miércoles, 12 de agosto de 2009

Dos ciegos sanados

Hoy encontramos frente a frente dos posturas sobre el Mesías: Los ciegos que toman en serio las Escrituras, y la declaración de Jesús de Nazaret, que promete abrir los ojos a los ciegos. Para ellos, el Mesías debe dar la prueba de su mesianismo. Las curaciones no son sólo convenientes, sino absolutamente necesarias. Si Jesús no sana a los enfermos, no puede ser el Mesías. Por tanto, no tienen valor sus enseñanzas, sus bienaventuranzas son una utopía y no hay que darle crédito a su persona, ya que no llena los requisitos mesiánicos. Si Jesús no cumple las palabras de la Escritura, no tenemos la obligación de cumplir la suya. Ellos no están dispuestos a creer en un Mesías devaluado o debilitado. Y los que aceptan al Mesías, pero moldeado por su prudencia excesiva; los que piensan que las curaciones son un "género literario", que no hay que tomar al pie de la letra. Son quienes juzgan fundamentalistas a los que creen sin condiciones en lo que Jesús dijo. Quieren un Mesías discreto. La espada de su palabra no debe llegar hasta la hendidura de los huesos, ni debe realizar prodigios y milagros que llamen la atención.
Desgraciadamente todavía quedan muchos de esos seguidores de Jesús, que niegan los milagros y curaciones, por la simple razón de que no aceptan los signos portentosos. El perfil del Mesías está delineado por sus gustos, y no por la misión que Dios le ha confiado ni las necesidades de la humanidad.
Entonces, con un ¡shhh...! en la boca, y mirada condenatoria, conminaron a los ciegos para que se callaran. A los que no podían ver se les negaba también el derecho de hablar. Era tan grande la presión, que parecía capaz de ahogar la espontaneidad y la sinceridad de aquella súplica. Trataban de moldearlos de acuerdo a un patrón preestablecido, recortado por el respeto humano y los cánones convencionales.
En la relación con Dios se fabrican normas que modulan la voz, gradúan la temperatura del corazón y maquillan el rostro, para que los hombres y las mujeres sean productos en serie; todos iguales, no sólo de fachada, sino de pensamiento, palabra, obra y, sobre todo, de omisión, ya que se insiste, de manera escrupulosa, en todo lo que no se debe hacer. Se ritualizan de tal manera las fórmulas de relacionarse con Dios, que se pierde precisamente la cualidad que identifica el amor: la espontaneidad.
La navaja no fue capaz de cortarlos a la misma medida. Al contrario. Ellos rompieron el molde preestablecido. El término griego "meizon" da a entender que no sólo gritaron más fuerte, sino más intensamente, con mayor convicción y seguridad.
La oposición les ofreció la oportunidad de confirmar su declaración de fe, de una manera más valiente y decidida. La contrariedad fortaleció su postura. En vez de doblar las manos y agachar la cabeza, en vez de intimidarse o acomplejarse, volvieron a la carga con más ímpetu. Entonces se pusieron de pie y repitieron con el alma: "¡Señor, hijo de David, ten piedad de nosotros!".
Resulta muy fácil unirse de manera impersonal, al coro que reza: "Señor, ten piedad de nosotros"; pero es muy difícil aceptar y confesar ante los demás, nuestra condición de pecadores y la necesidad de auxilio.
Gritaron de tal forma, que debieron ser oídos por Jesús. Ellos sabían perfectamente que él los había escuchado. Por tanto, el Maestro estaba más comprometido que nunca... si en verdad era el esperado Mesías.
Jesús, entonces, se detuvo. Los caminos no se hicieron para andarse, sino para encontrarse. Quien no se sabe detener a tiempo, ha caminado en vano; ha sembrado con fatiga, sin poder cosechar espigas de alegría.
