En una noche oscura, y lluviosa, cuando vamos manejando, nos sentimos intranquilos al abrirse ante nosotros un sin número de caminos. ¿Cuál de todos seguir? Entonces comienzan la ansiedad, el miedo, la angustia, la desesperación. En el principio de la humanidad, los hombres extraviaron el camino, al apartarse de Dios; sus lenguas se confundieron. El Señor es Padre, Dios es Palabra, y se comunica con los hombres; va a buscarlos: por medio de su siervo Moisés, les entrega los diez mandamientos, o sea, el camino para su salvación.
Moisés recibe el mensaje del Señor y lo escribe en dos tablas de piedra; así se escribía en el principio de la humanidad. Allí está expresada la voluntad de Dios para sus hijos. Se le ha llamado "el decálogo", que significa "diez palabras", diez pistas que Dios señala para encontrar la salvación.
A través del tiempo, aquella ley pura y santa, que Dios había entregado a los hombres, fue deformada con interpretaciones y añadiduras. Tal es el caso del día sábado: habían llegado a tal rigorismo que hasta tenían contados los pasos que podían dar. Así, por atender al descanso del sábado, no cuidaban a los enfermos.
Jesús, ante todo puntualizó: "Yo no he venido a abolir la Ley, sino a darle plenitud", es decir, a perfeccionarla. También Jesús dijo: "El cielo y la tierra pasarán, antes que deje de cumplirse una sola letra".
Jesús trae una verdadera revolución cuando llega; resumir todos los mandamientos en dos, nada más, que compendian todo. Jesús dijo que toda la ley y los profetas se resumían en: Amar a Dios con toda el alma, con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo". La perfección que Jesús trae la enuncia de la manera siguiente: "A ustedes les dijeron: no matarás; pero yo les digo que el que esté peleado con su hermano será procesado". También añade Jesús: "Si vas a ofrecer tu ofrenda ante el altar y te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, ve primero a reconciliarte con tu hermano". Jesús advirtió:" A ustedes se les dijo: ojo por ojo, diente por diente; Yo les digo; si te pegan en una mejilla, pon la otra; si te quieren quitar la túnica, dales también el manto". Jesús explicó: "A ustedes les dijeron: amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo; Yo les digo: amen a sus enemigos y oren por las personas que los persiguen". Así vino a perfeccionar Jesús la ley de Moisés.
Jesús inaugura un tiempo de gracia, lo que se llama el Nuevo Testamento. Dios había hecho un antiguo pacto, en el monte Sinaí, con su pueblo, ahora Jesús venía a hacer el nuevo pacto, el Nuevo Testamento, la nueva ley de salvación.
Esta época de gracia, había ya sido profetizada. Jeremías, en el capítulo 31 habla de que Dios hará con su pueblo una nueva alianza y dice: "Meteré mi Ley en su pecho, la escribiré en sus corazones". Esto se realiza con la venida de Jesús. En el profeta Ezequiel, también estaba ya profetizado; en el capítulo 36 se promete dar "un nuevo corazón y un nuevo Espíritu". Esto se verificó con la venida de Jesús.
El error de los judíos fue creer que podrían practicar la ley alcanzar la salvación con sus propias fuerzas, y se dio una situación muy peculiar: personas que seguramente cumplían la ley, mientras sus corazones no eran totalmente del Señor. Externamente todo marchaba bien; pero internamente dejaban mucho que desear. Por eso Jesús, a los fariseos, que eran cumplidores estrictísimos de la Ley, les llegó a decir: "sepulcros blanqueados". Un sepulcro por fuera está bello, hermoso, blanco, limpio; pero por dentro es una gusanera. Muchos del pueblo judío, por fuera están impecables; pero, por dentro, su corazón no era de Dios.
Existe una doble ley en nuestra vida; Pablo la presenta muy claramente en el capítulo séptimo de la carta a los romanos. "No entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero, y en cambio, aquello que odio es precisamente lo que hago. Así que, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que está en mí". Pero no se queda hundido en un triste pesimismo; todo lo contrario, él añade: "Desdichado de mí, ¿quién me librará del poder de la muerte que está en mi cuerpo? Solamente Dios, a quien doy gracias por medio de nuestro Señor Jesucristo". Pablo sabe que el poder de Dios en él lo ayuda a superar esa doble ley de la naturaleza.
Y aquí está la clave de todo para poder cumplir la ley de Dios: la fuerza del Espíritu Santo. Jesús prometió su espíritu a sus discípulos. En la última Cena, así lo narra el evangelio de Juan, les dice que cuando venga el Espíritu Santo, los "convencerá de pecado", es decir, el Espíritu Santo es la voz de Dios dentro de cada uno. Cuando hay algo malo, inmediatamente comienza a sonar esa alarma: la voz del Espíritu Santo, que invita a dejar el mal y a buscar la luz. También en la Ultima Cena, Jesús les decía que el Espíritu Santo, "les recordaría todo lo que El les había dicho". Esa es la misión del Espíritu Santo: hablarnos de Jesús, del plan de Dios para el individuo.
También les decía Jesús a los apóstoles que el Espíritu Santo "los llevaría a toda la verdad". El Espíritu del Señor lleva por el recto sendero, por el camino de la salvación.
Cuando un pintor tiene la idea de plasmar en la tela un cuadro, él se imagina algo bellísimo; pero cuando termina el cuadro, no está conforme. Algo así sucede en nuestra vida: vemos el gran ideal del Evangelio y nos sentimos tan pequeños, tan limitados; pero cuando la persona deja obrar en ella al Espíritu Santo, entonces se da cuenta de lo que es el poder de Dios, y que no se le están pidiendo "cosas imposibles". Entonces el individuo ya no evita algo “porque está prohibido”, sino porque por medio del Espíritu Santo se siente "hijo de Dios", y por eso mismo evita lo que ofende a su Padre.
A una mamá, no hay que meterla en la prisión para que ame a su hijo, sino que espontáneamente le brota el amor hacia su hijo. Nosotros somos hijos de Dios y ese amor debe brotar espontáneo, debe manifestarse en que cumplimos sus mandamientos. Jesús dijo: "Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos".
En el capítulo séptimo de Mateo se lee que cuando Jesús concluyó el sermón de la montaña, "toda la gente estaba admirada de cómo les enseñaba, porque lo hacía con plena autoridad y no como sus maestros de la Ley". En el sermón de la montaña, está sintetizado el camino de la salvación en el Nuevo Testamento. Sólo un Dios podía señalamos así ese camino de la salvación. Después de dos mil años, no pasan de moda los diez mandamientos.
En nuestra época, sinnúmero de maestros señalan "caminos de salvación". Todos dicen que tienen la verdad. Algunos se han decidido a seguirlos, pero han sentido que esos maestros no logran calmar su sed espiritual. Como la samaritana, tiene un pozo cerca de su casa; pero ese pozo no logra quitarles la sed. El día que se encuentren con Jesús, como la samaritana, saltarán de gozo y alegría y tendrán la necesidad de llamar a otros para que vengan a beber de esa agua que ofrece Jesús. Jesús es el único camino, la única verdad, la única vida.
En el Salmo 1 de la Biblia, se lee: "Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni va por el camino de los pecadores, ni hace causa común con los que se burlan de Dios, sino que pone su amor en la Ley del Señor y en ella medita noche y día. Ese hombre es como un árbol plantado a la orilla de un río, que da fruto a su tiempo y jamás se marchitan sus hojas. Todo lo que hace, le sale bien".
Al cumplir la ley del Señor, la persona comienza a ser "hombre feliz", sabe que va por un sendero de salvación. Los mandamientos son ese camino recto que Dios señaló a sus hijos y que durante su trayectoria por esta vida fueran como "árboles junto al río", que tuvieron sus hojas siempre verdes y dieron frutos abundantes.
No es difícil encontrarse con personas que no practican normalmente su religión... Cuando uno les pregunta que ¿por qué no lo hacen? responden: "Yo sirvo a Dios a mi manera". Y creen qué están diciendo un acierto pero no lo es. A Dios no podemos servirlo a "nuestra manera", sino, como Él manda. Esta es la "única manera" de servir a Dios. Es por eso indispensable conocer como quiere Dios que le sirvamos. A Dios lo amamos, y lo debemos amar sobre todas las cosas, pero no como una carga pesada, sino con el amor del que lo ha experimentado en su vida y por eso mismo siente la necesidad de servirlo de corazón.
En el libro del Deuteronomio, capítulo 29, Moisés se dirige al pueblo y les dice: "Ustedes han visto todo lo que el Señor hizo en Egipto al faraón, a sus funcionarios y a todo el país, y son testigos de esas grandes pruebas, señales y maravillas". Moisés les hacía ver que ellos tenían "experiencia" de Dios, que eran testigos de las maravillas que Dios había obrado en su favor. Cuando se tiene "experiencia" de Dios, se reconoce que Él nos ha amado primero, nos ha salido en el camino y nos ha ofrecido su perdón y nuestra salvación.
El profeta Oseas, en el capítulo 11 de su libro, describe la actuación del Señor con frases enternecedoras: "Con lazos de ternura, con cuerdas de amor, los atraje hacia mí; los acerqué a mis mejillas como si fueran niños de pecho". Expresiones de suma delicadeza delinean el cariño del Padre por sus hijos.
En el Génesis, se narra el momento trágico para Adán cuando siente el peso de su pecado. Aterrorizado se esconde: Pero Dios lo va a buscar para sacarlo de su soledad, de su terror, para devolverle la vida; la confianza, Esto es lo que Dios ha hecho en la vida de cada uno. A eso le llamamos "tener la experiencia de Dios", por eso mismo Él, con sobrada razón, nos puede decir "cómo quiere que le sirvamos”.
En el capítulo quinto del libro del Deuteronomio, nos dice: "Yo soy el Señor tu Dios, que te sacó de Egipto, donde eras esclavo. No tengas otros dioses aparte de mí. No te hagas ningún ídolo ni figura de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en el mar debajo de la tierra. No te inclines delante de ellos ni les rindas culto, porque yo soy el Señor tu Dios, Dios celoso que castiga la maldad de los padres que me odian, en sus hijos, nietos y bisnietos; pero que trato con amor por mil generaciones a los que me aman y cumplen mis mandamientos". Esta, es la ley del Señor; así quiere que lo amemos. El no permite ningún ídolo, en nuestra vida. Nosotros hombres modernos ya no fabricamos ídolos de piedra, como las antiguas tribus, pero sí tenemos otra clase de ídolos: las desviaciones sexuales, pueden ser un ídolo para nosotros; el dinero muchas veces es un ídolo ante el cual nos postramos. Las cosas pueden dominamos, es decir, quitarle a Dios el primer lugar en nuestra vida.
La Biblia dice que no hay que hacer imágenes de ninguna clase, de lo que hay arriba en el cielo y de lo que hay abajo, "para adorarlas". Nosotros, en nuestras Iglesias, tenemos imágenes; pero, de ninguna manera las "adoramos"; si lo hiciéramos, seríamos "idólatras". Estas imágenes para nosotros nos sirven como simples retratos. Una mamá piensa en su hijo que está en el extranjero; toma el retrato de su hijo, llora, lo besa, pero la mamá en ningún momento está entendiendo "adorar" aquel pedazo de cartón. Cuando aquella fotografía se arruine, la cambiará por otra, la tirará al basurero. Para nosotros, nuestras imágenes son simples retratos que nos hablan de Jesús, de la Virgen, de los santos. Nosotros no adoramos esas imágenes, de ninguna manera; está prohibido por la Biblia. Sencillamente son "retratos" que nos recuerdan a esas personas santas a las cuales queremos tanto.
Te invitamos a ver en nuestra página web, www.jesusestavivo.org.mx la Misa del domingo de las 9 de la mañana en Catedral; en la Parroquia de San Pedro, la Misa del domingo de las 9 de la mañana y en Las Rosas la Misa de Sanación de las 19:00 horas el lunes primero de mes. En Blooger tenemos nuestras seis columnas diferentes publicadas en los tres principales diarios de Morelia. La dirección para encontrarlas es: jesusestavivoenmorelia.blogspot.com También nos puedes localizar en Twitter donde están nuestras columnas, pero ahí puedes hacer comentarios, críticas, sugerencias y todo lo que se le parezca. Su dirección es: twitter.com/jesusestavivo
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
viernes, 21 de agosto de 2009
miércoles, 12 de agosto de 2009
Cristo que le habla a Francisco
Un día de otoño de 1205, mientras oraba, el Señor le prometió a Francisco que pronto daría respuesta a sus preguntas. A los pocos días, paseando por los alrededores de Asís, pasó junto a la antigua iglesia de San Damián y, conmovido por su estado de inminente ruína, entró a orar, arrodillándose con reverencia y respeto ante la imagen de Cristo crucificado que presidía sobre el altar. Y, estando allí, le invadió, más que otras veces, un gran consuelo espiritual. Con los ojos arrasados en lágrimas, pudo ver como el Señor le hablaba desde la cruz y le decía: "Francisco, ¿no ves que mi casa se derrumba? Anda, pues, y repárala".
Tembloroso y sorprendido, él contestó: "De muy buena gana lo haré, Señor". Luego se ensimismó y quedó como arrebatado, en medio de la iglesia vacía. Fue tal el gozo y tanta la claridad que recibió con aquellas palabras, que le pareció que era el mismo Cristo crucificado quien le había hablado.
Todos los biógrafos coinciden en calificar de éxtasis o visión la experiencia de San Damián. Santa Clara escribe que fue una "visita del Señor", que lo llenó de consuelo y le dió el impulso decisivo para abandonar definitivamente el mundo. A esta visión parece referirse San Buenaventura, cuando refiere que el santo, tras el encuentro con el leproso, estando en oración en un lugar solitario, tras muchos gemidos e insistentes e inefables súplicas, mereció ser escuchado y se le manifestó el Señor en la cruz. Y se conmovió tanto al verlo, y de tal modo le quedó grabada en el corazón la pasión de Cristo, que, desde entonces, a duras penas podía contener las lágrimas y los gemidos al recordarla, según confió él mismo, antes de morir. Y entendió que eran para él aquellas palabras del Evangelio: "Si quieres venir en pos de mí, niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme". (Mt 16,24)
Tomás de Celano y los Tres Compañeros sitúan esta experiencia en San Damián. Según ellos, cuando el Señor le habló desde el crucifijo, Francisco experimentó un cambio interior que ni él mismo acertaba a describir. El corazón se le quedó tan llagado y derretido de amor por el recuerdo de la pasión, que desde entonces llevó grabadas en su interior las llagas de Cristo, mucho antes de que se le manifestaran en la carne. Por eso, añade San Buenaventura, "ponía sumo cuidado en mortificar la carne, para que la cruz de Cristo que llevaba impresa dentro de su corazón rodease también su cuerpo por fuera. Todo eso lo practicaba ya cuando aún no se había apartado del mundo, ni en el vestir ni en la manera de vivir". Se refiere a un cilicio, a un tejido muy basto, hecho de gruesos nudos, que empezó a llevar ceñido a la cintura, debajo de la ropa. Desde entonces será tal su austeridad, y tantas las mortificaciones a lo largo de su vida, que, sano o enfermo, apenas condescendió en darse gusto, hasta el extremo de reconocer, poco antes de morir, que había tratado con poco miramiento al "hermano cuerpo".
Cristo que habló a Francisco es hoy uno de los más conocidos y reproducidos del mundo. Se trata de un icono románico-bizantino del S. XII, de autor umbro desconocido y clara influencia sirio-oriental. Es de madera de nogal recubierta con una basta tela, sobre la que pintaron con colores vivos las figuras de Cristo y otros personajes de la Pasión. Sin el pedestal, mide 2.10 metros de alto por 1.30 de ancho.
En 1257, cuando las clarisas abandonaron San Damián, se lo llevaron consigo al nuevo monasterio de Santa Clara construido para ellas en Asís , donde lo conservaron durante siglos en la sacristía. En 1958, veinte años después de ser restaurado por Rosario Aliano, fue expuesto al público en la capilla de San Jorge. Después del terremoto de septiembre de 1997 el icono ha sido sometido a una nueva restauración, y allí sigue expuesto a la devoción de todos, libre ya del vidrio y del marco que antes lo contenía.
En 1993 Su Santidad el Papa Juan Pablo II El Grande, oró ante la Cruz de San Damián y ante la tumba de santa Clara en Asís. He aquí algunas claves para comprender el significado de este icono bizantino del siglo XII: El Cristo de San Damián está vivo y sin corona de espinas, pues es el Cristo resucitado y glorioso que ha vencido a la muerte. El paño de lino orlado de oro recuerda las vestiduras de los sacerdotes del Antiguo Testamento. (Ex 28, 42) Su postura expresa un gesto de acogida y parece abrazar a todo el universo.
Sus ojos no miran al espectador, sino que se dirigen al Padre, invitándonos también a nosotros a hacer lo mismo mediante la conversión. Los 33 personajes que lo rodean representan la comunión de los santos de todos los tiempos. Jesús, con los pies sobre fondo negro, parece que asciende del abismo. La sangre de Cristo chorrea sobre los personajes que lo rodean, para indicar que han sido lavados y salvados por su Pasión. La sangre de los pies cae sobre seis personajes apenas reconocibles, que podrían ser: San Juan Bautista, San Miguel, San Pablo y San Pedro, San Damián y San Rufino, patrón de Asís. En cada extremo de los brazos transversales de la cruz hay tres ángeles que muestran a Cristo: son los mensajeros de la Buena Noticia. Los personajes bajo los brazos de Jesús están todos en la luz, son hijos de la luz. Tienen todos la misma estatura, pues son "hombres perfectos", que han alcanzado "plenamente la talla de Cristo". (Ef 4,13) Si se mira bien, sus rostros son como el de Cristo, pues en ellos ha sido restaurada la "imagen y semejanza de Dios" original. Juan y María están en el puesto de honor, a la derecha de Cristo. El discípulo muestra y recoge la sangre del costado de Cristo. María manifesta dolor, pero también serenidad y admiración por la resurrección y por el nuevo hijo que su Hijo le acaba de encomendar.
