El testimonio es una comprobación de lo que Jesús está haciendo hoy por su pueblo, por sus hermanos, por los que creen en él, por los que lo buscan, por los que piden, por los que lo necesitan. Pero en el fondo, todos tenemos el sentimiento de no ser dignos de estar en la presencia de Dios, porque todos hemos pecado, nos sentimos sucios, como si quisiéramos escondernos, nos sucede lo que pasó a Adán y Eva.
Anteriormente se decía: Sé puro, sé limpio para entrar a la presencia de Dios. Pero, hoy te digo, “así como estás, DIOS TE AMA”. ¡Ven, acércate a la presencia de tu Creador! Él tiene en sus manos una palangana con agua, ¡AGUA VIVA! y una toalla, ¡ÉL TE LIMPIA! te purifica, te santifica, te da su Espíritu, te hace nacer de nuevo con toda su fuerza para cambiar tu vida.
Nuestra hermana Celia Covarrubias de Irapuato, Gto, movida por la fuerza que da el Espíritu Santo, nos da testimonio de su sanación, que equivale al de una persona que no tiene ojo y ve, a una persona que no tiene pie y camina, porque para Dios no hay nada imposible: Después de una oración con el P. Emiliano Tardif platiqué con Pepe Prado y le dije: Pepe, quiero dar mi testimonio. ¡Sí!, aceptó él. ¿Qué te sucedió? Pepe, ayer empecé a escuchar. Para eso es la predicación, para que la gente escuche, me dijo.
Pepe, -le dije- yo no tengo oído interno ni oído medio, tenía más de quince años sin escuchar. ¿Me permites?, dijo él, y en el momento en que Pepe observó mi oído, levantó las manos, se tomaba la cabeza y repetía: ¡Gloria a Dios! Sacó una libreta y empezó a escribir mi nombre, teléfono, dirección y se fue a hablar con el P. Tardif.
Posteriormente, Pepe Prado, ante el micrófono, dijo: Hermanos: los invito a prepararnos para la santa Misa. Entonemos un canto de entrada, y de ahí vino a decirme que el P. Tardif escogió mi testimonio para que se los contara en la Misa, que el testimonio era único en el mundo. Me tomó de la mano, me llevó ante el P. Tardif a saludarlo y él me invitó a sentarme a su lado.
Aproveché para preguntar a Pepe, cómo supo el Padre que yo estaba aquí. No fue el Padre, Celia, respondió. Fue Jesús el que te encontró. Él se hace presente en todas las oraciones, y camina entre las butacas, por los pasillos. Jesús te encontró, puso su mano en tu oído y por eso escuchas. Él habla al Padre Emiliano en su corazón y le dice lo que está haciendo, y con esa Palabra de Conocimiento el Padre Tardif lo transmite al micrófono.
Cuando supe esto me asombré más. ¡Estoy sentada al lado de un santo que escucha la voz de Dios!, pensé, y al sentir el brazo del Padre Tardif rodeándome la espalda, o apretándome la mano, volvió a mí ese llanto gozoso. Pensé que cuando me llamaran no podría hablar ni dar mi testimonio ante tanta gente.
Pepe, -le dije- siento que no voy a poder hablar, no se me va a entender nada. Puso su mano sobre mi frente y al momento empecé a sentirme bien. Yo no sabía de la oración con la imposición de manos; esa fue la primera vez que la recibí. Pidió a Jesús que tomara mi garganta y que él hablara a través de mí.
Al terminar el Padre Tardif la predicación del Evangelio, me llamó para que les contara lo que había hecho el Señor Jesús en mí, un día antes.
Pude explicar mi enfermedad, la opinión de los médicos antes y después de la operación y sobre todo, les comenté que para mí no era tan importante oír, sino que lo más importante es que Jesús me encontró en medio de todos ellos y me lo hizo saber por mi oído.
¡Gloria a Dios!, gritó varias veces el Padre Emiliano, y empezaron a cantar: “Tú eres testigo del poder de Dios, por el milagro que Él ha hecho en ti. Yo estaba ciego, mas ahora veo la luz, la luz divina que me dio Jesús...” exclamaban con júbilo los ahí presentes en alabanza al Señor. Bajé del altar y emprendí el regreso a mi lugar en medio de abrazos y besos. ‘Dios te ama’, me decían, ‘Gracias por estar con nosotros’.
Antes de seguir con la profesión de fe, el Credo, anunció el Padre Emiliano: cuando nuestra hermana empezó a hablar en el micrófono, varios sordos aquí presentes empezaron a escuchar, y añadió: ¡Pónganse de pie para que den gloria a Dios!
Se pararon más de diez personas de diferentes edades y sexo. Algunos eran sordos de nacimiento, o sea sordomudos. No sabían qué estaba pasando, los llevó un familiar y ahí estaban de cuerpo presente, de repente, algo nuevo sucedía en sus oídos.
Es tremendo vivir en un silencio profundo y de pronto percibir ese ruido ensordecedor que casi los enloquece, se tapaban los oídos. A esos que son sordos de nacimiento, dijo el Padre Tardif, enséñenles a hablar como si fueran bebés, repítanles: pa, pá, ma, má. Ellos no hablan porque nunca habían oído, ahora ya escuchan. Otros tenían su aparato para sordera en la mano y lo levantaban. Dijeron que cuando empecé a hablar, ellos oyeron un ruido muy fuerte que los hizo rápidamente desconectar su aparato, y la sorpresa: ¡Escuchaban sin el aparato para sordera! Volvió el júbilo a llenar el lugar. ¡Bendito seas Señor!, gritábamos todos a coro repetidamente.
Se cumplió lo que profetizó Isaías: Entonces la lengua del mudo lanzará gritos de alegría: 35,6.
Por falta de espacio concluimos diciendo que Celia no tiene oído medio, ni oído interno y aun así escucha. En ese hueco o vacío le caben uno o dos vasos de agua. Esto que le pasó a Celia no es un milagro, sino un verdadero llamado a evangelizar con gran poder. Si tú llamas por teléfono a Irapuato al número (01462) 626 33 19 lo más probable es que te conteste con su oído renovado y te de con más fuerza testimonio de lo que Jesús hizo en ella y quiere hacer contigo. Si alguien hace contacto con ella, favor de avisar al correo electrónico: aurelio@jesusestavivo.org.mx para recibir sus últimos testimonios de sanación.
Que lo que le pasó a Celia te pase a ti también. Pedimos tu oración para que Jesús que está vivo… en Morelia, la reúna entre nosotros. Recuerda que “todo es posible para el que cree, yo te digo que si creyeres verás la gloria de Dios”.
Te invitamos mañana lunes al templo de El Carmen a la “Oración de Sanación de Recuerdos”. Muchas veces estamos tan enfermos que ni cuenta nos damos que la causa es por los recuerdos que nos tienen atados a nuestro pasado. Estamos tristes y ya es tiempo de que regrese la alegría que Jesús ganó para nosotros. Atrévete a sanar y romper con las ataduras que puedas tener incluso antes de nacer. Esta oración será grabada por Grupo Marmor y Televisa. El Lic Julio Hernández Granados nos certificó la transmisión de este evento en la televisión local.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
viernes, 14 de mayo de 2010
Las que lo vieron morir
La pasión de Cristo fue el paso de Jesús por la muerte hacia la gloria, fue la manifestación del apasionado amor por los hombres, fue la expresión brutal de las pasiones de quienes le odiaban: rencor, odio, ira, venganza. De esa pasión hubo numerosos testigos, hombres y mujeres que sufrieron con Cristo, incapaces de parar la avalancha de los acontecimientos, y otros que contribuyeron de manera activa a la muerte del Justo.
Recordemos ahora el papel desempeñado por algunas mujeres en esos sucesos que nos dieron salvación.
Los cuatro evangelistas mencionan a las criadas que hicieron pecar a Pedro. Eran mujeres que desempeñaban oficios domésticos en el palacio de Caifás en la noche del juicio de Jesús. La primera de ellas era la portera. La mujer de confianza encargada de permitir el acceso al interior del palacio o de impedirlo. Con ella habló un discípulo de Jesús, que había logrado introducirse en el edificio, y obtuvo que le franquearan la entrada a Simón Pedro (Jn18,25-27).
Era de noche. Quizá las 3 ó 4 de la mañana. El apóstol tenía frío: hielo en el cuerpo y en el espíritu, y pensó remediar su mal acercándose a la hoguera, encendida en el patio. Es agradable ver cómo las llamas van consumiendo los leños secos, con alegre chisporroteo, mientras difunden su luz y su calor. Pero a Simón Pedro ese fuego le amargaba el alma. De pronto se oyó la intervención de una criada: "¿No estabas tú con Jesús, el galileo?".
Cuando Jesús se encarnó quiso hacerse "Dios con nosotros", "Emanuel"; cuando llamó a sus discípulos quiso que ellos estuviesen con El, y ahora precisamente preguntaban eso a Pedro: "¿Tu estabas con El?".
Pedro lo negó y se apartó del patio hacia el vestíbulo. Allí otra criada le hizo una pregunta similar, que también respondió negativamente, a pesar de que al hablar denotaba su origen galileo y de que los demás presentes le hacían parecidas inculpaciones. (Mt 26,69-75)
Esas mujeres llevaron a Pedro a la traición; le tentaron, arrinconándole contra el muro de la mentira, hostigándole con preguntas insidiosas. Ellas habían visto a Simón cerca de Jesús en diversas ocasiones. Quizá también habían escuchado al maestro y lo habían aclamado, y ahora formaban parte de los acusadores. Querían destruir el Galileo y a sus discípulos: el orgullo del pescador cayó por tierra, y sólo atinó a decir: no lo acompaño, no sé lo que dicen.
Entonces cantó el gallo. Actualmente hay en Jerusalén una iglesia que se llama "San Pedro de Galicanto". Ese es el único templo construido en recuerdo de un pecado, porque si se erigiesen iglesias o capillas en reparación de todos los pecados cometidos por los hombres, el mundo quedaría erizado de campanarios.
Pero más importante que el pecado del discípulo, que las preguntas de las criadas, y que el canto del gallo, que el frío de la madrugada y el llanto de Pedro, fue la mirada de amor y de perdón con que miró Jesús.
El evangelista Mateo narra que cuando Jesús estaba ante el tribunal de Poncio Pilato, procurador romano, éste recibió el siguiente recado de su esposa: "No te metas con ese justo, pues hoy he sufrido mucho en sueños por su causa" (Mt 27,19). Esa intervención de la mujer fue inútil, pues Pilato terminó el proceso entregando a Jesús para que fuese crucificado, y lavándose las manos en señal de inocencia, como si unas gotas de agua pudieran borrar de sus dedos el manchón indeleble que les dejó la sentencia injusta.
Los evangelios no aportan más detalles relativos a la esposa del Procurador, pero los cristianos de los primeros siglos aprovecharon la mención pasajera que de esa mujer hizo Mateo, para tejer algunos relatos legendarios: "Las Actas de Pilato", la "Carta de Pilato a Herodes", "La Traición de Pilato". También el poeta romano Aurelio Macrobio, a comienzos del siglo V nos habla de ella en sus "Saturnales".
Dicen esos escritos, todos ellos de dudoso valor que esa mujer se llamaba Procla, o de modo más amplio: Claudia Prócula, romana de abolengo; que sus simpatías por Jesús hicieron de ella una cristiana de corazón, pues al intervenir en favor de Cristo, lo llama "ese Justo". Por ello y por su vida posterior, las Iglesias de Grecia y de Siria veneran como santa a esa mujer que sufrió pesar por Cristo, no solo mientras dormía sino seguramente al verlo condenado injustamente.
Cuentan esos escritos que cuando Pilato contó a los acusadores de Jesús el sueño de su mujer, ellos le replicaron que esa era una prueba más de la culpa del Galileo, pues estaba influyendo en Claudia Prócula con sus sueños quiméricos.
Otras narraciones, tan fabulosas y legendarias como las anteriores, dicen que fue el demonio quien envió el sueño a la mujer, para impedir la redención que nos daría Jesús.
Se aproximaba el mediodía cuando se inició el lúgubre desfile de Jesús hacia el Calvario. Todavía en Jerusalén, grupos de peregrinos cristianos recorren orando las callejuelas que marcan de manera aproximada el primitivo Via-Crucis: es la Vía Dolorosa, la Calle de la Amargura.
En muchas iglesias del mundo, los cristianos recorren alguna distancia pensando en ese penoso caminar de Jesús, condenado a muerte, con la cruz en que había de ser clavado, cayendo y levantándose, mientras iba encontrando a María, al Cirineo, a las mujeres a Berenice. Quizá no todos los episodios del Via-Crucis sean históricamente ciertos, o al menos no comprobables en las narraciones evangélicas, pero todos encierran una bella enseñanza, y son fruto de una amorosa contemplación.
Precisamente la sexta estación nos habla de una mujer que limpió el rostro del Señor con un lienzo, y que al hacerlo obtuvo que allí quedara impresa la cara de Jesús. Ese lienzo sería el que se conservara en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano.
Muchos artistas han representado esa escena, y la tradición cristiana ha dado a esa mujer el nombre de Verónica, que algunos quisieran que significase: "Verdadera imagen".
De ese episodio nada dicen los evangelios. Lo narra sí, pero de modo diferente, un libro apócrifo del siglo IV, llamado "Evangelio de Nicodemo". Allí se habla de una mujer, cuyo nombre era Berenice (de donde por evolución salió el nombre de Verónica), que en el proceso de Jesús quiso testimoniar a favor del Señor, pero cuyo testimonio fue recusado por los judíos (1,7). Otro apócrifo, llamado "La Muerte de Pilato" dice que la Verónica I poseía un retrato de Jesús, que éste personalmente le había obsequiado, y que tenía la propiedad de dar la salud a los enfermos, y que hasta habría sanado al emperador Tiberio.
Aunque estas narraciones son legendarias, sin embargo la enseñanza que transmiten es muy hermosa: todos nosotros estamos invitados a acudir a Jesucristo, a participar de su pasión, a conservar su imagen, no solo pintada en un lienzo, sino impresa en nuestro corazón y en nuestro recuerdo.
La sexta estación del Via-Crucis no responde a un suceso histórico, pero la octava estación sí está basada en el evangelio de San Lucas (Lc 23,27-31).
Unas mujeres lloraban al ver que Jesús caminaba hacia la muerte. La costumbre judía era plañir por los que morían (Mt 9,23; Lc 8,52), y aunque estaba prohibido hacerlo por los ajusticiados, pues eran malditos (Deut. 21,22), sin embargo en tiempos de Cristo se había implantado la costumbre contraria.
Por eso en el cortejo de Jesús aparecen las mujeres que lloran. Pero el Señor las invita a no llorar por él, sino por la suerte que aguarda a la Jerusalén que mata profetas.
En una ocasión una mujer había gritado: "Bendito el vientre que te llevó y los pechos que te nutrieron"; ahora Jesús dice: "Dichosos los vientres estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no criaron". Son palabras anunciadoras del dolor que vendrá sobre Jerusalén cuando sus habitantes quisieran esconderse debajo de los montes y colinas, porque si al leño verde lo trataron de ese modo, ¿qué no se haría con la leña reseca?