Jesús les dio la primera orden. Ellos obedecieron inmediatamente. Ayudados y guiados por una cadena de manos amigas, fueron colocados frente a Jesús. Habían logrado precisamente lo que se habían propuesto. Su inteligente estrategia había producido los resultados calculados; lo demás ya no dependía de ellos. Entonces les preguntó: "¿Qué quieren que les haga?".
Si los ciegos se habían rendido absolutamente a las órdenes de Jesús cuando lo confesaron como "Señor", ahora él mismo es quien se pone incondicionalmente a su servicio cuando les dice: "Pídanme lo que quieran". Les firmó el cheque en blanco, empleando como testigos a todos los que le seguían. Jesús estaba tan comprometido con la confesión pública de los ciegos, que no podía sino responder de la misma manera... El no había venido a que le sirvieran, sino a servir.
Su petición es perfectamente lógica con el principio del que partieron: quieren que Jesús certifique su autenticidad mesiánica abriendo los ojos de los ciegos. Incluso ellos usan la fórmula mesiánica: "abrir los ojos". (Ver Is 35,5)
Su oración está preñada de absoluta confianza. No le dicen: "si es posible... si puedes... si conviene para la salvación de nuestras almas...". Su petición es casi una orden. Apoyados en el poder de Jesús y que él mismo ha firmado el cheque en blanco, ellos simplemente lo cobran.
Notemos que no oró cada uno por su lado: "Señor, que se abran mis ojos". Uno pedía al mismo tiempo por su compañero. Como que no concebían su sanación sin la de su amigo.
Jesús respondió a esta doble petición: tiene compasión de ellos y los cura al unísono. Imponiendo las manos en los ojos de los enfermos, los sanó al mismo tiempo. Inmediatamente recobraron ambos la vista.
Jesús respondió al instante. Así como ellos habían expresado públicamente su fe, así Jesús da muestra palpable, no sólo de su poder y compasión, sino que confirma explícitamente su carácter mesiánico. Si este milagro beneficia a los enfermos, más provecho trae a Jesús: demuestra que él es el verdadero Mesías, anunciado por los profetas.
Si en la sinagoga de Nazaret se había proclamado "el Ungido", que había venido para dar vista a los ciegos, en el camino de Jericó cumple con dicha función. Es cierto que los ciegos salieron ganando con la recuperación de su vista, pero ante los ojos de todo el mundo se manifestó de manera palpable el cumplimiento de las Escrituras.
Ellos, los que estaban sentados, emprenden la marcha. Ya no existe ninguna justificación para mantenerse pasivos e indigentes. Ahora deben caminar sin detenerse.
"Seguir", de acuerdo a la mentalidad del Nuevo Testamento, no significa sólo la acción de ir en pos de otro, sino que, tratándose de Jesús, implica imitar su estilo de vida, ser como él. Esta es la perfecta sanación de ambos. En esto consiste la completa salud del hombre: ser como Jesús.
Tal vez en ningún otro pasaje del Evangelio encontraremos tantas enseñanzas sobre la sanación. Estamos delante de una rica mina de enseñanzas, tanto del modo de pedirla, como la manera de otorgarla.
En primer lugar, resalta la eficiencia de la oración comunitaria de los que piden la curación. Jesús había prometido un poco antes, (Mt 18,19-20) que si dos se ponían de acuerdo para pedir cualquier cosa, la conseguirían necesariamente. "Ponerse de acuerdo" (sinfoneo) significa vibrar al unísono, compartir el mismo deseo, tener un solo objetivo. Estos dos que oran, no sólo están juntos, sino profundamente unidos.
- Juntos compartían todo cuanto eran y tenían. -Juntos oyeron a Jesús. -Juntos hicieron la misma oración. -Juntos fueron interrogados. -Juntos respondieron. -Juntos fueron curados. -Juntos siguieron a Jesús.
Así pues, cumpliendo la condición puesta por Jesús, debían ser escuchados.
