viernes, 2 de julio de 2010

No robar

El séptimo y décimo mandamientos forman una pareja inseparable, se complementan el uno con el otro. El corazón del hombre comienza dejando entrar la codicia, ese deseo inmoderado de poseer, luego termina robando, quitando al prójimo lo que le pertenece. El "séptimo mandamiento" del Señor se encuentra en el libro del Deuteronomio, capítulo 5 y versículo 19: "No robarás". En la Biblia el robo es una grave ofensa contra Dios porque va contra el plan de Dios; Dios regaló el escenario del mundo a todos sus hijos, para que lo compartieran y no para que intentaran dominarse el uno al otro, sacarse a codazos del escenario en que él los había colocado.
Robar no es sólo apropiarse de lo ajeno, a la fuerza o con maña gangsteril; hay muchas maneras enmascaradas de robar. Ante los ojos de Dios, es ladrón la persona que no paga el justo salario a su empleado, porque le está quitando algo que le pertenece. Palabras muy claras y fuertes son las del capítulo quinto de la carta de Santiago: "El pago que no les dieron a los hombres que trabajaron en su cosecha, está clamando contra ustedes; y el Señor todopoderoso ya ha oído la reclamación de esos trabajadores".
Delante de Dios, es ladrón el trabajador perezoso que está devengando un sueldo, pero no está cumpliendo con su deber; le está robando a otras personas. A los ojos de Dios es ladrón aquella persona que ha recibido "dones materiales o espirituales" y los entierra, es decir, no los pone al servicio de la comunidad para la cual el Señor se los regaló. Un día se le pedirá cuenta de todos los robos que hizo a su comunidad.
San Ambrosio fue un padre de la Iglesia, muy bueno, muy bondadoso; pero el día que llegó a hablar de la injusticia, pronunció frases de fuego: "No es parte de tus bienes lo que das al pobre; lo que le das le pertenece, porque ha sido dado para el uso de todos, y tú te lo apropias". Otro de los grandes padres de la Iglesia, San Basilio, escribió: "El pan que ustedes guardan, es de los hambrientos; los vestidos que guardan, son de los indigentes que van desnudos; el calzado que se estropea en la casa de ustedes, es del miserable que anda descalzo". Estas palabras hacen meditar profundamente. Es difícil no sentirse directamente interpelado.
Ante Dios no basta arrepentirse de haber robado; se necesita "restituir" al prójimo lo que le pertenece. Se puede efectuar abiertamente o también en forma oculta. Lo importante es que "lo ajeno" no continúe lejos de su verdadero dueño.
En el Nuevo Testamento, Jesús invita a dar un salto mayor, a pasar del "No robarás", del Antiguo Testamento, al "compartirás" del Nuevo Testamento. Jesús, en muchas de sus parábolas, afirma que nosotros no somos dueños de las cosas, sino simples "administradores". Tenemos que "cuidar" los bienes del Señor, multiplicar los talentos que él nos prestó para un determinado tiempo y en un determinado espacio. Un día nos pedirá cuenta de ellos.
Varios de los amigos de Jesús, que eran ricos, al convertirse, siguieron siendo ricos, pero con el corazón" cambiado". José de Arimatea, se desprende de un sepulcro para que sea la tumba de Jesús. Zaqueo, era mal visto en su pueblo por malo, por extorsionador; pero el día que llega la salvación a su casa, primero devuelve lo que ha robado, y luego promete compartir sus riquezas con los pobres.
Los primeros cristianos, así lo enfoca el libro de los Hechos de los Apóstoles, captaron totalmente la enseñanza de Jesús y revolucionaron sus vidas y las de la pequeña comunidad cristiana. Entre ellos no sólo había "comunión" de corazones, sino también de "bienes". En el capítulo cuarto del libro de los Hechos de los Apóstoles, se lee: "Todos los creyentes, que eran muchos, pensaban y sentían de la misma manera. Ninguno decía que sus cosas fueran solamente suyas, sino que eran de todos. Los Apóstoles seguían dando un poderoso testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y Dios los bendecía mucho a todos. No había entre ellos ningún necesitado, porque quienes tenían terrenos o casas, los vendían, y el dinero lo ponían a disposición de los apóstoles, para repartirlos entre todos, según las necesidades de cada uno". Algo que verdaderamente lo deja a uno asustado. ¡Qué lejos estamos de aquellos tiempos apostólicos!