Giovanni Papini comentó este pasaje en estos bellos párrafos: "Leño verde es el que todavía está vivo, que hunde sus raíces en la tierra fresca y recibe sobre sus hojas la lluvia y sobre sus ramas los pájaros; es el árbol que todavía florece bajo el calor del sol y los soplos del viento. Es la planta buena que da sombra al peregrino, frutos para el hambre, ramas para el frío. Es la figura del Santo que distribuye todos sus dones y tiene dentro de la corteza seca, un alma viva".
"El leño seco es el árbol estéril que el buen hortelano echó por tierra a golpes de hacha, el tronco muerto que se pudre en la era, porque el corazón está podrido y la corteza solo sirve para ser quemada en el fogón. Es el hombre inútil y avaro, el pecador que no da frutos de bien y en cambio de espíritu viviente tiene dentro un pozo putrefacto, y el juez lo arrojará, según la frase de Juan, al horno inextinguible".
Ante esas palabras solo nos queda implorar a Cristo que el calor del pecado no nos reseque nunca, sino que nos mantenga verdes el agua viva de su Espíritu, que seamos sarmientos permanentemente unidos a Cristo, para siempre dar frutos de amor.
No dicen los evangelistas quiénes dieron vino amargo al. Señor (Mt 27,34; Mc 15,23), pero cuentan los historiadores que en Jerusalén había cofradías de mujeres, especializadas en ofrecer vino mezclado con mirra, con ajenjo, incienso, o yerbas amargas, a los condenados a morir, para que teniendo embotados los sentidos, se les atenuasen los dolores del suplicio.
Afirma el libro de los Proverbios que los reyes no deben beber vino, pero que es bueno dar bebidas fuertes a quien va a perecer, y vino a quien está amargado, para que olviden su miseria y su desgracia. (Prov 31,4-7)
A las cualidades estupefacientes del vino alude el Talmud, y Tertuliano cuenta que en el siglo III lo daban a los mártires para amenguar sus dolores.
Jesús en gesto de cortesía con quienes le ofrecían ese brebaje calmante, lo probó, pero no quiso beberlo. El estaba empeñado en apurar hasta las heces el cáliz que su Padre le ofrecía, y quería hacerla conscientemente, y no pasando adormilado los últimos momentos de su vida. El era el Rey que debía estar alerta hasta entregar su espíritu en manos del Padre y de su Iglesia.
En el siglo IV hubo unos herejes en la Iglesia, llamados monofisitas, que creían que Jesús no había sufrido, pues siendo Dios, la naturaleza humana no tenía en El ninguna consistencia. Nosotros creemos en Jesús, Dios y hombre, comprometido plenamente con nosotros igual en todo a nosotros menos en el pecado.
Jesús, el varón de dolores, mereció el homenaje de la compasión tierna de esas mujeres, que desearon atenuar su dolor. Al nacer, los Magos le ofrecieron incienso y mirra; parecidos obsequios le ofrecieron al morir, solo que el oro en que es tasado pasa de manos de los pontífices a las de Judas y, luego de arrojado al piso del templo, sirve para comprar un campo de sangre.
Los cuatro evangelios hablan de las mujeres que en el Calvario acompañaron a Jesús hasta que expiró, y que luego observaron cómo lo depositaron en el sepulcro cavado en la piedra.
Hombres también había, aunque, con excepción del discípulo amado, no se los suele mencionar, pero Lucas nos dice que a los lejos estaban todos los conocidos (Lc 23,49).
Entre las mujeres estaba María la Madre Virgen, y alguna hermana suya, y María la de Cleofás, y María Magdalena, y quizá Juana y Susana, que lo habían seguido desde Galilea (Mt 27,55-51; Mc 15,40-41; Lc 23,4950; Jn 19,25). También estaba Salomé, Madre de los Zebedeos, que una vez había suplicado los lugares de la derecha y de la izquierda para sus hijos, y ahora los veía ocupados por dos ladrones.
Todas ellas, con la excepción de la Virgen Madre y de Juan, miraban de lejos, porque los hombre mueren siempre solos, en combate personal y único. Sin embargo esos discípulos, lejanos por la distancia, cercanos por el afecto, estaban presenciando el acontecimiento magno de la historia. Eran los testigos de la Nueva Alianza, la eterna, la definitiva.
Aun las mujeres, contra la costumbre judía, serían llamadas a testificar en el tribunal de la historia lo que estaban presenciando, porque Jesús moría para liberar, para destruir discriminaciones. Ellos vieron cómo Jesús cerró los ojos, y entró en el descanso, en su sábado Santo, antes de que comenzaran, con el alba del primer día, la edad nueva, el mundo nuevo y el Testamento Nuevo: el de la difusión de su Espíritu.
Otra mujer, testigo excepcional, hubo también, que apenas de pasada hemos mencionado, porque merece el homenaje de toda una página: ¡María, la Virgen, la Generosa Oferente, la Madre Dolorosa, la que solo tuvo oídos, ojos y corazón para su Hijo, el Señor!
Te invitamos mañana lunes al templo de El Carmen a la “Oración de Sanación de Recuerdos”. Muchas veces estamos tan enfermos que ni cuenta nos damos que la causa es por los recuerdos que nos tienen atados a nuestro pasado. Estamos tristes y ya es tiempo de que regrese la alegría que Jesús ganó para nosotros. Atrévete a sanar y romper con las ataduras que puedas tener incluso antes de nacer. Esta oración será grabada por Grupo Marmor y Televisa. El Lic Julio Hernández Granados nos certificó la transmisión de este evento en la televisión local.
Te invitamos a ver por la televisión en vivo nuestro programa “La Palabra” de la Z radio, 96.3 FM estéreo y 1340 AM digital. La cita es en el consultorio de sanación más grande de Morelia a las seis de la tarde. Si abres nuestra página web www.jesusestavivo.org.mx y haces clik en la imagen de televisión aparecen más de 30 vídeos que salieron en vivo y ahora forman parte de nuestro archivo que puedes ver cada ves que quieras. Algunos de nuestros nuevos vídeos que bendijo el P. Miguel Contreras son: la Hostia palpitando, Bienvenida con el P. Miguel Contreras, Oración de sanación por Rocío, Jesús da la sanación a sus ovejas, Oración de sanación en la Z radio, Oración de sanación por Minerva, Jesús enseña y sana, Misa dominical en San Pedro, Yo vi a la Virgen María, por decir algunos. Quiera Dios que el próximo vídeo de testimonio de sanación sea el tuyo. Si deseas oración de sanación por tus enfermos, manda tu petición a: lapalabra@jesusestavivo.org.mx y en todo el mundo se orará por la salud de tus enfermos.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
Recordemos ahora el papel desempeñado por algunas mujeres en esos sucesos que nos dieron salvación.
Los cuatro evangelistas mencionan a las criadas que hicieron pecar a Pedro. Eran mujeres que desempeñaban oficios domésticos en el palacio de Caifás en la noche del juicio de Jesús. La primera de ellas era la portera. La mujer de confianza encargada de permitir el acceso al interior del palacio o de impedirlo. Con ella habló un discípulo de Jesús, que había logrado introducirse en el edificio, y obtuvo que le franquearan la entrada a Simón Pedro (Jn18,25-27).
Era de noche. Quizá las 3 ó 4 de la mañana. El apóstol tenía frío: hielo en el cuerpo y en el espíritu, y pensó remediar su mal acercándose a la hoguera, encendida en el patio. Es agradable ver cómo las llamas van consumiendo los leños secos, con alegre chisporroteo, mientras difunden su luz y su calor. Pero a Simón Pedro ese fuego le amargaba el alma. De pronto se oyó la intervención de una criada: "¿No estabas tú con Jesús, el galileo?".
Cuando Jesús se encarnó quiso hacerse "Dios con nosotros", "Emanuel"; cuando llamó a sus discípulos quiso que ellos estuviesen con El, y ahora precisamente preguntaban eso a Pedro: "¿Tu estabas con El?".
Pedro lo negó y se apartó del patio hacia el vestíbulo. Allí otra criada le hizo una pregunta similar, que también respondió negativamente, a pesar de que al hablar denotaba su origen galileo y de que los demás presentes le hacían parecidas inculpaciones. (Mt 26,69-75)
Esas mujeres llevaron a Pedro a la traición; le tentaron, arrinconándole contra el muro de la mentira, hostigándole con preguntas insidiosas. Ellas habían visto a Simón cerca de Jesús en diversas ocasiones. Quizá también habían escuchado al maestro y lo habían aclamado, y ahora formaban parte de los acusadores. Querían destruir el Galileo y a sus discípulos: el orgullo del pescador cayó por tierra, y sólo atinó a decir: no lo acompaño, no sé lo que dicen.
Entonces cantó el gallo. Actualmente hay en Jerusalén una iglesia que se llama "San Pedro de Galicanto". Ese es el único templo construido en recuerdo de un pecado, porque si se erigiesen iglesias o capillas en reparación de todos los pecados cometidos por los hombres, el mundo quedaría erizado de campanarios.
Pero más importante que el pecado del discípulo, que las preguntas de las criadas, y que el canto del gallo, que el frío de la madrugada y el llanto de Pedro, fue la mirada de amor y de perdón con que miró Jesús.
El evangelista Mateo narra que cuando Jesús estaba ante el tribunal de Poncio Pilato, procurador romano, éste recibió el siguiente recado de su esposa: "No te metas con ese justo, pues hoy he sufrido mucho en sueños por su causa" (Mt 27,19). Esa intervención de la mujer fue inútil, pues Pilato terminó el proceso entregando a Jesús para que fuese crucificado, y lavándose las manos en señal de inocencia, como si unas gotas de agua pudieran borrar de sus dedos el manchón indeleble que les dejó la sentencia injusta.
Los evangelios no aportan más detalles relativos a la esposa del Procurador, pero los cristianos de los primeros siglos aprovecharon la mención pasajera que de esa mujer hizo Mateo, para tejer algunos relatos legendarios: "Las Actas de Pilato", la "Carta de Pilato a Herodes", "La Traición de Pilato". También el poeta romano Aurelio Macrobio, a comienzos del siglo V nos habla de ella en sus "Saturnales".
Dicen esos escritos, todos ellos de dudoso valor que esa mujer se llamaba Procla, o de modo más amplio: Claudia Prócula, romana de abolengo; que sus simpatías por Jesús hicieron de ella una cristiana de corazón, pues al intervenir en favor de Cristo, lo llama "ese Justo". Por ello y por su vida posterior, las Iglesias de Grecia y de Siria veneran como santa a esa mujer que sufrió pesar por Cristo, no solo mientras dormía sino seguramente al verlo condenado injustamente.
Cuentan esos escritos que cuando Pilato contó a los acusadores de Jesús el sueño de su mujer, ellos le replicaron que esa era una prueba más de la culpa del Galileo, pues estaba influyendo en Claudia Prócula con sus sueños quiméricos.
Otras narraciones, tan fabulosas y legendarias como las anteriores, dicen que fue el demonio quien envió el sueño a la mujer, para impedir la redención que nos daría Jesús.
Se aproximaba el mediodía cuando se inició el lúgubre desfile de Jesús hacia el Calvario. Todavía en Jerusalén, grupos de peregrinos cristianos recorren orando las callejuelas que marcan de manera aproximada el primitivo Via-Crucis: es la Vía Dolorosa, la Calle de la Amargura.
En muchas iglesias del mundo, los cristianos recorren alguna distancia pensando en ese penoso caminar de Jesús, condenado a muerte, con la cruz en que había de ser clavado, cayendo y levantándose, mientras iba encontrando a María, al Cirineo, a las mujeres a Berenice. Quizá no todos los episodios del Via-Crucis sean históricamente ciertos, o al menos no comprobables en las narraciones evangélicas, pero todos encierran una bella enseñanza, y son fruto de una amorosa contemplación.
Precisamente la sexta estación nos habla de una mujer que limpió el rostro del Señor con un lienzo, y que al hacerlo obtuvo que allí quedara impresa la cara de Jesús. Ese lienzo sería el que se conservara en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano.
Muchos artistas han representado esa escena, y la tradición cristiana ha dado a esa mujer el nombre de Verónica, que algunos quisieran que significase: "Verdadera imagen".
De ese episodio nada dicen los evangelios. Lo narra sí, pero de modo diferente, un libro apócrifo del siglo IV, llamado "Evangelio de Nicodemo". Allí se habla de una mujer, cuyo nombre era Berenice (de donde por evolución salió el nombre de Verónica), que en el proceso de Jesús quiso testimoniar a favor del Señor, pero cuyo testimonio fue recusado por los judíos (1,7). Otro apócrifo, llamado "La Muerte de Pilato" dice que la Verónica I poseía un retrato de Jesús, que éste personalmente le había obsequiado, y que tenía la propiedad de dar la salud a los enfermos, y que hasta habría sanado al emperador Tiberio.
Aunque estas narraciones son legendarias, sin embargo la enseñanza que transmiten es muy hermosa: todos nosotros estamos invitados a acudir a Jesucristo, a participar de su pasión, a conservar su imagen, no solo pintada en un lienzo, sino impresa en nuestro corazón y en nuestro recuerdo.
La sexta estación del Via-Crucis no responde a un suceso histórico, pero la octava estación sí está basada en el evangelio de San Lucas (Lc 23,27-31).
Unas mujeres lloraban al ver que Jesús caminaba hacia la muerte. La costumbre judía era plañir por los que morían (Mt 9,23; Lc 8,52), y aunque estaba prohibido hacerlo por los ajusticiados, pues eran malditos (Deut. 21,22), sin embargo en tiempos de Cristo se había implantado la costumbre contraria.
Por eso en el cortejo de Jesús aparecen las mujeres que lloran. Pero el Señor las invita a no llorar por él, sino por la suerte que aguarda a la Jerusalén que mata profetas.
En una ocasión una mujer había gritado: "Bendito el vientre que te llevó y los pechos que te nutrieron"; ahora Jesús dice: "Dichosos los vientres estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no criaron". Son palabras anunciadoras del dolor que vendrá sobre Jerusalén cuando sus habitantes quisieran esconderse debajo de los montes y colinas, porque si al leño verde lo trataron de ese modo, ¿qué no se haría con la leña reseca?
Giovanni Papini comentó este pasaje en estos bellos párrafos: "Leño verde es el que todavía está vivo, que hunde sus raíces en la tierra fresca y recibe sobre sus hojas la lluvia y sobre sus ramas los pájaros; es el árbol que todavía florece bajo el calor del sol y los soplos del viento. Es la planta buena que da sombra al peregrino, frutos para el hambre, ramas para el frío. Es la figura del Santo que distribuye todos sus dones y tiene dentro de la corteza seca, un alma viva".
"El leño seco es el árbol estéril que el buen hortelano echó por tierra a golpes de hacha, el tronco muerto que se pudre en la era, porque el corazón está podrido y la corteza solo sirve para ser quemada en el fogón. Es el hombre inútil y avaro, el pecador que no da frutos de bien y en cambio de espíritu viviente tiene dentro un pozo putrefacto, y el juez lo arrojará, según la frase de Juan, al horno inextinguible".
Ante esas palabras solo nos queda implorar a Cristo que el calor del pecado no nos reseque nunca, sino que nos mantenga verdes el agua viva de su Espíritu, que seamos sarmientos permanentemente unidos a Cristo, para siempre dar frutos de amor.
