jueves, 31 de diciembre de 2009

Baño de Luz

Un baño de luz no es otra cosa que, con la ayuda del Señor Jesús, tratar de encontrar: - Una respuesta a algo que nos molesta y nos hace sufrir. - Una razón de aquello que nos impide ser felices. - La causa de un bloqueo o trauma. - Una luz para aquella oscuridad que produce una parálisis en la vida espiritual.
Para ilustrar mejor lo que es un baño de luz, transmitimos el caso de una religiosa que hacia treinta y dos años estaba en el convento: Durante los primeros veinte años viví muy feliz. Pero durante los últimos doce sufrí un infierno. No quería a nadie, ni nadie me quería. Pedí ayuda para remediar mi mal y me aconsejaron un baño de luz. Por la noche estando en la capilla, le dije al Señor: - Señor Jesús: ilumíname. ¿Cuál es la causa por la que he vivido tan aburrida en el convento durante estos últimos doce años?
Vi entonces que del sagrario salía el Señor Jesús e iba acercándoseme muy sonriente y muy amoroso. Me quedé mirándole y cuando ya le tuve cerca le volví a preguntar: - Señor, ¿por qué vivo tan aburrida en mi vida religiosa? ¿Por qué no tengo la alegría del principio? El Señor me contestó: - ¿Qué relación hay entre esas revistas que estas leyendo y yo? ¿por qué pasas tanto tiempo entretenida hojeándolas?
Le respondí: - Señor pero esas revistas no son pornográficas... Y el Señor me dijo: - Precisamente porque no son pornográficas las lees, pero te están llenando del mundo y de vanidades que te vacían de mi y te disipan, separándote de mí. Tú me has sacado de tu corazón. Tú ya no sientes lo que antes sentías por mi. Ni lo mío te enamora, ni te atrae. Esta es la razón por la que vives tan aburrida en la vida religiosa.
Esta religiosa hacia exactamente doce años que estaba leyendo revistas del mundo, que en vez de llevarla a enamorarse del Señor cada vez más, lo que hacían eran distraerla y separarla de su amor, y le habían arruinado su vida de oración. El baño de luz le hizo conocer el origen de su problema.
El baño de luz es para pedirle al Señor Jesús que ilumine el por qué de algún mal, su razón o causa. Una vez encontrado el origen, se pide la sanación. La sanación interior es para pedirle al Señor Jesús que sane una herida concreta. El baño de luz es para identificar la herida y su nacimiento.
La sanación interior, generalmente, necesita la ayuda y discernimiento de otra persona que ore por nosotros. El baño de luz se lo puede hacer la misma persona. Esta es la diferencia más peculiar.
En el siguiente testimonio encontramos a una persona que necesitaba luz para darse cuenta de por qué no podía hacer lo que quería: Durante el baño de luz le pregunté al Señor. - Jesús, ¿por qué me cuesta tanto trabajo dar el primer paso de reconciliación, y siempre espero que sea la otra persona quien lo haga? Porqué tú te ves a ti y no a mi. Tú siempre te juzgas bueno, que no tienes la culpa y no te fijas que yo, inocente, tomé la iniciativa para perdonar a los pecadores. Si en esos momentos en vez de señalar culpables y condenarlos, me miraras a mi y me preguntaras qué haría yo en ese caso, encontrarías la respuesta.
Algunos textos bíblicos nos iluminan maravillosamente en qué consiste el baño de luz: Cuando todas las cosas son puestas al descubierto por la luz todo queda claro, porque la luz lo descubre todo. Por eso se dice: Despiértate, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo te alumbrará: Ef 5,13-14.
El que se acerca a la luz queda iluminado, como el que se acerca al calor se calienta, o el que se acerca a la sombra se refresca.
Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, nos visitará la Luz que viene de lo alto para iluminar a los que habitan en tinieblas y en sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz: Lc 1,78-79.
Este texto es clarísimo para ver qué es el baño de luz: ilumina una tiniebla, un problema, una dificultad y como consecuencia nos guía, nos lleva y nos da la paz.
Jesús, luz del mundo (Jn 12,46) ilumina a todo hombre (Jn 1,9) para que el que crea en él no permanezca en tinieblas (Jn 12,46) sino que tenga la luz de la vida (Jn 8,12). Quien rechaza la luz se cierra a la salvación gratuita ofrecida por Dios (Jn 3,19-21).
Así como Dios lo primero que creó fue la luz (Gen 1,3), así para recrearnos (hacernos nuevas criaturas: 2Cor 5,17), él hace brillar su luz en nuestros corazones para transformarnos en Cristo, en luz para los demás; es decir, agentes de salud y salvación. Ver: 2Cor 4,6.
No hay nada que pueda quedarse escondido a la luz de Dios. No hay secreto que no llegue a saberse (Mc 4,22). Si con fe y sobre todo con sinceridad le pedimos al Señor Jesús que nos ilumine y sane nuestros males, no hay nada que el no quiera y pueda hacer.
El siguiente testimonio nos muestran los frutos del baño de luz: Un día en un retiro, una persona dejó este mensaje sobre el altar. Me impresionó tanto que lo guardé para orar por ella. Decía así: Desde hace muchos años estoy muy enferma, debido a la traición de un médico.
De este incidente me vino insomnio y un nerviosismo que me mata todavía. Por esta causa me enferme de alta presión arterial. Para curarme me pusieron una dieta que resultó muy dañosa para mí. Por necesidad, me vi obligada a hacer limpieza en un lugar seco, sucio, lleno de lana y polvo. Eso me hizo contraer una bronquitis que desde hace un año me ha puesto tan mal que una noche la pasé casi sin respirar ya que tenía las narices tapadas. Por no recibir inmediatamente la atención adecuada del hospital sufrí un infarto.