Hay una novela de un autor latinoamericano, que se titula: El mundo es ancho y ajeno Este título refleja una triste realidad: nuestro mundo es inmenso y bello, pero está resultando "ajeno" para muchas personas que no encuentran ni un rincón para sus vidas, para su familia. No se ha seguido el mandato del Señor: "Dominen la tierra", sino que se intenta "dominar al otro". Un reducido grupo de personas pretenden ser los "dueños absolutos" del escenario del mundo que Dios puso a disposición de todos sus hijos. Para desplazar a los demás del escenario, se reparten codazos a diestra y siniestra. Se cometen injusticias sin nombre. El Señor no puede bendecir a estas personas; cuando levantan sus manos hacia Él, estas manos están manchadas por las injusticias cometidas contra los mismos hijos de Dios.
Dios, un día ideó un bello escenario -el mundo y lo regaló a sus hijos los hombres para que lo compartieran y fueran felices. Dios quiso que el corazón humano fuera como un inmenso pozo, pero no un pozo de codicias y ambiciones, sino un pozo de agua borbotante que sirviera para quitamos la sed, y que el agua alcanzara también para nuestro vecino. Este fue el plan de Dios para el mundo.
El Evangelio de San Juan, se inicia así: "En el principio era la Palabra". A Dios, se le presenta como Palabra. Palabra que tiende a comunicarse con sus hijos los hombres. El libro del Génesis, muestra a Dios como bajando al paraíso a platicar con sus hijos. Pero un día aparece un anima repugnante -la Biblia presenta el mal con el símbolo de la serpiente-. Les sugiere que ellos pueden "ser como Dios", y la mentira envenena sus corazones; aceptan la sugerencia, y se rompe la armonía entre Dios y los hombres. Así entró la mentira en el mundo.
Caín, con su corazón envenenado, le dice a su hermano Abel que lo invita a "ir de paseo"; era el paseo de la muerte. La mentira es la moneda falsa, con que se engaña a los demás. La Biblia llama a Dios la verdad pura, la Luz. Al espíritu del mal, el demonio, lo llama el "padre de la mentira", o sea, las tinieblas. En el sentido bíblico, mentir es ir contra la luz.
En el libro de los Hechos de los Apóstoles, se encuentra un suceso que llama la atención. Un individuo, llamado Ananías, ha vendido un terreno, para dar su dinero a la Iglesia; pero ha mentido y no ha declarado la cantidad justa, Pedro le dice: "Has mentido al Espíritu Santo". Mentir es eso: apagar la luz de Dios, que habita en nosotros, e introducir tinieblas.
Para velar por la armonía entre sus hijos, el Señor dio un mandamiento muy concreto: "No digas mentiras en perjuicio de tu prójimo". (Deut 5,20)
La Biblia está llena de citas contra los mentirosos. El libro de los Proverbios, en el capítulo 6, apunta: "Dios aborrece a los testigos falsos", Palabras muy duras se encuentran en el capítulo 28 del libro del Eclesiástico: "¡Malditos el murmurador y el mentiroso, porque han sido la ruina de muchos que vivían en paz! Las calumnias han perjudicado a muchos y los han hecho ir de país en país; han destruido ciudades fortificadas y arruinado las casas de hombres poderosos".
"Las calumnias han sido culpables de que mujeres ejemplares hayan sido repudiadas, haciéndolas perder el fruto de su trabajo. El que hace caso a las calumnias no hallará descanso y no podrá vivir en paz", ¡Malditos!, así llama la Biblia al mentiroso y al calumniador.
Jesús es la verdad y enseña la verdad; El viene a perfeccionar la ley. Jesús no prohíbe únicamente "no levantar falsos testimonios", sino que manda caminar en la verdad. El dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida". Los demás lo sabían muy bien; un día se le acercan y le dicen: "Maestro, sabemos que eres veraz y enseñas el camino de Dios conforme a la pura verdad". Jesús enseñó a no tenerle miedo a la verdad, a no temerle a la claridad y la luz, "La verdad los hará libres", repetía Jesús, y murió para dar testimonio de la verdad,
Para Jesús no hay medias tintas. En el sermón de la montaña, ordenó: "Si dicen sí, que sea sí, si dicen no, que sea no, pues lo que se aparta de esto es malo". Entre nuestro pueblo se habla de "mentiras piadosas", mentiras para ocultar alguna situación embarazosa. Esto no responde a la indicación de Jesús de que nuestro hablar sea "sí, sí; no, no". Un fraile le dijo a Santo Tomás: "Mire el cielo; un buey va volando". Santo Tomás vio hacia el cielo, Se rieron de él. El Santo alegó: "Creo más fácil que un buey pueda volar, que no que un cristiano pueda mentir".