No dicen los evangelistas quiénes dieron vino amargo al. Señor (Mt 27,34; Mc 15,23), pero cuentan los historiadores que en Jerusalén había cofradías de mujeres, especializadas en ofrecer vino mezclado con mirra, con ajenjo, incienso, o yerbas amargas, a los condenados a morir, para que teniendo embotados los sentidos, se les atenuasen los dolores del suplicio.
Afirma el libro de los Proverbios que los reyes no deben beber vino, pero que es bueno dar bebidas fuertes a quien va a perecer, y vino a quien está amargado, para que olviden su miseria y su desgracia. (Prov 31,4-7)
A las cualidades estupefacientes del vino alude el Talmud, y Tertuliano cuenta que en el siglo III lo daban a los mártires para amenguar sus dolores.
Jesús en gesto de cortesía con quienes le ofrecían ese brebaje calmante, lo probó, pero no quiso beberlo. El estaba empeñado en apurar hasta las heces el cáliz que su Padre le ofrecía, y quería hacerla conscientemente, y no pasando adormilado los últimos momentos de su vida. El era el Rey que debía estar alerta hasta entregar su espíritu en manos del Padre y de su Iglesia.
En el siglo IV hubo unos herejes en la Iglesia, llamados monofisitas, que creían que Jesús no había sufrido, pues siendo Dios, la naturaleza humana no tenía en El ninguna consistencia. Nosotros creemos en Jesús, Dios y hombre, comprometido plenamente con nosotros igual en todo a nosotros menos en el pecado.
Jesús, el varón de dolores, mereció el homenaje de la compasión tierna de esas mujeres, que desearon atenuar su dolor. Al nacer, los Magos le ofrecieron incienso y mirra; parecidos obsequios le ofrecieron al morir, solo que el oro en que es tasado pasa de manos de los pontífices a las de Judas y, luego de arrojado al piso del templo, sirve para comprar un campo de sangre.
Los cuatro evangelios hablan de las mujeres que en el Calvario acompañaron a Jesús hasta que expiró, y que luego observaron cómo lo depositaron en el sepulcro cavado en la piedra.
Hombres también había, aunque, con excepción del discípulo amado, no se los suele mencionar, pero Lucas nos dice que a los lejos estaban todos los conocidos (Lc 23,49).
Entre las mujeres estaba María la Madre Virgen, y alguna hermana suya, y María la de Cleofás, y María Magdalena, y quizá Juana y Susana, que lo habían seguido desde Galilea (Mt 27,55-51; Mc 15,40-41; Lc 23,4950; Jn 19,25). También estaba Salomé, Madre de los Zebedeos, que una vez había suplicado los lugares de la derecha y de la izquierda para sus hijos, y ahora los veía ocupados por dos ladrones.
Todas ellas, con la excepción de la Virgen Madre y de Juan, miraban de lejos, porque los hombre mueren siempre solos, en combate personal y único. Sin embargo esos discípulos, lejanos por la distancia, cercanos por el afecto, estaban presenciando el acontecimiento magno de la historia. Eran los testigos de la Nueva Alianza, la eterna, la definitiva.
Aun las mujeres, contra la costumbre judía, serían llamadas a testificar en el tribunal de la historia lo que estaban presenciando, porque Jesús moría para liberar, para destruir discriminaciones. Ellos vieron cómo Jesús cerró los ojos, y entró en el descanso, en su sábado Santo, antes de que comenzaran, con el alba del primer día, la edad nueva, el mundo nuevo y el Testamento Nuevo: el de la difusión de su Espíritu.
Otra mujer, testigo excepcional, hubo también, que apenas de pasada hemos mencionado, porque merece el homenaje de toda una página: ¡María, la Virgen, la Generosa Oferente, la Madre Dolorosa, la que solo tuvo oídos, ojos y corazón para su Hijo, el Señor!
Te invitamos mañana lunes al templo de El Carmen a la “Oración de Sanación de Recuerdos”. Muchas veces estamos tan enfermos que ni cuenta nos damos que la causa es por los recuerdos que nos tienen atados a nuestro pasado. Estamos tristes y ya es tiempo de que regrese la alegría que Jesús ganó para nosotros. Atrévete a sanar y romper con las ataduras que puedas tener incluso antes de nacer. Esta oración será grabada por Grupo Marmor y Televisa. El Lic Julio Hernández Granados nos certificó la transmisión de este evento en la televisión local.
Te invitamos a ver por la televisión en vivo nuestro programa “La Palabra” de la Z radio, 96.3 FM estéreo y 1340 AM digital. La cita es en el consultorio de sanación más grande de Morelia a las seis de la tarde. Si abres nuestra página web www.jesusestavivo.org.mx y haces clik en la imagen de televisión aparecen más de 30 vídeos que salieron en vivo y ahora forman parte de nuestro archivo que puedes ver cada ves que quieras. Algunos de nuestros nuevos vídeos que bendijo el P. Miguel Contreras son: la Hostia palpitando, Bienvenida con el P. Miguel Contreras, Oración de sanación por Rocío, Jesús da la sanación a sus ovejas, Oración de sanación en la Z radio, Oración de sanación por Minerva, Jesús enseña y sana, Misa dominical en San Pedro, Yo vi a la Virgen María, por decir algunos. Quiera Dios que el próximo vídeo de testimonio de sanación sea el tuyo. Si deseas oración de sanación por tus enfermos, manda tu petición a: lapalabra@jesusestavivo.org.mx y en todo el mundo se orará por la salud de tus enfermos.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
La Inmaculada
María, Inmaculada ha venido a ser como tu segundo nombre propio. En Lourdes le dijiste a Bernardita: "Yo soy la Inmaculada Concepción". Hoy te preguntamos: ¿por qué le llamamos Inmaculada? -Pues, no tienes más que analizar la palabra Inmaculada: sin mancha. Para entenderlo has de remontarte al paraíso. Peca el hombre en un principio, y ese pecado de origen pasa a toda la humanidad. Nada más concebido el hombre en el seno materno, ya es esclavo de Satanás. Es pecador a la vez que hombre.
- Y no es más que una culpa heredada. Pecamos todos por estar encerrados en Adán como la semilla en el árbol... - Viene después el pecado personal. Esclavo de las pasiones, y colocado en la atmósfera de pecado que rodea y penetra el mundo, el hombre añade al pecado original más y más pecados propios, grandes o pequeños, que le apartan y privan de Dios. Solamente la sangre de Jesús, que él tomó en mi seno, libra al pecador de su culpa.
- Y tú, Señora, ¿no conociste pecado alguno? - Ninguno. Dios, con su omnipotencia, me libró del pecado original al mismo tiempo que era concebida en el seno de mi madre. Mi entrada en el mundo no fue noche tenebrosa, sino aurora radiante. Satanás, la serpiente antigua, retorció impotente sus anillos bajo mis pies de niña. ¿Después?... El pecado, hasta el más pequeñín, no tuvo entrada en mi alma. Por mi Inmaculada Concepción, fui la Toda Hermosa. Al no tener la más mínima culpa, me vi "llena de gracia".
- Además de no tener el pecado original, ¿no cometiste ni el más mínimo pecado en toda tu vida? ¿Por qué y cómo? - Ante todo, no tenía razón de ser el que Dios me hiciera Inmaculada, sin mancha, sin la culpa de origen en el primer instante de mi concepción, si después iba yo a cometer algún pecado personal. Si Dios me hacía Inmaculada, yo había de pasar toda mi vida sin pecado. Fue pura gracia de Dios el que yo no cometiera culpa alguna.
-¿Y nunca te afectó ninguna pasión desordenada? Por la concupiscencia, nos dice el apóstol Santiago, nos vemos arrastrados al pecado. ¿O tú no tuviste pasiones? - Veo que adivinas el porqué de mi impecabilidad. Dios sujetaba de tal modo mis pasiones a la razón y voluntad, que, aun permaneciendo totalmente libre, jamás me dominaron ellas a mí, sino que yo las tuve a ellas totalmente sujetas a mí.
- Así que tenías, sentías las mismas pasiones que nosotros... - Las tenía y las sentía igual que vosotros, como las tuvo y las sintió Jesús. El era perfecto hombre. y yo era perfecta mujer; y ambos debíamos tener y teníamos ese regalo de la naturaleza que son las pasiones.
- Con todo, en algo tenían que diferenciarse de las nuestras. - En una sola cosa. En que vosotros las tenéis desordenadas por el pecado original, os inducen al pecado personal, y habéis de luchar contra ellas para que no os dominen. Mientras que Jesús y yo las teníamos ordenadísimas y éramos dueños absolutos de ellas. Jesús, que ya era impecable por ser Dios, no podía pecar tampoco por desorden alguno. Y yo fui también impecable, no pude pecar nunca: por privilegio de Dios y por tener las pasiones en orden perfecto.
- Pero Señora es muy serio lo que estás diciendo. Si tú no pecaste nunca, ni con el pecado original ni con pecado personal la sangre de Cristo no te tocó. Cristo no te redimió. Tú te escapas de la redención. Y esto es imposible... Veo que te sonríes, antes de responder...
- ¡Claro, que me sonrío! Es lo que no quieren entender tantos que me rechazan. Y es lo que durante siglos quebró la cabeza de tanto teólogo de buena voluntad, hasta de sabios amantísimos míos.
- ¿Puedes explicármelo? - Con una comparación lo vas a entender a la primera. Todos los hombres sin excepción cayeron y caen, nada más hacen su entrada en la vida en la ciénaga del pecado. Por la sangre de Jesús. Dios los saca, los limpia y los hace dignos de sí. Yo, por la sangre también de Jesús, me vi libre del pecado original y después de todo pecado personal. Pero, de otra manera. Dios, por la sangre de Jesús, sacó a todos del pecado. A mí, por esta misma sangre, no me dejó caer en el fango.
- Entonces, ¡tú fuiste más redimida que nadie! Por la sangre de Jesús, salimos nosotros de esa ciénaga inmunda del pecado, después de estar bien hundidos en él, tú, por la sangre de Jesús, ni llegaste a caer en la culpa. - Aun te lo diría yo de otra manera. Dios me pensó siempre como Madre suya. Siempre me miró como unida a Jesucristo Redentor. Me vio como la segunda Eva, reparadora del mundo, medianera de la reconciliación, Reina de los ángeles... Unida así a la persona, misión y reinado de Jesucristo, ¿cabía en mí pecado alguno?...
¡No, y nunca! Dios podía hacerte Inmaculada. Era convenientísimo que lo fueras. ¡Y te hizo LA INMACULADA CONCEPCION! Así empezaba a honrarte el que nos impuso la ley y se la impuso a sí mismo de honrar padre y madre... Esta es nuestra lógica. ¿Acertamos o no acertamos? - Discurrís con lógica implacable.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
- Y no es más que una culpa heredada. Pecamos todos por estar encerrados en Adán como la semilla en el árbol... - Viene después el pecado personal. Esclavo de las pasiones, y colocado en la atmósfera de pecado que rodea y penetra el mundo, el hombre añade al pecado original más y más pecados propios, grandes o pequeños, que le apartan y privan de Dios. Solamente la sangre de Jesús, que él tomó en mi seno, libra al pecador de su culpa.
- Y tú, Señora, ¿no conociste pecado alguno? - Ninguno. Dios, con su omnipotencia, me libró del pecado original al mismo tiempo que era concebida en el seno de mi madre. Mi entrada en el mundo no fue noche tenebrosa, sino aurora radiante. Satanás, la serpiente antigua, retorció impotente sus anillos bajo mis pies de niña. ¿Después?... El pecado, hasta el más pequeñín, no tuvo entrada en mi alma. Por mi Inmaculada Concepción, fui la Toda Hermosa. Al no tener la más mínima culpa, me vi "llena de gracia".
- Además de no tener el pecado original, ¿no cometiste ni el más mínimo pecado en toda tu vida? ¿Por qué y cómo? - Ante todo, no tenía razón de ser el que Dios me hiciera Inmaculada, sin mancha, sin la culpa de origen en el primer instante de mi concepción, si después iba yo a cometer algún pecado personal. Si Dios me hacía Inmaculada, yo había de pasar toda mi vida sin pecado. Fue pura gracia de Dios el que yo no cometiera culpa alguna.
-¿Y nunca te afectó ninguna pasión desordenada? Por la concupiscencia, nos dice el apóstol Santiago, nos vemos arrastrados al pecado. ¿O tú no tuviste pasiones? - Veo que adivinas el porqué de mi impecabilidad. Dios sujetaba de tal modo mis pasiones a la razón y voluntad, que, aun permaneciendo totalmente libre, jamás me dominaron ellas a mí, sino que yo las tuve a ellas totalmente sujetas a mí.
- Así que tenías, sentías las mismas pasiones que nosotros... - Las tenía y las sentía igual que vosotros, como las tuvo y las sintió Jesús. El era perfecto hombre. y yo era perfecta mujer; y ambos debíamos tener y teníamos ese regalo de la naturaleza que son las pasiones.
- Con todo, en algo tenían que diferenciarse de las nuestras. - En una sola cosa. En que vosotros las tenéis desordenadas por el pecado original, os inducen al pecado personal, y habéis de luchar contra ellas para que no os dominen. Mientras que Jesús y yo las teníamos ordenadísimas y éramos dueños absolutos de ellas. Jesús, que ya era impecable por ser Dios, no podía pecar tampoco por desorden alguno. Y yo fui también impecable, no pude pecar nunca: por privilegio de Dios y por tener las pasiones en orden perfecto.
- Pero Señora es muy serio lo que estás diciendo. Si tú no pecaste nunca, ni con el pecado original ni con pecado personal la sangre de Cristo no te tocó. Cristo no te redimió. Tú te escapas de la redención. Y esto es imposible... Veo que te sonríes, antes de responder...
- ¡Claro, que me sonrío! Es lo que no quieren entender tantos que me rechazan. Y es lo que durante siglos quebró la cabeza de tanto teólogo de buena voluntad, hasta de sabios amantísimos míos.
- ¿Puedes explicármelo? - Con una comparación lo vas a entender a la primera. Todos los hombres sin excepción cayeron y caen, nada más hacen su entrada en la vida en la ciénaga del pecado. Por la sangre de Jesús. Dios los saca, los limpia y los hace dignos de sí. Yo, por la sangre también de Jesús, me vi libre del pecado original y después de todo pecado personal. Pero, de otra manera. Dios, por la sangre de Jesús, sacó a todos del pecado. A mí, por esta misma sangre, no me dejó caer en el fango.
- Entonces, ¡tú fuiste más redimida que nadie! Por la sangre de Jesús, salimos nosotros de esa ciénaga inmunda del pecado, después de estar bien hundidos en él, tú, por la sangre de Jesús, ni llegaste a caer en la culpa. - Aun te lo diría yo de otra manera. Dios me pensó siempre como Madre suya. Siempre me miró como unida a Jesucristo Redentor. Me vio como la segunda Eva, reparadora del mundo, medianera de la reconciliación, Reina de los ángeles... Unida así a la persona, misión y reinado de Jesucristo, ¿cabía en mí pecado alguno?...