El manto blanco de la Virgen simboliza pureza, y las piedras preciosas que lo adornan son los dones del Espíritu Santo. El vestido rojo oscuro representa el amor. La túnica morada bajo el vestido recuerda que María es la nueva Arca de la Alianza. (la del Antiguo Testamento estaba cubierta con un paño de ese color) A la izquierda de Jesús están Maria Madgalena y María de Santiago, que parecen preguntarse: ¿Quién nos abrirá el sepulcro?. Junto a ellas, el Centurión confiesa la humanidad y divinidad de Cristo: "Verdaderamente, este hombre era el Hijo de Dios". Detrás del Centurión asoma el rostro de quien encargó el crucifijo y otras tres personas que evocan al Pueblo de Dios.
Bajo los personajes mayores, hay dos pequeños, uno a cada lado, que representan a los romanos y judíos que crucificaron a Jesús: el romano es un soldado con la lanza y la esponja. A la izquierda de las piernas de Cristo se ve el gallo de Pedro, que recuerda nuestra debilidad e invita a la vigilancia. Pero también simboliza al sol naciente, Cristo, cuya luz se difunde por toda la tierra. Sobre la tablilla con la inscripción "Rex iudeorum", en un círculo rojo, vemos a Cristo que sube al cielo, vestido de blanco, con estola dorada y una cruz luminosa en la mano, señal de victoria. El círculo expresa perfección y representa la plenitud de la gloria, donde lo reciben diez ángeles festivos. La mano del Padre, en lo más alto del crucifijo, se encuentra en un semicírculo. La otra mitad no se puede ver, pues Dios Padre no tiene rostro, es un misterio.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
Tembloroso y sorprendido, él contestó: "De muy buena gana lo haré, Señor". Luego se ensimismó y quedó como arrebatado, en medio de la iglesia vacía. Fue tal el gozo y tanta la claridad que recibió con aquellas palabras, que le pareció que era el mismo Cristo crucificado quien le había hablado.
Todos los biógrafos coinciden en calificar de éxtasis o visión la experiencia de San Damián. Santa Clara escribe que fue una "visita del Señor", que lo llenó de consuelo y le dió el impulso decisivo para abandonar definitivamente el mundo. A esta visión parece referirse San Buenaventura, cuando refiere que el santo, tras el encuentro con el leproso, estando en oración en un lugar solitario, tras muchos gemidos e insistentes e inefables súplicas, mereció ser escuchado y se le manifestó el Señor en la cruz. Y se conmovió tanto al verlo, y de tal modo le quedó grabada en el corazón la pasión de Cristo, que, desde entonces, a duras penas podía contener las lágrimas y los gemidos al recordarla, según confió él mismo, antes de morir. Y entendió que eran para él aquellas palabras del Evangelio: "Si quieres venir en pos de mí, niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme". (Mt 16,24)
Tomás de Celano y los Tres Compañeros sitúan esta experiencia en San Damián. Según ellos, cuando el Señor le habló desde el crucifijo, Francisco experimentó un cambio interior que ni él mismo acertaba a describir. El corazón se le quedó tan llagado y derretido de amor por el recuerdo de la pasión, que desde entonces llevó grabadas en su interior las llagas de Cristo, mucho antes de que se le manifestaran en la carne. Por eso, añade San Buenaventura, "ponía sumo cuidado en mortificar la carne, para que la cruz de Cristo que llevaba impresa dentro de su corazón rodease también su cuerpo por fuera. Todo eso lo practicaba ya cuando aún no se había apartado del mundo, ni en el vestir ni en la manera de vivir". Se refiere a un cilicio, a un tejido muy basto, hecho de gruesos nudos, que empezó a llevar ceñido a la cintura, debajo de la ropa. Desde entonces será tal su austeridad, y tantas las mortificaciones a lo largo de su vida, que, sano o enfermo, apenas condescendió en darse gusto, hasta el extremo de reconocer, poco antes de morir, que había tratado con poco miramiento al "hermano cuerpo".
Cristo que habló a Francisco es hoy uno de los más conocidos y reproducidos del mundo. Se trata de un icono románico-bizantino del S. XII, de autor umbro desconocido y clara influencia sirio-oriental. Es de madera de nogal recubierta con una basta tela, sobre la que pintaron con colores vivos las figuras de Cristo y otros personajes de la Pasión. Sin el pedestal, mide 2.10 metros de alto por 1.30 de ancho.
En 1257, cuando las clarisas abandonaron San Damián, se lo llevaron consigo al nuevo monasterio de Santa Clara construido para ellas en Asís , donde lo conservaron durante siglos en la sacristía. En 1958, veinte años después de ser restaurado por Rosario Aliano, fue expuesto al público en la capilla de San Jorge. Después del terremoto de septiembre de 1997 el icono ha sido sometido a una nueva restauración, y allí sigue expuesto a la devoción de todos, libre ya del vidrio y del marco que antes lo contenía.
En 1993 Su Santidad el Papa Juan Pablo II El Grande, oró ante la Cruz de San Damián y ante la tumba de santa Clara en Asís. He aquí algunas claves para comprender el significado de este icono bizantino del siglo XII: El Cristo de San Damián está vivo y sin corona de espinas, pues es el Cristo resucitado y glorioso que ha vencido a la muerte. El paño de lino orlado de oro recuerda las vestiduras de los sacerdotes del Antiguo Testamento. (Ex 28, 42) Su postura expresa un gesto de acogida y parece abrazar a todo el universo.
Sus ojos no miran al espectador, sino que se dirigen al Padre, invitándonos también a nosotros a hacer lo mismo mediante la conversión. Los 33 personajes que lo rodean representan la comunión de los santos de todos los tiempos. Jesús, con los pies sobre fondo negro, parece que asciende del abismo. La sangre de Cristo chorrea sobre los personajes que lo rodean, para indicar que han sido lavados y salvados por su Pasión. La sangre de los pies cae sobre seis personajes apenas reconocibles, que podrían ser: San Juan Bautista, San Miguel, San Pablo y San Pedro, San Damián y San Rufino, patrón de Asís. En cada extremo de los brazos transversales de la cruz hay tres ángeles que muestran a Cristo: son los mensajeros de la Buena Noticia. Los personajes bajo los brazos de Jesús están todos en la luz, son hijos de la luz. Tienen todos la misma estatura, pues son "hombres perfectos", que han alcanzado "plenamente la talla de Cristo". (Ef 4,13) Si se mira bien, sus rostros son como el de Cristo, pues en ellos ha sido restaurada la "imagen y semejanza de Dios" original. Juan y María están en el puesto de honor, a la derecha de Cristo. El discípulo muestra y recoge la sangre del costado de Cristo. María manifesta dolor, pero también serenidad y admiración por la resurrección y por el nuevo hijo que su Hijo le acaba de encomendar.
El manto blanco de la Virgen simboliza pureza, y las piedras preciosas que lo adornan son los dones del Espíritu Santo. El vestido rojo oscuro representa el amor. La túnica morada bajo el vestido recuerda que María es la nueva Arca de la Alianza. (la del Antiguo Testamento estaba cubierta con un paño de ese color) A la izquierda de Jesús están Maria Madgalena y María de Santiago, que parecen preguntarse: ¿Quién nos abrirá el sepulcro?. Junto a ellas, el Centurión confiesa la humanidad y divinidad de Cristo: "Verdaderamente, este hombre era el Hijo de Dios". Detrás del Centurión asoma el rostro de quien encargó el crucifijo y otras tres personas que evocan al Pueblo de Dios.
Bajo los personajes mayores, hay dos pequeños, uno a cada lado, que representan a los romanos y judíos que crucificaron a Jesús: el romano es un soldado con la lanza y la esponja. A la izquierda de las piernas de Cristo se ve el gallo de Pedro, que recuerda nuestra debilidad e invita a la vigilancia. Pero también simboliza al sol naciente, Cristo, cuya luz se difunde por toda la tierra. Sobre la tablilla con la inscripción "Rex iudeorum", en un círculo rojo, vemos a Cristo que sube al cielo, vestido de blanco, con estola dorada y una cruz luminosa en la mano, señal de victoria. El círculo expresa perfección y representa la plenitud de la gloria, donde lo reciben diez ángeles festivos. La mano del Padre, en lo más alto del crucifijo, se encuentra en un semicírculo. La otra mitad no se puede ver, pues Dios Padre no tiene rostro, es un misterio.
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BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
Los ciegos recobran la vista
Tal vez la sanación mesiánica por excelencia sea el abrir los ojos a los ciegos. Jesús es la luz del mundo, y participa esa luz a los ciegos como signo de que su luz nos hace salir de la oscuridad del error y la mentira. Cuando sana a un ciego de nacimiento nos recuerda que nos ha hecho pasar "de las tinieblas a su luz admirable". 1Pe 2,9
Cada vez que un ciego recobra la vista se muestra que Jesús es la luz que viene a iluminar a los que se hallan sentados en tinieblas y en sombras de muerte para guiar nuestros pasos por el camino de la paz: Lc 1,79. Este testimonio, nos dice el P. Emiliano, nos muestra que Jesús es luz para el hombre de hoy: Estábamos terminando una jornada de evangelización en Mbandaka, Zaire. Durante la Eucaristía de clausura donde había unas 15,000 personas, una niña de ocho años, ciega de nacimiento, comenzó a gritar: "Je vois, je vois": yo veo, yo veo.
Todo mundo la rodeó. Ella entonces preguntó: "¿Quién es mi mamá?". Unos brazos abiertos, dos ojos llorosos y una sonrisa maternal, le dieron la respuesta. Entonces, cobijada por los brazos de su madre, exclamó en voz alta: "Oh, mamá, tú sí que eres bella..."
Esta es la primera sanación de un ciego de nacimiento que presencio; pero lo más importante fue que todos nos dimos cuenta de que Jesús es la luz el mundo, capaz de iluminar la vida de todo aquel que se encuentra necesitado de salvación. Cuando un ciego de nacimiento recobra la vista, estamos delante de un signo claro que muestra que Jesús puede sacar al hombre de la tiniebla más oscura y que es capaz de cambiar cualquier condicionamiento congénito, siendo el pecado el peor y más grave de todos.
El siguiente testimonio de Panamá muestra cómo el signo de recobrar la vista se repite, pero el significado es igual: Jesús es el mismo, ayer, hoy y siempre. Un sábado, durante la Misa de sanación, el Padre Emiliano dijo que el Señor había sanado a una señora muy enferma de los ojos. Sin embargo, me dije: "Esa no soy yo".
El domingo, el Padre dijo que iba a orar por los enfermos y pidió que cada uno pusiera sus manos donde necesitaba sanación. Puse mis manos sobre mis ojos y escuché que el Señor había sanado a unas mujeres de cataratas en los ojos. Yo exclamé: ¡Señor, si soy yo, gracias!
Al regresar a la ciudad de David, pedí que pusieran el cassette de los cantos y todas sacamos el folleto de canciones. Mi sorpresa fue que al abrirlo vi claramente las palabras escritas en él y exclamé: ¡El Señor me está sanando, puedo ver las palabras! Lloré de alegría al mirar unos palos de sauce, un árbol lleno de fruta, un platanar, la hierba... y luego añadí: "Gracias, Señor, porque me permites ver lo que has hecho en la naturaleza". Continué viendo la carretera iluminada por los faros de los automóviles.
Yo estaba planeando ir con el doctor para que me pusiera unos lentes a fin de mejorar mi visión y poder atender a mi hija, que iba a tener su primer hijo. Sin embargo, nuestros planes no son los planes del Señor. El tenía un tiempo determinado para sanarme y él sabía que yo esperaba confiadamente.
Cada día le doy gracias al Señor por su amor y su misericordia, y por continuar haciendo tantas maravillas en su pueblo. Doy mi testimonio para que sepan que Jesús vive y continúa haciendo los prodigios de hace dos mil años.
En Guadalajara, María M. Pérez, reportera de el periódico El Occidental relató el siguiente caso el 26 de marzo de 1987: La tarde del martes 24 de marzo, en la Villa del Espíritu Santo, el Padre Tardif anunció muchas sanaciones de enfermedades de la piel, de la columna vertebral, de los hombros, ojos, oídos, cáncer, corazón, artritis, asma, riñones y otras más. Sin embargo, una de las que más conmovió a los presentes fue la de un niño de 11 años, Alejandro Anguiano Contreras, quien llegó a esa reunión sin poder ver casi nada.
A pesar de su corta edad, Alejandro contaba con cuatro operaciones en su historial clínico y los médicos le dijeron a su madre, la señora María Contreras, que "su niño ya no tenía remedio y que mejor le fuera buscando una escuela para ciegos". Sin embargo, esa tarde, durante la oración, Alejandro abrió los ojos y recobró la vista. Luego, tanto él como su mamá lloraban emocionados, porque el pequeño apreciaba de nuevo los colores, las flores y las personas que lo rodeaban.
El lunes pasado, vivimos una experiencia hermosísima en el templo de Las Rosas. Hubo problemas de todo tipo pero en todos la solución favorable triunfó. Jesús fue el más interesado en que recibiéramos lo que tenía para cada uno de los que pusimos nuestra confianza en él. El P. Xavier Andaluz A. celebró la Eucaristía e hizo oración por la salud de los enfermos que asistieron a la alabanza al Señor en espíritu y en verdad. Hubo varias moniciones donde se pidió expresamente por la salud a los enfermos y terminamos con la Unción de los Enfermos. Nadie de los que asistieron salió como llegó, cada uno vivió en carne propia la misericordia de Dios derramada en nuestros corazones. El próximo lunes pediremos testimonios de sanación de los que comprobaron que Jesús está vivo... en el templo de Las Rosas. El vídeo de esta Misa ya está en nuestra página web desde el pasado lunes y se llama: Misa de Sanación en Las Rosas.
El próximo día 30 celebraremos la fiesta de Santa Rosa de Lima, te invitamos a la Eucaristía que celebrará el Excmo. Sr. D. Alberto Suárez Inda. Ven a recibir lo que Jesús tiene para ti y toda tu familia desde toda la eternidad. Si abres la página: www.jesusestavivo.org.mx podrás darte cuenta de lo que Jesús está haciendo en su Morelia. Puedes orar con el Nuevo Testamento en línea donde dice: Y la Palabra... es Dios. Tenemos 49 vídeos de evangelización y testimonos de sanación en You Tube, el próximo puede ser el tuyo, el más grande de nuestros vídeos es la bendición con el Santísimo. Escucha hoy domingo la Zeta radio, 96.3 FM y 1340 AM, a las 18:00 horas el programa de evagelización católica: “La Palabra” y vive lo que Jesús tiene para ti desde toda la eternidad: tu salvación-sanación. Este programa se escucha en todo el mundo en la dirección: www.lazeta.com.mx Un click puede cambiar tu vida, atrévete a sanar. Te invitamos a ver en nuestra página web las misas dominicales del domingo en la Iglesia Catedral y la del templo de San Pedro de las 9 de la mañana. En el transcurso de la mañana están en línea para que vivas y transmitas su contenido. Ya tenemos nuestro Bloog y puedes visitar las seis columnas diferentes que tenemos en los tres principales diarios de Morelia. Empezamos a subirlas y en un breve tiempo las tendremos todas desde que empezamos nuestro ministerio de evangelización. También estamos en Twitter y esta es nuestra dirección para que nos visites: twitter.com/jesusestavivo
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BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
Cada vez que un ciego recobra la vista se muestra que Jesús es la luz que viene a iluminar a los que se hallan sentados en tinieblas y en sombras de muerte para guiar nuestros pasos por el camino de la paz: Lc 1,79. Este testimonio, nos dice el P. Emiliano, nos muestra que Jesús es luz para el hombre de hoy: Estábamos terminando una jornada de evangelización en Mbandaka, Zaire. Durante la Eucaristía de clausura donde había unas 15,000 personas, una niña de ocho años, ciega de nacimiento, comenzó a gritar: "Je vois, je vois": yo veo, yo veo.
Todo mundo la rodeó. Ella entonces preguntó: "¿Quién es mi mamá?". Unos brazos abiertos, dos ojos llorosos y una sonrisa maternal, le dieron la respuesta. Entonces, cobijada por los brazos de su madre, exclamó en voz alta: "Oh, mamá, tú sí que eres bella..."
Esta es la primera sanación de un ciego de nacimiento que presencio; pero lo más importante fue que todos nos dimos cuenta de que Jesús es la luz el mundo, capaz de iluminar la vida de todo aquel que se encuentra necesitado de salvación. Cuando un ciego de nacimiento recobra la vista, estamos delante de un signo claro que muestra que Jesús puede sacar al hombre de la tiniebla más oscura y que es capaz de cambiar cualquier condicionamiento congénito, siendo el pecado el peor y más grave de todos.
El siguiente testimonio de Panamá muestra cómo el signo de recobrar la vista se repite, pero el significado es igual: Jesús es el mismo, ayer, hoy y siempre. Un sábado, durante la Misa de sanación, el Padre Emiliano dijo que el Señor había sanado a una señora muy enferma de los ojos. Sin embargo, me dije: "Esa no soy yo".
El domingo, el Padre dijo que iba a orar por los enfermos y pidió que cada uno pusiera sus manos donde necesitaba sanación. Puse mis manos sobre mis ojos y escuché que el Señor había sanado a unas mujeres de cataratas en los ojos. Yo exclamé: ¡Señor, si soy yo, gracias!
Al regresar a la ciudad de David, pedí que pusieran el cassette de los cantos y todas sacamos el folleto de canciones. Mi sorpresa fue que al abrirlo vi claramente las palabras escritas en él y exclamé: ¡El Señor me está sanando, puedo ver las palabras! Lloré de alegría al mirar unos palos de sauce, un árbol lleno de fruta, un platanar, la hierba... y luego añadí: "Gracias, Señor, porque me permites ver lo que has hecho en la naturaleza". Continué viendo la carretera iluminada por los faros de los automóviles.