Por esa razón padezco invalidez y ni siquiera puedo mojarme porque me hace mucho daño. Soy vieja, pero jamás sentí la vejez como ahora: enferma del corazón, bronquitis crónica y unos dolores terribles que entiendo son en las arterias del tórax, pues me dan por delante y por la espalda: son dolores matones. Además, me viene una terrible asfixia por las noches. Ahora si parezco una vieja. Me da pena estar tan fea y tan inútil, molestando a todo mundo. Me muero de miedo, siempre he sufrido miedo y vergüenza. Permanentemente tengo la nariz tapada y sufro también de otros males. Pido ayuda, de otro modo ya no estaré viva.
Poco tiempo después de ese retiro donde sugerimos el baño de luz llegó esta bellísima carta: Yo soy la persona que le envié un escrito y se lo dejó sobre el altar contándole que un médico había abusado de mí. Pues, durante el baño de luz le pregunté al Señor por qué vivía tan enferma del alma y del cuerpo. El me dijo: "Querida hija: Es cierto que tus males comienzan con la deshonestidad de ese médico, pero también debes saber que mi ley es amar y perdonar hasta a los enemigos. Así soy yo. Si se aman los unos a los otros, el mundo va a saber que ustedes son mis discípulos. Este es el único signo por el que los van a identificar como míos. Date cuenta claramente de que hay que amar y perdonar a los enemigos porque así lo hice yo, que los amé a ustedes cuando todavía eran malos y pecadores.
Aunque tú ya te has confesado del incidente con el médico, sin embargo lo odias inconscientemente en tu corazón. Perdónalo, pero ojalá se lo dijeras personalmente, diciéndole al mismo tiempo que yo lo amo con sus debilidades y pecados; que se vuelva a mi para sanarlo. Yo te amo mucho y te tengo en mi corazón. Jesús".
Quiero que sepa que fui con el médico y lo perdoné No puedo expresarle lo que sentí. Nunca antes había tenido tanta paz: todo se ha transformado: amo mucho, hasta el punto de que todo me parece lindo, hasta las personas de mi mismo sexo me parecen hermosas. Todo me gusta, todo me agrada. Bueno, estoy de luna de miel con Jesús. Pero, lo más importante era decirle que estoy sana de todos los males físicos y espirituales. Hasta la cara como que se me desarrugó. Alabado sea Jesús. Con efecto. Una agradecida con Jesús.
El baño de luz nos da una respuesta inmediata a nuestra situación. Dios responde rápidamente cuando le preguntamos y abrimos nuestro corazón para escucharle.
Si la luz recorre 300 mil kilómetros por segundo, la luz divina es todavía mas veloz para darnos vida en abundancia.
Una señora que tenia problemas por infidelidades constantes de su esposo le preguntó al Señor: Señor, ¿que debo hacer con tanta infidelidad de mi esposo? - Perdón. Pero, Señor, ya lo he perdonado una y mil veces, y no mejora. - Perdón. Lo que pasa es que perdonándolo se aprovecha de mi perdón. Ya me cansé de perdonarlo. - Cuando te digo "perdón" no me refiero a que le perdones sino a que le pidas perdón por no ser la mujer que él anda buscando fuera y no encuentra. Pídele perdón por no atenderlo como él necesita. Pídele perdón por juzgarlo y condenarlo, por no ser solicita y cariñosa como lo eres con otras personas.
Para pedir el baño de luz se necesita ante todo un lugar tranquilo que invite a la oración, al diálogo. En Mc 5,37-40 vemos cómo el Señor Jesús se quedó solo en la habitación con los padres de la niña y algunos de sus discípulos. Es decir hizo un ambiente de recogimiento para orar. Es muy importante calmar el espíritu para entrar en oración.
Se debe imaginar al Señor Jesús de una manera muy humana, algo así como se apareció a sus discípulos después de su resurrección, y aunque su cuerpo ya está glorioso, no debe verse con rayos o luces, sino sonriendo y con las llagas de sus manos, sus pies, su costado, como invitándonos a meter nuestros dedos en sus heridas, como lo hizo con su apóstol Tomás. Es necesario representarnos la persona del Señor de la manera más imaginativa y positiva posible.
La oración se desarrolla con un diálogo a solas entre dos personas: el Señor Jesús y tú. Nadie más debe venir a la escena. Los dos solos.
Es un diálogo amoroso con el Señor. El ejemplo mejor para el diálogo que se debe sostener con el Señor durante el baño de luz es el que encontramos narrado en Jn 4,1-26. Mientras Jesús habla con la Samaritana la va sanando del odio racial. El baño de luz es poner en práctica la verdad de que Cristo está en nosotros y él es la esperanza de la gloria que tendremos.
Una vez representado Jesús por la imaginación nos acercamos a él y le hacemos una pregunta cuya respuesta estamos necesitando.
Hacer silencio. Para escuchar las respuestas del Señor, es necesario guardar silencio, Muchas veces no escuchamos a Dios porque no le damos tiempo a que nos responda. Siempre estamos hablando y volvemos la oración un monólogo y no un diálogo.
Hay personas a las que no les es fácil hablar con el Señor, pero sí pueden expresarse más lúcidamente por escrito. Para esto, es buena cosa escribir las preguntas al Señor, comentándole el problema y pidiéndole respuestas a las preguntas. Mientras el Señor responde, se debe permanecer en oración y silencio. En cuanto se comience a recibir respuesta, ésta se escribe.
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¡Alabado sea Jesucristo!
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