¡No, y nunca! Dios podía hacerte Inmaculada. Era convenientísimo que lo fueras. ¡Y te hizo LA INMACULADA CONCEPCION! Así empezaba a honrarte el que nos impuso la ley y se la impuso a sí mismo de honrar padre y madre... Esta es nuestra lógica. ¿Acertamos o no acertamos? - Discurrís con lógica implacable.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
Liberación a cautiva
El pasado 27 de abril fuimos invitados a Villa Madero para hablar sobre la misericordia de Jesús, este es un tema que nadie puede hablar lo suficiente. Por mucho que se diga humanamente, solo sería como una gota ante el océano infinito de la misericordia de Dios. El salón donde estaba la comunidad estaba abarrotado, eran más de quinientas personas y lo más importante es que el Santísimo Sacramento está expuesto.
Si se pudieran colocar uno sobre otro, todos los pecados de todos los hombres de todos los tiempos, la montaña sería mucho pero mucho muy alta, casi infinita. Pero la misericordia de Jesús es más alta y cubre y lava con su Sangre todos nuestros pecados. ¡Gloria a Dios!
El tiempo que daban a cada exponente para transmitir el mensaje era de cincuenta minutos, a nosotros nos dieron hora y media. Pero al Espíritu Santo y a nosotros nos pareció bien que fueran tres horas y media. Y lo mejor, ¡nadie se quería salir! No hubo uno solo que se nos durmiera, que estuviera distraído o indiferente. Esto fue lo que sucedió: a las más de quinientas personas que asistieron al retiro se les pidió que se amarraran las manos con un pedazo de rafia que había sido cortado para tal efecto. Se les añadió que el que no creyera mejor se limitara a ser espectador de lo que estaba por venir. Poco más de trescientas personas aceptaron amarrarse, simbolizando este acto las cadenas a las que estamos atados por el pecado.
Días antes del retiro el Señor Jesús me pedía que llevara unas ‘esposas’ que tengo desde hace algunos años. Cuando lo recordaba tenía mucha paz, cuando trataba de ignorar esa petición me sentía muy inquieto. Fueron cinco días de lucha: ¡me las llevo o no me las llevo! El día del retiro lo primero que hice fue tomar las ‘esposas’ y llevármelas.
Después de que se amarraron los más de trescientos hermanos, tomé las ‘esposas’, se las mostré y dije: aquí están estas ‘esposas’, si hay algún creyente que espere que Jesús lo libere, se las voy a poner. Les quiero decir que, ¡no traigo llaves para abrirlas! El que las va a abrir es Jesús, el que está encerrado en esa custodia y que dejó de ser pan para transformarse en Carne y Sangre de Jesús de Nazareth. No terminé de decir lo anterior cuando una señora pidió ser ella la que fuera encadenada, como ya estaba amarrada le dije que diera oportunidad a otra persona para ser esposada. Otra señora lo pidió y fue a ella que le puse las ‘esposas’ que no había llave para abrirlas.
El ministerio de canto inició con alabanzas a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo. Desde los primeros minutos, a más de sesenta hermanos se les cayeron las ataduras que minutos antes se les había puesto con nudo ciego. Pasó el tiempo y las ‘esposas’ no se abrían. Seguía la alabanza, todos pusimos toda nuestra confianza en Aquel que después de tres días de muerto venció a la muerte y al pecado, se salió de la tumba y está vivo para nunca más morir.
A escaso metro de distancia del Santísimo estaba Graciela con sus manos esposadas alabando a Dios Padre, alabando a Dios Hijo, alabando a Dios Espíritu Santo. Después de ‘noventa’ minutos de alabanza, nuestra hermana oraba así: “Señor Jesús no me quites las esposas que tengo puestas, cámbiame primero mi corazón que está podrido”. Después de escuchar su petición sentí en lo más profundo de mi ser la intención de orar de esta manera: en el Nombre de Jesús a ti te digo ‘esposas’: ábranse, effatá. Enseguida llegó la mamá de Graciela y abrazadas se pusieron a llorar por breves segundos, también un sobrino hizo lo mismo. Graciela estaba con sus manos esposadas y las tenía juntas sobre su pecho. En ese mismo momento se le corrieron las esposas, se resbalaron de su mano derecha y me las mostró. A continuación tomé su mano izquierda y recorrí las esposas. Así, ¡quedó completamente libre!
Antes de levantar las esposas ante la comunidad y que nuestra hermana levantara sus manos libres de cadenas, se las mostré a nuestra hermana Nina, que hizo la oración de sanación de recuerdos, que con una cara de admiración, gozo, alegría y todo lo que se le parezca alabó a Dios por lo que estaba haciendo con la comunidad de Villa Madero.
Días después nuestra hermana Graciela nos dijo: soy muy tímida, no me explico por qué pedí ser encadenada, pero esta es la experiencia más grande de toda mi vida, Además padecía fuertemente de mi riñón, y desde ese día el dolor ya no lo tengo. Además de romper mis cadenas y cambiarme el corazón, Jesús me sanó del riñón. En quince días esperamos que nuestra hermana venga a nuestro futuro programa en televisión de una hora de duración. Contamos con tus oraciones para festejar el inicio de estas transmisiones. Por ahora estamos en vivo en la televisión mundial en nuestra página web: www.jesusestavivo.org.mx
Quiero agregar que las esposas cuando empiezan a cerrarse tienen una cremallera que se va cerrando diente por diente, hasta quedar justas a las manos. A nuestra hermana no se le abrieron, sus manos como que se le adelgazaron y por eso fue que quedó libre. Quiera Dios que en la oración de sanación de recuerdos en el templo de El Carmen de mañana lunes a las cinco de la tarde se te adelgace el pecado para que pueda pasar Jesús que está vivo y te sane también a ti de tus enfermedades, debilidades, vicios y todo lo que se le parezca.
Si Papá Dios en su infinita misericordia nos mandó a su amadísimo hijo Jesús, ¿existe algo que no nos pueda o quiera mandar? Todo lo que hizo Papá Dios desde toda la eternidad, quiere que ya lo estemos disfrutando, llámese salud, carismas, dones, regalos, vida en abundancia, alegría, buen humor y todo lo que se le parezca. Si un Hombre se salió de la tumba, si un Hombre resucitó, ¡todo puede suceder!
Mañana lunes a las cinco de la tarde en el templo de El Carmen tendremos una oración de sanación de recuerdos. Allí le pediremos a el Señor Jesús nos lave los tristes recuerdos que tenemos y que nos dañan haciendo que estemos enfermos, que estemos enfermas. Lo que Jesús hizo en Villa Madero lo repetirá mañana en la oración de sanación de recuerdos de las 17:00 horas
El lunes pasado, 10 de mayo, durante la oración por los enfermos en el templo de El Carmen, nuestra hermana Nina, otra hermana Nina, que por cierto volverá a hacer la oración de sanación de recuerdos, se pone de pie y dice: yo estaba ciega, no veía. Escuché por la radio el programa “La Palabra”. Llamé por teléfono, está grabado pues el programa sale en vivo en la televisión mundial, y cuando contestaron pedí oración por mi. Les dije que no veía y que tenía diabetes. Oraron por mi. Le pidieron a Jesús que tuviera misericordia, que no se fijara en mis faltas, ni en mi pasado. Suplicaron a Jesús me hicierta una transfusión de sangre pero que no me pusiera una sangre cualquiera, que me pusiera su misma sangre. Sangre limpia, que sangre redentora circulara por mi corazón, por mis venas. En eso sentí un calor muy fuerte que me envolvió. Ese calor es muy agradable, después me explicaron que era el fuego del Santo Espíritu de Dios que me había quemado mi enfermedad, que quema cualquier dificultad por difícil que sea. Aquí estoy en el templo de El Carmen para dar testimonio de lo que Jesús hace por los que estamos caídos, enfermos. Estoy sana, puedo ver correctamente de cerca y de lejos, hace quince días no podía ver de cerca ni de lejos. No tengo diabetes, Jesús que está vivo me sanó de mi pasado en una oración que hicieron por mí en la Z radio. ¡Gloria a Dios!
Todos nosotros sabemos que la diabetes no tiene cura, nada más se controla y eso a veces nada más, pero para Jesús nada es imposible, para él todo es completamente fácil, es el amo de lo imposible y le quitó a Nina su problema que para la ciencia es imposible. ¡Gloria a Dios!
El próximo sábado estaremos celebrando la venida de “La Promesa”. Hay muchas promesas en la Palabra de Dios pero una sola es llamada con mayúscula y es precisamente la venida del Santo Espíritu de Dios. La Tercera persona de la Santísima Trinidad en pleno estará con nosotros y contigo en el templo de El Carmen. Ven y goza la presencia del Espíritu que resucitó a Jesús y te anda buscando a ti, seas quien seas y seas como seas. Pentecostés es lo contrario de la torre de Babel, allí hubo confusión de lenguas y Pentecostés es la unidad de todas las lenguas del mundo... La hora de la cita es de: 21:00 a 23:00 horas del próximo sábado.
Mañana lunes en el templo de El Carmen tendremos la oración de “sanación de recuerdos”. Quiera Dios que las ataduras de nuestros antepasados y las propias, que traemos arrastrando, queden en manos de Jesús y las destruya para que quedemos verdaderamente libres. Atrévete a sentir la verdadera libertad que ya ganó para ti Cristo Jesús con su pasión, muerte y resurrección gloriosa. La cita con el Doctor que todo lo sana es mañana a las cinco de la tarde en el consultorio de sanación más grande de Morelia: el templo de El Carmen. La sanación de tu cuerpo está esperando 24 horas y el fin de tu enfermedad que tiene los minutos contados llega mañana lunes 17 de mayo, día de liberación, de tu liberación integral: en tu cuerpo, en tu alma y en tu espíritu.
Es muy diferente escuchar una palabra y escuchar esa misma palabra con el Espíritu Santo. Con el Espíritu Santo se hace vida, con el Espíritu Santo esa palabra se torna eficaz, con el Espíritu Santo esa palabra nos transforma. Conocemos la Biblia, pero si no nos cae el Espíritu Santo no funciona, el Espíritu Santo es el que nos hace aceptar a Jesús, comprender a Jesús, creerle a Jesús, alguien me decía: "es muy difícil". Para nosotros sí, pero como es don de Dios hay que pedirlo, y entonces cuando Dios da ese don se mira con otra dimensión totalmente diferente la Palabra de Dios, nos vemos distintos y creemos en esa Palabra, y esa Palabra surte efecto en nosotros, por eso el día de hoy, mañana y siempre lo vamos a centrar al rededor del Espíritu Santo. Vamos a hacer una oración bien especial para pedir Espíritu Santo, vamos a decirle que se vaya adelantando. Esperamos que él esté actuando en nosotros desde estos momentos, mañana, en siete días y siempre, por eso pues vamos a seguir pidiendo a Jesús que nos vaya dando su Espíritu Santo ya desde estos momentos para que mañana lunes que vayamos a la oración de veras nos caiga el veinte, de veras la Palabra sea transformadora en nosotros. Esta oración será grabada por Grupo Marmor y Televisa. El Lic Julio Hernández Granados nos certificó la transmisión de esta evento en la televisión local.
Te invitamos a ver por la televisión en vivo nuestro programa “La Palabra” de la Z radio, 96.3 FM estéreo y 1340 AM digital. La cita es en el consultorio de sanación más grande de Morelia a las seis de la tarde. Si abres nuestra página web www.jesusestavivo.org.mx y haces clik en la imagen de televisión aparecen más de 30 vídeos que salieron en vivo y ahora forman parte de nuestro archivo que puedes ver cada ves que quieras. Algunos de nuestros nuevos vídeos que bendijo el P. Miguel Contreras son: la Hostia palpitando, Bienvenida con el P. Miguel Contreras, Oración de sanación por Rocío, Jesús da la sanación a sus ovejas, Oración de sanación en la Z radio, Oración de sanación por Minerva, Jesús enseña y sana, Misa dominical en San Pedro, Yo vi a la Virgen María, por decir algunos. Quiera Dios que el próximo vídeo de testimonio de sanación sea el tuyo. Si deseas oración de sanación por tus enfermos, manda tu petición a: lapalabra@jesusestavivo.org.mx y en todo el mundo se orará por la salud de tus enfermos.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
Si se pudieran colocar uno sobre otro, todos los pecados de todos los hombres de todos los tiempos, la montaña sería mucho pero mucho muy alta, casi infinita. Pero la misericordia de Jesús es más alta y cubre y lava con su Sangre todos nuestros pecados. ¡Gloria a Dios!
El tiempo que daban a cada exponente para transmitir el mensaje era de cincuenta minutos, a nosotros nos dieron hora y media. Pero al Espíritu Santo y a nosotros nos pareció bien que fueran tres horas y media. Y lo mejor, ¡nadie se quería salir! No hubo uno solo que se nos durmiera, que estuviera distraído o indiferente. Esto fue lo que sucedió: a las más de quinientas personas que asistieron al retiro se les pidió que se amarraran las manos con un pedazo de rafia que había sido cortado para tal efecto. Se les añadió que el que no creyera mejor se limitara a ser espectador de lo que estaba por venir. Poco más de trescientas personas aceptaron amarrarse, simbolizando este acto las cadenas a las que estamos atados por el pecado.
Días antes del retiro el Señor Jesús me pedía que llevara unas ‘esposas’ que tengo desde hace algunos años. Cuando lo recordaba tenía mucha paz, cuando trataba de ignorar esa petición me sentía muy inquieto. Fueron cinco días de lucha: ¡me las llevo o no me las llevo! El día del retiro lo primero que hice fue tomar las ‘esposas’ y llevármelas.
Después de que se amarraron los más de trescientos hermanos, tomé las ‘esposas’, se las mostré y dije: aquí están estas ‘esposas’, si hay algún creyente que espere que Jesús lo libere, se las voy a poner. Les quiero decir que, ¡no traigo llaves para abrirlas! El que las va a abrir es Jesús, el que está encerrado en esa custodia y que dejó de ser pan para transformarse en Carne y Sangre de Jesús de Nazareth. No terminé de decir lo anterior cuando una señora pidió ser ella la que fuera encadenada, como ya estaba amarrada le dije que diera oportunidad a otra persona para ser esposada. Otra señora lo pidió y fue a ella que le puse las ‘esposas’ que no había llave para abrirlas.
El ministerio de canto inició con alabanzas a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo. Desde los primeros minutos, a más de sesenta hermanos se les cayeron las ataduras que minutos antes se les había puesto con nudo ciego. Pasó el tiempo y las ‘esposas’ no se abrían. Seguía la alabanza, todos pusimos toda nuestra confianza en Aquel que después de tres días de muerto venció a la muerte y al pecado, se salió de la tumba y está vivo para nunca más morir.
A escaso metro de distancia del Santísimo estaba Graciela con sus manos esposadas alabando a Dios Padre, alabando a Dios Hijo, alabando a Dios Espíritu Santo. Después de ‘noventa’ minutos de alabanza, nuestra hermana oraba así: “Señor Jesús no me quites las esposas que tengo puestas, cámbiame primero mi corazón que está podrido”. Después de escuchar su petición sentí en lo más profundo de mi ser la intención de orar de esta manera: en el Nombre de Jesús a ti te digo ‘esposas’: ábranse, effatá. Enseguida llegó la mamá de Graciela y abrazadas se pusieron a llorar por breves segundos, también un sobrino hizo lo mismo. Graciela estaba con sus manos esposadas y las tenía juntas sobre su pecho. En ese mismo momento se le corrieron las esposas, se resbalaron de su mano derecha y me las mostró. A continuación tomé su mano izquierda y recorrí las esposas. Así, ¡quedó completamente libre!