Un fabulista griego, contaba el caso de un rico señor que envió a su esclavo al mercado, para que comprara "lo mejor" que allí encontrara, Aquel esclavo regresó con una lengua. Lo envió nuevamente al mercado a comprar "lo peor" que allí encontrara. Regresó el esclavo y traía también una lengua. La lengua, la palabra es un don maravilloso con el cual nosotros podemos comunicamos con los demás, expresar palabras de compasión, de amor, de amistad, de cariño; pero también la lengua puede servir para herir, para matar espiritualmente.
Santiago, en el capítulo tercero de su carta, señala: "El hombre es capaz de dominar toda clase de fieras, de aves, de serpientes y de animales del mar y los ha dominado; pero nadie ha podido dominar la lengua. Es un mar que no se deja dominar y que está lleno de veneno mortal. Con la lengua lo mismo bendecimos a nuestro Dios y Padre que maldecimos a los hombres, creados por Dios a su propia imagen. De la misma boca salen bendiciones y maldiciones. Hermanos míos, esto no debe ser así; de un mismo manantial no puede a la vez brotar agua dulce y agua amarga". Nuestra lengua es muy difícil de dominar; es un don, pero también un peligro muy grande. Como advierte Santiago, con la lengua se puede romper la armonía entre hermanos; hasta se puede "asesinarlos espiritualmente" con una calumnia. Un anciano se encontró con un perro que le ladraba; aquel anciano astuto le dijo: "Te voy a matar con una calumnia", y comenzó a gritar: "Aquí hay un perro rabioso". Todo el pueblo se lanzó contra el perro y lo mató. La calumnia es eso: alarmar a los demás que se dejan llevar por palabras envenenadas hasta que se termina con la fama de la persona.
San Felipe Neri, que comprendía muy bien la gravedad de la calumnia, le puso como penitencia a una calumniadora que lanzara al viento las plumas de una gallina. Después le ordenó que fuera a recoger todas esas plumas. Aquella persona alegó: "Pero, esto es imposible". "Señora; le dijo el santo, imposible es reparar el mal que usted cometió".
Delante de Dios existe la grave obligación de reparar el mal que se haya causado a otras personas con la mentira, la murmuración, la calumnia. Cuando San Ignacio predicó su primer sermón ante las principales autoridades del pueblo, comenzó pidiendo perdón públicamente a una persona, allí presente, porque cuando él era joven, había robado unas frutas y en el pueblo se había sospechado de esa persona y había perdido la fama. Ahora le pedía perdón, y le donaba unas propiedades.
Los santos tienen su espíritu muy afinado, por eso no se permiten el lujo de vivir con la culpa dentro de su corazón, y tratan por todos los medios de anular el mal cometido como el Señor manda.
La Misa que celebró Monseñor Rafael Chávez Ponce de León en el templo de San Pedro a las 9 de la mañana se transmitió por la televisión mundial en vivo por internet y ya está en nuestro archivo. Puedes verla las veces que quieras. En vivo, ya pasó o en repetición en nuestro sitio web: www.jesusestavivo.org.mx Haz clic en el rostro de Jesús en la imagen de la televisión y aparece todo nuestro archivo. La transmisión en vivo en la televisión mundial por internet del programa “La Palabra” es a las seis de la tarde. Escucha y “ve” 45 minutos en comunicación con Jesús que está vivo por la Z radio 96.3 FM estéreo y 1340 AM digital. Proclamación de la Palabra de Dios y oración por la salud de los enfermos con testimonios de sanación en el templo de El Carmen mañana lunes de 17 a 20 horas y también por internet en televisión en vivo a todo el mundo.
¡Alabado sea Jesucristo!
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Grupo Apostólico Nueva Evangelización