Se nota claramente la importancia de la manifestación externa de la fe. No basta creer con el corazón. Es necesario confesar la fe con la boca. No es suficiente la convicción interior. Esa debe expresarse, porque de esa manera nos comprometemos delante de todos.
La respuesta a la oración depende de que Jesús tenga compasión. El ministerio de curación es el ministerio de la misericordia, y por tanto, de la compasión por los enfermos. También descubrimos la importancia del contacto físico con el enfermo. Jesús insistió en este aspecto con sus apóstoles, cuando les dijo que impusieran las manos sobre los enfermos. Este signo de amor es más importante de lo que pensamos. Primero se comprometen a aceptar a Jesús como el Señor de sus vidas, y hasta después le solicitan la curación.
La sanación nos lleva a ponernos de pie y emprender la marcha. La verdadera sanación nunca es pasiva; al contrario, quita la pasividad. Los que han sido sanados, sienten la necesidad de continuar unidos en búsqueda del Señor. No quieren caminar aislados, sino formar parte de la misma caravana.
Siguen a Jesús. La completa sanación consiste en seguir las huellas del Maestro. El es el camino. Por tanto, ser como Jesús es la perfecta sanación. La palabra tiene que ir acompañada de signos. Nunca palabra sin signos; menos, signos sin palabra.
El lunes pasado, vivimos una experiencia hermosísima en el templo de Las Rosas. Hubo problemas de todo tipo pero en todos la solución favorable triunfó. Jesús fue el más interesado en que recibiéramos lo que tenía para cada uno de los que pusimos nuestra confianza en él. El P. Xavier Andaluz A. celebró la Eucaristía e hizo oración por la salud de los enfermos que asistieron a la alabanza al Señor en espíritu y en verdad. Hubo varias moniciones donde se pidió expresamente por la salud a los enfermos y terminamos con la Unción de los Enfermos. Nadie de los que asistieron salió como llegó, cada uno vivió en carne propia la misericordia de Dios derramada en nuestros corazones. El próximo lunes pediremos testimonios de sanación de los que comprobaron que Jesús está vivo... en el templo de Las Rosas. El vídeo de esta Misa ya está en nuestra página web desde el pasado lunes y se llama: Misa de Sanación en Las Rosas.
El próximo día 30 celebraremos la fiesta de Santa Rosa de Lima, te invitamos a la Eucaristía que celebrará el Excmo. Sr. D. Alberto Suárez Inda. Ven a recibir lo que Jesús tiene para ti y toda tu familia desde toda la eternidad. Si abres la página: www.jesusestavivo.org.mx podrás darte cuenta de lo que Jesús está haciendo en su Morelia. Puedes orar con el Nuevo Testamento en línea donde dice: Y la Palabra... es Dios. Tenemos 49 vídeos de evangelización y testimonos de sanación en You Tube, el próximo puede ser el tuyo, el más grande de nuestros vídeos es la bendición con el Santísimo. Escucha hoy domingo la Zeta radio, 96.3 FM y 1340 AM, a las 18:00 horas el programa de evagelización católica: “La Palabra” y vive lo que Jesús tiene para ti desde toda la eternidad: tu salvación-sanación. Este programa se escucha en todo el mundo en la dirección: www.lazeta.com.mx Un click puede cambiar tu vida, atrévete a sanar. Te invitamos a ver en nuestra página web las misas dominicales del domingo en la Iglesia Catedral y la del templo de San Pedro de las 9 de la mañana. En el transcurso de la mañana están en línea para que vivas y transmitas su contenido. Ya tenemos nuestro Bloog y puedes visitar las seis columnas diferentes que tenemos en los tres principales diarios de Morelia. Empezamos a subirlas y en un breve tiempo las tendremos todas desde que empezamos nuestro ministerio de evangelización. También estamos en Twitter y esta es nuestra dirección para que nos visites: twitter.com/jesusestavivo
¡Alabado sea Jesucristo!
BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE DE HOY
Grupo Apostólico Nueva Evangelización