Antes de levantar las esposas ante la comunidad y que nuestra hermana levantara sus manos libres de cadenas, se las mostré a nuestra hermana Nina, que hizo la oración de sanación de recuerdos, que con una cara de admiración, gozo, alegría y todo lo que se le parezca alabó a Dios por lo que estaba haciendo con la comunidad de Villa Madero.
Días después nuestra hermana Graciela nos dijo: soy muy tímida, no me explico por qué pedí ser encadenada, pero esta es la experiencia más grande de toda mi vida, Además padecía fuertemente de mi riñón, y desde ese día el dolor ya no lo tengo. Además de romper mis cadenas y cambiarme el corazón, Jesús me sanó del riñón. En quince días esperamos que nuestra hermana venga a nuestro futuro programa en televisión de una hora de duración. Contamos con tus oraciones para festejar el inicio de estas transmisiones. Por ahora estamos en vivo en la televisión mundial en nuestra página web: www.jesusestavivo.org.mx
Quiero agregar que las esposas cuando empiezan a cerrarse tienen una cremallera que se va cerrando diente por diente, hasta quedar justas a las manos. A nuestra hermana no se le abrieron, sus manos como que se le adelgazaron y por eso fue que quedó libre. Quiera Dios que en la oración de sanación de recuerdos en el templo de El Carmen de mañana lunes a las cinco de la tarde se te adelgace el pecado para que pueda pasar Jesús que está vivo y te sane también a ti de tus enfermedades, debilidades, vicios y todo lo que se le parezca.
Si Papá Dios en su infinita misericordia nos mandó a su amadísimo hijo Jesús, ¿existe algo que no nos pueda o quiera mandar? Todo lo que hizo Papá Dios desde toda la eternidad, quiere que ya lo estemos disfrutando, llámese salud, carismas, dones, regalos, vida en abundancia, alegría, buen humor y todo lo que se le parezca. Si un Hombre se salió de la tumba, si un Hombre resucitó, ¡todo puede suceder!
Mañana lunes a las cinco de la tarde en el templo de El Carmen tendremos una oración de sanación de recuerdos. Allí le pediremos a el Señor Jesús nos lave los tristes recuerdos que tenemos y que nos dañan haciendo que estemos enfermos, que estemos enfermas. Lo que Jesús hizo en Villa Madero lo repetirá mañana en la oración de sanación de recuerdos de las 17:00 horas
El lunes pasado, 10 de mayo, durante la oración por los enfermos en el templo de El Carmen, nuestra hermana Nina, otra hermana Nina, que por cierto volverá a hacer la oración de sanación de recuerdos, se pone de pie y dice: yo estaba ciega, no veía. Escuché por la radio el programa “La Palabra”. Llamé por teléfono, está grabado pues el programa sale en vivo en la televisión mundial, y cuando contestaron pedí oración por mi. Les dije que no veía y que tenía diabetes. Oraron por mi. Le pidieron a Jesús que tuviera misericordia, que no se fijara en mis faltas, ni en mi pasado. Suplicaron a Jesús me hicierta una transfusión de sangre pero que no me pusiera una sangre cualquiera, que me pusiera su misma sangre. Sangre limpia, que sangre redentora circulara por mi corazón, por mis venas. En eso sentí un calor muy fuerte que me envolvió. Ese calor es muy agradable, después me explicaron que era el fuego del Santo Espíritu de Dios que me había quemado mi enfermedad, que quema cualquier dificultad por difícil que sea. Aquí estoy en el templo de El Carmen para dar testimonio de lo que Jesús hace por los que estamos caídos, enfermos. Estoy sana, puedo ver correctamente de cerca y de lejos, hace quince días no podía ver de cerca ni de lejos. No tengo diabetes, Jesús que está vivo me sanó de mi pasado en una oración que hicieron por mí en la Z radio. ¡Gloria a Dios!
Todos nosotros sabemos que la diabetes no tiene cura, nada más se controla y eso a veces nada más, pero para Jesús nada es imposible, para él todo es completamente fácil, es el amo de lo imposible y le quitó a Nina su problema que para la ciencia es imposible. ¡Gloria a Dios!
El próximo sábado estaremos celebrando la venida de “La Promesa”. Hay muchas promesas en la Palabra de Dios pero una sola es llamada con mayúscula y es precisamente la venida del Santo Espíritu de Dios. La Tercera persona de la Santísima Trinidad en pleno estará con nosotros y contigo en el templo de El Carmen. Ven y goza la presencia del Espíritu que resucitó a Jesús y te anda buscando a ti, seas quien seas y seas como seas. Pentecostés es lo contrario de la torre de Babel, allí hubo confusión de lenguas y Pentecostés es la unidad de todas las lenguas del mundo... La hora de la cita es de: 21:00 a 23:00 horas del próximo sábado.
Mañana lunes en el templo de El Carmen tendremos la oración de “sanación de recuerdos”. Quiera Dios que las ataduras de nuestros antepasados y las propias, que traemos arrastrando, queden en manos de Jesús y las destruya para que quedemos verdaderamente libres. Atrévete a sentir la verdadera libertad que ya ganó para ti Cristo Jesús con su pasión, muerte y resurrección gloriosa. La cita con el Doctor que todo lo sana es mañana a las cinco de la tarde en el consultorio de sanación más grande de Morelia: el templo de El Carmen. La sanación de tu cuerpo está esperando 24 horas y el fin de tu enfermedad que tiene los minutos contados llega mañana lunes 17 de mayo, día de liberación, de tu liberación integral: en tu cuerpo, en tu alma y en tu espíritu.
Es muy diferente escuchar una palabra y escuchar esa misma palabra con el Espíritu Santo. Con el Espíritu Santo se hace vida, con el Espíritu Santo esa palabra se torna eficaz, con el Espíritu Santo esa palabra nos transforma. Conocemos la Biblia, pero si no nos cae el Espíritu Santo no funciona, el Espíritu Santo es el que nos hace aceptar a Jesús, comprender a Jesús, creerle a Jesús, alguien me decía: "es muy difícil". Para nosotros sí, pero como es don de Dios hay que pedirlo, y entonces cuando Dios da ese don se mira con otra dimensión totalmente diferente la Palabra de Dios, nos vemos distintos y creemos en esa Palabra, y esa Palabra surte efecto en nosotros, por eso el día de hoy, mañana y siempre lo vamos a centrar al rededor del Espíritu Santo. Vamos a hacer una oración bien especial para pedir Espíritu Santo, vamos a decirle que se vaya adelantando. Esperamos que él esté actuando en nosotros desde estos momentos, mañana, en siete días y siempre, por eso pues vamos a seguir pidiendo a Jesús que nos vaya dando su Espíritu Santo ya desde estos momentos para que mañana lunes que vayamos a la oración de veras nos caiga el veinte, de veras la Palabra sea transformadora en nosotros. Esta oración será grabada por Grupo Marmor y Televisa. El Lic Julio Hernández Granados nos certificó la transmisión de esta evento en la televisión local.
Te invitamos a ver por la televisión en vivo nuestro programa “La Palabra” de la Z radio, 96.3 FM estéreo y 1340 AM digital. La cita es en el consultorio de sanación más grande de Morelia a las seis de la tarde. Si abres nuestra página web www.jesusestavivo.org.mx y haces clik en la imagen de televisión aparecen más de 30 vídeos que salieron en vivo y ahora forman parte de nuestro archivo que puedes ver cada ves que quieras. Algunos de nuestros nuevos vídeos que bendijo el P. Miguel Contreras son: la Hostia palpitando, Bienvenida con el P. Miguel Contreras, Oración de sanación por Rocío, Jesús da la sanación a sus ovejas, Oración de sanación en la Z radio, Oración de sanación por Minerva, Jesús enseña y sana, Misa dominical en San Pedro, Yo vi a la Virgen María, por decir algunos. Quiera Dios que el próximo vídeo de testimonio de sanación sea el tuyo. Si deseas oración de sanación por tus enfermos, manda tu petición a: lapalabra@jesusestavivo.org.mx y en todo el mundo se orará por la salud de tus enfermos.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
miércoles, 5 de mayo de 2010
La Primogénita
Cuando la Virgen María concede una entrevista, esto es lo que sucede: Señora mía, quiero aprovechar avaramente el tiempo que me concede una profesora de mariología como tú... ¿Podrías decirme qué significa ese título de PRIMOGÉNITA que te damos? - Pues, eso: que fui la primera criatura engendrada en la mente y en el corazón de Dios.
- Habrás de explicarte. - Toma el primer párrafo de la carta de Pablo a los de Efeso, y allí te encuentras con que Dios, antes de la creación del mundo, ya había elegido en Jesucristo a los que deberían salvarse, para ser sus hijos adoptivos, santos, sin mancha y amantes en su divina presencia. Mira lo que dice: "En Cristo". Aquí está la clave de mi predestinación, y más que de la vuestra.
- Me lo imagino. Porque tú también estabas entre tantos elegidos. - Sí. Pero de una manera muy distinta y muy superior. A todos vosotros os elegía Dios a la Gloria después que os veía salvados en Cristo. Primero pensó en Cristo, y después en todos los elegidos en el mismo Cristo.
- Y tú, ¿estabas en el mismo plano de Jesucristo, o estabas en el plano nuestro? - Ni en el mismo de Jesucristo ni el mismo vuestro. Me hallaba en un plano totalmente singular. Dios pensó ante todo y sobre todo en Jesucristo. Pero, al pensar en Jesucristo, pensó a la vez en la mujer que había de dar su naturaleza humana al Hijo de Dios. Al determinar Dios que su Hijo se hiciera hombre, con el mismo decreto determinaba que yo fuera su Madre. Me vio entre todas las mujeres, pero fui yo la elegida para Madre suya: fui la primera en quien Dios se fijó.
- Comprendo. Porque es imposible pensar en un hijo que va a nacer, sin pensar a la vez en una madre que lo lleve en sus entrañas. - Ese es mi caso. El Hijo de Dios se había de hacer hombre en mi seno. Por lo tanto, Dios no podía disociar, no podía separar mi persona de la persona de su Hijo encarnado. Y si Dios tuvo esta idea y tomó esta determinación "antes de la creación del mundo". ¿Quién fue la primera criatura engendrada? ¿Quién fue la primogénita?...
- Algo me hacían sospechar esas lecturas que la Iglesia te aplica en tus fiestas, cuando pone en tus labios: "El Señor me poseyó al comienzo de sus obras, desde el principio, antes de que crease cosa alguna" "Yo salí de la boca del Altísimo como primogénita, antes que existiese criatura alguna" - Dices bien que la Iglesia me "aplica" esas palabras de los Proverbios y del Eclesiástico. Lo que se dice de la Sabiduría divina, sobre todo de la Sabiduría encarnada, se puede decir proporcionalmente de mí. Porque, en la mente de Dios, yo daba el ser de Hombre a su Hijo divino.
- ¿Podrías decir qué hay que entender por "Predestinación"? - Es el plan que Dios se forma sobre una persona, a la que elige y destina para una gracia determinada, para un puesto en la Iglesia, y, en definitiva, para la Gloria del Cielo. Y esto, antes de que la persona exista; desde toda la eternidad. Todos los elegidos hemos sido predestinados.
- Pero, tú decías que tu predestinación fue diferente, del todo singular y a la vez que la de Jesucristo. - Mira, Dios destina a todos a la gracia y a la gloria. A mí me predestinó a ser Madre de Dios, Madre de su Hijo hecho Hombre, Madre de Jesucristo el Redentor. Todas las grandezas de que me iba a revestir, y la misma gloria en el Cielo, serían una consecuencia y el coronamiento de mi elección para Madre suya.
- Quiere decir esto que Dios se quiso lucir con una mujer como tú... - Naturalmente que, al ser la primera elegida, pensó en mí como prototipo de toda la creación, después de Jesucristo. Al elegirme con el mismo e idéntico designio que a Jesucristo, aunque en segundo plano y siempre subordinada a El, pensó en hacerme Inmaculada y Virgen, Corredentora y Reina de Cielo y Tierra. Al mirarse en mí, todos tendrán claro el ideal de Dios sobre ellos mismos.
- ¿Y qué vio Dios en ti, para elegirte a ti precisamente? - Nada. No vio absolutamente nada. No vio más que a una mujer como cualquier otra. La elección de Dios es completamente libre y sin mérito alguno del elegido. Pero, al elegir por amor, entonces se vuelca Dios sobre el elegido y lo llena de todos sus dones. Mi elección fue pura gracia. Aunque, una vez elegida, me colmó de dones inimaginables. Por eso, a pesar de mi grandeza, sigo siendo la pobrecita esclava del Señor, la más humilde de todas las criaturas.
Pero a nosotros nos inspiras una gran confianza. - Así debe ser. No olvides que Dios me eligió para Madre de Jesucristo Redentor. Yo tenía que cooperar con Jesucristo a la salvación de todos. Y, por eso también, me dio un corazón lleno de ternura para con los pecadores más necesitados. "Que por nosotros los hombres, y por nuestra salvación, bajó del Cielo", confesáis de Jesús. Y, por vosotros también, me unió Dios tan estrechamente con Jesús el Salvador, en un mismo destino y en una misma misión.
- ¿Y por qué te llamamos INMACULADA? "La Inmaculada" ha venido a ser como tu segundo nombre propio. En Lourdes le dijiste a Bernardita: "Yo soy la Inmaculada Concepción" - Pues, no tienes más que analizar la palabra Inmaculada: sin mancha. Para entenderlo has de remontarte al paraíso. Peca el hombre en un principio, y ese pecado de origen pasa a toda la humanidad. Nada más concebido el hombre en el seno materno, ya es esclavo de Satanás. Es pecador a la vez que hombre.
- Y no es más que una culpa heredada. Pecamos todos por estar encerrados en Adán como la semilla en el árbol... - Viene después el pecado personal. Esclavo de las pasiones, y colocado en la atmósfera de pecado que rodea y penetra el mundo, el hombre añade al pecado original más y más pecados propios, grandes o pequeños, que le apartan y privan de Dios. Solamente la sangre de Jesús, que él tomó en mi seno, libra al pecador de su culpa.
- Y tú, Señora, ¿no conociste pecado alguno? - Ninguno. Dios, con su omnipotencia, me libró del pecado original al mismo tiempo que era concebida en el seno de mi madre. Mi entrada en el mundo no fue noche tenebrosa, sino aurora radiante. Satanás, la serpiente antigua, retorció impotente sus anillos bajo mis pies de niña. ¿Después?... El pecado, hasta el más pequeñín, no tuvo entrada en mi alma. Por mi Inmaculada Concepción, fui la Toda Hermosa. Al no tener la más mínima culpa, me vi "llena de gracia".
En nueve días en el templo de El Carmen tendremos una oración de sanación de recuerdos. Quiera Dios que las ataduras de nuestros antepasados y las propias, que traemos arrastrando, queden en manos de Jesús y las destruya para que quedemos verdaderamente libres. Atrévete a sentir la verdadera libertad que ya ganó para ti Jesús con su pasión, muerte y resurrección gloriosa. La cita con el Doctor que todo lo sana es a las cinco de la tarde en el consultorio de sanación más grande de Morelia: el templo de El Carmen el lunes 17 de mayo, día de liberación.
¡Alabado sea Jesucristo!
