viernes, 16 de octubre de 2009

María, Arca de la Alianza

El Arca de la Alianza, para los judíos, era objeto de veneración; allí se manifestaba Dios; sobre ella se posaba una nube como señal de la presencia del Señor. Josué y los ancianos del pueblo se postraron un día ante el Arca de la Alianza y lloraron por los pecados del pueblo. (Jos 7,6) El arca de la Alianza, según órdenes de Dios había sido fabricada con maderas preciosas e incorruptibles. María es el Arca de la Alianza en el Nuevo Testamento; contiene lo más precioso y santo que nos podamos imaginar: contiene a Dios. En ella se manifiesta Dios a nosotros. María, como el Arca de la Alianza, fue creada "inmaculada" y "llena de Gracia", porque Dios la escogió para ser el Arca del Nuevo Testamento en donde se guardaría al Santo de los Santos, Jesús.
El arca de la Alianza se quedó durante tres meses en casa de Obed-Edom; el Señor lo bendijo a él y a toda su familia. (2Sam 6,11) Cuando David lo supo, quiso llevar el Arca a la Ciudad de David. La Biblia lo describe danzando frenéticamente ante el Arca de la Alianza. David dijo: "¿Cómo el Arca del Señor va a venir a mí?". Esto nos hace recordar las palabras de Santa Isabel, cuando recibió la visita de María. Isabel pronunció casi idénticas palabras a las de David: ¿De dónde a mí que la madre del Señor venga a visitarme?" Como para Obed-Edom y para David el Arca fue portadora de bendición, así también para Isabel la presencia de María fue una rica bendición en su hogar. María, la nueva arca de la Alianza, le llevó al Señor. Gran sabiduría la de David: cuando vio que el Arca de la Alianza había llevado bendición a Obed-Edom, no quiso quedarse privado de ese privilegio, y se llevó el Arca a su Ciudad. Así sucedió también a los primeros cristianos.
Al principio, quedaron deslumbrados por la luz de Jesús. Centraron toda su atención en darse una respuesta acerca de la personalidad del Señor. Luego descubrieron la personalidad de María.
Al entrar en una sala de cine, cuando ya ha comenzado la función, quedamos deslumbrados por la luz de la pantalla. Sólo vemos la película; todo a nuestro alrededor se presenta oscuro. Más tarde, se va el deslumbramiento y comenzamos a reparar en las personas que están a nuestro lado. Una vez que las primeras comunidades cristianas se dieron razón acerca de la personalidad de Jesús, comenzaron a ver la persona que aparecía siempre a la par de Jesús en los momentos clave de su vida: así descubrieron a María. Como los pastores y los Magos de Oriente, se encontraron con una Señora Santa que les hablaba acerca de Jesús, que se los mostraba, que les contaba lo que "había visto y oído" acerca de su hijo.
Para las primeras comunidades la Virgen María fue una Evangelizadora excepcional. Fue el modelo de fe, y de lo que debe ser el auténtico seguidor de Jesús. Fue la ejemplar orante y la fiel servidora de la comunidad.
Los primeros cristianos, quisieron llevar a sus vidas, a la nueva Arca de la Alianza. Como Josué se había postrado ante el Arca porque contenía lo más santo que ellos tenían; como David había danzado frenéticamente ante el Arca, así los primeros cristianos comenzaron a venerar esa Arca del Nuevo Testamento, que tantas bendiciones traía a la Iglesia.
La auténtica devoción a María, a nivel personal, también debe seguir el mismo proceso. Primero debe haber un deslumbramiento ante la luz de Jesús. Hay que encontrarse personalmente con Jesús. Luego nos encontraremos con la que está junto a Jesús: María está siempre a su lado. Como Isabel, nos alegramos también nosotros al acercarnos a la madre del Señor. Sabemos que su presencia en nuestra vida, en nuestra casa, trae la bendición de Dios. Como David, danzamos con gozo ante esa nueva Arca de la Alianza; no por ella misma, sino por el FRUTO BENDITO DE TU VIENTRE. Porque ella nos entrega a Jesús. Como lo fue para Isabel y para Juan, así para infinidad de cristianos la devoción a la Virgen María ha sido fuente de bendiciones. También nosotros, la llevamos a nuestras vidas, como precioso regalo que Jesús entregó a su Iglesia.
En los últimos instantes, antes de su muerte, Jesús entregó a su Iglesia varios regalos. En la Ultima Cena entregó a su Padre a los apóstoles. Los encomendó a El; rogó para que fueran uno y para que, a pesar de permanecer en el mundo, no fueran tocados por el maligno. Junto a la cruz, entregó a María como madre de la Iglesia. En el Monte Tabor, el Padre les dice a los dirigentes de la Iglesia: "Este es mi Hijo Amado; éste es mi Elegido; a él lo deben escuchar". (Mt 17,5) En las bodas de Caná, María da una indicación muy precisa: "Hagan lo que él les diga".
Una religión auténtica consiste en escuchar a Jesús; en hacer lo que él indique. La auténtica devoción a María se realiza cuando se obedece a la Madre que nos sigue repitiendo: "Hagan lo que él les diga".
La "Anunciación" de la Virgen María, es la historia de su vocación: un día Dios le manifestó que la había escogido para ocupar un lugar destacadísimo en la obra de la salvación de los hombres, junto al Emmanuel.