Yo estaba planeando ir con el doctor para que me pusiera unos lentes a fin de mejorar mi visión y poder atender a mi hija, que iba a tener su primer hijo. Sin embargo, nuestros planes no son los planes del Señor. El tenía un tiempo determinado para sanarme y él sabía que yo esperaba confiadamente.
Cada día le doy gracias al Señor por su amor y su misericordia, y por continuar haciendo tantas maravillas en su pueblo. Doy mi testimonio para que sepan que Jesús vive y continúa haciendo los prodigios de hace dos mil años.
En Guadalajara, María M. Pérez, reportera de el periódico El Occidental relató el siguiente caso el 26 de marzo de 1987: La tarde del martes 24 de marzo, en la Villa del Espíritu Santo, el Padre Tardif anunció muchas sanaciones de enfermedades de la piel, de la columna vertebral, de los hombros, ojos, oídos, cáncer, corazón, artritis, asma, riñones y otras más. Sin embargo, una de las que más conmovió a los presentes fue la de un niño de 11 años, Alejandro Anguiano Contreras, quien llegó a esa reunión sin poder ver casi nada.
A pesar de su corta edad, Alejandro contaba con cuatro operaciones en su historial clínico y los médicos le dijeron a su madre, la señora María Contreras, que "su niño ya no tenía remedio y que mejor le fuera buscando una escuela para ciegos". Sin embargo, esa tarde, durante la oración, Alejandro abrió los ojos y recobró la vista. Luego, tanto él como su mamá lloraban emocionados, porque el pequeño apreciaba de nuevo los colores, las flores y las personas que lo rodeaban.
El lunes pasado, vivimos una experiencia hermosísima en el templo de Las Rosas. Hubo problemas de todo tipo pero en todos la solución favorable triunfó. Jesús fue el más interesado en que recibiéramos lo que tenía para cada uno de los que pusimos nuestra confianza en él. El P. Xavier Andaluz A. celebró la Eucaristía e hizo oración por la salud de los enfermos que asistieron a la alabanza al Señor en espíritu y en verdad. Hubo varias moniciones donde se pidió expresamente por la salud a los enfermos y terminamos con la Unción de los Enfermos. Nadie de los que asistieron salió como llegó, cada uno vivió en carne propia la misericordia de Dios derramada en nuestros corazones. El próximo lunes pediremos testimonios de sanación de los que comprobaron que Jesús está vivo... en el templo de Las Rosas. El vídeo de esta Misa ya está en nuestra página web desde el pasado lunes y se llama: Misa de Sanación en Las Rosas.
El próximo día 30 celebraremos la fiesta de Santa Rosa de Lima, te invitamos a la Eucaristía que celebrará el Excmo. Sr. D. Alberto Suárez Inda. Ven a recibir lo que Jesús tiene para ti y toda tu familia desde toda la eternidad. Si abres la página: www.jesusestavivo.org.mx podrás darte cuenta de lo que Jesús está haciendo en su Morelia. Puedes orar con el Nuevo Testamento en línea donde dice: Y la Palabra... es Dios. Tenemos 49 vídeos de evangelización y testimonos de sanación en You Tube, el próximo puede ser el tuyo, el más grande de nuestros vídeos es la bendición con el Santísimo. Escucha hoy domingo la Zeta radio, 96.3 FM y 1340 AM, a las 18:00 horas el programa de evagelización católica: “La Palabra” y vive lo que Jesús tiene para ti desde toda la eternidad: tu salvación-sanación. Este programa se escucha en todo el mundo en la dirección: www.lazeta.com.mx Un click puede cambiar tu vida, atrévete a sanar. Te invitamos a ver en nuestra página web las misas dominicales del domingo en la Iglesia Catedral y la del templo de San Pedro de las 9 de la mañana. En el transcurso de la mañana están en línea para que vivas y transmitas su contenido. Ya tenemos nuestro Bloog y puedes visitar las seis columnas diferentes que tenemos en los tres principales diarios de Morelia. Empezamos a subirlas y en un breve tiempo las tendremos todas desde que empezamos nuestro ministerio de evangelización. También estamos en Twitter y esta es nuestra dirección para que nos visites: twitter.com/jesusestavivo
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
No creían
Los diez discípulos oyeron que alguien tocó suave y tímidamente la puerta. Ellos voltearon a verse los unos a los otros. Nerviosos, ninguno se atrevía a tomar la iniciativa. La puerta volvió a sonar un poco más fuerte, con golpes menos espaciados. Mientras Simón Pedro buscaba las llaves, dos más comenzaron a quitar la pesada tranca de madera. Simón metió la llave nerviosamente en la cerradura y abrió un poco la puerta, la cual rechinó más que de costumbre. Entre las sombras de la noche había un hombre envuelto completamente en su manto, que al darse cuenta de que era abierta la puerta, descubrió su cara y dijo lentamente en voz baja: "Soy yo, Tomás, el gemelo... ya regresé".
Pedro respiró de alivio y le hizo pasar inmediatamente. Los demás lo rodearon como abejas y le comenzaron a gritar en coro: "¡Tomás, Jesús ha resucitado!, ¡hemos visto al Maestro!".
La sala, cubierta por la penumbra de la noche, era iluminada sólo por un débil rayo de luz que entraba por la puerta que descuidadamente se había quedado abierta. Pasaron a Tomás al centro, y todos juntos trataban de convencerlo, probando con argumentos y detalles la verdad de lo que decían. Emocionados, se arrebataban desordenadamente la palabra uno al otro, bombardeando a Tomás con diez bocas que parecían cañones que disparaban argumentos de la resurrección de Jesús.
Tomás no podía ni replicar, ni responder. Sus oídos estaban cerrados y no consentía nada. El silencio escéptico de Tomás fue más elocuente que la palabrería de todos los demás, que terminaron también por guardar silencio. Ellos esperaban que Tomás les creyera inmediatamente y aceptara la Buena Noticia de la resurrección de Jesús, pero todo su esfuerzo había resultado inútil y hasta contraproducente, pues el gemelo contestó rudamente: "No les creo nada y nunca creeré, a no ser que yo mismo meta mi dedo en las manos taladradas por los clavos y mi mano en el costado traspasado por la lanza. Es inútil que continúen tratando de convencerme. La única manera como yo voy a creer, es si yo veo y si yo toco. A mí no me importa lo que ustedes vieron. Eso no vale para mí. Yo quiero experimentarlo".
Los diez apóstoles, enviados por Jesús a anunciar su resurrección a todas las criaturas, no podían convencer al escéptico de Tomás. Los que habían sido llenos de Espíritu Santo, no tenían la capacidad de hacer creer al hermético gemelo, que no aceptaba la verdad de la resurrección. La primera evangelización de la Iglesia entera, resultaba un total fracaso, pues entre diez, no podían evangelizar a uno solo de ellos.
Los diez habían visto y habían creído. Pero a Tomás no le bastaba ver. Exigía un encuentro personal con Jesús, donde pudiera además, tocarlo; y para que no hubiera engaño, debía también meter sus dedos en las hendiduras dejadas por los clavos. El gemelo permanecía impasible, examinando la reacción de todos y cada uno de sus compañeros. Los demás apóstoles estaban llenos de estupefacción por la incredulidad del gemelo. ¡Qué difícil les era evangelizar a Tomás; a ese Tomás que conocía a Jesús, y que había hecho milagros en su Nombre!
A Tomás no le bastaba lo que para otros era suficiente, ni tampoco iba a creer porque otros ya habían creído. No aceptaba que su fe se originara por lo que otros habían experimentado. El exigía vivir y experimentar lo que los demás contaban. El gemelo era de aquellos que no les es suficiente conocer a Jesús por los libros, las películas, las estampitas o las imágenes. El necesitaba, por un imperativo de su propio ser, un encuentro personal con Jesús. El no creería por los sermones, conferencias o documentos eclesiásticos.
Pero con todo esto, Tomás era sincero y honesto. Si por no estar con la comunidad apostólica se había perdido la primera gloriosa manifestación de Jesús resucitado, ahora ya no se iba a alejar en ningún momento de allí, porque había aprendido que Jesús se manifiesta donde dos o más están reunidos en su Nombre.
Por eso, una vez que sus compañeros guardaron silencio y desistieron en su empresa de convencerlo, él mismo cerró la puerta y hasta puso la tranca. No lo hizo por miedo a los judíos, sino para no salir hasta no ver y tocar a Jesús. Luego se sentó junto a María, la madre de Jesús, a esperar pacientemente el deseado encuentro con el Resucitado. Fueron pasando lentamente los días. Mientras en los otros diez aumentaba la ansiedad y el nerviosismo, porque se imaginaban que no volverían a ver a Jesús, la esperanza y la sed del encuentro iban creciendo en el corazón del gemelo.
Así transcurrieron ocho días, hasta que llegó de nuevo el primer día de la semana. Por la tarde, cuando ya estaba cayendo el sol y se preparaban para terminar un día más, otra vez los invadió una intensa luz y un esplendor de gloria celestial. Jesús resucitado atravesaba las paredes, para colocarse en medio de ellos y saludarles diciendo: "La paz esté con ustedes".
Sus corazones palpitaban de prisa, la alegría los inundaba y la felicidad los embriagaba, al volver a ver otra vez a Jesús entre ellos. Todos tenían fija su vista en Jesús, que estaba en el centro de la sala; pero al mismo tiempo ninguno dejaba de observar la reacción de Tomás, el cual estaba contemplando lo que había esperado con esa certeza que viene de la fe, y que no falla.
Jesús hizo caso omiso de todos para mirar detenidamente sólo a uno que estaba hasta atrás de los demás. Lo señaló con su dedo y lo llamó por su nombre, diciendo: "Tomás,... ven,... acércate...". Los apóstoles dejaron que Tomás pasara libremente en medio de ellos. El gemelo comenzó a caminar lentamente arrastrando los pies, con sus ojos más grandes que nunca, la boca semiabierta y el rostro lleno de asombro.
Tomás había solicitado una prueba, y Jesús había aceptado el reto. Llegaba el momento del desafío en el que se enfrentaban cara a cara. Entonces Jesús tomó con su mano izquierda la diestra de Tomás y le dijo, mostrándole su mano derecha: "Mira, Tomás: mete tu dedo en la llaga de los clavos...". Luego, cambiando de mano, repitió la misma operación. De la boca de los demás discípulos se escapaba una sonrisa de satisfacción y de triunfo. En seguida, el Maestro se deshizo de su blanca túnica y descubrió su costado, al mismo tiempo que ordenaba al gemelo: "Mete ahora tu mano en mi costado abierto por la lanza del soldado...".
Con esto, los demás discípulos creían haber ganado la batalla al incrédulo de Tomás, pero no se daban cuenta que Tomás no los había retado a ellos, sino al mismo Jesús. El problema de Tomás no eran los evangelizadores, su problema era con la persona misma de Jesús. Por eso, cuando se vio derrotado, cayó de rodillas a los pies del vencedor; lo abrazó y besó amorosa y respetuosamente, exclamando desde lo más profundo de su ser: "¡Señor mío, Dios mío!". Tomás había tocado con sus dedos la hendidura de los clavos, y su mano nos da la medida de la lanza que traspasó el costado de Jesús. Su boca hacía la profesión de fe más solemne de todo el Nuevo Testamento. Habiendo creído, adoraba a Jesús resucitado.
Lo que no pudieron hacer las palabras de diez discípulos, lo hizo Jesús resucitado en un segundo. Sin embargo, debe quedar bien claro que Tomás no creyó por haber metido dedos y manos en las llagas todavía abiertas de Jesús. Tomás creyó, porque estaba dispuesto a creer y porque permaneció en donde podía encontrar a Jesús.Confesión de fe sin igual
Lo más importante de Tomás no es que vio, porque muchos ven pero ni por eso creen. Lo más grande es que él creyó, como hasta el momento nadie lo había hecho, confesando con su boca lo que creía su corazón: que Jesús era Dios y Señor. Nadie hasta entonces se había atrevido a llamar "Dios" a Jesús de Nazaret. Ni siquiera Pedro. Sólo el "incrédulo" de Tomás. El es el primero en proclamar el credo de toda la Iglesia, la fe de la comunidad entera y el catecismo de todos los tiempos: ¡Jesús es Dios. El es el Señor!
Bendita incredulidad de Tomás, que lo llevó a confesar lo que nadie había hecho con tanta claridad. Nadie había creído tanto, ni lo había manifestado, como el incrédulo de Tomás. Su duda fue un trampolín que le hizo creer más que los otros, y por eso, su fe fue más explícita que la de los demás.
Al meter su mano en el costado abierto, brotó el río de Agua Viva que Jesús había prometido. Del pecho traspasado de Jesús salió el Espíritu Santo que inundó a Tomás. En el momento de ver y tocar, Dios le regaló la fe, y al mismo tiempo, Tomás respondió con generosidad a ese don. Al tocar las llagas aún abiertas, se dio cuenta que era el mismo Jesús, que antes había conocido y al cual había seguido, dejando todas las cosas, aún a su propio hermano gemelo.
Tomás ciertamente fue incrédulo, pero un incrédulo honesto. Su duda era sincera y tuvo la valentía de oponerse. Mas, a pesar de todo, se quedó en el lugar donde su duda podía tener una respuesta: la comunidad, porque si la fe es un don de Dios, es igualmente cierto que se nos da en la comunidad de Jesús (la Iglesia). La fe de Tomás superó con mucho su duda anterior, la cual no era sino una manifestación de una fe que necesitaba ser reforzada por una nueva y más profunda experiencia de Jesús. Por eso, en cuanto se le manifestó el Resucitado, Tomás creció en su fe para nunca más volver a desfallecer.
De esta manera, a partir del día de Pentecostés, cuando los apóstoles anunciaban que Jesús había muerto por nuestros pecados y cuando proclamaban que había resucitado y estaba vivo, ofreciendo el Don de su Espíritu a todos los que tuvieran sed de Agua Viva, el primero que tomaba la palabra era Pedro, pero inmediatamente después llamaba a Tomás, el cual con absoluta seguridad testificaba su encuentro personal con Jesús diciendo: "Yo soy testigo de que Cristo Jesús ha resucitado y está vivo, porque yo mismo, con mis propios ojos y con estas manos y estos dedos, vi y palpé las llagas y pies taladrados de Jesús de Nazaret. A mí no me lo contaron; o mejor dicho, cuando me lo contaron no lo creí. Pero yo mismo vi, yo lo toqué y metí mi mano en el costado abierto por la lanza del soldado. A mí se me apareció personalmente y caí a sus pies. Los abracé y toqué las heridas de los clavos".
La duda de Tomás le condujo a aquella experiencia única que le permitió proclamar lo que ningún otro de los apóstoles podría asegurar: "Yo metí mis dedos en las manos benditas de Jesús y mi mano entró por su costado abierto". Por eso, Tomás, más que ningún otro, podía asegurar y certificar la resurrección de Jesús.
Sin embargo, los oyentes permanecían fríos e incrédulos. Entonces Tomás se veía reflejado en ellos, pues así como él no había creído cuando sus compañeros le proclamaban la resurrección de Jesús, de la misma manera los que lo escuchaban tenían derecho a la misma prueba. Entonces recordaba que lo mismo le pasó a él, cuando los diez testificaban insistentemente. Por eso, mejor dejaba de hablar de su experiencia y continuaba:... "Lo mismo les puede pasar a ustedes. Reten a Jesús. Desafíenlo a que les muestre sus llagas y costado. Pídanle tener un encuentro personal con él... atrévanse".
La duda de Tomás es fuente de fe para muchos, pero de manera especial para su hermano gemelo, que bien podría ser cualquiera de nosotros.
Jesús le dijo a Tomás: Porque has visto, has creído. Bienaventurados los que creen sin haber visto. De ninguna manera se le niega su bendición. Tomás es de los bienaventurados que creen habiendo visto. Tomás no creyó porque vio, sino porque creyó vio la gloria de Dios en Cristo resucitado.
Y lo que le pasó a Tomás le puede suceder exactamente igual a su hermano gemelo; y lo que confesó Tomás lo puede proclamar igualmente su gemelo, con tal que haga y diga lo que hizo Tomás: retar a Jesús: "Me falta fe, Señor Jesús, pero quiero creer. Quiero tener un encuentro personal contigo y necesito tocar y palpar que estás vivo. No me basta lo que los demás me dicen y me cuentan de ti. Quiero tocar al verbo de vida. Y si no te encuentro, no voy a creer".
Si el hermano gemelo de Tomás se atreve a retar así a Jesús, y no se aparta de la comunidad de creyentes, donde está María orando, el hermano gemelo de Tomás tendrá un encuentro personal con Jesús, y luego podrá proclamar lo mismo que su hermano: "Yo mismo lo vi, yo lo toqué. Soy testigo por experiencia".
No sabemos nada del hermano gemelo de Tomás, tal vez porque cualquiera de nosotros se podría identificar con él, y lo que le sucedió al gemelo nos pudiera suceder a cualquiera de nosotros.
El lunes pasado, vivimos una experiencia hermosísima en el templo de Las Rosas. Hubo problemas de todo tipo pero en todos la solución favorable triunfó. Jesús fue el más interesado en que recibiéramos lo que tenía para cada uno de los que pusimos nuestra confianza en él. El P. Xavier Andaluz A. celebró la Eucaristía e hizo oración por la salud de los enfermos que asistieron a la alabanza al Señor en espíritu y en verdad. Hubo varias moniciones donde se pidió expresamente por la salud a los enfermos y terminamos con la Unción de los Enfermos. Nadie de los que asistieron salió como llegó, cada uno vivió en carne propia la misericordia de Dios derramada en nuestros corazones. El próximo lunes pediremos testimonios de sanación de los que comprobaron que Jesús está vivo... en el templo de Las Rosas. El vídeo de esta Misa ya está en nuestra página web desde el pasado lunes y se llama: Misa de Sanación en Las Rosas.