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Grupo Apostólico Nueva Evangelización
- Habrás de explicarte. - Toma el primer párrafo de la carta de Pablo a los de Efeso, y allí te encuentras con que Dios, antes de la creación del mundo, ya había elegido en Jesucristo a los que deberían salvarse, para ser sus hijos adoptivos, santos, sin mancha y amantes en su divina presencia. Mira lo que dice: "En Cristo". Aquí está la clave de mi predestinación, y más que de la vuestra.
- Me lo imagino. Porque tú también estabas entre tantos elegidos. - Sí. Pero de una manera muy distinta y muy superior. A todos vosotros os elegía Dios a la Gloria después que os veía salvados en Cristo. Primero pensó en Cristo, y después en todos los elegidos en el mismo Cristo.
- Y tú, ¿estabas en el mismo plano de Jesucristo, o estabas en el plano nuestro? - Ni en el mismo de Jesucristo ni el mismo vuestro. Me hallaba en un plano totalmente singular. Dios pensó ante todo y sobre todo en Jesucristo. Pero, al pensar en Jesucristo, pensó a la vez en la mujer que había de dar su naturaleza humana al Hijo de Dios. Al determinar Dios que su Hijo se hiciera hombre, con el mismo decreto determinaba que yo fuera su Madre. Me vio entre todas las mujeres, pero fui yo la elegida para Madre suya: fui la primera en quien Dios se fijó.
- Comprendo. Porque es imposible pensar en un hijo que va a nacer, sin pensar a la vez en una madre que lo lleve en sus entrañas. - Ese es mi caso. El Hijo de Dios se había de hacer hombre en mi seno. Por lo tanto, Dios no podía disociar, no podía separar mi persona de la persona de su Hijo encarnado. Y si Dios tuvo esta idea y tomó esta determinación "antes de la creación del mundo". ¿Quién fue la primera criatura engendrada? ¿Quién fue la primogénita?...
- Algo me hacían sospechar esas lecturas que la Iglesia te aplica en tus fiestas, cuando pone en tus labios: "El Señor me poseyó al comienzo de sus obras, desde el principio, antes de que crease cosa alguna" "Yo salí de la boca del Altísimo como primogénita, antes que existiese criatura alguna" - Dices bien que la Iglesia me "aplica" esas palabras de los Proverbios y del Eclesiástico. Lo que se dice de la Sabiduría divina, sobre todo de la Sabiduría encarnada, se puede decir proporcionalmente de mí. Porque, en la mente de Dios, yo daba el ser de Hombre a su Hijo divino.
- ¿Podrías decir qué hay que entender por "Predestinación"? - Es el plan que Dios se forma sobre una persona, a la que elige y destina para una gracia determinada, para un puesto en la Iglesia, y, en definitiva, para la Gloria del Cielo. Y esto, antes de que la persona exista; desde toda la eternidad. Todos los elegidos hemos sido predestinados.
- Pero, tú decías que tu predestinación fue diferente, del todo singular y a la vez que la de Jesucristo. - Mira, Dios destina a todos a la gracia y a la gloria. A mí me predestinó a ser Madre de Dios, Madre de su Hijo hecho Hombre, Madre de Jesucristo el Redentor. Todas las grandezas de que me iba a revestir, y la misma gloria en el Cielo, serían una consecuencia y el coronamiento de mi elección para Madre suya.
- Quiere decir esto que Dios se quiso lucir con una mujer como tú... - Naturalmente que, al ser la primera elegida, pensó en mí como prototipo de toda la creación, después de Jesucristo. Al elegirme con el mismo e idéntico designio que a Jesucristo, aunque en segundo plano y siempre subordinada a El, pensó en hacerme Inmaculada y Virgen, Corredentora y Reina de Cielo y Tierra. Al mirarse en mí, todos tendrán claro el ideal de Dios sobre ellos mismos.
- ¿Y qué vio Dios en ti, para elegirte a ti precisamente? - Nada. No vio absolutamente nada. No vio más que a una mujer como cualquier otra. La elección de Dios es completamente libre y sin mérito alguno del elegido. Pero, al elegir por amor, entonces se vuelca Dios sobre el elegido y lo llena de todos sus dones. Mi elección fue pura gracia. Aunque, una vez elegida, me colmó de dones inimaginables. Por eso, a pesar de mi grandeza, sigo siendo la pobrecita esclava del Señor, la más humilde de todas las criaturas.
Pero a nosotros nos inspiras una gran confianza. - Así debe ser. No olvides que Dios me eligió para Madre de Jesucristo Redentor. Yo tenía que cooperar con Jesucristo a la salvación de todos. Y, por eso también, me dio un corazón lleno de ternura para con los pecadores más necesitados. "Que por nosotros los hombres, y por nuestra salvación, bajó del Cielo", confesáis de Jesús. Y, por vosotros también, me unió Dios tan estrechamente con Jesús el Salvador, en un mismo destino y en una misma misión.
- ¿Y por qué te llamamos INMACULADA? "La Inmaculada" ha venido a ser como tu segundo nombre propio. En Lourdes le dijiste a Bernardita: "Yo soy la Inmaculada Concepción" - Pues, no tienes más que analizar la palabra Inmaculada: sin mancha. Para entenderlo has de remontarte al paraíso. Peca el hombre en un principio, y ese pecado de origen pasa a toda la humanidad. Nada más concebido el hombre en el seno materno, ya es esclavo de Satanás. Es pecador a la vez que hombre.
- Y no es más que una culpa heredada. Pecamos todos por estar encerrados en Adán como la semilla en el árbol... - Viene después el pecado personal. Esclavo de las pasiones, y colocado en la atmósfera de pecado que rodea y penetra el mundo, el hombre añade al pecado original más y más pecados propios, grandes o pequeños, que le apartan y privan de Dios. Solamente la sangre de Jesús, que él tomó en mi seno, libra al pecador de su culpa.
- Y tú, Señora, ¿no conociste pecado alguno? - Ninguno. Dios, con su omnipotencia, me libró del pecado original al mismo tiempo que era concebida en el seno de mi madre. Mi entrada en el mundo no fue noche tenebrosa, sino aurora radiante. Satanás, la serpiente antigua, retorció impotente sus anillos bajo mis pies de niña. ¿Después?... El pecado, hasta el más pequeñín, no tuvo entrada en mi alma. Por mi Inmaculada Concepción, fui la Toda Hermosa. Al no tener la más mínima culpa, me vi "llena de gracia".
En nueve días en el templo de El Carmen tendremos una oración de sanación de recuerdos. Quiera Dios que las ataduras de nuestros antepasados y las propias, que traemos arrastrando, queden en manos de Jesús y las destruya para que quedemos verdaderamente libres. Atrévete a sentir la verdadera libertad que ya ganó para ti Jesús con su pasión, muerte y resurrección gloriosa. La cita con el Doctor que todo lo sana es a las cinco de la tarde en el consultorio de sanación más grande de Morelia: el templo de El Carmen el lunes 17 de mayo, día de liberación.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
María en el Evangelio
La Virgen María nos dice: mi persona impresionó fuertemente a la primera comunidad cristiana. Era conocido el misterio de mi maternidad virginal. Supieron después que Dios me había resucitado y subido en cuerpo y alma al Cielo, por más que este hecho no quedase consignado por escrito en la Biblia. Sobre todo, yo era para ellos "la Madre del Señor Jesús".
- ¿Qué pensó Juan de ti? Te trató como nadie, desde que Jesús en la cruz te confió a sus cuidados y a él lo puso, como hijo, bajo tu protección. - Quizá pensando en este hecho, acaecido al pie de la cruz, Juan dio el significado último a mi persona y misión dentro de la Iglesia. Me vio como la Madre de todos, de Jesús y de vosotros, que sois la prolongación y plenitud de Jesús.
- Por lo visto, Juan pensaba igual que Pablo, para el cual no hay más que un solo Cristo: Jesús Cabeza, y nosotros miembros. - Lo más probable es que Juan pensaba igual, aunque lo exprese de otra manera. Nunca me llama a mí por mi nombre, María. Sino que usa la expresión: "La Madre de Jesús". Ten presente que para Juan cada personaje o hecho de su Evangelio es una realidad eclesial, un signo dentro de la Iglesia.
- ¿Qué significa entonces tu papel en la boda de Caná? Algún simbolismo debe tener. - Yo, la Madre de Jesús, -de la Palabra hecha carne- soy la Madre solícita y preocupada de los necesitados, que lo erais todos, pues a todos os faltaba "el vino", símbolo de la alegría mesiánica, según tantas expresiones del Antiguo Testamento. Empieza a decir Juan que yo me preocupaba de la Iglesia.
- ¡Qué belleza!.. . Pero, de momento, en Caná Jesús le dio una negativa, y, sin embargo, realizó el milagro. - No me negó nada. Su respuesta es un modo semita de hablar. Tampoco yo mandé nada a Jesús. Le expuse una necesidad, y me dirigí a los sirvientes: "Haced lo que él os diga". Y Juan quiere deciros que yo soy en la Iglesia la primera evangelizadora de Jesús. La que os digo lo que debéis hacer: ir a El siempre... Mi solicitud por vosotros y mi condición de Madre de Dios le hicieron adelantar su "Hora" con un milagro, con un signo, que le glorificó a El y movió la fe de los discípulos.
- ¿Y qué es eso de "la hora" de Jesús? - Es la glorificación de Jesús por la Cruz y la Resurrección. Recuerda lo de Jesús en la ultima cena: "Padre, ha llegado la hora". Mi Hijo me reservaba un puesto importantísimo en su Hora. Ya ves lo que ocurrió en el Calvario, a donde yo acudí puntualísimamente. En vez de negativa en Caná, venía a decirme Jesús: Espera, que cuando llegue mi Hora, allí te quiero también a ti".
- Veo así que lo de Caná no es solamente un hecho idilico en la fiesta de una boda. Tanta belleza insinúa ya la tragedia del Calvario. - Esa fue la verdad. En el Calvario sería yo LA MUJER, la nueva Eva, la madre de todos los vivientes según la Gracia. Todo el destrozo de Adán en el paraíso, con Eva que responsablemente actuaba en tanto mal, iba a quedar rehecho por Jesús, el nuevo Adán, con el cual yo actuaría también plena, libre y voluntariamente. Un hombre, por la mujer, os trajo la desgracia; otro Hombre, con otra Mujer asociada a sí, os trajo toda bendición.
- ¿Y por qué te llama "MUJER": y no pone en labios de Jesús y la palabra "madre"? - Hace Juan el paralelismo entre Eva y yo. En el Apocalipsis se adentra más todavía en el apelativo que me da de MUJER. En mí ve personificada a la Esposa-Virgen-Madre que es la Iglesia. Eva era vuestra madre infortunada en la primera creación; yo soy vuestra Madre dichosa en la creación nueva. Para Juan, en el Evangelio, soy la MUJER. La misma Mujer del Apocalipsis, personificación de la Iglesia.
- ¿Nada más dice Juan acerca de ti? - Explícitamente, no. Pero, si sacas las consecuencias de su doctrina, verás que, al encarnarse el Hijo de Dios, su tienda de campaña sobre la tierra la echó en mi carne... Las uvas de la verdadera vid, que es Jesús, maduraron en el terreno de mi corazón... La Palabra de Dios se anonadó enterrándose en mi seno, y en mi dio más fruto que en ningún otro redimido... Jesús, a quien veis lleno de gracia y de verdad, así apareció en mis entrañas; así colgó de mis pechos de madre; apareció en la cruz conmigo al lado; y ahora aparece teniéndome a su lado también en la Gloria, donde estoy vestida del sol y coronada de estrellas...
- ¡Qué parcos en palabras son los Evangelistas contigo, Señora! Pero, en verdad, dicen más de lo que captan a simple vista nuestros ojos. Ahora, con ellos y con la tradición católica por guía, puedo yo proceder seguro a interrogarte. - Y te das cuenta, además, de que en la Iglesia no sois mariólatras. Con vuestro culto a mi persona, convertido en culto a Dios, no hacéis más que seguir los planes divinos. Yo, la Madre de Jesús y la primera creyente, soy quien os llevo a El, la que os sigo proveyendo del vino que os falta, la que os doy el ejemplo que debéis seguir para ser en todo como El fue. Así os convertís también en "los colmados de gracia".
En nueve días en el templo de El Carmen tendremos una oración de sanación de recuerdos. Quiera Dios que las ataduras de nuestros antepasados y las propias, que traemos arrastrando, queden en manos de Jesús y las destruya para que quedemos verdaderamente libres. Atrévete a sentir la verdadera libertad que ya ganó para ti Jesús con su pasión, muerte y resurrección gloriosa. La cita con el Doctor que todo lo sana es a las cinco de la tarde en el consultorio de sanación más grande de Morelia: el templo de El Carmen el lunes 17 de mayo, día de liberación.
¡Alabado sea Jesucristo!
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- ¿Qué pensó Juan de ti? Te trató como nadie, desde que Jesús en la cruz te confió a sus cuidados y a él lo puso, como hijo, bajo tu protección. - Quizá pensando en este hecho, acaecido al pie de la cruz, Juan dio el significado último a mi persona y misión dentro de la Iglesia. Me vio como la Madre de todos, de Jesús y de vosotros, que sois la prolongación y plenitud de Jesús.
- Por lo visto, Juan pensaba igual que Pablo, para el cual no hay más que un solo Cristo: Jesús Cabeza, y nosotros miembros. - Lo más probable es que Juan pensaba igual, aunque lo exprese de otra manera. Nunca me llama a mí por mi nombre, María. Sino que usa la expresión: "La Madre de Jesús". Ten presente que para Juan cada personaje o hecho de su Evangelio es una realidad eclesial, un signo dentro de la Iglesia.
- ¿Qué significa entonces tu papel en la boda de Caná? Algún simbolismo debe tener. - Yo, la Madre de Jesús, -de la Palabra hecha carne- soy la Madre solícita y preocupada de los necesitados, que lo erais todos, pues a todos os faltaba "el vino", símbolo de la alegría mesiánica, según tantas expresiones del Antiguo Testamento. Empieza a decir Juan que yo me preocupaba de la Iglesia.
- ¡Qué belleza!.. . Pero, de momento, en Caná Jesús le dio una negativa, y, sin embargo, realizó el milagro. - No me negó nada. Su respuesta es un modo semita de hablar. Tampoco yo mandé nada a Jesús. Le expuse una necesidad, y me dirigí a los sirvientes: "Haced lo que él os diga". Y Juan quiere deciros que yo soy en la Iglesia la primera evangelizadora de Jesús. La que os digo lo que debéis hacer: ir a El siempre... Mi solicitud por vosotros y mi condición de Madre de Dios le hicieron adelantar su "Hora" con un milagro, con un signo, que le glorificó a El y movió la fe de los discípulos.
- ¿Y qué es eso de "la hora" de Jesús? - Es la glorificación de Jesús por la Cruz y la Resurrección. Recuerda lo de Jesús en la ultima cena: "Padre, ha llegado la hora". Mi Hijo me reservaba un puesto importantísimo en su Hora. Ya ves lo que ocurrió en el Calvario, a donde yo acudí puntualísimamente. En vez de negativa en Caná, venía a decirme Jesús: Espera, que cuando llegue mi Hora, allí te quiero también a ti".
