucha sangre de mártires y ella ha sido la mejor semilla de la fe. El Evangelio no fue nunca un sedante. Muchos discípulos de Cristo entregaron su vida para que el mundo pudiera realmente vivir.
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