El próximo día 30 celebraremos la fiesta de Santa Rosa de Lima, te invitamos a la Eucaristía que celebrará el Excmo. Sr. D. Alberto Suárez Inda. Ven a recibir lo que Jesús tiene para ti y toda tu familia desde toda la eternidad. Si abres la página: www.jesusestavivo.org.mx podrás darte cuenta de lo que Jesús está haciendo en su Morelia. Puedes orar con el Nuevo Testamento en línea donde dice: Y la Palabra... es Dios. Tenemos 49 vídeos de evangelización y testimonos de sanación en You Tube, el próximo puede ser el tuyo, el más grande de nuestros vídeos es la bendición con el Santísimo. Escucha hoy domingo la Zeta radio, 96.3 FM y 1340 AM, a las 18:00 horas el programa de evagelización católica: “La Palabra” y vive lo que Jesús tiene para ti desde toda la eternidad: tu salvación-sanación. Este programa se escucha en todo el mundo en la dirección: www.lazeta.com.mx Un click puede cambiar tu vida, atrévete a sanar. Te invitamos a ver en nuestra página web las misas dominicales del domingo en la Iglesia Catedral y la del templo de San Pedro de las 9 de la mañana. En el transcurso de la mañana están en línea para que vivas y transmitas su contenido. Ya tenemos nuestro Bloog y puedes visitar las seis columnas diferentes que tenemos en los tres principales diarios de Morelia. Empezamos a subirlas y en un breve tiempo las tendremos todas desde que empezamos nuestro ministerio de evangelización. También estamos en Twitter y esta es nuestra dirección para que nos visites: twitter.com/jesusestavivo
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
Pedro respiró de alivio y le hizo pasar inmediatamente. Los demás lo rodearon como abejas y le comenzaron a gritar en coro: "¡Tomás, Jesús ha resucitado!, ¡hemos visto al Maestro!".
La sala, cubierta por la penumbra de la noche, era iluminada sólo por un débil rayo de luz que entraba por la puerta que descuidadamente se había quedado abierta. Pasaron a Tomás al centro, y todos juntos trataban de convencerlo, probando con argumentos y detalles la verdad de lo que decían. Emocionados, se arrebataban desordenadamente la palabra uno al otro, bombardeando a Tomás con diez bocas que parecían cañones que disparaban argumentos de la resurrección de Jesús.
Tomás no podía ni replicar, ni responder. Sus oídos estaban cerrados y no consentía nada. El silencio escéptico de Tomás fue más elocuente que la palabrería de todos los demás, que terminaron también por guardar silencio. Ellos esperaban que Tomás les creyera inmediatamente y aceptara la Buena Noticia de la resurrección de Jesús, pero todo su esfuerzo había resultado inútil y hasta contraproducente, pues el gemelo contestó rudamente: "No les creo nada y nunca creeré, a no ser que yo mismo meta mi dedo en las manos taladradas por los clavos y mi mano en el costado traspasado por la lanza. Es inútil que continúen tratando de convencerme. La única manera como yo voy a creer, es si yo veo y si yo toco. A mí no me importa lo que ustedes vieron. Eso no vale para mí. Yo quiero experimentarlo".
Los diez apóstoles, enviados por Jesús a anunciar su resurrección a todas las criaturas, no podían convencer al escéptico de Tomás. Los que habían sido llenos de Espíritu Santo, no tenían la capacidad de hacer creer al hermético gemelo, que no aceptaba la verdad de la resurrección. La primera evangelización de la Iglesia entera, resultaba un total fracaso, pues entre diez, no podían evangelizar a uno solo de ellos.
Los diez habían visto y habían creído. Pero a Tomás no le bastaba ver. Exigía un encuentro personal con Jesús, donde pudiera además, tocarlo; y para que no hubiera engaño, debía también meter sus dedos en las hendiduras dejadas por los clavos. El gemelo permanecía impasible, examinando la reacción de todos y cada uno de sus compañeros. Los demás apóstoles estaban llenos de estupefacción por la incredulidad del gemelo. ¡Qué difícil les era evangelizar a Tomás; a ese Tomás que conocía a Jesús, y que había hecho milagros en su Nombre!
A Tomás no le bastaba lo que para otros era suficiente, ni tampoco iba a creer porque otros ya habían creído. No aceptaba que su fe se originara por lo que otros habían experimentado. El exigía vivir y experimentar lo que los demás contaban. El gemelo era de aquellos que no les es suficiente conocer a Jesús por los libros, las películas, las estampitas o las imágenes. El necesitaba, por un imperativo de su propio ser, un encuentro personal con Jesús. El no creería por los sermones, conferencias o documentos eclesiásticos.
Pero con todo esto, Tomás era sincero y honesto. Si por no estar con la comunidad apostólica se había perdido la primera gloriosa manifestación de Jesús resucitado, ahora ya no se iba a alejar en ningún momento de allí, porque había aprendido que Jesús se manifiesta donde dos o más están reunidos en su Nombre.
Por eso, una vez que sus compañeros guardaron silencio y desistieron en su empresa de convencerlo, él mismo cerró la puerta y hasta puso la tranca. No lo hizo por miedo a los judíos, sino para no salir hasta no ver y tocar a Jesús. Luego se sentó junto a María, la madre de Jesús, a esperar pacientemente el deseado encuentro con el Resucitado. Fueron pasando lentamente los días. Mientras en los otros diez aumentaba la ansiedad y el nerviosismo, porque se imaginaban que no volverían a ver a Jesús, la esperanza y la sed del encuentro iban creciendo en el corazón del gemelo.
Así transcurrieron ocho días, hasta que llegó de nuevo el primer día de la semana. Por la tarde, cuando ya estaba cayendo el sol y se preparaban para terminar un día más, otra vez los invadió una intensa luz y un esplendor de gloria celestial. Jesús resucitado atravesaba las paredes, para colocarse en medio de ellos y saludarles diciendo: "La paz esté con ustedes".
Sus corazones palpitaban de prisa, la alegría los inundaba y la felicidad los embriagaba, al volver a ver otra vez a Jesús entre ellos. Todos tenían fija su vista en Jesús, que estaba en el centro de la sala; pero al mismo tiempo ninguno dejaba de observar la reacción de Tomás, el cual estaba contemplando lo que había esperado con esa certeza que viene de la fe, y que no falla.
Jesús hizo caso omiso de todos para mirar detenidamente sólo a uno que estaba hasta atrás de los demás. Lo señaló con su dedo y lo llamó por su nombre, diciendo: "Tomás,... ven,... acércate...". Los apóstoles dejaron que Tomás pasara libremente en medio de ellos. El gemelo comenzó a caminar lentamente arrastrando los pies, con sus ojos más grandes que nunca, la boca semiabierta y el rostro lleno de asombro.
Tomás había solicitado una prueba, y Jesús había aceptado el reto. Llegaba el momento del desafío en el que se enfrentaban cara a cara. Entonces Jesús tomó con su mano izquierda la diestra de Tomás y le dijo, mostrándole su mano derecha: "Mira, Tomás: mete tu dedo en la llaga de los clavos...". Luego, cambiando de mano, repitió la misma operación. De la boca de los demás discípulos se escapaba una sonrisa de satisfacción y de triunfo. En seguida, el Maestro se deshizo de su blanca túnica y descubrió su costado, al mismo tiempo que ordenaba al gemelo: "Mete ahora tu mano en mi costado abierto por la lanza del soldado...".
Con esto, los demás discípulos creían haber ganado la batalla al incrédulo de Tomás, pero no se daban cuenta que Tomás no los había retado a ellos, sino al mismo Jesús. El problema de Tomás no eran los evangelizadores, su problema era con la persona misma de Jesús. Por eso, cuando se vio derrotado, cayó de rodillas a los pies del vencedor; lo abrazó y besó amorosa y respetuosamente, exclamando desde lo más profundo de su ser: "¡Señor mío, Dios mío!". Tomás había tocado con sus dedos la hendidura de los clavos, y su mano nos da la medida de la lanza que traspasó el costado de Jesús. Su boca hacía la profesión de fe más solemne de todo el Nuevo Testamento. Habiendo creído, adoraba a Jesús resucitado.
Lo que no pudieron hacer las palabras de diez discípulos, lo hizo Jesús resucitado en un segundo. Sin embargo, debe quedar bien claro que Tomás no creyó por haber metido dedos y manos en las llagas todavía abiertas de Jesús. Tomás creyó, porque estaba dispuesto a creer y porque permaneció en donde podía encontrar a Jesús.Confesión de fe sin igual
Lo más importante de Tomás no es que vio, porque muchos ven pero ni por eso creen. Lo más grande es que él creyó, como hasta el momento nadie lo había hecho, confesando con su boca lo que creía su corazón: que Jesús era Dios y Señor. Nadie hasta entonces se había atrevido a llamar "Dios" a Jesús de Nazaret. Ni siquiera Pedro. Sólo el "incrédulo" de Tomás. El es el primero en proclamar el credo de toda la Iglesia, la fe de la comunidad entera y el catecismo de todos los tiempos: ¡Jesús es Dios. El es el Señor!
Bendita incredulidad de Tomás, que lo llevó a confesar lo que nadie había hecho con tanta claridad. Nadie había creído tanto, ni lo había manifestado, como el incrédulo de Tomás. Su duda fue un trampolín que le hizo creer más que los otros, y por eso, su fe fue más explícita que la de los demás.
Al meter su mano en el costado abierto, brotó el río de Agua Viva que Jesús había prometido. Del pecho traspasado de Jesús salió el Espíritu Santo que inundó a Tomás. En el momento de ver y tocar, Dios le regaló la fe, y al mismo tiempo, Tomás respondió con generosidad a ese don. Al tocar las llagas aún abiertas, se dio cuenta que era el mismo Jesús, que antes había conocido y al cual había seguido, dejando todas las cosas, aún a su propio hermano gemelo.
Tomás ciertamente fue incrédulo, pero un incrédulo honesto. Su duda era sincera y tuvo la valentía de oponerse. Mas, a pesar de todo, se quedó en el lugar donde su duda podía tener una respuesta: la comunidad, porque si la fe es un don de Dios, es igualmente cierto que se nos da en la comunidad de Jesús (la Iglesia). La fe de Tomás superó con mucho su duda anterior, la cual no era sino una manifestación de una fe que necesitaba ser reforzada por una nueva y más profunda experiencia de Jesús. Por eso, en cuanto se le manifestó el Resucitado, Tomás creció en su fe para nunca más volver a desfallecer.
De esta manera, a partir del día de Pentecostés, cuando los apóstoles anunciaban que Jesús había muerto por nuestros pecados y cuando proclamaban que había resucitado y estaba vivo, ofreciendo el Don de su Espíritu a todos los que tuvieran sed de Agua Viva, el primero que tomaba la palabra era Pedro, pero inmediatamente después llamaba a Tomás, el cual con absoluta seguridad testificaba su encuentro personal con Jesús diciendo: "Yo soy testigo de que Cristo Jesús ha resucitado y está vivo, porque yo mismo, con mis propios ojos y con estas manos y estos dedos, vi y palpé las llagas y pies taladrados de Jesús de Nazaret. A mí no me lo contaron; o mejor dicho, cuando me lo contaron no lo creí. Pero yo mismo vi, yo lo toqué y metí mi mano en el costado abierto por la lanza del soldado. A mí se me apareció personalmente y caí a sus pies. Los abracé y toqué las heridas de los clavos".
La duda de Tomás le condujo a aquella experiencia única que le permitió proclamar lo que ningún otro de los apóstoles podría asegurar: "Yo metí mis dedos en las manos benditas de Jesús y mi mano entró por su costado abierto". Por eso, Tomás, más que ningún otro, podía asegurar y certificar la resurrección de Jesús.
Sin embargo, los oyentes permanecían fríos e incrédulos. Entonces Tomás se veía reflejado en ellos, pues así como él no había creído cuando sus compañeros le proclamaban la resurrección de Jesús, de la misma manera los que lo escuchaban tenían derecho a la misma prueba. Entonces recordaba que lo mismo le pasó a él, cuando los diez testificaban insistentemente. Por eso, mejor dejaba de hablar de su experiencia y continuaba:... "Lo mismo les puede pasar a ustedes. Reten a Jesús. Desafíenlo a que les muestre sus llagas y costado. Pídanle tener un encuentro personal con él... atrévanse".
La duda de Tomás es fuente de fe para muchos, pero de manera especial para su hermano gemelo, que bien podría ser cualquiera de nosotros.
Jesús le dijo a Tomás: Porque has visto, has creído. Bienaventurados los que creen sin haber visto. De ninguna manera se le niega su bendición. Tomás es de los bienaventurados que creen habiendo visto. Tomás no creyó porque vio, sino porque creyó vio la gloria de Dios en Cristo resucitado.
Y lo que le pasó a Tomás le puede suceder exactamente igual a su hermano gemelo; y lo que confesó Tomás lo puede proclamar igualmente su gemelo, con tal que haga y diga lo que hizo Tomás: retar a Jesús: "Me falta fe, Señor Jesús, pero quiero creer. Quiero tener un encuentro personal contigo y necesito tocar y palpar que estás vivo. No me basta lo que los demás me dicen y me cuentan de ti. Quiero tocar al verbo de vida. Y si no te encuentro, no voy a creer".
Si el hermano gemelo de Tomás se atreve a retar así a Jesús, y no se aparta de la comunidad de creyentes, donde está María orando, el hermano gemelo de Tomás tendrá un encuentro personal con Jesús, y luego podrá proclamar lo mismo que su hermano: "Yo mismo lo vi, yo lo toqué. Soy testigo por experiencia".
No sabemos nada del hermano gemelo de Tomás, tal vez porque cualquiera de nosotros se podría identificar con él, y lo que le sucedió al gemelo nos pudiera suceder a cualquiera de nosotros.
El lunes pasado, vivimos una experiencia hermosísima en el templo de Las Rosas. Hubo problemas de todo tipo pero en todos la solución favorable triunfó. Jesús fue el más interesado en que recibiéramos lo que tenía para cada uno de los que pusimos nuestra confianza en él. El P. Xavier Andaluz A. celebró la Eucaristía e hizo oración por la salud de los enfermos que asistieron a la alabanza al Señor en espíritu y en verdad. Hubo varias moniciones donde se pidió expresamente por la salud a los enfermos y terminamos con la Unción de los Enfermos. Nadie de los que asistieron salió como llegó, cada uno vivió en carne propia la misericordia de Dios derramada en nuestros corazones. El próximo lunes pediremos testimonios de sanación de los que comprobaron que Jesús está vivo... en el templo de Las Rosas. El vídeo de esta Misa ya está en nuestra página web desde el pasado lunes y se llama: Misa de Sanación en Las Rosas.
El próximo día 30 celebraremos la fiesta de Santa Rosa de Lima, te invitamos a la Eucaristía que celebrará el Excmo. Sr. D. Alberto Suárez Inda. Ven a recibir lo que Jesús tiene para ti y toda tu familia desde toda la eternidad. Si abres la página: www.jesusestavivo.org.mx podrás darte cuenta de lo que Jesús está haciendo en su Morelia. Puedes orar con el Nuevo Testamento en línea donde dice: Y la Palabra... es Dios. Tenemos 49 vídeos de evangelización y testimonos de sanación en You Tube, el próximo puede ser el tuyo, el más grande de nuestros vídeos es la bendición con el Santísimo. Escucha hoy domingo la Zeta radio, 96.3 FM y 1340 AM, a las 18:00 horas el programa de evagelización católica: “La Palabra” y vive lo que Jesús tiene para ti desde toda la eternidad: tu salvación-sanación. Este programa se escucha en todo el mundo en la dirección: www.lazeta.com.mx Un click puede cambiar tu vida, atrévete a sanar. Te invitamos a ver en nuestra página web las misas dominicales del domingo en la Iglesia Catedral y la del templo de San Pedro de las 9 de la mañana. En el transcurso de la mañana están en línea para que vivas y transmitas su contenido. Ya tenemos nuestro Bloog y puedes visitar las seis columnas diferentes que tenemos en los tres principales diarios de Morelia. Empezamos a subirlas y en un breve tiempo las tendremos todas desde que empezamos nuestro ministerio de evangelización. También estamos en Twitter y esta es nuestra dirección para que nos visites: twitter.com/jesusestavivo
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
¿Y tú que eres maestro de Israel no sabes estas cosas?
Hemos dedicado una parte importante de la vida a aprender. Hicimos grandes sacrificios para acrecentar nuestros saberes. ¡Cuántas horas de estudio! ¡Cuántas vigilias! ¡Cuántos exámenes y pruebas tuvimos que rendir! Y de todo eso, ¿qué nos ha quedado? Muchos de los versos que aprendimos se olvidaron y tal vez ya no seamos capaces de repetir la lección que nos dieron los maestros. Pero algo de todo aquello se incrustó en lo más hondo de nosotros. Esos conocimientos configuraron en buena parte nuestro ser y nuestro obrar.
Y cuando llegue el momento del arqueo final, ¿qué quedará de todo lo aprendido con tantos padeceres? ¿Habremos asimilado lo que en realidad era importante?
Nicodemo era un hombre notable entre los judíos. Honesto y buscador... era en verdad un maestro. Él había indagado en la Escritura y podía explicar, al modo de los sabios de Israel, todos los secretos de la ley. Convencido de que Jesús era un enviado de Dios, de noche se acercó a él, porque tenía sed de saber.
El Señor, de un modo incomprensible, lo invitó a nacer de nuevo; le rompió sus certezas; le habló en un lenguaje simple que lo obligaba a ir de lleno a lo esencial... y el sabio quedó mudo. El que lo conocía todo, ignoraba lo más fundamental. «¿Y tú que eres maestro de Israel no sabes estas cosas?». (Jn 3,10)
Han pasado los años y la pregunta de Jesús resuena para nosotros, hombres del siglo XXI, con impresionante actualidad. Aprendimos tantas cosas. La ignorancia se ha batido en retirada en casi todos los dominios. Los profesionales han llegado a grados increíbles de especialización. Para alcanzar sus metas han debido pasar años de esfuerzos y penurias. Pero no ha sido fácil guardar el equilibrio. Nuestra educación hizo crecer, desmesuradamente, aspectos importantes del saber y dejó en la penumbra zonas indispensables para la vida humana. Hay sabios que son sabios sólo en parte. Espiritualmente jorobados, crecieron sin concierto, desajustando el todo. Nadie los enseñó a orar, a ser humanos, a ser tiernos, a ser padres o esposos, a repartir su tiempo, a conocer el fin de la aventura, nadie les enseñó a vivir y a ser felices. Nadie los acercó al fuego del Espíritu.