- Veo así que lo de Caná no es solamente un hecho idilico en la fiesta de una boda. Tanta belleza insinúa ya la tragedia del Calvario. - Esa fue la verdad. En el Calvario sería yo LA MUJER, la nueva Eva, la madre de todos los vivientes según la Gracia. Todo el destrozo de Adán en el paraíso, con Eva que responsablemente actuaba en tanto mal, iba a quedar rehecho por Jesús, el nuevo Adán, con el cual yo actuaría también plena, libre y voluntariamente. Un hombre, por la mujer, os trajo la desgracia; otro Hombre, con otra Mujer asociada a sí, os trajo toda bendición.
- ¿Y por qué te llama "MUJER": y no pone en labios de Jesús y la palabra "madre"? - Hace Juan el paralelismo entre Eva y yo. En el Apocalipsis se adentra más todavía en el apelativo que me da de MUJER. En mí ve personificada a la Esposa-Virgen-Madre que es la Iglesia. Eva era vuestra madre infortunada en la primera creación; yo soy vuestra Madre dichosa en la creación nueva. Para Juan, en el Evangelio, soy la MUJER. La misma Mujer del Apocalipsis, personificación de la Iglesia.
- ¿Nada más dice Juan acerca de ti? - Explícitamente, no. Pero, si sacas las consecuencias de su doctrina, verás que, al encarnarse el Hijo de Dios, su tienda de campaña sobre la tierra la echó en mi carne... Las uvas de la verdadera vid, que es Jesús, maduraron en el terreno de mi corazón... La Palabra de Dios se anonadó enterrándose en mi seno, y en mi dio más fruto que en ningún otro redimido... Jesús, a quien veis lleno de gracia y de verdad, así apareció en mis entrañas; así colgó de mis pechos de madre; apareció en la cruz conmigo al lado; y ahora aparece teniéndome a su lado también en la Gloria, donde estoy vestida del sol y coronada de estrellas...
- ¡Qué parcos en palabras son los Evangelistas contigo, Señora! Pero, en verdad, dicen más de lo que captan a simple vista nuestros ojos. Ahora, con ellos y con la tradición católica por guía, puedo yo proceder seguro a interrogarte. - Y te das cuenta, además, de que en la Iglesia no sois mariólatras. Con vuestro culto a mi persona, convertido en culto a Dios, no hacéis más que seguir los planes divinos. Yo, la Madre de Jesús y la primera creyente, soy quien os llevo a El, la que os sigo proveyendo del vino que os falta, la que os doy el ejemplo que debéis seguir para ser en todo como El fue. Así os convertís también en "los colmados de gracia".
En nueve días en el templo de El Carmen tendremos una oración de sanación de recuerdos. Quiera Dios que las ataduras de nuestros antepasados y las propias, que traemos arrastrando, queden en manos de Jesús y las destruya para que quedemos verdaderamente libres. Atrévete a sentir la verdadera libertad que ya ganó para ti Jesús con su pasión, muerte y resurrección gloriosa. La cita con el Doctor que todo lo sana es a las cinco de la tarde en el consultorio de sanación más grande de Morelia: el templo de El Carmen el lunes 17 de mayo, día de liberación.
¡Alabado sea Jesucristo!
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Feliz tú porque has creído
Algunos días después de la Anunciación, María se fue a visitar a su prima Isabel; ciento cincuenta kilómetros de caminos polvorientos para llegar a la actual Ain-Karim, en la región montañosa de Judá. Una Virgen que se levanta y va; una Madre que se encamina a las montañas de Judea llevando a su Hijo. Es muy probable que el viaje fuese a pie. Los pies de María, con su caminar suave, rítmico e incesante, haciendo santa de norte a sur la tierra de Israel.
Tiene prisa María, prisa de llegar hasta Isabel, su prima anciana, que, milagrosamente, va a tener un hijo según le había anunciado el ángel: "Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella a quien llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios", "ni siquiera el que una virgen, sin dejar de serlo, sea madre; ni siquiera el que Dios sea al mismo tiempo, Padre, Hijo, Esposo".
Tiene prisa María. Prisa por servir. Prisa por ayudar. Prisa por hacer felices a los demás, de prisa... porque; ¡Hay tantas cosas buenas qué hacer en esta vida, que la vida es corta y hay que vivirla intensamente!
Virgen decidida, Virgen joven, Virgen moderna. María sube y baja las cuestas, traga el polvo del camino... Y el calor del sol, y el polvo, y el cansancio, todo desaparece cuando María, sin dejar de caminar, piensa en el secreto que lleva dentro de sí: "Jesús, hijo mío". Todavía es algo muy pequeño en sus entrañas, pero Ella sabe que está allí, que es el Hijo del Altísimo y que se va a llamar Jesús.
"HIJO MÍO"... En este mundo solo María ha llamado a Jesús así. Esta expresión le sale sin esfuerzo, y ahora, mientras sigue de prisa por ese camino largo, la Virgen habla, canta y sonríe a aquel Hijo de sus entrañas que lleva en su seno.
María, Nuestra Señora de las mamás, como se venera en Francia; nuestra Señora de la vida que empieza, de la vida que late oculta y silenciosa al abrigo del corazón maternal.
Es Dios quien ha querido asociar a las madres de manera íntima a este misterio de la vida preparando su cuerpo, pero también su alma y su corazón, para esta misión sublime. La madre lo es desde el primer instante de la concepción; todo su ser ha sido diseñado maravillosamente para proteger esa vida que comienza, a ese ser pequeñísimo que le es confiado en el silencio y en la seguridad del claustro materno.
No tardará en descubrir su presencia y su compañía, en advertir que es una vida independiente, con movimientos autónomos e impulsos propios, destinada a crecer en libertad cada día.
Qué atrocidad y qué absurdo es el dar muerte por el aborto a quien ha colaborado a dar la vida, vida que pertenece sólo a Dios.
Vida de la Vida, Madre del Señor, vela por las madres a quienes se encomienda la vida, que se sepan portadoras de un tesoro que es de Dios.
Toda mamá que da a luz a una nueva criatura lo hace porque Dios, que ha infundido el alma en ese ser pequeñísimo, la convierte en portadora de alguien hecho a Su imagen y semejanza. De un modo análogo a como el sacerdote hace presente a Jesucristo en el altar en el momento de la consagración, los padres hacen descender a la tierra en el momento de la concepción, según el orden de la creación, al espíritu salido de las manos de Dios.
Misión sublime y santa la de la mujer, íntimamente ligada a su vocación de amor y de entrega, a su vocación de engendrar la vida ya sea en la carne o en el espíritu.
Ser mujer y ser madre es ser capaz de los mayores sacrificios; es ser más constante en el amor. Una mujer, cuanto más mujer, más santa es. Como María, nuestra Santísima Madre, la más perfecta de todas las mujeres.
Iba de prisa la Virgen. "Su espíritu saltaba de regocijo en Dios su Salvador". Y es Dios quien ha escogido hacer un viaje en esta forma porque "se ha fijado en la pequeñez de su esclava.
Es Jesús quien ha querido recorrer por primera vez la tierra de Israel en el seno de una jovencita.
Por fin llega María y saluda a Isabel, quien al sentir saltar de gozo al niño en su seno, "llena del Espíritu Santo" saluda a María con palabras proféticas de trascendencia universal: “BENDITA TU ENTRE LAS MUJERES Y BENDITO EL FRUTO DE TU VIENTRE”
"¿De dónde a mí que la Madre de mi Señor venga a mí? Isabel da testimonio de María: reconoce y proclama que ante ella está la Madre del Señor, la Madre del Mesías. De este testimonio participa también el hijo que Isabel lleva en su seno el futuro precursor, Juan el Bautista.
María se queda tres meses en casa de Isabel prestándole sus servicios. Ella sabe muy bien, puesto que es la esclava del Señor, el valor del sacrificio oculto y silencioso, y nos da ejemplo de servicio. Ella sabe que para servir hay que servir, hay que estar pendiente de las necesidades de los demás, siempre atentos a las penas y problemas del prójimo.
María se queda a acompañar a Isabel... ¡Estamos todos tan necesitados de compañía!... Hay tantos "solos en este siglo de la comunicación. Solos en la familia; Solos en el trabajo; Solos en la diversión, tratando de acallar, inútilmente, con el ruido y el bullicio esa soledad, esa angustia, ese vacío existencial.
A las personas que tratamos de ayudar, sean amigos, parientes, compañeros o vecinos, siempre se les da muy poco si no se les da a Dios, la única verdadera compañía; y esto es lo que hizo María: ser portadora del Señor del Universo a quien lleva en sus entrañas. ELLA VINO AL MUNDO PARA RESTABLECER LA PRIMERA MISIÓN DE LA MUJER: LA DE SER PORTADORA DE DIOS A LA HUMANIDAD.
Con Dios no puede haber "solos". El es más íntimo a nosotros que nosotros mismos; hacia Él tendemos naturalmente y con más fuerza, como decía Santo Tomás, que un imán que es atraído poderosamente hacia el centro de la Tierra, ya que en El encuentra la vida su sentido, y el alma su asiento y felicidad. María nos descubre al Señor en la intimidad y nos enseña a ser como ella: portadores de alegría, portadores de Dios.
María, "Reina de los Apóstoles", de quienes estamos llamados a extender por los caminos de la Tierra el reinado de Cristo, de quienes, por el bautismo, tenemos la misión de llevar al mundo la luz de su doctrina, la verdad de su palabra y la dulzura de su compañía.
Esto es el apostolado, el hacer que Cristo nazca en los demás, en los que nunca ha nacido, o en los que si alguna vez nació por el bautismo, marcando un sello indeleble en el alma, ha muerto ya por el pecado.
Pero el apostolado cuesta. Atravesamos momentos muy difíciles para la Iglesia. La tarea de evangelizar, más aún, de recristianizar continentes enteros, como Europa y América, es cada día más urgente. Ahora más que nunca debemos, como en tiempos difíciles de abandono o persecución, acudir confiados a nuestra Señora como lo hicieron los primeros cristianos.
Los discípulos perseveraban en la oración con María, ninguno abandona su presencia sin haber sido iluminado y consolado, sin haber mejorado y haber recibido mayor fuerza.
Apostolado es acercar a las almas a Dios, o acercar a Dios a las almas... y ¿cómo? • Por medio del trato amistoso en el que habrán de encontrar cariño sincero y comprensión. • Sin escandalizarse por los errores de los demás... ¿Qué no seríamos todos capaces de lo mismo, o aun de las peores cosas, si Dios nos dejara de su mano? • Llevándolos a la confesión, que es el Sacramento de la alegría, de la misericordia y del perdón. • Con paciencia infinita mientras se fortalecen por la gracia y van dando sus primeros pasos. • Con respeto profundo a su intimidad. • Con la certeza divina de que estamos hechos para la felicidad, y que la felicidad sólo se encuentra en Dios. • Con la convicción absoluta de que somos sólo instrumento en sus manos; instrumentos ineptos y desproporcionados pero que, en manos del artista, producirán obras maravillosas, ya que ninguna cosa es imposible para Dios. • Sabiendo confiar y presentando, como María, la obediencia de la fe.
Sólo Ella, junto con Dios Padre, puede decir a Jesucristo: "Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado".
Subíamos por la cuesta entre colinas áridas y abruptas. El paisaje era sobrio pero majestuoso; había algo que impresionaba especialmente en este ambiente de misticismo y claridad: ¡la pobreza!
El corazón latía con fuerza mientras nos acercábamos a Belén, ciudad "pequeña respecto a las principales ciudades de Judá", de donde saldría el dominador de Israel, el "Engendrado desde el principio, desde los días de la eternidad".
De pronto, la emoción del corazón se tradujo en lágrimas al pensar en María a punto ya de ser Madre: María subiendo fatigada las cuestas con José... María ansiosa por dar a luz a la Luz del mundo.
Y llegamos al lugar humilde y pobre, a este pueblo de pastores, ahí donde David, varios siglos antes, había guardado sus rebaños. La tradición señala el lugar, dentro de la Basílica del Nacimiento de Jesús, en un recinto pequeño, de la que fuera la cueva de Belén. Una estrella de plata marca en el suelo el sitio dónde nació Jesús: ¡AQUÍ EL VERBO SE HIZO CARNE! y María alumbró al Hijo de Dios.
Además de ser una verdad de fe revelada, el nacimiento de Jesús es un hecho histórico, como también es históricamente cierto que Jesús nació de la Virgen María.
Muchas religiones del mundo se pierden entre mitos y leyendas. Cristo Nuestro Señor se aparta de todos los dioses falsos del paganismo precisamente por estar vinculado a la Mujer y a la Historia, siendo al mismo tiempo Dios y hombre verdadero.
Si nos detenemos a considerar la misión que Dios confió a su Madre Santísima, la devoción a María, así como el cariño y la veneración que por Ella sentimos los hombres, nos parecen muy lógicos y llenos de sentido: quiso Dios que María fuera su Madre.
Pudiendo haber escogido -puesto que es Todopoderoso- cualquier otro medio imaginable para asumir la naturaleza humana, la eligió por Madre amándola más que a todas las criaturas juntas, llenándola de gracia y haciendo depender de Ella nuestra salvación.
Todas las alabanzas que podemos dirigir a nuestra Madre del Cielo, son pequeñas e insignificantes al lado de la gloria que le damos cuando la llamamos ¡MADRE DE DIOS!
La dignidad de ser Madre de Dios es el fundamento de todas sus grandezas, y hace de María una criatura de tal modo excepcional, que Santo Tomás afirma que, POR SU MATERNIDAD DIVINA, NADA SUPERIOR A ELLA PUEDE SER CREADO, ASÍ COMO NO PUEDE EXISTIR NADA SUPERIOR A DIOS.
"La maternidad divina alcanza los límites o el dintel de la divinidad". María es Madre de la Persona de Jesús, es decir, del Verbo Encarnado y es ésta una realidad, por su fin, de orden hipostático, que es el orden de la unión personal de la humanidad de Jesús con el Verbo Increado, por esto DE ENTRE TODAS LAS CRIATURAS, MARIA ES LA QUE POSEE UNA MAYOR AFINIDAD CON DIOS.
"Misterio de amor es éste. La razón humana no alcanza a comprender; sólo la fe acierta a ilustrar cómo una criatura haya sido elevada a dignidad tan grande, hasta ser el centro amoroso en el que convergen las complacencias de la Trinidad".
Y Dios crea para ser su Madre a la criatura más perfecta: la más humilde a pesar de sus grandezas, la más sencilla no obstante su alta dignidad, la más pura, la más noble, la más bella. MARIA ES LA OBRA MAESTRA DE DIOS. Si las obras que los hombres llamamos "maestras", sea en la arquitectura, la pintura, la escultura o la música, resultan maravillosas; si los descubrimientos en el campo de la ciencia y de la investigación alcanzan tan grande perfección, si los fenómenos de la naturaleza son de tanta hermosura... ¿qué será de la belleza de María, la Obra Maestra de Dios?
Al acercarse la Navidad, esta fiesta que nos conmueve y nos llena de alegría por ser celebración de Dios, miles de cristianos en todo el mundo contemplan admirados en sus hogares "el Nacimiento", es decir, la escena del pesebre.