A muchos pintores les ha gustado representar a María, en la anunciación, hincada en un reclinatorio. ¿Por qué no lavando ropa en la pila? ¿Por qué no barriendo o sacudiendo los sencillos muebles de su casa? Los pintores han querido hacer resaltar la actitud contemplativa de María. Pero la contemplación de María no se reducía a los momentos en que se encontraba hincada rezando. María tuvo que estar, ciertamente en un momento de mucho recogimiento cuando experimentó la presencia de un ángel en su vida. Ese momento muy bien pudo verificarse cuando lavaba, cuando cocinaba, cuando barría su casa.
Para meterse dentro de ese instante de suma espiritualidad de María, habría que comenzar por quitar al ángel las plumas: nada de efectos musicales y de tramoya teatral. Un momento de intimidad con Dios como los que nosotros también, a veces, tenemos. Dios es Espíritu y se comunica espiritualmente con nosotros.
"Angelos", en griego, significa mensajero. Dios dispone de infinidad de mensajeros para acercarse a nosotros. Puede ser la persona que nos cae muy mal: nuestro enemigo. Lo que interesa no es el mensajero, sino el mensaje de Dios. La persona que en medio de sus faenas diarias, como María, sabe ser una contemplativa, estar en la presencia de Dios, sabrá descubrir a los "ángeles", los mensajeros que Dios le enviará todos los días. No importa si está en el autobús, en la oficina, en el parque o en el cine, la persona que vive en la presencia de Dios, estará siempre alerta a los mensajeros que el Señor le enviará todos los días. Sí; todos los días: las anunciaciones no están reservadas sólo para las fechas clave del calendario.
El nombre con que Dios envió a saludar a María fue "llena de Gracia" -favorecida-. No la llamó María, sino favorecida. Tenía razón la humilde virgen nazarena en turbarse por esa presencia misteriosa y ese saludo tan desacostumbrado.
La Anunciación es el momento en que la Virgen María descubre que es una "favorecida" de manera especialísima por Dios. Llega a conocer por revelación de Dios que el Señor tiene un plan extraordinario para ella. Se siente impotente; se reconoce inmerecedora de ese privilegio. Se turba Al mismo tiempo se "alegra". El ángel comienza animándola a "alegrarse", "Alégrate llena de Gracia; el Señor está contigo", Se alegra y se pone a la disposición de Dios, No encuentra otra forma para expresar su reconocimiento que ofrecerse como una "esclava" en las manos del Señor: "He aquí la esclava del Señor",
Uno de los grandes problemas de nuestra fe es aceptarnos como hijos de Dios; creer que Dios tiene confianza en nosotros, Son muchas las personas que, muy subconscientemente, se consideran hijos de Dios, pero "de segunda categoría", Cualquier cosa mala que les sucede, piensan que Dios los está castigando, que les va llevando cuenta minuciosa de todos esos males del pasado. Propiamente no aman a Dios; le tienen miedo, Cumplen la ley porque de otra forma se sentirían con "complejo de culpa". Todos necesitamos tener "una anunciación": saber que también en nosotros Dios puede "hacer maravillas",
En la anunciación, la Virgen María, al ponerse a la entera disposición de Dios, quedó llena de Espíritu Santo, En nuestro bautismo, nosotros quedamos llenos de Espíritu Santo, Fuimos adoptados por Dios como sus hijos, En su bautismo, Jesús escuchó la voz del Padre: "Este es mi Hijo amado", Encima de la pila bautismal, en nuestro bautismo, también resonó la voz de Dios: "Este es mi hijo amado", Sentirse hijo de Dios, de "segunda categoría" es no haber aceptado nuestra propia anunciación, que Dios nos ha hecho en alguna oportunidad de nuestra vida. Por el contrario, admitir que Dios tiene un plan de amor para nosotros, es haber aceptado ya que también para nosotros hubo una anunciación.
La turbación de María es muy explicable. La misión que se le encomendaba llevaba incluidas muchas cosas oscuras: concebir por obra del Espíritu Santo sin una relación matrimonial previa. María no tenía ningún punto de referencia en la historia acerca de algo parecido. Como joven inteligente, habrá pensado en todos los problemas que eso le traía: ¿Qué pensaría José, su novio? ¿Y sus parientes, y las personas chismosas que nunca faltan en los pueblos? Las misiones que Dios encomienda causan incertidumbre siempre. Moisés hasta llegó a pensar que era "tartamudo". El profeta Jeremías su puso a llorar y alegó que era muy joven para la misión que Dios le encargaba. A cada uno de sus desconcertados profetas, Dios siempre repite: "No temas". "No temas, María". El Señor da una breve y oscura explicación a María. Nada más. María no entiende ¡qué iba a entender!; pero se fía de Dios. Dice sí de corazón. A todos sus enviados el Señor les sigue repitiendo: "No temas". Es una frase que cruza la Biblia como un hilo conductor. "No temas". Dios no da mayores explicaciones; solamente pide que se fíen de El.
El Señor, además, le adelanta a María que tendrá una señal: su prima Isabel, en su avanzaba ancianidad, también ha quedado embarazada; porque "para Dios nada hay imposible", dice el ángel...
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