¿No es razonable entonces hacemos la pregunta de Jesús? Si somos sabios, ¿cómo es que ignoramos lo más fundamental? «¿Tú eres sabio en Israel y no sabes estas cosas?». Tú que has dedicado tanto tiempo a estudiar, finalmente, ¿qué sabes de la vida?
Este saber profundo no ocupa lugar, no está vedado a nadie y curiosamente los más pobres, los que más sufren y los débiles pueden llegar a él con más hondura. Este saber rompe las reglas del aprendizaje y puede florecer cuando la memoria ya debilitada deja partir todo lo estudiado. Cuando las fuerzas van flaqueando, el hombre es capaz de percibir dónde está lo esencial: aquello que debe perdurar. Por eso es importante que todos, incluidos los sacerdotes y los teólogos, se hagan la pregunta de Jesús... ¿Tú eres maestro de Israel y no sabes estas cosas?».
El próximo día 30 celebraremos la fiesta de Santa Rosa de Lima, te invitamos a la Eucaristía que celebrará el Excmo. Sr. D. Alberto Suárez Inda. Ven a recibir lo que Jesús tiene para ti y toda tu familia desde toda la eternidad. Si abres la página: www.jesusestavivo.org.mx podrás darte cuenta de lo que Jesús está haciendo en su Morelia. Puedes orar con el Nuevo Testamento en línea donde dice: Y la Palabra... es Dios. Tenemos 49 vídeos de evangelización y testimonos de sanación en You Tube, el próximo puede ser el tuyo, el más grande de nuestros vídeos es la bendición con el Santísimo. Escucha hoy domingo la Zeta radio, 96.3 FM y 1340 AM, a las 18:00 horas el programa de evangelización católica: “La Palabra” y vive lo que Jesús tiene para ti desde toda la eternidad: tu salvación-sanación. Este programa se escucha en todo el mundo en la dirección: www.lazeta.com.mx Un click puede cambiar tu vida, atrévete a sanar. Te invitamos a ver en nuestra página web las misas dominicales del domingo en la Iglesia Catedral y la del templo de San Pedro de las 9 de la mañana. En el transcurso de la mañana están en línea para que vivas y transmitas su contenido. Ya tenemos nuestro Bloog y puedes visitar las seis columnas diferentes que tenemos en los tres principales diarios de Morelia. Empezamos a subirlas y en un breve tiempo las tendremos todas desde que empezamos nuestro ministerio de evangelización. También estamos en Twitter y esta es nuestra dirección para que nos visites: twitter.com/jesusestavivo
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
Y cuando llegue el momento del arqueo final, ¿qué quedará de todo lo aprendido con tantos padeceres? ¿Habremos asimilado lo que en realidad era importante?
Nicodemo era un hombre notable entre los judíos. Honesto y buscador... era en verdad un maestro. Él había indagado en la Escritura y podía explicar, al modo de los sabios de Israel, todos los secretos de la ley. Convencido de que Jesús era un enviado de Dios, de noche se acercó a él, porque tenía sed de saber.
El Señor, de un modo incomprensible, lo invitó a nacer de nuevo; le rompió sus certezas; le habló en un lenguaje simple que lo obligaba a ir de lleno a lo esencial... y el sabio quedó mudo. El que lo conocía todo, ignoraba lo más fundamental. «¿Y tú que eres maestro de Israel no sabes estas cosas?». (Jn 3,10)
Han pasado los años y la pregunta de Jesús resuena para nosotros, hombres del siglo XXI, con impresionante actualidad. Aprendimos tantas cosas. La ignorancia se ha batido en retirada en casi todos los dominios. Los profesionales han llegado a grados increíbles de especialización. Para alcanzar sus metas han debido pasar años de esfuerzos y penurias. Pero no ha sido fácil guardar el equilibrio. Nuestra educación hizo crecer, desmesuradamente, aspectos importantes del saber y dejó en la penumbra zonas indispensables para la vida humana. Hay sabios que son sabios sólo en parte. Espiritualmente jorobados, crecieron sin concierto, desajustando el todo. Nadie los enseñó a orar, a ser humanos, a ser tiernos, a ser padres o esposos, a repartir su tiempo, a conocer el fin de la aventura, nadie les enseñó a vivir y a ser felices. Nadie los acercó al fuego del Espíritu.
¿No es razonable entonces hacemos la pregunta de Jesús? Si somos sabios, ¿cómo es que ignoramos lo más fundamental? «¿Tú eres sabio en Israel y no sabes estas cosas?». Tú que has dedicado tanto tiempo a estudiar, finalmente, ¿qué sabes de la vida?
Este saber profundo no ocupa lugar, no está vedado a nadie y curiosamente los más pobres, los que más sufren y los débiles pueden llegar a él con más hondura. Este saber rompe las reglas del aprendizaje y puede florecer cuando la memoria ya debilitada deja partir todo lo estudiado. Cuando las fuerzas van flaqueando, el hombre es capaz de percibir dónde está lo esencial: aquello que debe perdurar. Por eso es importante que todos, incluidos los sacerdotes y los teólogos, se hagan la pregunta de Jesús... ¿Tú eres maestro de Israel y no sabes estas cosas?».
El próximo día 30 celebraremos la fiesta de Santa Rosa de Lima, te invitamos a la Eucaristía que celebrará el Excmo. Sr. D. Alberto Suárez Inda. Ven a recibir lo que Jesús tiene para ti y toda tu familia desde toda la eternidad. Si abres la página: www.jesusestavivo.org.mx podrás darte cuenta de lo que Jesús está haciendo en su Morelia. Puedes orar con el Nuevo Testamento en línea donde dice: Y la Palabra... es Dios. Tenemos 49 vídeos de evangelización y testimonos de sanación en You Tube, el próximo puede ser el tuyo, el más grande de nuestros vídeos es la bendición con el Santísimo. Escucha hoy domingo la Zeta radio, 96.3 FM y 1340 AM, a las 18:00 horas el programa de evangelización católica: “La Palabra” y vive lo que Jesús tiene para ti desde toda la eternidad: tu salvación-sanación. Este programa se escucha en todo el mundo en la dirección: www.lazeta.com.mx Un click puede cambiar tu vida, atrévete a sanar. Te invitamos a ver en nuestra página web las misas dominicales del domingo en la Iglesia Catedral y la del templo de San Pedro de las 9 de la mañana. En el transcurso de la mañana están en línea para que vivas y transmitas su contenido. Ya tenemos nuestro Bloog y puedes visitar las seis columnas diferentes que tenemos en los tres principales diarios de Morelia. Empezamos a subirlas y en un breve tiempo las tendremos todas desde que empezamos nuestro ministerio de evangelización. También estamos en Twitter y esta es nuestra dirección para que nos visites: twitter.com/jesusestavivo
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Dos ciegos sanados
Hoy encontramos frente a frente dos posturas sobre el Mesías: Los ciegos que toman en serio las Escrituras, y la declaración de Jesús de Nazaret, que promete abrir los ojos a los ciegos. Para ellos, el Mesías debe dar la prueba de su mesianismo. Las curaciones no son sólo convenientes, sino absolutamente necesarias. Si Jesús no sana a los enfermos, no puede ser el Mesías. Por tanto, no tienen valor sus enseñanzas, sus bienaventuranzas son una utopía y no hay que darle crédito a su persona, ya que no llena los requisitos mesiánicos. Si Jesús no cumple las palabras de la Escritura, no tenemos la obligación de cumplir la suya. Ellos no están dispuestos a creer en un Mesías devaluado o debilitado. Y los que aceptan al Mesías, pero moldeado por su prudencia excesiva; los que piensan que las curaciones son un "género literario", que no hay que tomar al pie de la letra. Son quienes juzgan fundamentalistas a los que creen sin condiciones en lo que Jesús dijo. Quieren un Mesías discreto. La espada de su palabra no debe llegar hasta la hendidura de los huesos, ni debe realizar prodigios y milagros que llamen la atención.
Desgraciadamente todavía quedan muchos de esos seguidores de Jesús, que niegan los milagros y curaciones, por la simple razón de que no aceptan los signos portentosos. El perfil del Mesías está delineado por sus gustos, y no por la misión que Dios le ha confiado ni las necesidades de la humanidad.
Entonces, con un ¡shhh...! en la boca, y mirada condenatoria, conminaron a los ciegos para que se callaran. A los que no podían ver se les negaba también el derecho de hablar. Era tan grande la presión, que parecía capaz de ahogar la espontaneidad y la sinceridad de aquella súplica. Trataban de moldearlos de acuerdo a un patrón preestablecido, recortado por el respeto humano y los cánones convencionales.
En la relación con Dios se fabrican normas que modulan la voz, gradúan la temperatura del corazón y maquillan el rostro, para que los hombres y las mujeres sean productos en serie; todos iguales, no sólo de fachada, sino de pensamiento, palabra, obra y, sobre todo, de omisión, ya que se insiste, de manera escrupulosa, en todo lo que no se debe hacer. Se ritualizan de tal manera las fórmulas de relacionarse con Dios, que se pierde precisamente la cualidad que identifica el amor: la espontaneidad.
La navaja no fue capaz de cortarlos a la misma medida. Al contrario. Ellos rompieron el molde preestablecido. El término griego "meizon" da a entender que no sólo gritaron más fuerte, sino más intensamente, con mayor convicción y seguridad.
La oposición les ofreció la oportunidad de confirmar su declaración de fe, de una manera más valiente y decidida. La contrariedad fortaleció su postura. En vez de doblar las manos y agachar la cabeza, en vez de intimidarse o acomplejarse, volvieron a la carga con más ímpetu. Entonces se pusieron de pie y repitieron con el alma: "¡Señor, hijo de David, ten piedad de nosotros!".
Resulta muy fácil unirse de manera impersonal, al coro que reza: "Señor, ten piedad de nosotros"; pero es muy difícil aceptar y confesar ante los demás, nuestra condición de pecadores y la necesidad de auxilio.
Gritaron de tal forma, que debieron ser oídos por Jesús. Ellos sabían perfectamente que él los había escuchado. Por tanto, el Maestro estaba más comprometido que nunca... si en verdad era el esperado Mesías.
Jesús, entonces, se detuvo. Los caminos no se hicieron para andarse, sino para encontrarse. Quien no se sabe detener a tiempo, ha caminado en vano; ha sembrado con fatiga, sin poder cosechar espigas de alegría.
Jesús les dio la primera orden. Ellos obedecieron inmediatamente. Ayudados y guiados por una cadena de manos amigas, fueron colocados frente a Jesús. Habían logrado precisamente lo que se habían propuesto. Su inteligente estrategia había producido los resultados calculados; lo demás ya no dependía de ellos. Entonces les preguntó: "¿Qué quieren que les haga?".
Si los ciegos se habían rendido absolutamente a las órdenes de Jesús cuando lo confesaron como "Señor", ahora él mismo es quien se pone incondicionalmente a su servicio cuando les dice: "Pídanme lo que quieran". Les firmó el cheque en blanco, empleando como testigos a todos los que le seguían. Jesús estaba tan comprometido con la confesión pública de los ciegos, que no podía sino responder de la misma manera... El no había venido a que le sirvieran, sino a servir.
Su petición es perfectamente lógica con el principio del que partieron: quieren que Jesús certifique su autenticidad mesiánica abriendo los ojos de los ciegos. Incluso ellos usan la fórmula mesiánica: "abrir los ojos". (Ver Is 35,5)
Su oración está preñada de absoluta confianza. No le dicen: "si es posible... si puedes... si conviene para la salvación de nuestras almas...". Su petición es casi una orden. Apoyados en el poder de Jesús y que él mismo ha firmado el cheque en blanco, ellos simplemente lo cobran.
Notemos que no oró cada uno por su lado: "Señor, que se abran mis ojos". Uno pedía al mismo tiempo por su compañero. Como que no concebían su sanación sin la de su amigo.
Jesús respondió a esta doble petición: tiene compasión de ellos y los cura al unísono. Imponiendo las manos en los ojos de los enfermos, los sanó al mismo tiempo. Inmediatamente recobraron ambos la vista.
Jesús respondió al instante. Así como ellos habían expresado públicamente su fe, así Jesús da muestra palpable, no sólo de su poder y compasión, sino que confirma explícitamente su carácter mesiánico. Si este milagro beneficia a los enfermos, más provecho trae a Jesús: demuestra que él es el verdadero Mesías, anunciado por los profetas.
Si en la sinagoga de Nazaret se había proclamado "el Ungido", que había venido para dar vista a los ciegos, en el camino de Jericó cumple con dicha función. Es cierto que los ciegos salieron ganando con la recuperación de su vista, pero ante los ojos de todo el mundo se manifestó de manera palpable el cumplimiento de las Escrituras.
Ellos, los que estaban sentados, emprenden la marcha. Ya no existe ninguna justificación para mantenerse pasivos e indigentes. Ahora deben caminar sin detenerse.
"Seguir", de acuerdo a la mentalidad del Nuevo Testamento, no significa sólo la acción de ir en pos de otro, sino que, tratándose de Jesús, implica imitar su estilo de vida, ser como él. Esta es la perfecta sanación de ambos. En esto consiste la completa salud del hombre: ser como Jesús.
Tal vez en ningún otro pasaje del Evangelio encontraremos tantas enseñanzas sobre la sanación. Estamos delante de una rica mina de enseñanzas, tanto del modo de pedirla, como la manera de otorgarla.
En primer lugar, resalta la eficiencia de la oración comunitaria de los que piden la curación. Jesús había prometido un poco antes, (Mt 18,19-20) que si dos se ponían de acuerdo para pedir cualquier cosa, la conseguirían necesariamente. "Ponerse de acuerdo" (sinfoneo) significa vibrar al unísono, compartir el mismo deseo, tener un solo objetivo. Estos dos que oran, no sólo están juntos, sino profundamente unidos.
- Juntos compartían todo cuanto eran y tenían. -Juntos oyeron a Jesús. -Juntos hicieron la misma oración. -Juntos fueron interrogados. -Juntos respondieron. -Juntos fueron curados. -Juntos siguieron a Jesús.
Así pues, cumpliendo la condición puesta por Jesús, debían ser escuchados.
Se nota claramente la importancia de la manifestación externa de la fe. No basta creer con el corazón. Es necesario confesar la fe con la boca. No es suficiente la convicción interior. Esa debe expresarse, porque de esa manera nos comprometemos delante de todos.
La respuesta a la oración depende de que Jesús tenga compasión. El ministerio de curación es el ministerio de la misericordia, y por tanto, de la compasión por los enfermos. También descubrimos la importancia del contacto físico con el enfermo. Jesús insistió en este aspecto con sus apóstoles, cuando les dijo que impusieran las manos sobre los enfermos. Este signo de amor es más importante de lo que pensamos. Primero se comprometen a aceptar a Jesús como el Señor de sus vidas, y hasta después le solicitan la curación.
La sanación nos lleva a ponernos de pie y emprender la marcha. La verdadera sanación nunca es pasiva; al contrario, quita la pasividad. Los que han sido sanados, sienten la necesidad de continuar unidos en búsqueda del Señor. No quieren caminar aislados, sino formar parte de la misma caravana.
Siguen a Jesús. La completa sanación consiste en seguir las huellas del Maestro. El es el camino. Por tanto, ser como Jesús es la perfecta sanación. La palabra tiene que ir acompañada de signos. Nunca palabra sin signos; menos, signos sin palabra.
El lunes pasado, vivimos una experiencia hermosísima en el templo de Las Rosas. Hubo problemas de todo tipo pero en todos la solución favorable triunfó. Jesús fue el más interesado en que recibiéramos lo que tenía para cada uno de los que pusimos nuestra confianza en él. El P. Xavier Andaluz A. celebró la Eucaristía e hizo oración por la salud de los enfermos que asistieron a la alabanza al Señor en espíritu y en verdad. Hubo varias moniciones donde se pidió expresamente por la salud a los enfermos y terminamos con la Unción de los Enfermos. Nadie de los que asistieron salió como llegó, cada uno vivió en carne propia la misericordia de Dios derramada en nuestros corazones. El próximo lunes pediremos testimonios de sanación de los que comprobaron que Jesús está vivo... en el templo de Las Rosas. El vídeo de esta Misa ya está en nuestra página web desde el pasado lunes y se llama: Misa de Sanación en Las Rosas.
El próximo día 30 celebraremos la fiesta de Santa Rosa de Lima, te invitamos a la Eucaristía que celebrará el Excmo. Sr. D. Alberto Suárez Inda. Ven a recibir lo que Jesús tiene para ti y toda tu familia desde toda la eternidad. Si abres la página: www.jesusestavivo.org.mx podrás darte cuenta de lo que Jesús está haciendo en su Morelia. Puedes orar con el Nuevo Testamento en línea donde dice: Y la Palabra... es Dios. Tenemos 49 vídeos de evangelización y testimonos de sanación en You Tube, el próximo puede ser el tuyo, el más grande de nuestros vídeos es la bendición con el Santísimo. Escucha hoy domingo la Zeta radio, 96.3 FM y 1340 AM, a las 18:00 horas el programa de evagelización católica: “La Palabra” y vive lo que Jesús tiene para ti desde toda la eternidad: tu salvación-sanación. Este programa se escucha en todo el mundo en la dirección: www.lazeta.com.mx Un click puede cambiar tu vida, atrévete a sanar. Te invitamos a ver en nuestra página web las misas dominicales del domingo en la Iglesia Catedral y la del templo de San Pedro de las 9 de la mañana. En el transcurso de la mañana están en línea para que vivas y transmitas su contenido. Ya tenemos nuestro Bloog y puedes visitar las seis columnas diferentes que tenemos en los tres principales diarios de Morelia. Empezamos a subirlas y en un breve tiempo las tendremos todas desde que empezamos nuestro ministerio de evangelización. También estamos en Twitter y esta es nuestra dirección para que nos visites: twitter.com/jesusestavivo
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Desgraciadamente todavía quedan muchos de esos seguidores de Jesús, que niegan los milagros y curaciones, por la simple razón de que no aceptan los signos portentosos. El perfil del Mesías está delineado por sus gustos, y no por la misión que Dios le ha confiado ni las necesidades de la humanidad.