Fue San Francisco de Asís quien, movido por el amor y la piedad, comenzó a representar con figuras la cueva de Belén, como medio para aprovechar las enseñanzas tan ricas que encierra el nacimiento del Hijo de Dios y para incorporarlas a la vida de cada uno. Esta costumbre ha sido adoptada por el mundo cristiano, tomando las formas más variadas para dar vida al Nacimiento: ingenuas figuritas de porcelana o de pasta, riquísimas esculturas estofadas o sencillos peregrinos de barro, de venta en los mercados populares, representan aquel humilde poblado de Belén, situado entre las montañas, y a aquellos pobres pastores rodeados de borregos y de musgo, con la mirada puesta en la cueva donde ha nacido un Niño.
Todo esto tiene su lógica, el suceso fue de tanta trascendencia, el nacimiento de Jesús, la llegada de la plenitud de los tiempos, que cambió el curso de los acontecimientos y dividió en dos el tiempo de la historia: "antes de Cristo" y "después de Cristo". Cultos e ignorantes, pobres y ricos, lo celebran por el mundo entero. Algunos, quizá, sin darse cuenta de lo grandioso del hecho ¡es tanta la sencillez que envuelve este misterio! el Niño que ha nacido es Dios y la joven Madre es María. ELLA ENGENDRA EN EL TIEMPO AL MISMO QUE EL PADRE ETERNO ENGENDRA DESDE TODA LA ETERNIDAD.
En nueve días en el templo de El Carmen tendremos una oración de sanación de recuerdos. Quiera Dios que las ataduras de nuestros antepasados y las propias, que traemos arrastrando, queden en manos de Jesús y las destruya para que quedemos verdaderamente libres. Atrévete a sentir la verdadera libertad que ya ganó para ti Jesús con su pasión, muerte y resurrección gloriosa. La cita con el Doctor que todo lo sana es a las cinco de la tarde en el consultorio de sanación más grande de Morelia: el templo de El Carmen el lunes 17 de mayo, día de liberación.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización
Tiene prisa María, prisa de llegar hasta Isabel, su prima anciana, que, milagrosamente, va a tener un hijo según le había anunciado el ángel: "Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella a quien llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios", "ni siquiera el que una virgen, sin dejar de serlo, sea madre; ni siquiera el que Dios sea al mismo tiempo, Padre, Hijo, Esposo".
Tiene prisa María. Prisa por servir. Prisa por ayudar. Prisa por hacer felices a los demás, de prisa... porque; ¡Hay tantas cosas buenas qué hacer en esta vida, que la vida es corta y hay que vivirla intensamente!
Virgen decidida, Virgen joven, Virgen moderna. María sube y baja las cuestas, traga el polvo del camino... Y el calor del sol, y el polvo, y el cansancio, todo desaparece cuando María, sin dejar de caminar, piensa en el secreto que lleva dentro de sí: "Jesús, hijo mío". Todavía es algo muy pequeño en sus entrañas, pero Ella sabe que está allí, que es el Hijo del Altísimo y que se va a llamar Jesús.
"HIJO MÍO"... En este mundo solo María ha llamado a Jesús así. Esta expresión le sale sin esfuerzo, y ahora, mientras sigue de prisa por ese camino largo, la Virgen habla, canta y sonríe a aquel Hijo de sus entrañas que lleva en su seno.
María, Nuestra Señora de las mamás, como se venera en Francia; nuestra Señora de la vida que empieza, de la vida que late oculta y silenciosa al abrigo del corazón maternal.
Es Dios quien ha querido asociar a las madres de manera íntima a este misterio de la vida preparando su cuerpo, pero también su alma y su corazón, para esta misión sublime. La madre lo es desde el primer instante de la concepción; todo su ser ha sido diseñado maravillosamente para proteger esa vida que comienza, a ese ser pequeñísimo que le es confiado en el silencio y en la seguridad del claustro materno.
No tardará en descubrir su presencia y su compañía, en advertir que es una vida independiente, con movimientos autónomos e impulsos propios, destinada a crecer en libertad cada día.
Qué atrocidad y qué absurdo es el dar muerte por el aborto a quien ha colaborado a dar la vida, vida que pertenece sólo a Dios.
Vida de la Vida, Madre del Señor, vela por las madres a quienes se encomienda la vida, que se sepan portadoras de un tesoro que es de Dios.
Toda mamá que da a luz a una nueva criatura lo hace porque Dios, que ha infundido el alma en ese ser pequeñísimo, la convierte en portadora de alguien hecho a Su imagen y semejanza. De un modo análogo a como el sacerdote hace presente a Jesucristo en el altar en el momento de la consagración, los padres hacen descender a la tierra en el momento de la concepción, según el orden de la creación, al espíritu salido de las manos de Dios.
Misión sublime y santa la de la mujer, íntimamente ligada a su vocación de amor y de entrega, a su vocación de engendrar la vida ya sea en la carne o en el espíritu.
Ser mujer y ser madre es ser capaz de los mayores sacrificios; es ser más constante en el amor. Una mujer, cuanto más mujer, más santa es. Como María, nuestra Santísima Madre, la más perfecta de todas las mujeres.
Iba de prisa la Virgen. "Su espíritu saltaba de regocijo en Dios su Salvador". Y es Dios quien ha escogido hacer un viaje en esta forma porque "se ha fijado en la pequeñez de su esclava.
Es Jesús quien ha querido recorrer por primera vez la tierra de Israel en el seno de una jovencita.
Por fin llega María y saluda a Isabel, quien al sentir saltar de gozo al niño en su seno, "llena del Espíritu Santo" saluda a María con palabras proféticas de trascendencia universal: “BENDITA TU ENTRE LAS MUJERES Y BENDITO EL FRUTO DE TU VIENTRE”
"¿De dónde a mí que la Madre de mi Señor venga a mí? Isabel da testimonio de María: reconoce y proclama que ante ella está la Madre del Señor, la Madre del Mesías. De este testimonio participa también el hijo que Isabel lleva en su seno el futuro precursor, Juan el Bautista.
María se queda tres meses en casa de Isabel prestándole sus servicios. Ella sabe muy bien, puesto que es la esclava del Señor, el valor del sacrificio oculto y silencioso, y nos da ejemplo de servicio. Ella sabe que para servir hay que servir, hay que estar pendiente de las necesidades de los demás, siempre atentos a las penas y problemas del prójimo.
María se queda a acompañar a Isabel... ¡Estamos todos tan necesitados de compañía!... Hay tantos "solos en este siglo de la comunicación. Solos en la familia; Solos en el trabajo; Solos en la diversión, tratando de acallar, inútilmente, con el ruido y el bullicio esa soledad, esa angustia, ese vacío existencial.
A las personas que tratamos de ayudar, sean amigos, parientes, compañeros o vecinos, siempre se les da muy poco si no se les da a Dios, la única verdadera compañía; y esto es lo que hizo María: ser portadora del Señor del Universo a quien lleva en sus entrañas. ELLA VINO AL MUNDO PARA RESTABLECER LA PRIMERA MISIÓN DE LA MUJER: LA DE SER PORTADORA DE DIOS A LA HUMANIDAD.
Con Dios no puede haber "solos". El es más íntimo a nosotros que nosotros mismos; hacia Él tendemos naturalmente y con más fuerza, como decía Santo Tomás, que un imán que es atraído poderosamente hacia el centro de la Tierra, ya que en El encuentra la vida su sentido, y el alma su asiento y felicidad. María nos descubre al Señor en la intimidad y nos enseña a ser como ella: portadores de alegría, portadores de Dios.
María, "Reina de los Apóstoles", de quienes estamos llamados a extender por los caminos de la Tierra el reinado de Cristo, de quienes, por el bautismo, tenemos la misión de llevar al mundo la luz de su doctrina, la verdad de su palabra y la dulzura de su compañía.
Esto es el apostolado, el hacer que Cristo nazca en los demás, en los que nunca ha nacido, o en los que si alguna vez nació por el bautismo, marcando un sello indeleble en el alma, ha muerto ya por el pecado.
Pero el apostolado cuesta. Atravesamos momentos muy difíciles para la Iglesia. La tarea de evangelizar, más aún, de recristianizar continentes enteros, como Europa y América, es cada día más urgente. Ahora más que nunca debemos, como en tiempos difíciles de abandono o persecución, acudir confiados a nuestra Señora como lo hicieron los primeros cristianos.
Los discípulos perseveraban en la oración con María, ninguno abandona su presencia sin haber sido iluminado y consolado, sin haber mejorado y haber recibido mayor fuerza.
Apostolado es acercar a las almas a Dios, o acercar a Dios a las almas... y ¿cómo? • Por medio del trato amistoso en el que habrán de encontrar cariño sincero y comprensión. • Sin escandalizarse por los errores de los demás... ¿Qué no seríamos todos capaces de lo mismo, o aun de las peores cosas, si Dios nos dejara de su mano? • Llevándolos a la confesión, que es el Sacramento de la alegría, de la misericordia y del perdón. • Con paciencia infinita mientras se fortalecen por la gracia y van dando sus primeros pasos. • Con respeto profundo a su intimidad. • Con la certeza divina de que estamos hechos para la felicidad, y que la felicidad sólo se encuentra en Dios. • Con la convicción absoluta de que somos sólo instrumento en sus manos; instrumentos ineptos y desproporcionados pero que, en manos del artista, producirán obras maravillosas, ya que ninguna cosa es imposible para Dios. • Sabiendo confiar y presentando, como María, la obediencia de la fe.
Sólo Ella, junto con Dios Padre, puede decir a Jesucristo: "Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado".
Subíamos por la cuesta entre colinas áridas y abruptas. El paisaje era sobrio pero majestuoso; había algo que impresionaba especialmente en este ambiente de misticismo y claridad: ¡la pobreza!
El corazón latía con fuerza mientras nos acercábamos a Belén, ciudad "pequeña respecto a las principales ciudades de Judá", de donde saldría el dominador de Israel, el "Engendrado desde el principio, desde los días de la eternidad".
De pronto, la emoción del corazón se tradujo en lágrimas al pensar en María a punto ya de ser Madre: María subiendo fatigada las cuestas con José... María ansiosa por dar a luz a la Luz del mundo.
Y llegamos al lugar humilde y pobre, a este pueblo de pastores, ahí donde David, varios siglos antes, había guardado sus rebaños. La tradición señala el lugar, dentro de la Basílica del Nacimiento de Jesús, en un recinto pequeño, de la que fuera la cueva de Belén. Una estrella de plata marca en el suelo el sitio dónde nació Jesús: ¡AQUÍ EL VERBO SE HIZO CARNE! y María alumbró al Hijo de Dios.
Además de ser una verdad de fe revelada, el nacimiento de Jesús es un hecho histórico, como también es históricamente cierto que Jesús nació de la Virgen María.
Muchas religiones del mundo se pierden entre mitos y leyendas. Cristo Nuestro Señor se aparta de todos los dioses falsos del paganismo precisamente por estar vinculado a la Mujer y a la Historia, siendo al mismo tiempo Dios y hombre verdadero.
Si nos detenemos a considerar la misión que Dios confió a su Madre Santísima, la devoción a María, así como el cariño y la veneración que por Ella sentimos los hombres, nos parecen muy lógicos y llenos de sentido: quiso Dios que María fuera su Madre.
Pudiendo haber escogido -puesto que es Todopoderoso- cualquier otro medio imaginable para asumir la naturaleza humana, la eligió por Madre amándola más que a todas las criaturas juntas, llenándola de gracia y haciendo depender de Ella nuestra salvación.
Todas las alabanzas que podemos dirigir a nuestra Madre del Cielo, son pequeñas e insignificantes al lado de la gloria que le damos cuando la llamamos ¡MADRE DE DIOS!
La dignidad de ser Madre de Dios es el fundamento de todas sus grandezas, y hace de María una criatura de tal modo excepcional, que Santo Tomás afirma que, POR SU MATERNIDAD DIVINA, NADA SUPERIOR A ELLA PUEDE SER CREADO, ASÍ COMO NO PUEDE EXISTIR NADA SUPERIOR A DIOS.
"La maternidad divina alcanza los límites o el dintel de la divinidad". María es Madre de la Persona de Jesús, es decir, del Verbo Encarnado y es ésta una realidad, por su fin, de orden hipostático, que es el orden de la unión personal de la humanidad de Jesús con el Verbo Increado, por esto DE ENTRE TODAS LAS CRIATURAS, MARIA ES LA QUE POSEE UNA MAYOR AFINIDAD CON DIOS.
"Misterio de amor es éste. La razón humana no alcanza a comprender; sólo la fe acierta a ilustrar cómo una criatura haya sido elevada a dignidad tan grande, hasta ser el centro amoroso en el que convergen las complacencias de la Trinidad".
Y Dios crea para ser su Madre a la criatura más perfecta: la más humilde a pesar de sus grandezas, la más sencilla no obstante su alta dignidad, la más pura, la más noble, la más bella. MARIA ES LA OBRA MAESTRA DE DIOS. Si las obras que los hombres llamamos "maestras", sea en la arquitectura, la pintura, la escultura o la música, resultan maravillosas; si los descubrimientos en el campo de la ciencia y de la investigación alcanzan tan grande perfección, si los fenómenos de la naturaleza son de tanta hermosura... ¿qué será de la belleza de María, la Obra Maestra de Dios?
Al acercarse la Navidad, esta fiesta que nos conmueve y nos llena de alegría por ser celebración de Dios, miles de cristianos en todo el mundo contemplan admirados en sus hogares "el Nacimiento", es decir, la escena del pesebre.
Fue San Francisco de Asís quien, movido por el amor y la piedad, comenzó a representar con figuras la cueva de Belén, como medio para aprovechar las enseñanzas tan ricas que encierra el nacimiento del Hijo de Dios y para incorporarlas a la vida de cada uno. Esta costumbre ha sido adoptada por el mundo cristiano, tomando las formas más variadas para dar vida al Nacimiento: ingenuas figuritas de porcelana o de pasta, riquísimas esculturas estofadas o sencillos peregrinos de barro, de venta en los mercados populares, representan aquel humilde poblado de Belén, situado entre las montañas, y a aquellos pobres pastores rodeados de borregos y de musgo, con la mirada puesta en la cueva donde ha nacido un Niño.
Todo esto tiene su lógica, el suceso fue de tanta trascendencia, el nacimiento de Jesús, la llegada de la plenitud de los tiempos, que cambió el curso de los acontecimientos y dividió en dos el tiempo de la historia: "antes de Cristo" y "después de Cristo". Cultos e ignorantes, pobres y ricos, lo celebran por el mundo entero. Algunos, quizá, sin darse cuenta de lo grandioso del hecho ¡es tanta la sencillez que envuelve este misterio! el Niño que ha nacido es Dios y la joven Madre es María. ELLA ENGENDRA EN EL TIEMPO AL MISMO QUE EL PADRE ETERNO ENGENDRA DESDE TODA LA ETERNIDAD.
En nueve días en el templo de El Carmen tendremos una oración de sanación de recuerdos. Quiera Dios que las ataduras de nuestros antepasados y las propias, que traemos arrastrando, queden en manos de Jesús y las destruya para que quedemos verdaderamente libres. Atrévete a sentir la verdadera libertad que ya ganó para ti Jesús con su pasión, muerte y resurrección gloriosa. La cita con el Doctor que todo lo sana es a las cinco de la tarde en el consultorio de sanación más grande de Morelia: el templo de El Carmen el lunes 17 de mayo, día de liberación.
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
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