Entonces, con un ¡shhh...! en la boca, y mirada condenatoria, conminaron a los ciegos para que se callaran. A los que no podían ver se les negaba también el derecho de hablar. Era tan grande la presión, que parecía capaz de ahogar la espontaneidad y la sinceridad de aquella súplica. Trataban de moldearlos de acuerdo a un patrón preestablecido, recortado por el respeto humano y los cánones convencionales.
En la relación con Dios se fabrican normas que modulan la voz, gradúan la temperatura del corazón y maquillan el rostro, para que los hombres y las mujeres sean productos en serie; todos iguales, no sólo de fachada, sino de pensamiento, palabra, obra y, sobre todo, de omisión, ya que se insiste, de manera escrupulosa, en todo lo que no se debe hacer. Se ritualizan de tal manera las fórmulas de relacionarse con Dios, que se pierde precisamente la cualidad que identifica el amor: la espontaneidad.
La navaja no fue capaz de cortarlos a la misma medida. Al contrario. Ellos rompieron el molde preestablecido. El término griego "meizon" da a entender que no sólo gritaron más fuerte, sino más intensamente, con mayor convicción y seguridad.
La oposición les ofreció la oportunidad de confirmar su declaración de fe, de una manera más valiente y decidida. La contrariedad fortaleció su postura. En vez de doblar las manos y agachar la cabeza, en vez de intimidarse o acomplejarse, volvieron a la carga con más ímpetu. Entonces se pusieron de pie y repitieron con el alma: "¡Señor, hijo de David, ten piedad de nosotros!".
Resulta muy fácil unirse de manera impersonal, al coro que reza: "Señor, ten piedad de nosotros"; pero es muy difícil aceptar y confesar ante los demás, nuestra condición de pecadores y la necesidad de auxilio.
Gritaron de tal forma, que debieron ser oídos por Jesús. Ellos sabían perfectamente que él los había escuchado. Por tanto, el Maestro estaba más comprometido que nunca... si en verdad era el esperado Mesías.
Jesús, entonces, se detuvo. Los caminos no se hicieron para andarse, sino para encontrarse. Quien no se sabe detener a tiempo, ha caminado en vano; ha sembrado con fatiga, sin poder cosechar espigas de alegría.
Jesús les dio la primera orden. Ellos obedecieron inmediatamente. Ayudados y guiados por una cadena de manos amigas, fueron colocados frente a Jesús. Habían logrado precisamente lo que se habían propuesto. Su inteligente estrategia había producido los resultados calculados; lo demás ya no dependía de ellos. Entonces les preguntó: "¿Qué quieren que les haga?".
Si los ciegos se habían rendido absolutamente a las órdenes de Jesús cuando lo confesaron como "Señor", ahora él mismo es quien se pone incondicionalmente a su servicio cuando les dice: "Pídanme lo que quieran". Les firmó el cheque en blanco, empleando como testigos a todos los que le seguían. Jesús estaba tan comprometido con la confesión pública de los ciegos, que no podía sino responder de la misma manera... El no había venido a que le sirvieran, sino a servir.
Su petición es perfectamente lógica con el principio del que partieron: quieren que Jesús certifique su autenticidad mesiánica abriendo los ojos de los ciegos. Incluso ellos usan la fórmula mesiánica: "abrir los ojos". (Ver Is 35,5)
Su oración está preñada de absoluta confianza. No le dicen: "si es posible... si puedes... si conviene para la salvación de nuestras almas...". Su petición es casi una orden. Apoyados en el poder de Jesús y que él mismo ha firmado el cheque en blanco, ellos simplemente lo cobran.
Notemos que no oró cada uno por su lado: "Señor, que se abran mis ojos". Uno pedía al mismo tiempo por su compañero. Como que no concebían su sanación sin la de su amigo.
Jesús respondió a esta doble petición: tiene compasión de ellos y los cura al unísono. Imponiendo las manos en los ojos de los enfermos, los sanó al mismo tiempo. Inmediatamente recobraron ambos la vista.
Jesús respondió al instante. Así como ellos habían expresado públicamente su fe, así Jesús da muestra palpable, no sólo de su poder y compasión, sino que confirma explícitamente su carácter mesiánico. Si este milagro beneficia a los enfermos, más provecho trae a Jesús: demuestra que él es el verdadero Mesías, anunciado por los profetas.
Si en la sinagoga de Nazaret se había proclamado "el Ungido", que había venido para dar vista a los ciegos, en el camino de Jericó cumple con dicha función. Es cierto que los ciegos salieron ganando con la recuperación de su vista, pero ante los ojos de todo el mundo se manifestó de manera palpable el cumplimiento de las Escrituras.
Ellos, los que estaban sentados, emprenden la marcha. Ya no existe ninguna justificación para mantenerse pasivos e indigentes. Ahora deben caminar sin detenerse.
"Seguir", de acuerdo a la mentalidad del Nuevo Testamento, no significa sólo la acción de ir en pos de otro, sino que, tratándose de Jesús, implica imitar su estilo de vida, ser como él. Esta es la perfecta sanación de ambos. En esto consiste la completa salud del hombre: ser como Jesús.
Tal vez en ningún otro pasaje del Evangelio encontraremos tantas enseñanzas sobre la sanación. Estamos delante de una rica mina de enseñanzas, tanto del modo de pedirla, como la manera de otorgarla.
En primer lugar, resalta la eficiencia de la oración comunitaria de los que piden la curación. Jesús había prometido un poco antes, (Mt 18,19-20) que si dos se ponían de acuerdo para pedir cualquier cosa, la conseguirían necesariamente. "Ponerse de acuerdo" (sinfoneo) significa vibrar al unísono, compartir el mismo deseo, tener un solo objetivo. Estos dos que oran, no sólo están juntos, sino profundamente unidos.
- Juntos compartían todo cuanto eran y tenían. -Juntos oyeron a Jesús. -Juntos hicieron la misma oración. -Juntos fueron interrogados. -Juntos respondieron. -Juntos fueron curados. -Juntos siguieron a Jesús.
Así pues, cumpliendo la condición puesta por Jesús, debían ser escuchados.
Se nota claramente la importancia de la manifestación externa de la fe. No basta creer con el corazón. Es necesario confesar la fe con la boca. No es suficiente la convicción interior. Esa debe expresarse, porque de esa manera nos comprometemos delante de todos.
La respuesta a la oración depende de que Jesús tenga compasión. El ministerio de curación es el ministerio de la misericordia, y por tanto, de la compasión por los enfermos. También descubrimos la importancia del contacto físico con el enfermo. Jesús insistió en este aspecto con sus apóstoles, cuando les dijo que impusieran las manos sobre los enfermos. Este signo de amor es más importante de lo que pensamos. Primero se comprometen a aceptar a Jesús como el Señor de sus vidas, y hasta después le solicitan la curación.
La sanación nos lleva a ponernos de pie y emprender la marcha. La verdadera sanación nunca es pasiva; al contrario, quita la pasividad. Los que han sido sanados, sienten la necesidad de continuar unidos en búsqueda del Señor. No quieren caminar aislados, sino formar parte de la misma caravana.
Siguen a Jesús. La completa sanación consiste en seguir las huellas del Maestro. El es el camino. Por tanto, ser como Jesús es la perfecta sanación. La palabra tiene que ir acompañada de signos. Nunca palabra sin signos; menos, signos sin palabra.
El lunes pasado, vivimos una experiencia hermosísima en el templo de Las Rosas. Hubo problemas de todo tipo pero en todos la solución favorable triunfó. Jesús fue el más interesado en que recibiéramos lo que tenía para cada uno de los que pusimos nuestra confianza en él. El P. Xavier Andaluz A. celebró la Eucaristía e hizo oración por la salud de los enfermos que asistieron a la alabanza al Señor en espíritu y en verdad. Hubo varias moniciones donde se pidió expresamente por la salud a los enfermos y terminamos con la Unción de los Enfermos. Nadie de los que asistieron salió como llegó, cada uno vivió en carne propia la misericordia de Dios derramada en nuestros corazones. El próximo lunes pediremos testimonios de sanación de los que comprobaron que Jesús está vivo... en el templo de Las Rosas. El vídeo de esta Misa ya está en nuestra página web desde el pasado lunes y se llama: Misa de Sanación en Las Rosas.
El próximo día 30 celebraremos la fiesta de Santa Rosa de Lima, te invitamos a la Eucaristía que celebrará el Excmo. Sr. D. Alberto Suárez Inda. Ven a recibir lo que Jesús tiene para ti y toda tu familia desde toda la eternidad. Si abres la página: www.jesusestavivo.org.mx podrás darte cuenta de lo que Jesús está haciendo en su Morelia. Puedes orar con el Nuevo Testamento en línea donde dice: Y la Palabra... es Dios. Tenemos 49 vídeos de evangelización y testimonos de sanación en You Tube, el próximo puede ser el tuyo, el más grande de nuestros vídeos es la bendición con el Santísimo. Escucha hoy domingo la Zeta radio, 96.3 FM y 1340 AM, a las 18:00 horas el programa de evagelización católica: “La Palabra” y vive lo que Jesús tiene para ti desde toda la eternidad: tu salvación-sanación. Este programa se escucha en todo el mundo en la dirección: www.lazeta.com.mx Un click puede cambiar tu vida, atrévete a sanar. Te invitamos a ver en nuestra página web las misas dominicales del domingo en la Iglesia Catedral y la del templo de San Pedro de las 9 de la mañana. En el transcurso de la mañana están en línea para que vivas y transmitas su contenido. Ya tenemos nuestro Bloog y puedes visitar las seis columnas diferentes que tenemos en los tres principales diarios de Morelia. Empezamos a subirlas y en un breve tiempo las tendremos todas desde que empezamos nuestro ministerio de evangelización. También estamos en Twitter y esta es nuestra dirección para que nos visites: twitter.com/jesusestavivo
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viernes, 7 de agosto de 2009
Mi hermano gemelo Tomás
HACIA EL TERCER MILENIO
Aurelio Prado Flores
El gemelo
Del apóstol Tomás sabemos bien poco, porque aparece brevemente en sólo tres pasajes de los Evangelios. Ciertamente era un hombre atrevido, espontáneo y muy práctico, pues le gustaba experimentar las cosas por sí mismo. Su apodo de "el mellizo" nos da a entender que tenía un hermano gemelo. El parecido entre Tomás y su hermano gemelo era tal, que muchos no sabían distinguirlos. ¿Quién era ese hermano gemelo de Tomás? No lo sabemos, pero bien podría ser cualquiera de nosotros, dado que nos le asemejamos bastante. Incluso, no estamos lejos de ser el mismo Tomás, y que nos suceda lo mismo que a él.
Tomás fue uno de los doce amigos privilegiados de Jesús, Jn 20,19-29 que anduvieron con él desde un principio en Galilea, hasta el trágico final en Jerusalén. Por tanto, conoció perfectamente al Maestro, escuchó sus palabras y enseñanzas. Fue testigo de milagros y curaciones. Vio paralíticos levantarse y llevar su camilla. Presenció la resurrección de Lázaro y los leprosos que quedaron completamente limpios. El mismo repartió peces y panes multiplicados por la mano de Jesús. También estaba en la barca el día que la tempestad fue calmada y vino la bonanza, gracias a una simple y poderosa orden de Jesús. El sabía todo lo que se decía sobre el Maestro, y cuánto se le admiraba.
Además, Tomás recorrió villas y ciudades en compañía de otro discípulo, tal vez su hermano gemelo, proclamando que el Reino de Dios estaba cerca, realizando milagros y prodigios. Expulsó demonios, curó enfermos y dio vista a los ciegos con el poder del Nombre de Jesús.
Era un hombre práctico a quien le interesaban las cosas que podía ver y tocar. Tal vez por eso, le impresionaba tanto el misterio de la muerte, pues en los pasajes evangélicos en que aparece, hace alusión a ella.
Después de algunos días, Jesús subió con los suyos a Jerusalén, donde fue recibido con gritos de "¡Hosanna!", pasando por debajo de un arco triunfal de palmas de olivo. Poco después se reunió en la intimidad de la noche con los que más amaba, para celebrar la Pascua que ardientemente había deseado comer con ellos. A la mitad de la cena, descubrió los secretos de su corazón y con un leve tono de nostalgia y melancolía se comenzó a despedir de los suyos, pues sabía que su trágico fin ya no estaba lejos. Les dijo: "Ha llegado el momento de la partida definitiva; ya me voy, pero no se pongan tristes, porque a donde yo voy van a venir también ustedes, al fin que ya saben el camino...".
Tomás, que sólo entendía el lenguaje concreto, lo interrumpió, arguyendo con lógica y un poco de desesperación, mientras se rascaba la cabeza: "Pero Señor, si ni siquiera sabemos a dónde vas ¿cómo vamos a saber el camino..?" Jesús comprendió la objeción de Tomás y le contestó con una de las frases más bellas de todo el Evangelio: "Yo soy el camino, la verdad y la vida".
La objeción del práctico Tomás, le dio a Jesús la oportunidad de expresar claramente que no había otro camino para ir al Padre sino por él, en él y con él. ¡Bienaventurado Tomás que replicó, para que Jesús nos dejara el testamento de su persona y su misión!
Terminada la cena, salió Jesús a Getsemaní, para vivir su penosa y angustiosa noche de agonía. Allí lo apresaron y lo condujeron atado al tribunal de Israel, que antes de escucharlo, ya había dictaminado su pena de muerte. Luego lo llevaron ante la autoridad romana, que se lavó las manos para consentir su ejecución. Al día siguiente murió ignominiosamente clavado de pies y manos en una cruz. Estando ya inerte y sin vida, un soldado le traspasó el costado, de donde brotó sangre y agua. Cinco llagas abiertas quedaron para identificación inconfundible del cadáver.
Herido y muerto el pastor, todas sus ovejas se dispersaron. Los suyos huyeron tristes y asustados. Con la muerte de Jesús no solamente se acababa su esperanza, sino que comenzaba una vida de persecuciones y amenazas en su contra.
Se escondieron en la sala del piso superior, donde antes habían celebrado la cena de despedida. Se cuidaron de cerrar perfectamente puertas, correr las cortinas y no prender vela, que los delatara ante los temidos judíos. En las tinieblas del desconcierto, pasaron la noche más oscura de su vida, mientras en la ciudad de David la luna brillaba en todo su esplendor, iluminando las murallas y alumbrando las pequeñas callejuelas vacías.
El día siguiente fue de silenciosa y profunda pena. Llegó la tarde y cayeron otra vez las pesadas sombras en la noche. El amanecer los encontró despiertos y la luz del nuevo día no pudo disipar las tinieblas de su corazón.
Apenas comenzaba a alborear, María Magdalena llegó corriendo con la fresca noticia de que venía del sepulcro del huerto, y sorprendentemente lo había encontrado vacío. Aseguró que había tenido una visión de ángeles, que le habían proclamado la gloriosa resurrección del Maestro. Ellos nada de todo esto creyeron, pensando que era una clásica exageración femenina o una alucinación compensatoria en quien no había dormido en tres días de tristeza. Por la tarde, cuando ya el sol comenzaba a ocultarse, y ellos habían asegurado con trancas las puertas, se sentaron a pensar en aquello de lo que nadie quería hablar. De pronto algo extraño y maravilloso se presintió en el ambiente: el cuarto se llenó de luz. Era Jesús, muerto y resucitado, que volvía a los suyos como lo había prometido, para manifestarles un destello de su gloria. Apareció puesto en pie en medio de ellos, vestido con túnica blanca, rostro de sol y brazos extendidos. Les saludó diciendo: "La paz sea con ustedes".
Lo primero que Jesús resucitado regaló a sus apóstoles, fue lo que ellos más necesitaban: la paz mesiánica. Luego, lleno de resplandor, mostró sus manos taladradas y los estigmas de la lanza en el costado, de donde salía luz, mientras que de las cicatrices de las espinas emanaba un arcoiris de vida y esperanza.
Los apóstoles, mudos de asombro, no llegaban a saber si aquello era un sueño o una realidad. ¡Tan grande era el misterio! ¿Podría ser una alucinación, producto de su nostálgica imaginación? Lo cierto es que todos guardaron respetuoso silencio para no romper el encanto del prodigio.
Jesús, condescendiente y comprensivo, simplemente sopló sobre ellos y les dijo: "¡Reciban el Espíritu Santo!". Al instante, ellos quedaron llenos de la Fuerza de lo Alto, sus dones y frutos. Todos estaban tan felices del maravilloso encuentro, que ni el Maestro, ni menos alguno de sus discípulos, reparó en la ausencia de Tomás. Luego, Jesús glorificado dio la gran encomienda a sus misioneros: "¡Vayan por todo el mundo y proclamen a todas las criaturas que estoy vivo para dar vida en abundancia a los que crean en mí!".
Después de tan felices momentos, y habiendo los apóstoles recobrado la esperanza perdida, Jesús se despidió, dejando en la transparencia del ambiente el perfume de los ungüentos y aceites con los que lo habían ungido. El rostro y los ojos de los discípulos seguían reflejando el resplandor del resucitado, pero ya Jesús se había esfumado, de manera tan misteriosa como había llegado. Su tristeza se había convertido en gozo y ahora tenían la seguridad de que Jesús estaba vivo y permanecía de alguna manera en medio de ellos.
En esos precisos momentos, alguien tocó suave y tímidamente la puerta. Ellos voltearon a verse los unos a los otros. Nerviosos, ninguno se atrevía a tomar la iniciativa. La puerta volvió a sonar un poco más fuerte, con golpes menos espaciados. Mientras Simón Pedro buscaba las llaves, dos más comenzaron a quitar la pesada tranca de madera. Simón metió la llave nerviosamente en la cerradura y abrió un poco la puerta, la cual rechinó más que de costumbre.
Entre las sombras de la noche había un hombre envuelto completamente en su manto, que al darse cuenta de que era abierta la puerta, descubrió su cara y dijo lentamente en voz baja: "Soy yo, Tomás, el gemelo... ya regresé".
Pedro respiró de alivio y le hizo pasar inmediatamente. Los demás lo rodearon como abejas y le comenzaron a gritar en coro: "¡Tomás, Jesús ha resucitado!, ¡hemos visto al Maestro!".
La sala, cubierta por la penumbra de la noche, era iluminada sólo por un débil rayo de luz que entraba por la puerta que descuidadamente se había quedado abierta. Pasaron a Tomás al centro, y todos juntos trataban de convencerlo, probando con argumentos y detalles la verdad de lo que decían. Emocionados, se arrebataban desordenadamente la palabra uno al otro, bombardeando a Tomás con diez bocas que parecían cañones que disparaban argumentos de la resurrección de Jesús.
Tomás no podía ni replicar, ni responder. Sus oídos estaban cerrados y no consentía nada. El silencio escéptico de Tomás fue más elocuente que la palabrería de todos los demás, que terminaron también por guardar silencio...
Ellos esperaban que Tomás les creyera inmediatamente y aceptara la Buena Noticia de la resurrección de Jesús, pero todo su esfuerzo había resultado inútil y hasta contraproducente, pues el gemelo contestó rudamente: "No les creo nada y nunca creeré, a no ser que yo mismo meta mi dedo en las manos taladradas por los clavos y mi mano en el costado traspasado por la lanza. Es inútil que continúen tratando de convencerme. La única manera como yo voy a creer, es si yo veo y si yo toco. A mí no me importa lo que ustedes vieron. Eso no vale para mí. Yo quiero experimentarlo".
Los diez apóstoles, enviados por Jesús a anunciar su resurrección a todas las criaturas, no podían convencer al escéptico de Tomás. Los que habían sido llenos de Espíritu Santo, no tenían la capacidad de hacer creer al hermético gemelo, que no aceptaba la verdad de la resurrección. La primera evangelización de la Iglesia entera, resultaba un total fracaso, pues entre diez, no podían evangelizar a uno solo de ellos.
Los diez habían visto y habían creído. Pero a Tomás no le bastaba ver. Exigía un encuentro personal con Jesús, donde pudiera además, tocarlo; y para que no hubiera engaño, debía también meter sus dedos en las hendiduras dejadas por los clavos. El gemelo permanecía impasible, examinando la reacción de todos y cada uno de sus compañeros. Los demás apóstoles estaban llenos de estupefacción por la incredulidad del gemelo. ¡Qué difícil les era evangelizar a Tomás; a ese Tomás que conocía a Jesús, y que había hecho milagros en su Nombre!
A Tomás no le bastaba lo que para otros era suficiente, ni tampoco iba a creer porque otros ya habían creído. No aceptaba que su fe se originara por lo que otros habían experimentado. El exigía vivir y experimentar lo que los demás contaban. El gemelo era de aquellos que no les es suficiente conocer a Jesús por los libros, las películas, las estampitas o las imágenes. El necesitaba, por un imperativo de su propio ser, un encuentro personal con Jesús. El no creería por los sermones, conferencias o documentos eclesiásticos.
Pero con todo esto, Tomás era sincero y honesto. Si por no estar con la comunidad apostólica se había perdido la primera gloriosa manifestación de Jesús resucitado, ahora ya no se iba a alejar en ningún momento de allí, porque había aprendido que Jesús se manifiesta donde dos o más están reunidos en su Nombre.
Por eso, una vez que sus compañeros guardaron silencio y desistieron en su empresa de convencerlo, él mismo cerró la puerta y hasta puso la tranca. No lo hizo por miedo a los judíos, sino para no salir hasta no ver y tocar a Jesús. Luego se sentó junto a María, la madre de Jesús, a esperar pacientemente el deseado encuentro con el Resucitado. Fueron pasando lentamente los días. Mientras en los otros diez aumentaba la ansiedad y el nerviosismo, porque se imaginaban que no volverían a ver a Jesús, la esperanza y la sed del encuentro iban creciendo en el corazón del gemelo.
Así transcurrieron ocho días, hasta que llegó de nuevo el primer día de la semana. Por la tarde, cuando ya estaba cayendo el sol y se preparaban para terminar un día más, otra vez los invadió una intensa luz y un esplendor de gloria celestial. Jesús resucitado atravesaba las paredes, para colocarse en medio de ellos y saludarles diciendo: "La paz esté con ustedes".
Sus corazones palpitaban de prisa, la alegría los inundaba y la felicidad los embriagaba, al volver a ver otra vez a Jesús entre ellos. Todos tenían fija su vista en Jesús, que estaba en el centro de la sala; pero al mismo tiempo ninguno dejaba de observar la reacción de Tomás, el cual estaba contemplando lo que había esperado con esa certeza que viene de la fe, y que no falla.
Jesús hizo caso omiso de todos para mirar detenidamente sólo a uno que estaba hasta atrás de los demás. Lo señaló con su dedo y lo llamó por su nombre, diciendo: "Tomás,... ven,... acércate...".
Los apóstoles dejaron que Tomás pasara libremente en medio de ellos. El gemelo comenzó a caminar lentamente arrastrando los pies, con sus ojos más grandes que nunca, la boca semiabierta y el rostro lleno de asombro.
Tomás había solicitado una prueba, y Jesús había aceptado el reto. Llegaba el momento del desafío y en ocho días veremos la similitud que tenemos con nuestro hermano gemelo. Te invitamos a la Misa de mañana lunes a las 19:00 horas en el templo de Las Rosas, abrá oración de sanación y tenemos una gran sorpresa que tu vivirás ese día. Lo que si te podemos adelantar es que nadie de los que asistan saldrá como llegó, Jesús se llevará tus odios, rencores, envidias, enfermedades, pecado y todo lo que se le parezca, El P. Xavier Andaluz confesará antes de la Eucaristía. Nadie de los que vayan saldrá como llegó. Si abres la página: www.jesusestavivo.org.mx podrás darte cuenta de lo que Jesús está haciendo en su Morelia. Tenemos 34 vídeos de evangelización y testimonos de sanación, el próximo puede ser el tuyo, el más grande es la bendición con el Santísimo. Escucha hoy domingo la Zeta radio a las 18:00 horas el programa: “La Palabra” y vive lo que Jesús tiene para ti desde toda la eternidad: tu salvación-sanación. Puedes ver también el Nuevo Testamento en línea donde dice: Y la Palabra... es Dios. Un click puede cambiar tu vida, atrévete a sanar. Te invitamos a ver en nuestra página web la Misa dominical del domingo en la Iglesia Catedral. El mismo día estará en línea para que vivas y transmitas su contenido.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
Ven Señor Jesús
Aurelio Prado Flores
Carismático
El P. Tardif, Misionero del Sagrado Corazón, recibió de Dios grandes dones como el de Sanación, Liberación, Profecía, Palabra de Ciencia, y sobre todo un amor compasivo para todos.
El Espíritu Santo habitaba en él con poder y fuerza; en una palabra, haciendo presente a Jesús a través de él. Dedicó su vida a evangelizar por todo el mundo, a partir de 1973 en que fue sanado de tuberculosis pulmonar fulminante. Un día, estando en una cama de hospital en Canadá, desahuciado por la ciencia médica, llegaron a orar por él unas personas y el Señor lo sanó.
De ahí salió a buscar a las personas que oraron por él y empezó a tomar el curso: “Vida en el Espíritu”, recibiendo a los pocos meses el “Don de Lenguas”, posteriormente el de “Profecía”, y poco a poco los demás carismas.
Cuando regresó a Santo Domingo trabajó en la Renovación Carismática. Tiempo después pidió permiso a su Comunidad Religiosa para salir a dar retiros recorriendo muchos países, desde 1981 hasta que el Señor lo llamó a su lado el 8 de junio de 1999. Tuvimos la dicha de tenerlo en el “Estadio Morelos” en la Segunda Jornada de Evangelización con Pepe Prado. Él decía: “Me siento muy feliz de poner al servicio de ustedes esa salud que Dios me regaló”.
De Pepe Prado sabemos que es un seglar casado y padre de cuatro hijos, elegido por el Señor, el cual le ha regalado muchos dones y carismas. Después de estudiar Filosofía y Biblia, se especializó en catequesis en Bélgica y ha escrito más de 45 libros. Es evangelizador que va por todo el mundo y predica la Palabra con mucho poder. Pepe relata: “Cuando recibí el bautismo en el Espíritu Santo, comprendí que por mucho que hiciera: siendo bueno, estudiando la Biblia, asistiendo a los sacramentos, con todo eso no podía alcanzar a Dios, llegué a la conclusión que solamente con su gracia y aceptando la salvación que ya está ganada por Él, a precio de su sangre, puedo alcanzarlo; o más bien, ya Dios me alcanzó a mí. Él me encontró, Él me eligió y ahora yo lo proclamo para que tú también lo tengas”.
Todo esto nos lo dijo con lágrimas en los ojos y agradeciendo a Dios por su misericordia. Actualmente, preside la Escuela de Evangelización “San Andrés” fundada por él, por el P. Emiliano Tardif y por William Finke. “Esta Escuela busca ‘Pedros’ que sirvan, amen y prediquen al Señor Jesús más y mejor que nosotros mismos”.
Viaja constantemente con su equipo de evangelizadores, dejando a su paso más de 2100 Escuelas de Evangelización en los cinco continentes, ya que no sólo enseña a aprender, sino que enseña a enseñar.
Pepe viajó con el P. Emiliano por todo el mundo, dando retiros y cursos. Escribió en colaboración con el P. Tardif el libro: “Jesús está vivo”, traducido a más de 25 lenguas, “Jesús es el Mesías” y “La vuelta al mundo sin maleta”, narrando las maravillas que Dios está haciendo por todo el mundo. Si deseas tener en tus manos los libros de Pepe Prado, manda un correo a: aurelio@jesusestavivo.org.mx y ese mismo día tendrás en tu correo electrónico lo que solicites.
¡Déjate amar por Dios! que te envuelva su amor, que te llene con su gracia, que derrame todo su amor en ti de manera tal que hasta se te note. ¡De verdad! ¡Tienes qué creer! Porque cambia tu manera de pensar, de sentir, de actuar y hasta de soñar. Y todo esto porque ¡JESÚS ESTÁ VIVO!
Hay muchos testimonios de personas que leyendo estas líneas, han buscado y encontrado a Jesús, han reconocido que está vivo, que sigue ofreciendo su salvación, y han sido sanados de alma y cuerpo, incluso enfermos desahuciados.
Estaban siete mil personas congregadas en el nombre del Señor y en día de trabajo (era un viernes). Toda esa gente dejó sus labores para buscar a Dios. ¡es sencillamente fascinante! Se cumple lo que anunció el Profeta: “He aquí que vienen días -oráculo del Señor Yahveh- en que yo mandaré hambre a la tierra, no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la Palabra de Yahveh”: Am 8,11.
Los cánticos nos iban envolviendo poco a poco, llevándonos a un estado de gran felicidad. ¡Cómo quisiera tener palabras para explicar esto!
La devoción aflora en la gente: niños, jóvenes y adultos, todos y cada uno de ellos son envueltos por la misma espiritualidad. Por un momento creímos estar en el cielo escuchando cantos celestiales; muchos lo hacían en lenguas, yo por mi parte nunca había escuchado eso, los sentía como coros de ángeles. ¿Estaré muerto y no me doy cuenta? me preguntaba.
¿Qué nos pasó? No lo sé. La manera de predicar la Palabra de Dios era diferente, la escuchaba distinta. Pensé: Es el mismo Evangelio que desde niño he escuchado y leído, el que mis padres me transmitieron. Sin embargo, ahora siento como si la Palabra hubiera cobrado vida.
¡La predicación es para mí! ¡Esta Palabra de Dios es para mí hoy! Esta predicación la estaba impartiendo Pepe Prado con mucho poder, de manera tal que nos arrancó lágrimas a todos y a través de esa predicación fuimos abriendo nuestro corazón hacia el perdón.
La plática fue sobre la mujer adúltera y nos transportó a vivir el perdón que experimentó ella, ¡y lo vivimos también nosotros! Era la primera vez que escuchaba una predicación con tanto poder, incluso pensé: “Si todos los sacerdotes nos hablaran así de Jesús, otra cosa sería nuestro mundo”.
El Padre Tardif empezó a decir que Jesús estaba sanando a varios de los sacerdotes ahí presentes que padecían de los ojos, y que algunos hasta tenían fuertes dolores de cabeza por el esfuerzo para leer. Que en ese momento los sacerdotes estaban sintiendo una lágrima gruesa que les nublaba la vista.
Les indicó que se limpiaran los ojos y que iban a ver perfectamente. Se pararon como diez sacerdotes que estaban junto al Padre, ahí en el altar, unos llorando, otros sorprendidos, no sabían qué les pasaba.
Han de ser “paleros” pensé, que se prestan a estas cosas; pero por ahí estaba Jesús sonriendo y diciendo: “Tengo también un regalo para ti”. “¡Ya veo! ¡Ya veo!”, gritaba repentinamente una viejecita. “Suba el estrado”, le indicó al Padre Tardif, y cuando la ancianita llegó dijo: “Perdóneme Padrecito, yo no pagué la entrada, yo creía que era un juego de pelota, estábamos en una cancha, y entré a pedir limosna para comprarme unos lentes, me gusta leer y ya no podía hacerlo, pero ahora ya veo nuevamente”, dijo llorando y con gran júbilo.
“¿Le gusta leer?”, preguntó el Padre. “¡Sí!”, contestó ella. Al momento, el Padre Tardif puso la Biblia cerrada en manos de la señora.
“Lea donde el Señor le indique”, dijo el Padre. Al abrirla, la señora empezó a leer: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo se os dará por añadidura”.
Al escucharla, se me enchinó la piel. Todos estábamos asombrados. Se escuchó un largo clamor... “¡Aleluya, Gloria a Dios!”, era un júbilo general.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
Aurelio Prado Flores
El gemelo
Del apóstol Tomás sabemos bien poco, porque aparece brevemente en sólo tres pasajes de los Evangelios. Ciertamente era un hombre atrevido, espontáneo y muy práctico, pues le gustaba experimentar las cosas por sí mismo. Su apodo de "el mellizo" nos da a entender que tenía un hermano gemelo. El parecido entre Tomás y su hermano gemelo era tal, que muchos no sabían distinguirlos. ¿Quién era ese hermano gemelo de Tomás? No lo sabemos, pero bien podría ser cualquiera de nosotros, dado que nos le asemejamos bastante. Incluso, no estamos lejos de ser el mismo Tomás, y que nos suceda lo mismo que a él.
Tomás fue uno de los doce amigos privilegiados de Jesús, Jn 20,19-29 que anduvieron con él desde un principio en Galilea, hasta el trágico final en Jerusalén. Por tanto, conoció perfectamente al Maestro, escuchó sus palabras y enseñanzas. Fue testigo de milagros y curaciones. Vio paralíticos levantarse y llevar su camilla. Presenció la resurrección de Lázaro y los leprosos que quedaron completamente limpios. El mismo repartió peces y panes multiplicados por la mano de Jesús. También estaba en la barca el día que la tempestad fue calmada y vino la bonanza, gracias a una simple y poderosa orden de Jesús. El sabía todo lo que se decía sobre el Maestro, y cuánto se le admiraba.
Además, Tomás recorrió villas y ciudades en compañía de otro discípulo, tal vez su hermano gemelo, proclamando que el Reino de Dios estaba cerca, realizando milagros y prodigios. Expulsó demonios, curó enfermos y dio vista a los ciegos con el poder del Nombre de Jesús.
Era un hombre práctico a quien le interesaban las cosas que podía ver y tocar. Tal vez por eso, le impresionaba tanto el misterio de la muerte, pues en los pasajes evangélicos en que aparece, hace alusión a ella.
Después de algunos días, Jesús subió con los suyos a Jerusalén, donde fue recibido con gritos de "¡Hosanna!", pasando por debajo de un arco triunfal de palmas de olivo. Poco después se reunió en la intimidad de la noche con los que más amaba, para celebrar la Pascua que ardientemente había deseado comer con ellos. A la mitad de la cena, descubrió los secretos de su corazón y con un leve tono de nostalgia y melancolía se comenzó a despedir de los suyos, pues sabía que su trágico fin ya no estaba lejos. Les dijo: "Ha llegado el momento de la partida definitiva; ya me voy, pero no se pongan tristes, porque a donde yo voy van a venir también ustedes, al fin que ya saben el camino...".
Tomás, que sólo entendía el lenguaje concreto, lo interrumpió, arguyendo con lógica y un poco de desesperación, mientras se rascaba la cabeza: "Pero Señor, si ni siquiera sabemos a dónde vas ¿cómo vamos a saber el camino..?" Jesús comprendió la objeción de Tomás y le contestó con una de las frases más bellas de todo el Evangelio: "Yo soy el camino, la verdad y la vida".
La objeción del práctico Tomás, le dio a Jesús la oportunidad de expresar claramente que no había otro camino para ir al Padre sino por él, en él y con él. ¡Bienaventurado Tomás que replicó, para que Jesús nos dejara el testamento de su persona y su misión!
Terminada la cena, salió Jesús a Getsemaní, para vivir su penosa y angustiosa noche de agonía. Allí lo apresaron y lo condujeron atado al tribunal de Israel, que antes de escucharlo, ya había dictaminado su pena de muerte. Luego lo llevaron ante la autoridad romana, que se lavó las manos para consentir su ejecución. Al día siguiente murió ignominiosamente clavado de pies y manos en una cruz. Estando ya inerte y sin vida, un soldado le traspasó el costado, de donde brotó sangre y agua. Cinco llagas abiertas quedaron para identificación inconfundible del cadáver.
Herido y muerto el pastor, todas sus ovejas se dispersaron. Los suyos huyeron tristes y asustados. Con la muerte de Jesús no solamente se acababa su esperanza, sino que comenzaba una vida de persecuciones y amenazas en su contra.
Se escondieron en la sala del piso superior, donde antes habían celebrado la cena de despedida. Se cuidaron de cerrar perfectamente puertas, correr las cortinas y no prender vela, que los delatara ante los temidos judíos. En las tinieblas del desconcierto, pasaron la noche más oscura de su vida, mientras en la ciudad de David la luna brillaba en todo su esplendor, iluminando las murallas y alumbrando las pequeñas callejuelas vacías.
El día siguiente fue de silenciosa y profunda pena. Llegó la tarde y cayeron otra vez las pesadas sombras en la noche. El amanecer los encontró despiertos y la luz del nuevo día no pudo disipar las tinieblas de su corazón.
Apenas comenzaba a alborear, María Magdalena llegó corriendo con la fresca noticia de que venía del sepulcro del huerto, y sorprendentemente lo había encontrado vacío. Aseguró que había tenido una visión de ángeles, que le habían proclamado la gloriosa resurrección del Maestro. Ellos nada de todo esto creyeron, pensando que era una clásica exageración femenina o una alucinación compensatoria en quien no había dormido en tres días de tristeza. Por la tarde, cuando ya el sol comenzaba a ocultarse, y ellos habían asegurado con trancas las puertas, se sentaron a pensar en aquello de lo que nadie quería hablar. De pronto algo extraño y maravilloso se presintió en el ambiente: el cuarto se llenó de luz. Era Jesús, muerto y resucitado, que volvía a los suyos como lo había prometido, para manifestarles un destello de su gloria. Apareció puesto en pie en medio de ellos, vestido con túnica blanca, rostro de sol y brazos extendidos. Les saludó diciendo: "La paz sea con ustedes".
Lo primero que Jesús resucitado regaló a sus apóstoles, fue lo que ellos más necesitaban: la paz mesiánica. Luego, lleno de resplandor, mostró sus manos taladradas y los estigmas de la lanza en el costado, de donde salía luz, mientras que de las cicatrices de las espinas emanaba un arcoiris de vida y esperanza.
Los apóstoles, mudos de asombro, no llegaban a saber si aquello era un sueño o una realidad. ¡Tan grande era el misterio! ¿Podría ser una alucinación, producto de su nostálgica imaginación? Lo cierto es que todos guardaron respetuoso silencio para no romper el encanto del prodigio.
Jesús, condescendiente y comprensivo, simplemente sopló sobre ellos y les dijo: "¡Reciban el Espíritu Santo!". Al instante, ellos quedaron llenos de la Fuerza de lo Alto, sus dones y frutos. Todos estaban tan felices del maravilloso encuentro, que ni el Maestro, ni menos alguno de sus discípulos, reparó en la ausencia de Tomás. Luego, Jesús glorificado dio la gran encomienda a sus misioneros: "¡Vayan por todo el mundo y proclamen a todas las criaturas que estoy vivo para dar vida en abundancia a los que crean en mí!".
Después de tan felices momentos, y habiendo los apóstoles recobrado la esperanza perdida, Jesús se despidió, dejando en la transparencia del ambiente el perfume de los ungüentos y aceites con los que lo habían ungido. El rostro y los ojos de los discípulos seguían reflejando el resplandor del resucitado, pero ya Jesús se había esfumado, de manera tan misteriosa como había llegado. Su tristeza se había convertido en gozo y ahora tenían la seguridad de que Jesús estaba vivo y permanecía de alguna manera en medio de ellos.
En esos precisos momentos, alguien tocó suave y tímidamente la puerta. Ellos voltearon a verse los unos a los otros. Nerviosos, ninguno se atrevía a tomar la iniciativa. La puerta volvió a sonar un poco más fuerte, con golpes menos espaciados. Mientras Simón Pedro buscaba las llaves, dos más comenzaron a quitar la pesada tranca de madera. Simón metió la llave nerviosamente en la cerradura y abrió un poco la puerta, la cual rechinó más que de costumbre.
Entre las sombras de la noche había un hombre envuelto completamente en su manto, que al darse cuenta de que era abierta la puerta, descubrió su cara y dijo lentamente en voz baja: "Soy yo, Tomás, el gemelo... ya regresé".
Pedro respiró de alivio y le hizo pasar inmediatamente. Los demás lo rodearon como abejas y le comenzaron a gritar en coro: "¡Tomás, Jesús ha resucitado!, ¡hemos visto al Maestro!".
La sala, cubierta por la penumbra de la noche, era iluminada sólo por un débil rayo de luz que entraba por la puerta que descuidadamente se había quedado abierta. Pasaron a Tomás al centro, y todos juntos trataban de convencerlo, probando con argumentos y detalles la verdad de lo que decían. Emocionados, se arrebataban desordenadamente la palabra uno al otro, bombardeando a Tomás con diez bocas que parecían cañones que disparaban argumentos de la resurrección de Jesús.
Tomás no podía ni replicar, ni responder. Sus oídos estaban cerrados y no consentía nada. El silencio escéptico de Tomás fue más elocuente que la palabrería de todos los demás, que terminaron también por guardar silencio...
Ellos esperaban que Tomás les creyera inmediatamente y aceptara la Buena Noticia de la resurrección de Jesús, pero todo su esfuerzo había resultado inútil y hasta contraproducente, pues el gemelo contestó rudamente: "No les creo nada y nunca creeré, a no ser que yo mismo meta mi dedo en las manos taladradas por los clavos y mi mano en el costado traspasado por la lanza. Es inútil que continúen tratando de convencerme. La única manera como yo voy a creer, es si yo veo y si yo toco. A mí no me importa lo que ustedes vieron. Eso no vale para mí. Yo quiero experimentarlo".
Los diez apóstoles, enviados por Jesús a anunciar su resurrección a todas las criaturas, no podían convencer al escéptico de Tomás. Los que habían sido llenos de Espíritu Santo, no tenían la capacidad de hacer creer al hermético gemelo, que no aceptaba la verdad de la resurrección. La primera evangelización de la Iglesia entera, resultaba un total fracaso, pues entre diez, no podían evangelizar a uno solo de ellos.
Los diez habían visto y habían creído. Pero a Tomás no le bastaba ver. Exigía un encuentro personal con Jesús, donde pudiera además, tocarlo; y para que no hubiera engaño, debía también meter sus dedos en las hendiduras dejadas por los clavos. El gemelo permanecía impasible, examinando la reacción de todos y cada uno de sus compañeros. Los demás apóstoles estaban llenos de estupefacción por la incredulidad del gemelo. ¡Qué difícil les era evangelizar a Tomás; a ese Tomás que conocía a Jesús, y que había hecho milagros en su Nombre!
A Tomás no le bastaba lo que para otros era suficiente, ni tampoco iba a creer porque otros ya habían creído. No aceptaba que su fe se originara por lo que otros habían experimentado. El exigía vivir y experimentar lo que los demás contaban. El gemelo era de aquellos que no les es suficiente conocer a Jesús por los libros, las películas, las estampitas o las imágenes. El necesitaba, por un imperativo de su propio ser, un encuentro personal con Jesús. El no creería por los sermones, conferencias o documentos eclesiásticos.
Pero con todo esto, Tomás era sincero y honesto. Si por no estar con la comunidad apostólica se había perdido la primera gloriosa manifestación de Jesús resucitado, ahora ya no se iba a alejar en ningún momento de allí, porque había aprendido que Jesús se manifiesta donde dos o más están reunidos en su Nombre.
Por eso, una vez que sus compañeros guardaron silencio y desistieron en su empresa de convencerlo, él mismo cerró la puerta y hasta puso la tranca. No lo hizo por miedo a los judíos, sino para no salir hasta no ver y tocar a Jesús. Luego se sentó junto a María, la madre de Jesús, a esperar pacientemente el deseado encuentro con el Resucitado. Fueron pasando lentamente los días. Mientras en los otros diez aumentaba la ansiedad y el nerviosismo, porque se imaginaban que no volverían a ver a Jesús, la esperanza y la sed del encuentro iban creciendo en el corazón del gemelo.
Así transcurrieron ocho días, hasta que llegó de nuevo el primer día de la semana. Por la tarde, cuando ya estaba cayendo el sol y se preparaban para terminar un día más, otra vez los invadió una intensa luz y un esplendor de gloria celestial. Jesús resucitado atravesaba las paredes, para colocarse en medio de ellos y saludarles diciendo: "La paz esté con ustedes".
Sus corazones palpitaban de prisa, la alegría los inundaba y la felicidad los embriagaba, al volver a ver otra vez a Jesús entre ellos. Todos tenían fija su vista en Jesús, que estaba en el centro de la sala; pero al mismo tiempo ninguno dejaba de observar la reacción de Tomás, el cual estaba contemplando lo que había esperado con esa certeza que viene de la fe, y que no falla.
Jesús hizo caso omiso de todos para mirar detenidamente sólo a uno que estaba hasta atrás de los demás. Lo señaló con su dedo y lo llamó por su nombre, diciendo: "Tomás,... ven,... acércate...".
Los apóstoles dejaron que Tomás pasara libremente en medio de ellos. El gemelo comenzó a caminar lentamente arrastrando los pies, con sus ojos más grandes que nunca, la boca semiabierta y el rostro lleno de asombro.
Tomás había solicitado una prueba, y Jesús había aceptado el reto. Llegaba el momento del desafío y en ocho días veremos la similitud que tenemos con nuestro hermano gemelo. Te invitamos a la Misa de mañana lunes a las 19:00 horas en el templo de Las Rosas, abrá oración de sanación y tenemos una gran sorpresa que tu vivirás ese día. Lo que si te podemos adelantar es que nadie de los que asistan saldrá como llegó, Jesús se llevará tus odios, rencores, envidias, enfermedades, pecado y todo lo que se le parezca, El P. Xavier Andaluz confesará antes de la Eucaristía. Nadie de los que vayan saldrá como llegó. Si abres la página: www.jesusestavivo.org.mx podrás darte cuenta de lo que Jesús está haciendo en su Morelia. Tenemos 34 vídeos de evangelización y testimonos de sanación, el próximo puede ser el tuyo, el más grande es la bendición con el Santísimo. Escucha hoy domingo la Zeta radio a las 18:00 horas el programa: “La Palabra” y vive lo que Jesús tiene para ti desde toda la eternidad: tu salvación-sanación. Puedes ver también el Nuevo Testamento en línea donde dice: Y la Palabra... es Dios. Un click puede cambiar tu vida, atrévete a sanar. Te invitamos a ver en nuestra página web la Misa dominical del domingo en la Iglesia Catedral. El mismo día estará en línea para que vivas y transmitas su contenido.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
Ven Señor Jesús
Aurelio Prado Flores
Carismático
El P. Tardif, Misionero del Sagrado Corazón, recibió de Dios grandes dones como el de Sanación, Liberación, Profecía, Palabra de Ciencia, y sobre todo un amor compasivo para todos.
El Espíritu Santo habitaba en él con poder y fuerza; en una palabra, haciendo presente a Jesús a través de él. Dedicó su vida a evangelizar por todo el mundo, a partir de 1973 en que fue sanado de tuberculosis pulmonar fulminante. Un día, estando en una cama de hospital en Canadá, desahuciado por la ciencia médica, llegaron a orar por él unas personas y el Señor lo sanó.
De ahí salió a buscar a las personas que oraron por él y empezó a tomar el curso: “Vida en el Espíritu”, recibiendo a los pocos meses el “Don de Lenguas”, posteriormente el de “Profecía”, y poco a poco los demás carismas.
Cuando regresó a Santo Domingo trabajó en la Renovación Carismática. Tiempo después pidió permiso a su Comunidad Religiosa para salir a dar retiros recorriendo muchos países, desde 1981 hasta que el Señor lo llamó a su lado el 8 de junio de 1999. Tuvimos la dicha de tenerlo en el “Estadio Morelos” en la Segunda Jornada de Evangelización con Pepe Prado. Él decía: “Me siento muy feliz de poner al servicio de ustedes esa salud que Dios me regaló”.
De Pepe Prado sabemos que es un seglar casado y padre de cuatro hijos, elegido por el Señor, el cual le ha regalado muchos dones y carismas. Después de estudiar Filosofía y Biblia, se especializó en catequesis en Bélgica y ha escrito más de 45 libros. Es evangelizador que va por todo el mundo y predica la Palabra con mucho poder. Pepe relata: “Cuando recibí el bautismo en el Espíritu Santo, comprendí que por mucho que hiciera: siendo bueno, estudiando la Biblia, asistiendo a los sacramentos, con todo eso no podía alcanzar a Dios, llegué a la conclusión que solamente con su gracia y aceptando la salvación que ya está ganada por Él, a precio de su sangre, puedo alcanzarlo; o más bien, ya Dios me alcanzó a mí. Él me encontró, Él me eligió y ahora yo lo proclamo para que tú también lo tengas”.
Todo esto nos lo dijo con lágrimas en los ojos y agradeciendo a Dios por su misericordia. Actualmente, preside la Escuela de Evangelización “San Andrés” fundada por él, por el P. Emiliano Tardif y por William Finke. “Esta Escuela busca ‘Pedros’ que sirvan, amen y prediquen al Señor Jesús más y mejor que nosotros mismos”.
Viaja constantemente con su equipo de evangelizadores, dejando a su paso más de 2100 Escuelas de Evangelización en los cinco continentes, ya que no sólo enseña a aprender, sino que enseña a enseñar.
Pepe viajó con el P. Emiliano por todo el mundo, dando retiros y cursos. Escribió en colaboración con el P. Tardif el libro: “Jesús está vivo”, traducido a más de 25 lenguas, “Jesús es el Mesías” y “La vuelta al mundo sin maleta”, narrando las maravillas que Dios está haciendo por todo el mundo. Si deseas tener en tus manos los libros de Pepe Prado, manda un correo a: aurelio@jesusestavivo.org.mx y ese mismo día tendrás en tu correo electrónico lo que solicites.
¡Déjate amar por Dios! que te envuelva su amor, que te llene con su gracia, que derrame todo su amor en ti de manera tal que hasta se te note. ¡De verdad! ¡Tienes qué creer! Porque cambia tu manera de pensar, de sentir, de actuar y hasta de soñar. Y todo esto porque ¡JESÚS ESTÁ VIVO!
Hay muchos testimonios de personas que leyendo estas líneas, han buscado y encontrado a Jesús, han reconocido que está vivo, que sigue ofreciendo su salvación, y han sido sanados de alma y cuerpo, incluso enfermos desahuciados.
Estaban siete mil personas congregadas en el nombre del Señor y en día de trabajo (era un viernes). Toda esa gente dejó sus labores para buscar a Dios. ¡es sencillamente fascinante! Se cumple lo que anunció el Profeta: “He aquí que vienen días -oráculo del Señor Yahveh- en que yo mandaré hambre a la tierra, no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la Palabra de Yahveh”: Am 8,11.
Los cánticos nos iban envolviendo poco a poco, llevándonos a un estado de gran felicidad. ¡Cómo quisiera tener palabras para explicar esto!
La devoción aflora en la gente: niños, jóvenes y adultos, todos y cada uno de ellos son envueltos por la misma espiritualidad. Por un momento creímos estar en el cielo escuchando cantos celestiales; muchos lo hacían en lenguas, yo por mi parte nunca había escuchado eso, los sentía como coros de ángeles. ¿Estaré muerto y no me doy cuenta? me preguntaba.
¿Qué nos pasó? No lo sé. La manera de predicar la Palabra de Dios era diferente, la escuchaba distinta. Pensé: Es el mismo Evangelio que desde niño he escuchado y leído, el que mis padres me transmitieron. Sin embargo, ahora siento como si la Palabra hubiera cobrado vida.
¡La predicación es para mí! ¡Esta Palabra de Dios es para mí hoy! Esta predicación la estaba impartiendo Pepe Prado con mucho poder, de manera tal que nos arrancó lágrimas a todos y a través de esa predicación fuimos abriendo nuestro corazón hacia el perdón.
La plática fue sobre la mujer adúltera y nos transportó a vivir el perdón que experimentó ella, ¡y lo vivimos también nosotros! Era la primera vez que escuchaba una predicación con tanto poder, incluso pensé: “Si todos los sacerdotes nos hablaran así de Jesús, otra cosa sería nuestro mundo”.
El Padre Tardif empezó a decir que Jesús estaba sanando a varios de los sacerdotes ahí presentes que padecían de los ojos, y que algunos hasta tenían fuertes dolores de cabeza por el esfuerzo para leer. Que en ese momento los sacerdotes estaban sintiendo una lágrima gruesa que les nublaba la vista.
Les indicó que se limpiaran los ojos y que iban a ver perfectamente. Se pararon como diez sacerdotes que estaban junto al Padre, ahí en el altar, unos llorando, otros sorprendidos, no sabían qué les pasaba.
Han de ser “paleros” pensé, que se prestan a estas cosas; pero por ahí estaba Jesús sonriendo y diciendo: “Tengo también un regalo para ti”. “¡Ya veo! ¡Ya veo!”, gritaba repentinamente una viejecita. “Suba el estrado”, le indicó al Padre Tardif, y cuando la ancianita llegó dijo: “Perdóneme Padrecito, yo no pagué la entrada, yo creía que era un juego de pelota, estábamos en una cancha, y entré a pedir limosna para comprarme unos lentes, me gusta leer y ya no podía hacerlo, pero ahora ya veo nuevamente”, dijo llorando y con gran júbilo.
“¿Le gusta leer?”, preguntó el Padre. “¡Sí!”, contestó ella. Al momento, el Padre Tardif puso la Biblia cerrada en manos de la señora.
“Lea donde el Señor le indique”, dijo el Padre. Al abrirla, la señora empezó a leer: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo se os dará por añadidura”.
Al escucharla, se me enchinó la piel. Todos estábamos asombrados. Se escuchó un largo clamor... “¡Aleluya, Gloria a Dios!”, era un júbilo general.
¡Alabado sea Jesucristo!
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